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Caloi,
el dinamismo de la ilusión
Jesús
Castañón Rodríguez
Carlos
Loiseau, Caloi, pertenece a la generación de humoristas argentinos
que conectaron una visión universal de la vida con la inmediatez
local para hacer más digerible y soportable la realidad.
Cuenta con una variada trayectoria que ha sido galardonada con numerosos
premios en Argentina y en bienales internacionales y salones de
humor de Italia y Japón. En prensa escrita ha estado vinculado
a las publicaciones Adán, Análisis, Atlántida,
Cronopios, La bella gente, La hipotenusa, La jeringa, María
Belén, Mengano, Panorama, Primera Plana, Tía Vicenta,
Tío Landrú, Satiricón, Semana Gráfica
y Siete días, así como al diario Clarín. Y
en el sector audiovisual ha creado cortometrajes, música,
campañas publicitarias y los programas de televisión
Clemente, emitido por el Canal 13, y Caloi en su tinta. Además,
ha creado sellos con el personaje de Clemente para el Correo Argentino
en 1998 y ha desarrollado numerosas actividades para Unicef y otras
entidades culturales, cinematográficas y televisivas de América
y Europa.
Producción
gráfica
Cuenta con una variada trayectoria que ha sido galardonada con numerosos
premios en La trayectoria deportiva abarca una colaboración
semanal de tema deportivo en el semanario El Gráfico entre
1976 y 1982, la grabación del disco Clemente y sus hinchadas
(1982) (ganador del Premio Musican por sus ventas), campañas
publicitarias para el programa de erradicación de la violencia
en los estadios de fútbol, el diseño del isotipo del
león para el Club Atlético River Plate en 1986, las
aficiones deportivas de Clemente en su tira y las viñetas
de los libros específicos de la serie Con el deporte no se
juega, donde aporta su particular visión de 30 deportes distintos:
ajedrez, alpinismo, atletismo, automovilismo, baloncesto, béisbol,
billar, bolos, boxeo, caza, ciclismo, esgrima, esquí, fútbol,
golf, hípica, hockey sobre patines, lucha libre, motocross,
natación, pádel, patinaje, pesca, petanca, polo, rugby,
surf, tenis, tiro y voleibol.
Esta visión polideportiva, ya presente en otros humoristas
gráficos argentinos como Garaycochea, Quino o Fontanarrosa,
tiene una distribución curiosa. En el primer libro trata
15 deportes: atletismo, automovilismo, baloncesto, bolos, boxeo,
ciclismo, esquí, fútbol, golf, hípica, natación,
patinaje, petanca, rugby y tenis. En el segundo, abarca 22 disciplinas
deportivas: ajedrez, alpinismo, atletismo, automovilismo, baloncesto,
béisbol, billar, bolos, boxeo, esgrima, esquí, fútbol,
golf, hockey sobre patines, lucha libre, natación, pesca,
polo, rugby, surf, tenis y voleibol. En el tercero, comprende 18
deportes: ajedrez, atletismo, automovilismo, baloncesto, bolos,
boxeo, caza, esgrima, fútbol, golf, hípica, hockey
sobre patines, natación, pádel, pesca, rugby, tenis
y tiro. Y en el cuarto, retrata 10 disciplinas: ajedrez, atletismo,
automovilismo, baloncesto, boxeo, esgrima, fútbol, hípica,
motocross y tenis.
Los dibujos de Caloi en Clemente rezuman nostalgia y emplean una
técnica donde la tira cómica se convierte en un escenario
teatral de tamaño fijo donde predomina el dinamismo visual.
Y en Con el deporte no se juega recurre a viñetas dinámicas
que rompen las costuras tradicionales para encontrar nuevos espacios.
Efecto que logra animando objetos (caso de unos borceguíes
con dientes, para los centros mordidos, o con lenguas para burlarse
de los delanteros) o mediante la interpretación de todas
las disciplinas cruzando elementos diferentes de cada una de ellas
hasta conseguir insólitos puntos de vista.
1.
Clemente o las alas de la imaginación
Clemente representa la vivencia apasionada del fútbol, relatada
en clave local. Y pasa la actualidad a través de cuatro ejes:
la imaginación, el amor y la familia, el barrio y la pasión
por el fútbol en todos sus acontecimientos.
Clemente constituye un singular personaje. Es un pájaro sin
alas que se arrastra por el aire con un vuelo poético e indefinible,
que busca la ternura y que reconoce la propia debilidad. Hincha
de Boca Juniors y de la selección albiceleste, sintetiza
el espíritu futbolístico de los barrios con su asistencia
a la grada popular o tablón. Recrea, junto con un conductor
de tranvías, la nostalgia tanguera y los sentimientos del
Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX. Y aplica su sentimiento
del fútbol a tres bloques: las relaciones personales y familiares,
el barrio y vivencia emocionada del balompié.
1.1.
Amor y familia
En sus relaciones con Mimí, aficionada al bridge y té
de canasta, Clemente se ofrece como entrenador para el deporte del
amor y propone dirimir a penaltis sus conversaciones entre la exclamación
entusiasmada de sus propios nombres. Y en el sueño de su
boda real, Clemente se convierte en el príncipe Clem que
desposa a la mulatona Leidi Mu en la catedral de una grada popular
alta de un estadio, con la reina Mafalda de testigo y los hinchas
con sus cánticos como coro y corte.
En las relaciones filiales, muestra sus ilusiones con el embarazo
de Mimí. Al dar el bebé muchas patadas se emociona
y piensa que podrá ser un nuevo Diego Maradona, aunque luego
será su hija Clementina. Y con su hijo Jacinto, tras reflexionar
sobre el motivo que lleva a los hijos a imitar siempre a sus padres,
se desespera al ver que se aficiona al River Plate en vez de seguir
su pasión por Boca Juniors.
