El periodismo deportivo: ¿una balacera lingüística? (Reflexión acerca de la violencia en el lenguaje deportivo)

Roosevelt Castro Bohórquez (*)

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"En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios,
y el verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que
ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la
Luz de los hombres.."
(San Juan. Capítulo 1 Versículos 1 a 4)

Muchos son los tratados que, acerca del fútbol, se han escrito. Todavía, hoy por hoy, incrustado en la dinámica económica del capitalismo salvaje, sigue siendo tema para profundos estudios y análisis. Paralelo a su origen se han generado espacios para la socialización de los seres humanos.

El desarrollo y evolución del fútbol, en esta última canturía y media de la historia de Cultura occidental, no han estado al margen del desarrollo mismo de las sociedades, en donde se incluyen también otras expresiones y fenómenos reiterativos en la dinámica humana por el planeta tierra como lo son los enfrentamientos bélicos entre dos o más bandos en conflicto.

Los deportes y en especial el balompié no ha sido ajeno a ese fenómeno bélico. Muchos lo han catalogado como una metáfora de la guerra (1). La práctica deportiva como práctica civilizatoria, donde el conjunto de normas y "reglas de juego" se ponen en común, se comunican, para llegar a medios de concertación y de dialógica humana que ayuden e impidan la agresión y el hacernos menor daño posible, no ha logrado "cristalizar" un proyecto que le posibilite crear otros lenguajes menos agresivos, menos violentos. Unos lenguajes que permitan "desarmar la palabra " y no crear una "balacera lingüística".

El poder de la palabra y el periodismo deportivo

Paralelo a la practica profesional del fútbol, se dio inicio a otra actividad que ayudó a su evolución y desarrollo: el periodismo deportivo.
Con el mismo discurso bélico, el cronista deportivo relata las grandes hazañas de sus héroes creando, con sus palabras, seres míticos con pies de barro (2).

Los Mayas tuvieron un Dios para las palabras. Los griegos y los romanos no. Para su desgracia (y, probablemente, la nuestra) tuvieron semidioses: aquellos héroes mitológicos a quienes colocaban entre sus deidades. Les atribuyeron virtudes que giraron entre lo humano y lo divino. El grupo humano prehispánico del sureste de México, Guatemala y Yucatán entendió, como ahora lo ahora lo hacemos, el gran poder que tiene la palabra (3).

Zvetan Todorov, lingüista polaco, asevera que las palabras crean realidades y que nada existe, ningún objeto del mundo real existe hasta que no sea nombrado. Muchos semiologos, apoyándose en las tesis de Todorov, han interpretado la Biblia y en su hermeneutica han coincidido con el lingüista polaco en ese "poder" que tiene la palabra (4).
Un poder que va más allá de un discurso grandilocuente, pues el lenguaje no sólo describe las cosas, hace que las cosas sucedan, el lenguaje es acción.

"Ese hombre tiene más poder que yo" (5) dijo el Jaibaná Salvador para referirse al periodista Juan José Hoyos. Sí, el periodista y el periodismo tienen ese poder, sobretodo el de servir, para que no nos dominen con el miedo y el escándalo. Un poder entendido como un periodismo de servicio (6) y no como un periodismo de destrucción, o de estragos (7) o de muerte.

Todas las consideraciones anteriores son las que tendremos en cuenta para tratar de reflexionar acerca del contenido violento de las palabras en el periodismo deportivo, especialmente en el medio radial, dado muchas veces por el mal uso del lenguaje.

Al contrario de lo que sucede en la prensa, medio en el cual se pueden editar y corregir los artículos, en la radio, especialmente en los programas que se emiten en vivo, y ante la inmediatez del medio, es difícil realizar la labor de "devolver lo que se ha dicho".
El uso del lenguaje que hacen los periodistas deportivos radiales crea en los oyentes el convencimiento de que todo lo que dicen es correcto e incorporan todos esos términos a su vocabulario, aunque sean incorrectos.

Desde que iniciamos nuestra carrera hemos escuchado decir que los medios de comunicación deben cumplir una triple función con respecto al público: informar, entretener y educar.

En lo que tiene que ver con los programas deportivos radiales podemos decir que cumplen con la parte de la información, y esto se puede deducir con sólo hacer un recorrido por el dial, en el que se encuentra variedad de estilos, enfoques y horarios, con un amplio contenido y, además, gran cantidad de pauta publicitaria.

Con el entretenimiento podemos afirmar, de igual manera, que están cumpliendo, lo que se deduce de los resultados de estudios de sintonía, en los que los resultados de este tipo de programas siempre ocupan los primeros lugares, hecho que se ve reflejado también en el tema de la pauta publicitaria que ya tocamos en el punto anterior.

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