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Emilio
Butragueño evoca a Fernando Lázaro Carreter
El
acercamiento del fútbol a la corrección lingüística
Jesús
Castañón Rodríguez
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La
tarde del 15 de marzo de 2004 Idioma y deporte se trasladó
al estadio Santiago Bernabéu para realizar un trabajo
singular. Una entrevista con un deportista para el que la
lectura es un momento de satisfacción y alegría
interior en una vida agitada. Una charla con una figura del
deporte para hablar sobre un genio del idioma.
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Emilio
Butragueño, el ídolo del Real Madrid, Atlético
Celaya y Selección Nacional de España, y actualmente
Adjunto a la Dirección General Deportiva del Real Madrid,
recibió a Idioma y deporte
en las oficinas del estadio para internarse en el área
y hablar de su admiración, su trato y su experiencia
con quien fue director de la Real Academia Española,
Fernando Lázaro Carreter.
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Perfil

Futbolista
español (Madrid, 1963). Su trayectoria está
vinculada al Colegio Calasanz, Real Madrid Aficionados, Castilla,
Real Madrid y al mexicano Atlético Celaya. Campeón
de dos Copas de la UEFA, cinco ligas, dos copas del Rey y
tres triunfos en la Supercopa de España. Internacional
en 69 ocasiones, ha sido el máximo goleador de la Selección
Española hasta el año 2001, con 26 tantos. Como
dirigente ha estado vinculado al Consejo Superior de Deportes
de España y al Real Madrid. Posee la medalla de oro
de la Real Orden del Mérito Deportivo.
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¿Cómo
surge la relación profesional con Lázaro Carreter?
Empieza
cuando en los Escolapios, en Gaztambide, estudio en COU su libro
de lengua, extraordinario en cuanto ejercicios. Después,
cuando jugaba al fútbol, leí en la Tercera de ABC
El dardo en la palabra y me llamó la atención
muchísimo un artículo sobre el uso que del idioma
hacían los periodistas porque consideraba que tenían
una gran responsabilidad. Todas aquellas incorrecciones las contaba
de una manera muy graciosa, con mucha ironía. Era muy agradable
de leer, al margen de que el nivel era superior. No sabía
con qué frecuencia escribía los artículos,
así que los coleccionaba hasta que los recopilaron todos
juntos en el libro El dardo en la palabra.
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Años
más tarde se hizo más estrecha...
A
mi vuelta de Estados Unidos, llamé a la Real Academia
Española preguntando por él desde el Consejo
Superior de Deportes. Quedó un poco sorprendido.
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Le
comenté que era muy aficionado a sus artículos, que
me llamaban mucho la atención y le dije que me gustaría
que me facilitara una serie de títulos orientados a fomentar
el buen uso del lenguaje porque con muchas de esas incorrecciones
que comentaba me veía reflejado. Cometía los mismos
errores y le pedí si me podría recomendar libros que
específicamente hablasen de estos temas. A partir de ahí
empezó una relación afectuosa, yo creo, al menos por
mi lado que se fue prolongando en el tiempo.
Y
cada vez evolucionó a más...
Posteriormente,
cuando me incorporo al Real Madrid hay un trabajo que pretendemos
hacer con el centenario de la entidad en 2002: escribir un libro
magno sobre la historia del Real Madrid. Le llamo, le pido consejo
sobre alguien que quiera escribirlo desde una perspectiva más
profunda, sociológica y con una pluma de prestigio. Ahí
surge una relación más constante, hablamos mucho,
nos vemos en varias ocasiones, le invitamos al fútbol...
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En
El dardo en la palabra hay numerosas referencias al
club y al estadio Bernabéu. En su último artículo,
"Lo normal", habla sobre cómo el Real Madrid
está inmerso en tres competiciones, la pronunciación
de Queiroz y cita a Ronaldo y al partido con el Betis en enero
de 2004.
Es
cierto, habla sobre diversos partidos y defendía mucho
a Jorge Valdano por los adjetivos que utilizaba. Le parecía
impresionante el estadio Bernabéu y cuando le invitábamos
venía al palco presidencial.
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Me
sentaba a su lado en los partidos y era muy discreto, muy tranquilo,
no se quejaba del árbitro... Era muy correcto, muy entrañable,
le tenía mucho afecto. Era exigente con los jugadores porque
esperaba mucho de ellos, adoraba a su Zaragoza y le habíamos
invitado para el partido del 13 de marzo de 2004.
¿Cómo
era su carácter en el trato con el fútbol?
Era
muy franco, uno era consciente de que estaba hablando con una autoridad
moral que concede la vida a alguien que en algo es muy superior
y que dentro de lo que es la historia de España ha desempeñado
su papel relevante. Y a la vez muy irónico, con una manera
de criticar muy elegante pero muy punzante. Me daba vergüenza
cuando estaba con él y no quería hablar porque me
imagino qué pensaría, pero era un hombre muy entrañable.
¿Qué
factores facilitaban ese trato?
Es
curioso que un hombre tan relevante dentro de lo que es la lengua
sea aficionado al fútbol, si se tiene en cuenta que el fútbol
estaba mal visto hace 20-25 años. Daba la sensación
de que el balompié estaba ajeno a lo que era el mundo cultural,
el de la inteligencia. Y sin embargo Lázaro Carreter hace
de puente y nota cómo el fútbol es un espectáculo
que llega al corazón de la gente, que tiene la fuerza del
sentimiento y es la principal ventana de la sociedad donde ésta
quiere mirarse. Su masiva audiencia se convertía en una escuela
con millones de personas que ven el partido y todo aquello que escuchan
tiene una repercusión enorme porque el nivel de concentración
es muy alto. Lázaro Carreter acercó la Academia al
fútbol y el fútbol significa la conexión con
el pueblo y eso da una idea de su sabiduría.
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¿Y
su actitud ante lenguaje deportivo al que consideraba creativo
y a la vez un "vergel de provocaciones verbales"?
Pensaba
que era muy rico y entendía que es muy difícil
en una transmisión de noventa minutos decir siempre
lo mismo.
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Comprendía
que la gente intentara ser muy imaginativa, mantener el lenguaje
vivo. Lo que él pretendía era el buen uso del lenguaje,
no el que la gente no inventara, que dejara de ser creativa.
Analizaba
el empobrecimiento de la lengua y del pensamiento, se resignaba
a la resistencia de los periodistas deportivos a cualquier corrección
y colaboró con el periodismo deportivo...
Hay
una serie de artículos que escribió en Marca y en
alguno había sugerido establecer con los directores de los
medios de comunicación unos seminarios del lenguaje para
que se usaran esas ventanas para mejorar el uso del idioma. Lázaro
Carreter era muy aficionado al fútbol, al Zaragoza y un ávido
lector y oyente que seguía Carrusel Deportivo y escuchaba
por las noches la radio. Él quería tener un contacto
con la sociedad y el vocabulario de la radio era un fiel reflejo
de la mayoría de lo que usaban los españoles.
En
su afán por aprender permanentemente ¿qué le
pudo aportar el deporte profesional?
Alguna
satisfacción. El deporte permite identificarte con lo mejor
de ti, es ilusión, tener sentido, esperar algo con entusiasmo.
Es vida.
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