1.2
El barrio
La visión barrial retrata a Bartolo con su tranvía
y la nostalgia por la vida de los barrios de Buenos Aires donde
el fútbol era una seña de identidad junto a los tangos,
los patios donde se matea, los domingos de sol y los viejos y solitarios
tranvías.
1.3
La pasión del fútbol
La visión futbolística de Clemente es fruto de un
juego de ingenio entre el doble sueño del pibe (jugar en
Boca Juniors y en la Selección albiceleste) y la doble situación
fantástica de hacer jugadas y narrarlas a la vez.
Es un juego insólito y divertido de jugadas soñadas,
lances imposibles y situaciones de final inesperado. Aparece retratado
como 9 goleador, como arquero sin alas que no sabe cómo volar
de palo a palo de la portería, como delantero que anota tantos
en fuera de juego al jugar solo, como rematador que tira los balones
muy altos
Choca contra la puerta que está cerrada,
gambetea el arco, juega solo sin nadie en el estadio, domina la
pelota en el aire o intenta ingresar en el círculo central
a pesar de un funcionario que le impide el paso pidiéndole
una solicitud, unas fotos y una partida de nacimiento. Su fantasía
es capaz de hacer que conforme la alineación completa y llene
la grada.
Para el estudio del idioma es impresionante el juego proporcionado
por los relatos y su seguimiento por los aficionados en la narración
de jugadas, en entrevistas, en reflexiones lingüísticas
y en otros ámbitos de la vida cultural.
Las gambetas del idioma son frecuentes en la descontextualización
de imágenes y palabras con lenguajes figurados: "Baja
Clemente (en paracaídas), la roba (vestido de ratero), la
esconde (la lleva bajo la camiseta), la carga (al hombro como si
fuera un saco de patatas), la mata (con un casco guerrero)".
Y también en exageraciones para ponderar a los jugadores
habilidosos desde que escasean: "Se hace Clemente de la pelota,
la yeva, la mata, la pisa, la esconde, la mueve, la sube, la taquea,
la baja. Y como si esto fuera poco la yama, la conversa, la besa,
la acurruca, la aconseja...".
Las entrevistas critican la retórica de la inflación
empleada en las transmisiones, ejemplificadas en el locutor Murioz,
y cómo llevan a situaciones inesperadas: la entrevista del
jugador soltero con su esposa, el futbolista que logra un gol en
propia meta y recibe los abrazos de los jugadores contrarios, la
conexión entre Clemente y el pato Donald con un intercambio
de frases en inglés que concluye con la sentencia: "Por
la forma en que le pegué al idioma debe estar creído
que soy el bateador de Boca Yunior".
La experimentación metalingüística aborda el
problema de los extranjerismos, cuando Superclemente, envuelto en
la bandera argentina, comenta: "Hoy nuestro tim estará
en Güembley conducido por Masotti, ese coach tan folk ¿vio?
Haremos el présin en toda la cancha. Jugaremos con la ley
del orsái, con el golquíper y los fulbács bien
plantados, sin estóper y con fóguars de buen dríblin,
ambiciosos y dispuestos a aprovechar todas las ventajas del juego:
los córner, los áubol, los jáns penal, los
fules y que shotean de todos lados" y su remate final "En
una palabra como pa' que no quede ninguna duda de que ahora el fulbo
es argentino".
Por último, la seducción del lenguaje deportivo traspasa
sus límites para llegar al mundo de los conciertos, hasta
el punto de que el director de orquesta es visto como un árbitro
vestido de negro al que insultar y las plateas abarrotadas de espectadores
intercambian cánticos al estilo de las hinchadas.
Copa
del Mundo de 1978
Durante la celebración de la Copa del Mundo 1978, Clemente
sintetizó el espíritu popular y apasionado de la afición
albiceleste. Enfundado en su vuelo con la bandera argentina como
si fuera una capa, emprende una lucha por mantener el tradicional
marco de participación apasionada y animación con
lanzamiento masivo de papel a pesar de la recomendación oficial
de no hacerlo para evitar dar una imagen de país sucio.
Vivió apasionadamente los triunfos de la selección
argentina y, tras la victoria final, lanza una lluvia de papel alrededor
de una bola del mundo, sale de la ventana de la casa y festeja el
campeonato dando unas cuantas vueltas de euforia alrededor del planeta
Tierra.
En la Copa del Mundo de 1982, tras el éxito musical de ocho
composiciones musicales en 1978 (Marcha oficial del Mundial '78,
The hit of Viva el Mundial, Los chicos del Mundial, La Copa tiene
dueño, La Copa es de Argentina, El equipo del Mundial, Argentina,
te queremos ver campeón y Argentina, te llevo dentro de mí)
el imaginario argentino recurrió a La milonga clementera
como reclamo para las celebraciones junto a los personajes de la
mulatona y Mireya y llegar al éxtasis con el abrazo de Clemente
y Gardel en la avenida Corrientes.
2. Con el deporte no se juega
Con el deporte no se juega acoge la vivencia apasionada del fútbol
en clave universal. Presenta una visión más variada
y compleja que recurre a cuatro tipos de mecanismos: la combinación
de relaciones lógicas y absurdas, los juegos de lenguaje,
una visión disparatada de los excesos del lenguaje periodístico
del deporte y la transformación fantástica e ingeniosa
de todos los elementos que componen el fútbol y su entorno.
2.1.
Relaciones lógicas y absurdas
La mezcla de relaciones lógicas y absurdas son aplicadas
a tres grandes centros de atención: los estamentos del fútbol,
una visión de los mismos en clave polideportiva y la vida
diaria tomada como un partido de fútbol.
