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Fútbol
para bajitos
Óscar
Domínguez
(*)

En
la tribuna gritan mamá, papá, hermanos y primos, el
tío que les enseñó la primera gambeta, el vecino
de confianza, el tendero que fía el chocolate, el perrito
faldero que da clases de lealtad, la coqueta noviecita que empieza
a figurar en la pasarela vida.
Todos
devoran la cancha de Marte donde se fajan 22 audacias mínimas
que disputan el torneo de Pony Fútbol que vimos gracias a
la transmisión de Teleantioquia que le dio la importancia
que se merece al campeonato de los "locos bajitos".
De
la cancha, los menudos, vírgenes aún de los pecados
de la carne (bueno, no todos), regresarán a casa a mirar
el video. De pronto recibirán una llamada de felicitación
de Miami del pariente o amigo que se abrió del parche y que
mantiene el polo a tierra a través de la televisión.
Y del fútbol, claro.
Pierdan
o ganen, la lágrima rodará por los cachetes de los
futuros funcionarios del Nacional o Medellín. O del Envigado,
que este año campeonó. La lágrima fácil
es la forma que tienen los niños de celebrar el triunfo o
el revés.
Meten
un gol, o lo fallan, y miran al cielo, al entrenador, a la tribuna.
En la tierra prometida de papá y mamá encontrarán
la cara de felicidad por el gol hecho, o la comprensión si
fallaron. La vida no termina en un gol, leen en sus rostros.
En
solo 60 minutos los chicos se juegan el pasado, el presente y el
futuro. (Suficiente sesenta minutos: si es bueno el partido, el
espectador queda con ganas. Si es malo, no se perdió mucho
tiempo).
Cuando
los saca el profe porque el libreto cambió, salen
abochornados, como si hubieran perdido aritmética o los hubiera
echado la novia. Concluida la faena, en vez de trago y mujeres,
la muchachada se refugia en el tetero, un helado, la compota, el
computador.
Para
quitarse el sombrero la producción de Teleantioquia. Durante
la transmisión, pasaron al aire llamadas de aquí y
de allá, leyeron correos electrónicos. Nostálgico
sin remedio, no me aguanté las ganas de soplar mensajillo
desde mi cambuche. Me sentí a dos goles de la felicidad completa
cuando leyeron mi correo:
La
presente para reportar sintonía del partido que están
transmitiendo (Envigado-Medellín). Jugué fútbol
en la Marte cuando ustedes no eran siquiera una hipótesis
en los planes de papá y mamá.
En
esa época -años cincuenta-la televisión llegaba
por entre las tiendas. Y en blanco y negro. Solo los platudos de
la cuadra tenían televisor. Nos dejaban ver un ratico por
la noche, sentados en el suelo, callados la boca.
Así
que me ha emocionado ver cómo transmiten este partido de
chinches llenos de ilusiones y de barros. Ellos juegan como si fueran
del Real Madrid, o del Nacional, que es lo mismo, y ustedes transmiten
como si nos estuvieran informando sobre una final de copa mundo.
Así se juega y así se trabaja. También jugué
en Envigado bajo la batuta del Ronco Martín Uribe quien nos
dirigía con ternura de abuelo. Lloraba con nosotros. Cuando
se nos acaban las lágrimas nos regalaba algunas. Nos vemos
en el próximo campeonato.
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(*)
Periodista
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