Relato

Por los buenos tiempos

Eloy Serrano Barroso (*)

Para qué negarlo: lo hice a propósito, no fue un error. Y no es que me dejara comprar o que sea yo un seguidor encubierto del otro equipo. Tampoco fue un acto premeditado, el resultado de una maquinación que llevara tiempo urdiendo. Quizás todo empezó en el vestuario, cuando me sentí el hombre más solo del mundo, porque es cierto que estaban los linieres, pero esos no cuentan, que al final es el árbitro quien también paga los errores que ellos cometen, y es el árbitro quien al salir al terreno de juego se convierte para los espectadores en el oscuro objeto de sus frustraciones, de su rabia.

Y fue con esta sensación de absoluta soledad como pisé el césped. Ya estaban los jugadores calentando y el estadio inundado de luz, banderas y cánticos, y el corazón se me aceleró, porque era mi primera final, mi arbitraje más importante. Entonces, cuando me dirigía hacia el centro del campo, se me acerca el Tanque Arbizu para estrecharme la mano y desearme buena suerte. "Por los buenos tiempos", me dice.

¡Hay que joderse!, no sé a qué buenos tiempos se refería, sería a los suyos, a sus buenos tiempos, que han sido todos. Y de pronto me llegó el recuerdo de nuestros partidos de fútbol en el patio del colegio, con el Tanque Arbizu, entonces sólo Arbizu, siempre en plan figura, el chupón, el abusón de la pelota, al que todo se le perdona porque gracias a él nuestro equipo era el mejor. Y yo siempre de suplente, para cuando no hay portero o falta algún jugador, o para cuando le da la ventolera a Arbizu, que es quien dirige el equipo, diciéndome "tú hoy no juegas" o "tú hoy juegas", sin inmutarse, sin una muestra de afecto o comprensión, con la arrogancia de saberse el mejor, y yo diciendo amén a todo lo que dice, tragándome el orgullo, amansando la rabia.

Fue así de sencillo. Porque luego, después de sortear el terreno de juego y dar el pitido inicial, no dejaban de venirme esas imágenes de la infancia, sobre todo cuando era el Tanque quien conducía el balón. Imágenes como fogonazos que no podía controlar: yo en un rincón del patio del colegio limosneando con la mirada algunos minutos de juego cuando el partido ya está decidido, por favor, Arbizu, aunque sea unos segundos, pero sácame, y él a lo suyo, a hacer filigranas innecesarias con el balón y a meter goles, sin reparar en mí.

Por eso no pito gol cuando, faltando un minuto para el final del partido, el Tanque dispara desde fuera del área y el balón golpea en el larguero y bota luego dentro de la portería rebasando apenas la línea de meta. Veo el gol, pero no lo pito, ese gol que les llevaría a la prórroga y quién sabe si a ganar la final. Y disfruto al ver la cara con que el Tanque me mira, los gestos de odio deformándole las facciones, como si me fuera a matar allí mismo, rodeado de sus compañeros de equipo, que también parece que me quieren descuartizar, empujándome, haciendo aspavientos para que consulte con el linier. Pero nada me conmueve, ni siquiera que la mitad del publico me insulte puesto en pie, porque luego, después de dar el pitido final y señalar con las dos manos hacia los vestuarios, soy yo el que me acerco al Tanque a paso lento, como un torero que se recrea en su faena, y, cuando nadie me oye, le digo mirándole fijamente a los ojos, paladeando las palabras: "Arbizu, tú hoy no ganas".

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(*) Eloy Serrano Barroso (Madrid, 1953) es psicólogo y escritor. En su trayectoria literaria ha compartido el primer premio en los galardones "Ir al médico" y "Pobladores, inmigrantes, exiliados" y ha sido el vencedor del "III Concurso de microrrelatos" del diario El Mundo, del "I Concurso Plagio Creativo en honor a García Márquez", de EscueladeEscritores.com y de la I edición del Premio Idioma y deporte de relatos deportivos. También ha sido finalista del concurso "Buscamos un escritor entre el público" de la Cadena Ser y la Editorial Alfaguara, del "Premio Twinnings" de microrrelatos, del Premio Hucha de Oro, del III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor, del galardón Jara Carrillo de humor y del Premio Mario Vargas Llosa NH de relatos. Ha participado en la novela interactiva La rebelión de los delfines (Espasa Calpe, 2001) y ha colaborado en la revista cultural Qué Leer y en los diarios de información general El Mundo y Odiel.

 

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