2.1.1
Estamentos del fútbol
En este apartado, la técnica de mezclar de relaciones lógicas
y absurdas comprende jugadores, entrenadores, dirigentes, entidades
deportivas y árbitros.
Jugadores
Los jugadores de campo, en cuanto equipo, se enfrentan a situaciones
llamativas: saltan a la cancha desde la boca del metro como si fuera
la boca del túnel de vestuarios; juegan libres y con alegría
dentro de la cárcel; piensan en el jefe de personal de la
empresa como jugador capaz de congelar balones y tirar balones fuera;
entrenan al portero haciendo saltar el corcho de las botellas de
cava para que los atrape al vuelo; en las tandas de ejercicios mandan
al futbolista más gordo a la portería para no sobrecargar
al resto; trabajan en la recuperación del balón tras
la incorporación de un psicólogo al equipo aconsejando
a la pelota que no desanime a pesar de recibir patadas y que no
debe ni pincharse ni desinflarse... Y en caso del fútbol
femenino, el superclásico River-Boca lo disputan jugadoras
equipadas con botas de tapones altos.
Individualmente, también afrontan situaciones curiosas: en
la ceremonia inaugural de un torneo se sitúa frente al banderín
de córner en vez de frente a al mástil central del
campo; lanza un penal mientras un apuntador desde una concha situada
al fondo de la red le sopla que lo haga a la izquierda; por su posición
inclinada se reconoce que vino traspasado del Pisa; se le castiga
al rincón y con orejas de burro por no entender las jugadas
de estrategia; temeroso ante los ladridos del perro que guarda la
cancha junto al córner, se acuerda de que el técnico
le ordenó intercambiarse con un compañero en los saques
de esquina; lanza bolas de gaucho al rival si es demasiado rápido;
al ir a ejecutar un saque de esquina ve que han instalado una barrera,
una garita y una oficina de inmigración; es retirado por
una grúa cuando está lesionado; ante las cuatro sombras
que produce la iluminación artificial pregunta a su entrenador
por cuál de las cuatro ha de seguir para cumplir la orden
de seguir al rival como si fuera su sombra; se coloca en una barrera
a unos metros a un lado (y no delante del balón) para neutralizar
el lanzamiento de un especialista en tiros de chanfle; no se adapta
a jugar en la segunda división y se presenta a los partidos
el día de los de primera en vez de los sábados.
Además, declara a la prensa su alegría al ver que
los jugadores rivales lo abrazaban al conseguir un gol en propia
meta y responde de forma inesperada a las preguntas de los periodistas,
como en los casos del jugador de larga nariz, al que preguntan si
va a actuar de wing mentiroso o falso extremo y del futbolista al
que preguntan por su traspaso y todavía no se ha enterado
de la operación. El jugador aparece en sus costumbres de
festejar los goles colgado de las vallas, hasta que llega a un estadio
con foso y es rescatado con una caña de pesca, o de santiguarse
al entrar en la cancha mientras un rival le comenta que Dios no
va a ser tan injusto como para hacer que ellos ganen.
El futbolista descontextualiza frases de otros discursos para rebajar
fuerza a situaciones polémicas. Es el caso del árbitro
que expulsa a un jugador por su juego violento y le responde que
no es justa la tarjeta por ser la violencia un fenómeno individual,
un problema privativo de orden nacional y un fenómeno mundial.
Y las explicaciones que sobre el fallo de dos penaltis da a un periodista
un jugador de gran clase: la culpa fue de su tendencia maníaco-depresiva
a la hora de coger carrera en el lanzamiento, la producción
de situaciones de angustia y un predominio leve del ello sobre el
yo.
Quizá el caso más peculiar lo representan los arqueros.
Las guardametas de equipos femeninos colocan la red de meta como
si fueran cortinas, cuelgan macetas en el larguero, adornan con
plantas los postes y el punto de penalti con una tarta, rodean la
líneas de las área con tiestos de flores, colocan
una alfombra de bienvenida en la media luna y dos bayetas sobre
las que apoyar los pies para no manchar el césped. Y además,
los porteros defienden la meta con un cristal blindado, que se raja
ante el impacto de un balonazo, equipados con un parasol de coche
(ajustado al larguero) para que no les estorbe el sol en la cara
y se arrugan en los lanzamientos de penal porque siempre afirmaron
que detenerlo era cuestión de suerte
Entrenadores
El director técnico ve una salida inesperada a sus apreciaciones.
Es el caso de su propuesta de arreglar los contratos antes de empezar
el campeonato, mientras ve cómo su portero ha puesto en la
meta un quiosco de venta de cigarrillos y golosinas; de su reflexión
sobre el sentido de las concentraciones previas a los partidos mientras
pone sobre una mesa las limas que trajeron los familiares de los
jugadores en el día de visitas; y también, de compartir
con los policías de seguridad de un estadio el haber dado
órdenes para que jugadores y perros muerdan en toda la cancha.
Dirigentes
Las combinaciones de elementos absurdos y lógicos afectan
a las decisiones y la autoridad de los dirigentes. Así el
presidente dueño de un concesionario de autos, coloca en
la cabeza de sus jugadores transferibles el símbolo de autos
en oferta. Y las directivas se muestran muy enfadadas con un entrenador
que tras declarar que los jugadores debían dejar el frac
y ponerse el mono de trabajo, se enfrenta a manifestaciones, comisiones
internas, huelgas...
Entidad
deportiva
La lógica militar y publicitaria están presentes en
las entidades que, ante la ineficacia goleadora, cambia su bandera
tradicional por una nueva con el lema "Hoy remate" y en
aquellas cuya publicidad estática alusiva a cuchillas de
afeitar es sustituida por anuncios de alfombras y almohadones con
el fin de preservar la integridad física de los jugadores.
