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Reseña
de 60
historias de fútbol
Lengua
y periodismo deportivo
Jesús
Castañón Rodríguez
Carena
editors ha publicado el libro 60
historias de fútbol vividas por periodistas, obra original
de Alfonso Gil. Cuenta con un prólogo de Vicente Montesinos
y en ella predomina el humor para describir algunos de los goles
que se logran anotar al otro lado de las líneas que delimitan
las canchas.
El
relato de estas peripecias del periodismo deportivo profesional
se pueden agrupar en tres grandes bloques: los recuerdos generales,
la vivencia de la comunicación deportiva de América
y el comentario de los usos del idioma.
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Recuerdos
Los recuerdos generales presentan a la
comunicación deportiva como un ámbito de varias
y complejas facetas. Por un lado, aparece como una oportunidad
de vivir sonrientes e insólitas experiencias. Se radian
penaltis inexistentes a favor del equipo cuya transmisión
paga una emisora para no ahuyentar la publicidad, ni dar disgustos
a sus seguidores. Se retrata a dirigentes que facilitan complejos
vitamínicos para mejorar el rendimiento. Son festejadas
las ocurrencias de bromistas: agujeros en los calcetines, termosán
en la ropa interior para que pique, habitaciones deshechas,
bromas simulando entrevistas con la prensa... |
Se
registran en los Juegos Olímpicos de Barcelona, por primera
vez en la historia deportiva, 11.000 periodistas acreditados frente
a 10.000 atletas participantes. Se agradece al medallista olímpico
de tiro con arco que espera a que termine de atender una llamada
el periodista para asegurar la difusión de su hazaña.
Se documenta la situación de presidentes de entidades modestas
que envían crónicas como corresponsales de prensa.
Se exaltan las crónicas del humor gráfico de Luis
Furió en el diario Las Provincias, de Valencia.
Por
otro lado, encierra una gran dosis de ingenio para salvar apuros
y riesgos de agresión al cantar los goles de tu equipo en
la cancha del rival, al cometer confusiones por no haber podido
observar goles o a los autores de los mismos, al ser malinterpretados
por los protagonistas del deporte, al ser expulsados de las canchas
por menospreciar a un árbitro, al vivir lejos de casa y en
soledad atentados de gran magnitud, al burlar con ingenio y con
disfraces las censuras y las prohibiciones para acceder al campo
de juego...
Y
además, constituye una intensa forma de vida sin fines de
semana, con un especial sentido de humanidad y solidaridad en la
adversidad: charlas con toxicómanos y presos, colaboraciones
como periodistas de información general en desastres y sucesos
de alarma social, realización de gestiones en tiempos de
guerra a favor de compañeros de profesión presos para
que asistan a funerales de familiares, la búsqueda de soluciones
médicas a enfermedades graves...
Comunicación
deportiva en América
Este conjunto de impresiones alcanza una nueva
dimensión en la experiencia del autor gracias al trabajo
con la comunicación deportiva de América en Juegos
Olímpicos, ediciones de la Copa del Mundo de Fútbol
y otros acontecimientos de alta competición. Y abarca cuestiones
relacionadas con jugadores, entrenadores y periodistas.
Las
peripecias con jugadores abarcan anécdotas relacionadas con
la negativa del Toro Acuña a comer surubí porque les
obligaba el seleccionador de Paraguay en la Copa América
de 1999; con el defensa amonestado que se acerca a la banda y amenaza
al árbitro con abandonar el campo si sigue sacando tarjetas
amarillas a sus compañeros tras confirmar que habían
cobrado su participación en un torneo de verano; con las
declaraciones de falsos jugadores oriundos que comentaban que sus
antepasados habían nacido en Celta, Hércules o Betis
en vez de en Vigo, Alicante o Sevilla.
Llegan
a cotas sorpendentes anécdotas y situaciones vividas con
entrenadores. Es el caso del uruguayo Víctor Espárrago,
de las declaraciones gráficas y sintéticas de Alfredo
Di Stéfano para definir a los jugadores de su plantilla,
de la fase favorita del brasileño Parreira "la naturaleza
no da saltos" para justificar determinados resultados o la
gran reprimenda que recibe el jugador Silvio Carrario del argentino
Bilardo por su nefasta actuación en un partido en el que
ni siquiera estuvo en el banquillo de suplentes.
