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XVI
Encuentro de la Asociación Mexicana de Investigadores de
la Comunicación
¡Aficionados
que viven con intensidad la destrucción del lenguaje! (Los
comentaristas: admirados, imitados, pero nunca objetos de investigación
de la comunicación)
Dr.
Germán Martínez Aceves (*)
gemartinez@uv.mx
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Resumen
Los
comentaristas, como sujetos de la comunicación, son creadores
de estructuras de mensajes que forman con sus expresiones verbales,
educan a la sociedad y la pueden llevar a la mayor de las frivolidades
o a la comprensión justa del deporte que les corresponde
narrar o analizar.
Como productores de mensajes tienen la responsabilidad de usar el
lenguaje de manera adecuada, lo que digan influye en la recepción
de los seguidores de los deportes en los medios de comunicación.
Al analizar e incentivar que se hagan trabajos de investigación
en comunicación sobre los comentaristas deportivos, se pretende
lograr un incentivo que aliente el seguimiento del trabajo de estos
personajes de los medios de comunicación para que su mensaje
tenga el manejo adecuado del lenguaje, el sentido ético de
la información y un aporte a la cultura de masas que vaya
más allá de la superficialidad, pero a la vez, intentar
la creación de una recepción crítica del aficionado
que sigue los deportes a través de los medios.
Arrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrraannca..........
(Emilio Fernando Alonso)
Cuando
un niño juega la cascarita, ya sea en equipo o solo (porque
también adentro en el espíritu se lleva todo un esquema
futbolero), una especie de casete se conecta en su cerebro y en
voz alta o para sus adentros, va narrando las jugadas que hace.
Imagina que es uno de sus ídolos de la cancha. No es extraño
oírle: "se lleva el balón por la banda izquierda,
burla a uno, a otro, dispara y ¡gooooool, donde las arañas
tejen su nido!"
No
hay duda, las narraciones de los cronistas deportivos, sobre todo
los de televisión, dejan marca indeleble en la educación
deportiva de la sociedad.
Los
cronistas son actores especiales en los medios de comunicación.
Como industria de la diversión, pronto encontraron en los
deportes una gama más del espectáculo y el entretenimiento.
La
actividad deportiva, como hecho social e histórico, siempre
ha tenido gente que narre o haga la crónica que deviene opinión
pública.
En tiempos ancestrales con seguridad hubo relatores de los acontecimientos
deportivos en las zonas ceremoniales de los juegos de pelota totonaca,
tolteca y maya; o bien, relatores de las epopeyas deportivas en
las primeras Olimpiadas griegas; los ejemplos los podemos ver en
códices, pinturas y esculturas que dan cuenta de aquellos
enfrentamientos mezclados entre la competencia, la guerra y el fervor
religioso.
Ahora,
los cronistas, comentaristas reporteros de la buscada sección
deportiva de los periódicos, nacen y se hacen junto con los
medios de comunicación.
Por
antigüedad, la prensa es el primer medio que registra las primeras
crónicas deportivas, la nota informativa, el resultado esperado,
la entrevista ansiada, la fotografía del momento culminante
o la pose de los héroes deportivos.
En
su momento, el uso del lenguaje escrito era rico y cada país
conoció a sus equipos y deportistas gracias a las páginas
de los diarios, hoy convertidos en documentos hemerográficos
de gran valía.
La
llegada de la radio abrió un campo a la imaginación,
a la sensación de la presencia en medio de la epopeya, el
cronista se convirtió en un animador de los encuentros, en
un relator de hechos como si fuera un fabulista al quien todos le
ponían atención, creando imágenes y parábolas
que entusiasmaban a la colectividad.
Si
bien la prensa escrita daba los elementos para pensar y analizar
los sucesos deportivos, la radio llevó hasta cada hogar las
emociones de los encuentros de béisbol, de fútbol,
de peleas de box o de corridas de toros.
La
habilidad escrita dio paso a la facilidad de palabra ante el micrófono,
la narración de cada jugada a la creación de frases
célebres que estimularon al imaginario colectivo, pero sobre
todo, a la filosofía del deporte.
Pero
la televisión formó al cronista estrella, el grandilocuente,
el destructor del lenguaje, al exagerado, no obstante que tiene
a su favor la imagen, la pirotecnia verbal es el arma central de
su ataque, no importa que cambie el sentido de las palabras.
Lo
que parece ser sólo un acompañamiento para ver un
deporte, básicamente por la televisión, la narración
se convierte, como cualquier estructura de mensajes, en un elemento
que forma gustos, opiniones, manipula, transforma o deforma; no
es gratuito que un equipo cien por cien chilango y creado en el
ambiente de los comentarios televisivos como el América,
tenga tantos adeptos en el país.
Dice
Alex Grijelmo "La palabra es la esencia del pensamiento y el
sentimiento de los seres humanos, por eso cada palabra que aparece
es una identificación de su sociedad, de su entorno, su cultura,
aniquilarla, reducirla a la nada, es la desaparición de la
historia, la pérdida de la memoria, el aniquilamiento de
la cultura". (Apasionada defensa del lenguaje. Taurus 2002).
No
tener en cuenta el peso de la palabra en las narraciones y crónicas
deportivas, nos lleva a la superficialidad donde el espectáculo
es más importante que la estrategia, y el imaginario colectivo
es dirigido por la parafernalia verbal de los cronistas que, a veces
cayendo en el exceso, provocan discusiones banales o actitudes violentas
entre los aficionados. Si un telefánatico sólo piensa
y habla de fútbol no es porque en la esencia de su espíritu
se encuentre el deporte, sino porque vive inconscientemente bajo
la manipulación de la televisión.