Árbitros
Los árbitros combinan el fútbol con los naipes de
la baraja mediante el recurso a las cartas del as de bastos para
amonestar y al as de espadas para expulsar, así como miden
la distancia a una barrera como si estuvieran alineándose
en vez de contar los pasos desde el balón.
2.1.2
Estamentos del fútbol en clave deportiva
La mezcla de relaciones lógicas y absurdas también
afecta a una aplicación en clave deportiva para jugadores
y terrenos de juego.
Jugadores
Los futbolistas suelen recurrir a elementos insólitos aplicando
elementos del fútbol infantil y de los futbolines. Así
un portero recuerda a un delantero que no vale fusilar el tanto;
varios jugadores apuntan que si anotan tantos de palomita (que valen
por tres) remontarán el resultado adverso; un arquero es
sustituido por un meta de futbolín para enfrentarse en el
uno contra uno con el delantero; y viejas glorias de dos equipos
desarrollan un nuevo partido en la cancha, jugando al futbolín
ya que no tienen fuerzas para correr.
También recurren a la natación un futbolista que explica
a otro que han colocado un trampolín para tirarse dentro
del área y un portero que en la ejecución de un penalti
toma impulso sobre un trampolín para lanzarse a atrapar el
balón.
Terreno
de juego
Las combinación de relaciones absurdas y lógicas está
presente en el retrato del fútbol estadounidense que se practica
en una cancha donde el área es una zona de baloncesto, donde
desde la línea de lanzamiento de tiros libres se ejecuta
el penalti y en las bandas laterales se colocan los otros futbolistas
al rechace. Y también en el canchero o cuidador de campo
que pide a un jugador que le eche una mano para eliminar hormigueros
gracias a sus tiros envenenados.
2.1.3. El partido de la vida cotidiana
La
vida diaria es presentada como un curioso campo de juego en el que
tiene cabida la interpretación balompédica más
insospechada. Es el caso del señor que en el parque devuelve
el balón a unos niños soñando que es un gran
crack y que cuando es atracado piensa que está en el momento
del intercambio de camisetas; del aficionado que remata de cabeza
numerosos objetos redondos de su oficina hasta acabar en el hospital;
del profesor de piano que ve cómo un niño hace unos
toques de control con una corchea y le comenta a su madre que abandone
las clases de música para dedicarse al balompié; de
la embarazada en avanzado estado de gestación cuyo bebé
da patadas mientras el padre toca la panza e imagina que la forma
de la barriga es un chut de su niño que abomba la red de una
portería; del fiscal que pide para un acusado que la aplicación
de la pena máxima y éste piensa que es que le lancen
un penalti; o de Adán que hace toques de control de pelota
con la manzana ante el enfado de Eva en el paraíso.
2.2.
Juegos de lenguaje
Caloi es uno de los humoristas argentinos más interesantes
para el estudio del idioma pues es uno de los autores que más
equilibrio ha conseguido entre imágenes y palabras en sus
trabajos.
En Con el deporte no se juega destaca el uso de dos mecanismos lingüísticos:
los juegos con el lenguaje figurado y la ridiculización de
los tópicos del lenguaje periodístico.
2.2.1.
Lenguajes figurados
Los primeros son aplicados a jugadores, entrenadores, dirigentes,
canchas, médicos e hinchas.
Jugadores
Los lenguajes figurados son un ámbito para recrear situaciones
generales, situaciones específicas para cada línea,
crear confusiones y dar pie a hechos insólitos. En las primeras
destaca el jugador de grandes proporciones al que el entrenador
exime de pisar el balón porque los revienta con su peso;
el que ha comprendido el sentido de la frase el resultado es un
accidente tras cruzarse con la hinchada y acabar escayolado en el
hospital.; el que encuentra en un borrador la fórmula para
contrarrestar todas las jugadas de pizarrón de los rivales;
el polifuncional por su baja calidad en todos los puestos; el que
se electrocuta al buscar la descarga de la pared; al que se muestra
en desacuerdo con una huelga de jugadores si se le llama huelga
de pelotas caídas. También destacan los conjuntos
a los que envían dos jardineros, equipados con rastrillos,
por si ese día practican la folha seca y el Dream Team o
equipo de los sueños que consigue dormir a la afición
y a los locutores por su juego aburrido.
Dentro de las situaciones específicas destaca el guardameta
que contrarresta los ollazos del rival con un guante de boxeo; y
el que siente un hormigueo en un pierna provocado por hormigas y
no por un calambre. En la retaguardia, el defensa rifa la pelota
para sobrevivir ante el dinero que les adeuda el club; sale volando
porque es el líbero; sube al ataque con una máscara
porque el técnico pidió que lo hiciera de forma totalmente
sorpresiva; recibe el apodo de el ventilador porque si te agarra
te destroza. Y el conjunto de la línea defensiva da lugar
a que defensas de diferentes estaturas se coloquen uno detrás
de otro para esperar escalonados en defensa y que, ataviados de
amas de casa, discutan sobre sus preferencias: barrer, ventilar,
abanicar el espacio defensivo. La línea medular presenta
jugadores con gorro de cocinero que patean los centros a la olla;
futbolistas vestidos de camarero y equipados con servilleta, bandeja,
cuchara y cuchillo que se acerca a la banda para preguntar al director
técnico si prefiere un lanzamiento de cuchara, cortada o
en bandeja. En la delantera, el extremo exagera los centros pasados
hasta convertirlos en centro podridos; comenta a un periodista que
tenían un contragolpe mortal pero para ellos mismos; y el
extremo mentiroso declara a la prensa sus intenciones de jugar sueltos,
abiertos, tocando y al ataque en un partido fuera de casa.
Para las confusiones cabe resaltar la del defensa violento al que
el entrenador manda hacer pressing y él cree que el está
llamando preso.
