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Anglicismos
hispánicos del deporte moderno
Jesús
Castañón Rodríguez
Hablar
de deportes en el mundo hispánico es una realidad compleja,
ya que en él se desarrollan gran variedad de disciplinas
y juegos. Aunque fútbol y boxeo se pueden considerar como
los deportes modernos comunes a ambos lados del Atlántico,
sin embargo la realidad presenta muchos matices: la pelota vasca
tiene éxito en México; pelota vasca y béisbol
en Puerto Rico; béisbol y atletismo en Cuba; ciclismo en
Colombia; béisbol en Venezuela; tenis, equitación,
hockey sobre patines, baloncesto y pelota vasca en Argentina...
Una diversidad que también se produce en el ámbito
lingüístico. A partir de la común consideración
del deporte como foco de extranjerismos -con predominio del inglés
sobre francés, italiano y portugués- se han registrado
diferentes formas y actitudes en la asimiliación de anglicismos
deportivos que se pueden agrupar en tres grandes ejes de actuación
-denominaciones, léxico laboral y lenguaje periodístico-
y tres etapas.
Ejes
de actuación
El
problema de las denominaciones de disciplinas deportivas y de entidades
ha sido abordado por la Asociación de Academias de la Lengua
Española en la constitución de su Comisión
Permanente y en el III, IV, VI y X Congreso. Estableció resoluciones
para el léxico deportivo en denominaciones oficiales de entidades
y organismos, nombres de disciplinas deportivas, marcas y enseñas.
Consideró el deporte como ámbito de urgente intervención
en la legislación sobre defensa del idioma por ser un foco
de extranjerismos sustituibles por voces españolas, por voces
cuya estructura fonética se puede hispanizar y por palabras
equivalentes. Propuso la revisión de las denominaciones de
las disciplinas deportivas de fútbol, baloncesto, balonvolea,
béisbol y boxeo y la incorporación al léxico
de palabras derivadas de ellas.
Un
segundo eje de actuación fue el léxico laboral. En
España, la Oficina de Lexicografía Social redactó
en 1945 un vocabulario profesional que encuadraba al deporte en
los espectáculos públicos con 47 convenciones sobre
atletismo, boxeo, carreras de caballos y de galgos, esgrima, fútbol,
pelota y tenis donde las formas inglesas habían sido sustituidas
por formas en lengua española.
El
tercer eje de actuación, el léxico del sistema informativo,
ha estado orientado hacia la hispanización del léxico
y la corrección idiomática, con una especial atención
a los neologismos para evitar su arraigo en el uso popular. La historia
de los anglicismos ha abarcado cuestiones como la asimilación
fonética, la unificación de terminología, la
creación de una norma estándar capaz de no difundir
neologismos innecesarios, el papel del idioma deportivo en las relaciones
tecnológicas, industriales y culturales de la sociedad, la
elaboración de estudios científicos y la creciente
preocupación de la deontología profesional de la comunicación.
La
adaptación fonética ha sido una constante en el mundo
hispánico y ha presentado fenómenos de simplificación
de consonantes y de vocales geminadas, grafías de posplurales,
grafías imitativas de la pronunciación original de
los vocablos ingleses, grafías por adición, prótesis
de e ante s inicial, adición de sufijos por posposición
no morfológica, adición del sufijo agenciales y de
calidad...
El
papel de los anglicismos en la difusión masiva del deporte
puso de relieve la necesidad de una unificación de terminología
que empezó en los años inmediatamente anteriores a
la I Guerra Mundial, con una propuesta de términos en lengua
española para atletismo, boxeo, ciclismo, deportes de nieve,
equitación, esgrima, fútbol, golf, hockey, juegos
olímpicos, lucha, natación, polo, remo, tenis, tiro
y vela, a cargo de la colección barcelonesa Biblioteca Los
Sports. Este proceso se aceleró legislativamente en España
entre 1938 y 1950 en las denominaciones de las asociaciones y el
lenguaje periodístico mediante el criterio de traducción
literal y en términos que carecían de ella se optó
por las equivalencias, los calcos semánticos y las adaptaciones
fonéticas. Esta forma de actuación fue compartida
por la Academia Colombiana de la Lengua, por la Asociación
de Academias de la Lengua Española -que propuso el estudio
de la terminología deportiva con vistas a su inclusión
en el diccionario y su mejora en las transmisiones de radio y televisión-
y por los intentos de unificación llevados a cabo por la
Academia Mexicana de la Lengua y por varios miembros de la Real
Academia Española para los Juegos Olímpicos de 1968
y las ediciones de la Copa del Mundo de Fútbol de 1970 y
1982.