Expresa
una gran admiración por el periodismo deportivo de América
y repasa sus vivencias con el argentino Enrique Escande en la Copa
del Mundo de 1994, el periodista boliviano de catorce años
que fue acreditado en la Copa del Mundo de 2002, los sistemas de
organización de Brasil con su tendencia a buscar la felicidad
y no la miseria: transmisión en directo de los entrenamientos,
oportunidades para las emisoras locales de acudir a una cita internacional
siempre que encuentre patrocinador, los métodos de trabajo
creativos con el recurso a entrevistas, informes y grabaciones con
opiniones de otros periodistas si llega a faltar material de actualidad.
También
recrea el realismo mágico de la final del Campeonato Sudamericano
de 1927 entre Argentina y Perú, cuando Nolo Ferreira marcó
tras aprovechar el balón del saque de honor que había
entendido como si fuera un pase. Destaca la importancia de la imagen
con la reproducción de fotografía de Ricardo Alfieri
en El Gráfico relacionada con el estallido de la carcasa
de una bengala junto al guardavallas Roberto Rojas en el estadio
de Maracaná durante un partido Brasil-Chile, válido
para la clasificación de la Copa del Mundo de 1990. Y declara
su admiración por la competición de la Copa América
y su organización, que facilita el acceso a los hoteles de
concentración de las selecciones, las entrevistas con los
protagonistas y el buen trato que suelen dispensar los dirigentes
federativos para ampliar la difusión de los logros de sus
combinados. Esta buena consideración la extiende al fútbol
como cuestión cultural tanto en sus formas de expresión
lingüística como a la hora de servir como fuente de
inspiración en Valencia para que los aficionados realicen
pancartas con ingenio y sentido crítico.
Comentario
especial merece la evocación de Diego Lucero y su participación
en el homenaje que en 1998 rindieron a los uruguayos vencedores
de los Juegos Olímpicos de 1924 en el estadio de Colombes.
Genera una campana de emociones que combina la exaltación
de la Celeste con el recuerdo de la trayectoria profesional y personal
de un mito cargado de ingenio, ironía y memoria prodigiosa.
El
lenguaje deportivo
Uno de los apartados más interesantes,
por su alto valor testimonial, es el dedicado al lenguaje, que comprende
cinco aspectos distintos. Primero, analiza la cancha de los errores
y gazapos para la sonrisa en los teletipos y en la radio: "xerocopia"
de rodilla en vez de artroscopia en la rodilla, entrenamientos a
puerta "semicerrada", "!empezamos, que es gerundio!",
"doble pipote" por el doble pivote... También comenta
situaciones con becarios que informan sobre los goles marcados en
un partido de voleibol y cambios que se aplican a giros con ocurrencias
como "no hay más tela que la que arde" o "no
hay más cera que cortar".
Segundo,
hace referencia a los tópicos que salpican las declaraciones
de protagonistas del deporte, en especial, de los entrenadores.
Tercero,
describe la diversidad de soluciones con los nombres propios de
jugadores y entidades. Comenta denominaciones impronunciables y
sus soluciones: adjetivo y apellido, apodos, soluciones populares
que transforman a McMinn en Manolín, Hadzibegic en Pepe o
Dasaev en Rafaé. Y también el uso de nombres de árbitro
como insulto en determinados estadios tras haber tenido una actuación
no demasiado afortunada. Es el caso de Escartín en el campo
del Alcoyano, de Gonejuri en la cancha del Valencia o Ferrete en
el estadio del Levante.
Cuarto,
apunta hacia cualidades literarias del estilo deportivo. De un lado,
por la necesidad costumbrista de relatar costumbres y formas de
pueblos que se visitan en los desplazamientos de los equipos. Y
de otro lado, afirma la necesidad de recurrir al nivel de plena
creación de idioma como indicador de la grandeza de un equipo
deportivo. Y así repasa la literatura generada por el periodismo
valenciano en el siglo XX y XXI: historia de clubes, diccionarios,
gestas, libros técnicos, biografías, campeonatos,
reflexiones sobre la profesión, análisis de la mujer
en las gradas, anécdotas, lenguaje, relatos de creación
literaria...
Y
quinto, describe algunos usos del español de América
que llaman su atención: la relación de las denominaciones
de entidades deportivas con héroes de la independencia, anglicismos
y dioses precolombinos; variantes de léxico en cuestiones
de juego; la influencia del inglés en la terminología
futbolística del Río de la Plata, la importancia de
los colores de las camisetas en la formación de palabras...
Epílogo
La obra de Alfonso Gil es de gran interés
para los aficionados al deporte y al lenguaje. Su labor como periodista,
profesor universitario y su formación literaria supera el
tradicional bucle de la nostalgia de las intensas emociones de la
profesión y proporciona pistas interesantes sobre la comunicación
deportiva a ambos lados del Atlántico.
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