Y en la situaciones insólitas se registran las exageraciones
de aplicar en sentido literal el lenguaje figurado hasta llevar
a un jugador a esconder la pelota en la espalda, ante el asombro
de rivales y árbitro; y hasta tragarse las escaleras del
túnel de vestuarios por salir con la cabeza bien alta en
las derrotas. Además aparece el entrenador que para cuidar
la pelota, la guarda en una caja fuerte envuelta en una almohadilla
y una urna de cristal; y se da el caso de que los futbolistas comentan
cómo hacen su trabajo los relatores con críticas a
su manera de abrir la boca desmesuradamente, exagerar, elidir las
eses, hacer dequeísmos o interrumpir excesivamente el relato
con publicidad.
Entrenadores
Caloi retrata las instrucciones de los técnicos a los jugadores.
Es el caso del futbolista que se prepara para un cambio. En la primera
viñeta emite ocho órdenes: "Fontana, quiero que
me juegue de volante retrasado, pero mandándose al ataque.
Hágame de tapón en el medio, parado delante de la
línea de cuatro. Cuando se vaya arriba, hágalo picando
en diagonal. Lánceme pelotazos cruzados para los punteros.
Trate de tocar de primera en paredes cortas y en las largas, busque
la espalda de los marcadores centrales. No se olvide de amagar y
buscar la pausa o el cambio de ritmo. Rote para desmarcarse y provocar
claros para la subida de un compañero. Gambetee a la carrera
y pruebe la media distancia". En la segunda, traza otros siete
consejos: "Llegue al cabezazo cuando desbordan los punteros
y en los córners. Si descarga la pelota hacia un costado,
pase por detrás del que recibe y pique por la punta. Cuando
perdemos el balón baje siempre tapando. Releve a los defensores
que se van al ataque y, a la vez, tome la marca de los defensores
rivales que se desenganchan y proyectan a la ofensiva. Meta pierna
y mande ahí en el medio. Tome los tiros libres y preste atención
a la jugada del offside. Si hay penal lo patea usted y acuérdese
de pararse delante de la pelota hasta que se acomode la barrera
en los tiros libre en contra
". Y en la tercera, resume:
"Ah, otra cosa, Fontana
Juégueme suelto sin preocuparse
por nada".
A la orden de practicar fútbol total, deben entender que
"total, nos van a pasar por encima"; cuando manda hacer
una pausa creen que van a un corte comercial como consecuencia de
conceder tantas notas y entrevistas a la radio y la televisión;
manda marcar hombre a hombre a su jugador más desaliñado,
con las medias bajadas, una bufanda y melenas al viento y lleva
al delantero de la entidad andando a cuatro patas y amarrado con
una cadena para desarrollar el olfato de gol.
El entrenador también es un ser enfadado que riñe
a su portero porque le dijo que en los penaltis se podía
tirar para cualquier lado y el meta interpretó que también
valía hacia atrás; abronca a un defensa que al no
saber sumar en la vida real es incapaz de luchar por las pelotas
divididas; alaba a un jugador por ser el mejor jugador sin balón
de todos los tiempos pues no tocó ni una bola todo el partido,
resalta la moderna calidad de un jugador comentando que no es un
jugador de madera sino de plástico; y que es recibido por
la directiva como una especie de fusible ante los malos resultados.
Dirigentes
Los directivos realizan juegos de lenguaje ante las dificultades
económicas: proponen no comprar cuatro volantes para hacer
un rombo en el medio del campo y sustituirlo por un jugador bruto
que es un cuadrado en cualquier lugar del campo; piden al entrenador
que deje de comentar que su equipo es un conjunto con hambre ya
que están haciendo sandwich a todos sus jugadores; y recomiendan
al director técnico que se podía hacer cargo de un
plantilla con un buen semillero de jugadores no con un buen semillón
(borrachera).
Terrenos
de juego
El terreno de juego adopta formas curiosas, con labios en la base
del poste de una portería para demostrar que la pelota salió
fuera besando el poste y los estadios cuentan con diversos huecos
a distintas alturas en la pared de la tribuna en función
de las diferentes localidades: platea alta, platea baja, general
y colados gratis.
Médicos
La forma de hablar de los médicos es satirizada en una entrevista
a pie de campo con el diagnóstico de jugador lesionado ("Hipoxia
tisular con incremento del ácido láctico sanguíneo
seguido de contracturas musculares múltiples") al que
apostilla: "O sea, una palma que se muere".
Hinchas
Los modos lingüísticos de los hinchas aparecen con el
aficionado gordo de un equipo que comenta al entrenador que el grueso
de la afición lo apoya.
2.2.2
Tópicos del lenguaje periodístico
Están presentes en las declaraciones de jugadores y entrenadores
y en la seducción que ejercen las palabras en la violencia
de los aficionados.
Jugadores
En cuestiones generales los periodistas realizan preguntas sobre
aspectos que se contestan con los hechos: el ánimo con que
afronta un equipo un encuentro trascendental mientras saltan al
campo haciendo toques de control a una bomba; saber si un futbolista
está peleado con la pelota mientras pica un balón
con un cuchillo de cocina; el jugador que responde "¿de
qué?" a si es cierto el dicho "el jugador es siempre
el último en enterarse"; los futbolistas ancianos que
declaran que ya se nota el trabajo no de la última década
en su gol; la crítica al esquema táctico 2-5-3 mientras
piensan que la habrá sacado del futbolín; el jugador
atravesado por una manecilla de reloj habla sobre sus sentimientos
de la lucha contra el reloj en el último tramo de un partido;
e incluso el periodista solicita precio a un jugador por responder
negativamente a la pregunta "¿Existe soborno en el fútbol?"...
