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Un
viaje al Olimpo con Eduardo Mendoza
Jesús
Castañón Rodríguez
En
la primavera de 2001 y con motivo de la renovación empresarial
de la compañía aérea Iberia, esta entidad ha
publicado el volumen 12 Autores para una nueva era.
Un
libro dedicado a la glosa y al recuerdo de momentos y anécdotas
vinculados a su historia, justo en el momento en que cambia la propiedad
de sus servicios. Pretende evocar literariamente su pasado con el
fin de sentir con ilusión su nueva era empresarial.
12 Autores para una nueva era acoge relatos de Camilo José
Cela, Mario Vargas Llosa, Juan Marsé, Guillermo Cabrera Infante,
Rosa Montero, Rosa Regàs, Manuel Vázquez Montalbán,
Juan Goytisolo, Eudardo Mendoza, Javier García Sánchez,
Jesús Ferrero y Almudena Grandes.
Eduardo
Mendoza y la literatura deportiva
Para
el mundo del deporte, destaca la presencia del relato "Un viaje
al Olimpo" de Eduardo Mendoza, autor barcelonés que,
entre otros galardones, ha obtenido los premios Ciudad de Barcelona,
Grinzane Cavour y el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia.
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Portada
del libro
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Es
una nueva muestra de sus aficiones deportivas. Anteriormente,
había empleado el fútbol y el deporte como elemento
para ambientar diversos pasajes de sus novelas El misterio
de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas y también
había creado La visión del Archiduque, como
novela de tema especializado por entregas, para el diario
El País con motivo de los Juegos Olímpicos de
1992.
En
"Un viaje al Olimpo", Eduardo Mendoza propone un
sugerente relato que se desarrolla en la época de los
Juegos Olímpicos de verano, celebrados en Barcelona
en 1992 y de los que la compañía Iberia no sólo
era patrocinadora sino también transportista oficial.
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Relata
un surrealista y sugerente viaje, ocurrido a pocos días del
inicio de las competiciones. Se traslada a Barcelona y comparte
asiento con un anciano que le pregunta si es atleta. Ante su respuesta
negativa, la persona mayor le comenta que él sí lo
fue y le desgrana sus recuerdos como atleta que disputó una
final en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Le
comenta con detalle un error que cometió en la séptima
vuelta, las consecuencias que le llevarían a la última
posición y a una situación que no se perdonaría
en la vida. Y además, evoca los comentarios y las felicitaciones
que le realizaron Hitler y Rudolf Hess en los túneles del
estadio, con una imagen del máximo dirigente alemán
como persona sencilla y afable en privado, que llevaba un bigote
postizo para transformarse ante la prensa y en los actos en público.
Y también narra en sus recuerdos deportivos cómo el
doctor Freud era masajista en unos campeonatos europeos de atletismo,
celebrados en Viena, como actividad adicional con la que obtener
un sobresueldo. Y destaca que su apariencia real no era la conocida
sino de persona baja, gorda, cejijunta, con la nariz respingona,
sin barba y que deseaba ser cantante de tangos.
Un
viaje singular
Enfin,
un sorprendente pasajero en cuya conversación olímpica
se entrecruzan otros dos personajes para rematar el sorprendente
relato: Carlos Gardel y Harrison Ford. Este insólito desfile
de almas, entrecruzadas cual cinco aros olímpicos, tan sólo
constituían un sueño del autor antes de despegar.
El anciano parlanchín no existía en realidad y los
cinco personajes históricos entrelazados con la actualidad
sólo eran rasgos de la personalidad y del subconsciente.
"Un viaje al Olimpo" era tan sólo un trayecto surrealista
provocado por la fatiga física del autor, pasajero de avión,
antes de despegar la aeronave. Era un viaje singular a la propia
personalidad.
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