Desde
1985, la Primera reunión de Academias de la Lengua Española
sobre el lenguaje y los medios de comunicación destacó
la necesidad de formar una norma léxica y gramatical basada
en la norma estándar culta, capaz de no difundir neologismos
innecesarios. Principio que dio origen a trabajos normativos y descriptivos
que han comprendido la superación de la proliferación
de extranjerismos; la elaboración de artículos de
orientación léxica y gramatical sobre el idioma de
las disciplinas olímpicas; un profundo análisis científico
del estado de la lengua del deporte en los medios de comunicación,
realizado en colaboración con la Agencia Efe de noticias
para los Juegos Olímpicos de Verano de 1992; y la elaboración
de proyectos para la presencia mundial del idioma como Difusión
internacional del español por radio y televisión que
desarrolló el Colegio de México con Televisa y varias
universidades.
La
descripción de la función de los anglicismos en la
estandarización de la escritura deportiva y el peso de su
presencia o eliminación para favorecer una difusión
masiva del deporte, toma formas de recopilaciones generales de extranjerismos,
repertorios léxicos de equivalencias en varios idiomas para
grandes acontecimientos -el caso de la Oficina de Información
Diplomática la Copa del Mundo de Fútbol de 1982 y
de la Generalitat de Catalunya con 13.032 términos para las
28 disciplinas olímpicas de los Juegos de Verano de 1992-
y estudios sobre su función en las relaciones tecnológicas,
industriales y culturales que el lenguaje establece en la publicidad,
comercialización y modernos y servicios de comunicación.
Además, ha sido abordada, en estudios generales y con monografías
sobre béisbol y fútbol, por la lingüística
hispánica de Argentina, Chile, Colombia, España, México,
Nicaragua, Panamá, Puerto Rico o Venezuela, entre otros.
La
preocupación de los periodistas profesionales por el uso
del idioma en el deporte ha llevado a cabo un enfoque descriptivo
con elaboración de repertorios léxicos de vocabulario
técnico y jerga, entre los que destaca Diccionario de los
deportes, de Acisclo Karag con prólogo de Julio Casares.
Toma un enfoque normativo para la orientación de dudas léxicas
y la formación de libros de estilo específicos realizados
por el Departamento de Español Urgente de la Agencia Efe
-con convenciones para atletismo, balonvolea, boxeo, ciclismo, esquí,
fútbol e hípica que se amplían en el libro
específico Léxico de los deportes olímpicos
a las 28 disciplinas de los Juegos de 1992- y el Libro de estilo
de El Mundo Deportivo, que recoge criterios para el uso de léxico
y dudas grafemáticas sobre hispanización de nombres.
También se ha producido una masiva incorporación de
términos deportivos a los libros de estilo de los medios
audiovisuales y escritos de información general. Últimamente,
para responder lingüísticamente a la incipiente globalización
cultural propuesto en el Proyecto Zacatecas, incluyen propuestas
sobre neologismos deportivos la edición electrónica
del Vademécum de español urgente de la Agencia Efe
y Apuntes para un manual de estilo periodístico, del periodista
uruguayo Ricardo Soca.
Etapas
de tratamiento
En
la evolución de los anglicismos hispánicos del deporte
se pueden distinguir tres grandes etapas: la invasión, su
eliminación y la convivencia con el neologismo necesario.