Especialmente llamativo es el caso de las concentraciones, con los
sentimientos de futbolistas vestidos de presos, con sus pensamientos
mientras los montes, los árboles, el humo de las casas y
las nubes toman forma de mujer y con el periodista melenudo que
tras preguntar a los jugadores si llevan mucho tiempo concentrados,
le responden: "Muchísimo, preciosa...".
También se presentan situaciones específicas por líneas.
El arquero situado ante una gran portería es preguntado por
sus sentimientos cuando le van a lanzar un penalti y por si fue
un espectador más del partido mientras se retira con un parasol
con los colores del equipo en una mano y en la otra una corneta
para animar. En la defensa, destaca la entrevista a jugadores de
aspecto embrutecido que declaran que el partido estaba igualado
hasta que el entrenador les mandó pensar un poco y entonces
perdieron por goleada. En el centro del campo, un mediocampista
da una entrevista en la banda y a la jugador "¿Es cierto
que usted y el puntero izquierdo se entienden prácticamente
de memoria?", grita su compañero desde el campo mientras
controla la pelota: "Totalmente, cierto". En la delantera,
se aborda a un jugador acuchillado que abusa de la táctica
del fuera de juego y se le pregunta si eso no es jugar en el filo
de la navaja; se solicita a un delantero que tiene en la frente
el marco contrario el secreto para ser un gran goleador; y se pregunta
a un jugador habilidoso, capaz de resolver una jugada en una baldosa,
por su bajo rendimiento alegando éste que en ese césped
era imposible encontrar un pedazo de mosaico.
Entrenadores
Aparecen paradojas en el entrenador obeso al que la directiva le
pide la dimisión porque en las etapas de resultados negativos
el "hilo se corta por lo más delgado" y también
se resume la riqueza de lenguaje de las charlas técnicas:
"Vamos, vamos, ¡eh! ¡Fuerza! ¡Huevo! ¡A
meter! Vamos".
Hinchas
El poder de seducción de la palabras en la violencia de los
hinchas es reflejada en el aficionado que golpea a un jugador con
una loseta de terrazo porque quería comprobar si era cierto
lo que decían de que dicho futbolista era capaz de gambetear
una baldosa. Y además, en el amanerado que tras leer las
crónicas deportivas se acerca admirativo a un crack tildado
como "El último hombre".
2.3. El periodismo
El periodismo acoge la captación de momentos increíbles
por los fotógrafos y los relatos increíbles de reporteros
y locutores.
Fotógrafos
Los fotógrafos protagonizan momentos insólitos: equipados
con máquinas antiguas de retratar, con trípode y cortinilla,
dudan sobre si les dejaran pasar al campo; captan el penalti desviado
hasta el punto de atraparlo con el objetivo de su cámara;
consiguen un primer plano sensacional al incrustarse un balón
en su objetivo de cañón; disparan fotos con un objetivo
de cañón cuyo ruido del motor asusta a los jugadores
hasta lanzarse al suelo; son animados por un arquero a trasladarse
a la portería contraria para así reflejar los goles
del encuentro; situados tras las redes de la portería reciben
la visita del entrenador para oír sus comentarios y así
armar un buen conjunto desde atrás hacia delante; y también
logran que el actor del estreno de Hamlet pose con la calavera en
cuclillas como los futbolistas sobre un balón.
Locutores
y reporteros
El reportero emite opiniones sobre la falta de ética de un
futbolista que ha agredido a tres jugadores y al árbitro
y cuando está en su presencia cambia su crítica por
una felicitación; comenta a un jugador cómo piensa
recuperar los kilos que pierde en cada encuentro mientras ya le
ha dado un bocado al micrófono; explica que un delantero
que lleva su cabeza cortada en las manos, se retira del campo por
sus propios medios para tranquilidad de los familiares; reflexiona
sobre si la expresión "Hay movimiento en el banco"
es de origen deportivo o económico; comenta que la pelota
iba a hacer patito en un campo encharcado tras ver salir al trío
arbitral con la pelota en un flotador; pregunta a un lesionado que
es trasladado en camilla si está en su mejor nivel de juego;
pregunta a un jugador con un cubo en la cabeza si el gol en el primer
minuto de juego le cayó como un balde de agua fría;
y demanda a un directivo por el objetivo de la gira de su equipo
por Europa mientras los jugadores saltan al campo con un etiqueta
que marca el precio de su traspaso.
También entrevista al técnico del equipo campeón
en una playa mientras va vestido con atuendo de turista, cámara
de fotos, sombrilla, gafas de sol, etc.; a un entrenador sobre la
repercusión del trabajo semanal a lo que responde que se
notó la labor que tienen fuera del fútbol para poder
vivir; a un director técnico sobre la ambición de
su equipo en un banco roto por numerosos mordiscos, del hambre que
tienen; a un entrenador que niega que su táctica haya sido
defensiva cuando más bien ha consistido en una adaptación
al esquema de juego más conveniente en cada momento: 4-2-4,
4-3-3, 5-3-2 y 11-0-0; a un técnico sobre el primer día
de trabajo tras las vacaciones con unos jugadores excesivamente
gordos y un campo donde la hierba sobrepasa los dos metros de altura.
Y recoge las declaraciones de un jugador desconcertado tras haber
recibido siete goles al comienzo del partido; de otro con los pelos
de punta por sus electrizantes jugadas; de un portero desmemoriado
que se equivoca de lado al bascular a la hora de atajar los penaltis
rivales; de un arquero muy goleado apodado "Pie plano"
por tener muy vencido el arco; de jugadores con el pelo alborotado,
sobre cómo sintieron la reaparición de un jugador
mandó que ordena con sus gritos; de un futbolista con brocha
y bote de pintura en la mano que declara salir preparado para pintarle
la cara a cualquiera; de otro que manifiesta que siempre juegan
mal porque cuando lo empezaron a hacer así acababan ganando
los partidos; o de un grupo que mantiene intacto el espíritu
desde que empezaron en el barrio basado en mandar al más
gordo a la portería. Además, los periodistas se acercan
al saque de esquina para preguntar al futbolista que lo va a lanzar
qué número de córner es o acompañan
a un ariete hasta el vestuario del equipo derrotado para hacerles
unas entrevistas.