La
prensa deportiva, un editorial de cuatro palabras (Fernando Marcos)
Los
lunes, en los transportes públicos de las grandes ciudades,
se confirman en pocas palabras las huellas de las batallas dominicales:
"¡Zarpazo!" "¡ Volaron alto!" "¡
Chivas¡" Uno o dos palabras con tipografía grande
sobre la portada nulifican el esfuerzo de un titular elaborado de
ocho columnas.
La
prensa arriesga con la fuerza de la palabra pero sabe que hay un
código fácilmente asimilado. En los tiempos actuales,
la televisión y su momentaneidad ya hizo lo necesario para
entender las cabezas de una o dos palabras.
En
un país de pocos lectores, los periódicos tienen una
insólita aportación a los índices de lectura,
y entre esos porcentajes, habrá que incluir a la prensa deportiva
especializada.
En
el metro, el camión, el pesero o el transporte público
que se utilice, los lunes, básicamente, los usuarios se hacen
acompañar por el Esto, Ovaciones y recientemente Récord,
o bien, la primera sección que buscan de cualquier rotativo,
es la "Deportiva".
Sin
embargo, la propia fuerza de la imagen ha llevado a reducir las
crónicas deportivas y los artículos de fondo a reportes
simples con frases cortas o esquemas ya elaborados.
Sólo
se confirma y se notifica, hay cierta prensa que esa es su función,
pero no se hace el relato de los hechos, no hay mayor búsqueda
para la entrevista, la nota, la crónica, la recreación
de la batalla.
Es probable que el mejor periodismo escrito se haya realizado en
la primera mitad del siglo XX, cuando existía una mayor entrega
a la escritura y a la lectura.
Vale
la pena regresar a la hemeroteca y revisar los trabajos publicados
por periodistas como Manuel Seyde, puntual analista del fútbol,
quien bautizara a la Selección Nacional como los Ratones
Verdes; los comentarios puntillosos de Ignacio Matus, de Flavio
Zavala Millet, de Alejandro Aguilar Reyes mejor conocido como Fray
Nano, analistas que dieron brillo al periodismo deportivo.
Lo
mismo debe pasar con la prensa de los estados, simplemente hay que
revisar el caso del célebre William J. Lamont, mejor conocido
como el Gatito Blanco, un norteamericano que narra las primeras
décadas deportivas del siglo XX en el Puerto de Veracruz
y que dejó su trabajo impreso en El Dictamen o en el caso
de El Mundo de Córdoba que tiene en sus páginas la
reseña deportiva de esa región cafetalera escrita
por Tomás Setién, y si buscamos de costa a costa y
de frontera a frontera, descubriremos muchos talentos del periodismo
deportivo que narraron a través de las letras la pasión
y las historias de los encuentros de fútbol, de béisbol
o de actividades olímpicas de cada región de la República
Mexicana.
Lo
importante era la recreación de la leyenda, la formación
de la opinión pública, la conexión de las letras
con el lector.
Los
viejos maestros de periodismo recomendaban siempre a los aprendices
del oficio que si querían ser verdaderos reporteros tenían
que foguearse en dos fuentes principalmente: la deportiva y la nota
roja. La habilidad para describir las historias surgidas en dichos
ámbitos, daban pautas para formar a los mejores periodistas
que sabían usar la narrativa, la crónica, el reportaje
y la entrevista para ofrecer un trabajo apegado a los hechos, a
la memoria del reportero, a su análisis y sensibilidad donde
se adquiere el colmillo necesario para interesar al público,
orientarlo e invitarlo al análisis.
Un
reportero que cubre a la perfección ese par de fuentes es
Ramón Márquez, quien ha hecho verdaderas joyas de
periodismo deportivo y policiaco a través de todos los géneros
que le permiten darle otras dimensiones a la información,
trabajo que se puede constatar en el antiguo unomásuno, El
Universal, Excélsior y Proceso.
Un
ejemplo notable de periodismo de investigación lo realizó
Miguel Ángel Ramírez, de La Jornada, cuando desenmascaró
a los cachirules que la selección Nacional alineó
contra Guatemala para ganar un lugar que la llevara a las Olimpiadas.
Traidor, le llamaría más de uno, pero cumplió
con el oficio de informar y de poner al frente la ética de
periodismo sobre la mafia que maneja el fútbol mexicano.
En
los tiempos actuales, podemos ver la unión del periodismo
y la literatura gracias a los trabajos de Juan Villoro, Eduardo
Galeno, Jorge Valdano, que le han dado la dimensión de epopeya
al deporte, los jugadores son guerreros y la acción deportiva,
una hazaña donde la victoria o la derrota adquieren los matices
de lo humano y lo divino, el mito y la realidad.
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(*)
Licenciado en Comunicación Social por
la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, es corrector
de estilo en la Dirección General Editorial de la Universidad
Veracruzana, productor de programas en Radio Universidad Veracruzana
y coordinador de Difusión de la Feria Internacional del Libro
Universitario.
Ha
sido productor de vídeos en la empresa Videografías
y de programas radiofónicos en el Instituto Nacional Indigenista,
Radio Cultural Campesina, Radio Teocelo, en el Centro de Estudios
Agrarios en Xalapa y en Radio Universidad Veracruzana. Además
ha colaborado en el diario El Universal y en la revista de Radio
Universidad Veracruzana.
Ha sido investigador en el Sistema Quintanarroense de Comunicación
Social (Chetumal, Quintana Roo) y su labor docente está vinculada
a la Universidad de las Américas-Puebla y a la Universidad
Veracruzana.
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