La primera etapa, de invasión generalizada de deportes importados
y presencia masiva de anglicismos entre la segunda mitad del siglo
XIX hasta los años cuarenta del siglo actual, se caracteriza
por factores como falta de aptitudes para la asimilación,
baja creatividad en lengua española, carencia de voces adecuadas
en español, pedantería, mimetismo, falta de imaginación,
incultura y carencia de coordinación institucional.
La
etapa de eliminación de extranjerismos mediante legislación,
entre 1938 y 1972 en España, Nicaragua, Colombia, Costa Rica
y Puerto Rico, supuso un intento de coordinación institucional
que si bien tuvo éxito en las denominaciones oficiales y
registros de nombres, encontraba numerosos problemas de aplicación
en la difusión periodística como consecuencia de una
falta de preparación lingüística de los periodistas.
A pesar de que se logró la adaptación fonética
sustituyendo terminología con soluciones del mundo hispánico,
en la práctica surgió el problema de la adopción
de numerosos anglicismos sintácticos y léxicos, con
calcos semánticos.
La
tercera gran etapa se caracteriza por la convivencia con el neologismo
necesario, las nuevas relaciones con ciencias del deporte, el planteamiento
de su estudio con un enfoque normativo-descriptivo, la deontología
profesional del periodismo en libros de estilo y un nuevo enfoque
sociológico en tiempos de convergencia de información
con tecnología, cultura e industria. Se consiguieron importantes
avances con respecto a las etapas anteriores, pero la presión
del inglés se hacía sentir en nuevos ámbitos:
las malas traducciones de las noticias de agencias, la creatividad
léxica con siglas para los nombres de los campeonatos y la
redacción visual de carácter publicitario que convierten
el idioma en un espectáculo -caso del término paralímpico
como acrónimo de paralítico y olímpico-.
Una
labor inacabada
El
segundo siglo de deporte moderno es una labor inacabada con nuevos
retos para el idioma. Una vez hispanizados los deportes olímpicos
aparecen nuevos ámbitos de actuación: deportes de
riesgo, comunicación e industrias del ocio. Los deportes
de riesgo -para vivir al filo de lo imposible los espacios naturales
más arriesgados y encontrar aventuras en los nuevos espacios
urbanos- están protagonizada por el mundo anglosajón
con el resurgimiento de los problemas de las denominaciones de disciplinas
(bungee jumping, dirt junmping, padle, paraboarding, rafting, skating,
squash...) y de los nombres de entidades que mezclan inglés
y español.
La
comunicación y el periodismo han mejorado en la rapidez para
asimiliar extranjerismos -como en el caso del reciente hat-trick
que ya se traduce como triplete- casi siempre, en función
de su éxito social. Sin embargo, mantienen falsas denominaciones
que no existen en inglés -footing (para designar al joging)
y puenting (para denominar al bungee-dumping)- y se banalizan anglicismos
fantásticos con un fin satírico para captar la atención
del espectador, como los bok.o., vicegol y gilicórner que
sirvieron para referirse al mordisco de Tyson en su combate boxístico
con Holyfield, a la ocasión clara de gol y al abuso del lanzamiento
en corto del saque de esquina en el fútbol, respectivamente.
Surge
una nueva relación entre el idioma y la industria del ocio
del deporte con una masa de acríticos consumidores por los
medios de comunicación, en una práctica que en España
se conoce popularmente por tumbing o sillón-ball.
A
lo largo de la historia se ha avanzado en la traducción y
sustitución de anglicismos en la difusión del deporte,
cuya autoridad idiomática corresponde a los medios de comunicación.
Sin embargo, nunca como ahora los tiempos son tan favorables a la
labor de lingüistas y traductores gracias a la consideración
del idioma en las Ciencias del Deporte y a las posibilidades que
ofrece la tecnología: redes de información y documentación
-como Sportcom, creada en 1993 en Costa Rica-, servidores sobre
las ciencias del deporte en idioma español, secciones especializadas
en páginas electrónicas de la lengua española
y el desarrollo del idioma como infraestructura para varios servicios
tecnológicos de información. Puede ser una ocasión
interesante para favorecer la convergencia de los intereses de lingüistas
y empresas de comunicación.
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