Sufren situaciones llamativas al agolparse en el lateral de la red
de una portería, justamente el contrario a aquel desde un
futbolista ejecuta sus lanzamientos de esquina cerrados; al perseguir
a un delantero sin puntería que ha golpeado a un fotógrafo
dejándolo inconsciente del balonazo; al convertir el trabajo
de la redacción en un partido cuando un redactor, con la
marca de una patada en la espalda, explica a otro que le rechazaron
una nota sobre fútbol con cara interna de pie derecho; al
entrevistar a un perro vestido de árbitro que responde: "A
veces cuesta hacerle entender a la gente que uno es un ser humano
y se puede equivocar como cualquiera"; al ver cómo un
jugador se detiene ante el micrófono de ambiente para explicar
a la audiencia el tipo de saque de esquina que va a ejecutar o cómo
hace ejercicios de control de balón con el micrófono
del periodista; al solicitar un técnico de televisión
con un cartel la repetición de la jugada de gol por problemas
técnicos; al colocar esparadrapo en las bocas de todos los
espectadores de una grada para tener que evitar andar cortando el
sonido de ambiente cada poco tiempo.
Los locutores son acusados de no saber desprenderse de la forma
de hablar del tablón o las gradas populares. Entrevistan
a un jugador colocando la pluma como si fuera un micrófono.
Narran la lesión de un jugador ante la llegada del coche
fúnebre con el comentario: "Es probable que la lesión
sea más grave de los suponíamos". Asisten al
amargo sabor de la derrota con el abatimiento de un futbolista que
se confunde de vestuario, que es pegado por un hincha y que cuando
presta su micrófono a otros fanáticos, para saber
su opinión, lo aprovechan para pasarlo por el larguero y
colgar al jugador. Arrojan enfurecidos su micrófono contra
el árbitro y siguen el relato del encuentro con una botella.
2.4.
La transformación fantástica
Dos mecanismos: creación de situaciones insólitas
de fantasía y la generación de exageraciones.
2.4.1.
Un mundo insólito
El juego de disparates y situaciones insólitas afecta a jugadores,
entrenadores, dirigentes, entidad, hinchas, terrenos de juego y
árbitros.
Jugadores
La visión insólita de jugadores afecta cuestiones
generales, a las diferentes líneas de los equipos, las jugadas
de estrategia, el sorteo de campos y su apariencia física.
En aspectos generales, un jugador nervioso protesta al entrenador
por tener que ser él quien persiga la pelota en un loco o
rondo; los futbolistas se motivan en el control antidopaje con la
ayuda de duchas abiertas, pósters de cataratas, mangueras
echando agua, fotos de niños meando, etc.; patean la cámara
de los fotógrafos, lanzan eufóricos papelitos, dan
patadas a los perros que custodian el campo, juegan con el banderín
del juez de línea; intercambian camisetas con el árbitro
porque les ayudó durante el partido; son sustituidos por
los enfermeros para conformar la formación de emergencia;
van equipados con bota con dientes para conseguir tiros mordidos;
protestan porque un árbitro les expulsa tras esquivar una
patada que les lanza; se quejan de poder jugar en cualquier puesto
y con cualquier número de camisetas pero no con una casaca
de talla excesivamente grande; o reflexionan sobre la ventaja del
origen humilde de los jugadores argentinos y su capacidad para desempeñar
los más variados oficios: tirar caños, hacer paredes
o mandar centros a la olla.
Los futbolistas violentos o brutos comprenden la certeza del dicho
"El fútbol siempre da revancha" al acertar con
una patada al rival tras haber fallado en otras tres ocasiones;
declaran que han tenido varias ofertas del extranjero pero no se
van al ser enemigos de la fuga de cerebros; recriminan al colegiado
la pérdida de tiempo que supone retirar uno a uno los trozos
que quedan del contrario. Por su parte, las futbolistas se quejan
de que en su camiseta no sólo vaya el nombre en la espalda
sino también su número de teléfono.
Además,
declaran a la prensa que la vida del futbolista es corta mientras
se le viene encima una viga de hierro; muestran que tiene en su poder
personal su pase a otro equipo mientras es preguntado si eso no es
una prueba más de su exceso de individualismo; quitan el sombrero
al periodista para declarar que el entrenador les ha devuelto la confianza
en la charla técnica del descanso; esperan a que un locutor
abandone la cancha para reanudar el encuentro mientras éste
comenta que uno de los males del fútbol es que no se da paso
a la segunda parte hasta que no quede nadie dentro del campo; roban
la cartera al periodista que lo entrevista mientras manifiestan que
siempre les gusta ganar en todo, tanto antes como aficionado como
ahora como profesional; declaran que su sueño era fichar por
un club y una vez fichados, echan un sueño junto al banderín
de córners durante los encuentros; comentan que a pesar de
una lesión el equipo siempre ha jugado con sus once componentes.
La visión disparatada de las líneas del equipo comprende
a porteros, defensas, mediocampistas y delanteros. El arquero hace
la salida con un pie en alto y una animada bota que saca la lengua
al rival; sale a cortar los centros con una sierra; se esconde tras
la barrera ante el lanzamiento de un golpe franco; sale de un cañón
como un hombre-bala para cazar el balón al vuelo en un penalti;
agarra la cabeza del delantero rival en vez de sujetar el balón
en un córner; con un saque incrusta el balón en uno
de los rayos del sol y pica la pelota ante el asombro de los contendientes;
saca la portería de sus anclajes y sale corriendo con ella
ante el inminente remate de un delantero; para con su gran nariz
un balón inverosímil tras una gran jugada de los delanteros
rivales; sustituye la visera por un casco de guerra para no hacerse
daño contra los postes de hierro de su meta; lleva una vestimenta
multicolor que confunde a un colegiado pues ya no sabe con qué
equipo va; está rodeado de papeles de la animación
de la hinchada y de un rollo de papel en forma de soga que llega
hasta el larguero; habita la jaula de un zoológico dentro
de su portería con redes...
La línea defensiva cuenta con una cola de defensas dispuestos
para pegar al 9; con futbolistas que llevan una careta en el cogote
y las camisetas puestas al revés para contrarrestar la consigna
rival de buscarles las espaldas; con once jugadores encajados en
la portería sin dejar el más mínimo resquicio;
con defensas equipados con paraguas para sobrevivir a la lluvia
de centros a lo loco sobre el área; con un líbero
que sale volando del estadio; y con un lateral que logra corregir
el defecto de avanzar mirando para abajo después de que le
robaran el balón. Los centrocampistas recogen el caso de
futbolistas especializados en centros que se acerca con una bandeja
y comenta a su compañero si le gustan los centros pasados;
de especialistas en amasar la pelota y centros a la olla que antes
han sido cocineros; y de mediocampistas que se acercan al banquillo
y preguntan al míster en qué consiste abrir la cancha
si ya está llena de gente y no cabe nadie más.
En la línea de ataque, el delantero tropieza con una elástica
línea del área pequeña al encarar meta; se
viste con capa, espada y calavera al estilo de la época de
Shakespeare para comentar al árbitro que si no hacen un poco
de teatro los rivales les llenan de patadas y no les pitan a nada
a su favor; libra al portero y cuando va a entrar en meta, agarra
el balón con la mano y hace un ensayo como en el rugby; aborda
una portería de un solo poste en la que se apoya el portero;
se queda desnudo y marca un gol tras zafarse del agarrón
que le había hecho un defensa; y se planta ante el portero
en un uno contra uno y ve cómo el portero huye con la portería;
perfuma el aliento del defensa de cierre. Además mantiene
una entrevista con Dios para que detenga un poco el tiempo tras
lograr un gol y disfrutar viendo cómo lo celebra el estadio;
y al pasar junto a la estatua del Primer Adelantado, comenta que
no sería posible en la actualidad ya que te sorprenden en
fuera de juego y te dicen de todo.
En las jugadas de estrategia, sacan una chuleta para recordar las
órdenes del entrenador y destacan los ruinosos saques de
esquina, lanzados con la pierna cambiada, que acaban en la tribuna
o el golpeo al banderín de córner o a un perro policía,
en vez de al balón para su remate de cabeza por el delantero
de turno. También aparecen numerosas situaciones disparatadas
en los lanzamientos de golpes francos. En éstos, la barrera
se alinea lateralmente como en el metegol; forma con jugadores que
se dan la vuelta, se tapan la cabeza, se tapan los ojos y se cubren
si mantenerse firmes; y situada junto al balón, protesta
al árbitro porque no hay distancia suficiente para la ejecución
del tiro libre. Y en su lanzamiento, los jugadores pasan muy bien
por encima del balón pero falta quien la patee bien o lo
ejecutan de espaldas a puerta ya que golpean la bola de chanfle.
Finalmente, un futbolista encarcelado por soborno hace un penalti
absurdo contra su equipo y se ofrece a tirarlo.
En el sorteo de campos, los jugadores se desesperan al ver las evoluciones
de un billete de dinero al no haber una moneda para realizarlo y
hacen propuestas al colegiado como que el gol de arremetida y el
de rechazo valen por dos tantos.
También forma parte del mundo insólito de los futbolistas
su apariencia.
Es el caso del jugador con patas de caballo que se pone una cola
de caballo como peinado ante la indignación de su entrenador
y del defensa que no usa espinilleras porque el que da patadas es
él. Y también del jugador de baja estatura al que
la directiva le dice que es el único que no puede ir a menos;
del de las piernas arqueadas al que el entrenador ordena que no
forme en ninguna barrera porque siempre deja un hueco para que lancen
directo a portería; y del de piernas de descomunal tamaño
y cuerpo pequeño mientras el entrenador comenta que cada
vez está más a favor del desarrollo de una educación
física integral desde la infancia.
Entrenadores
El entrenador es retratado como un ser que da órdenes disparatadas:
advierte al portero que la orden "Nuestra única preocupación
tiene que ser el marco contrario" es válida para todo
el equipo menos para él; al no contar con los fichajes solicitados
manda a un futbolista que haga de peón de brega, suba al
ataque y llegue a la línea de fondo... para ser cambiado
por otra pieza como en el ajedrez; pide que suelten al libero, que
se encuentra enjaulado como una fiera; explica a sus futbolistas
negros que cuando manda pase al claro quiere decir al hueco y no
a Méndez el jugador blanco del conjunto; y solicita a un
jugador que deje de controlar el balón con la ayuda de la
mano pues ya les han pitado en contra 10 manos y dos penaltis.
Además, se alegra al saber que los jugadores de ajedrez llevan
un gran equipo de analistas mientras que a él no le hicieron
caso cuando recomendó la incorporación de psicólogos
a los equipos de fútbol; espera que no tenga que pasar el
control antidopaje un jugador, cuya orina que traza llamativas y
curiosas trayectorias antes de caer el urinario; y se sitúa
entre las líneas discontinuas del área técnica,
que son sesgadas por unas tijeras como si fuera un recortable.
Dirigentes
Los dirigentes son retratados en cuclillas agarrando el maletín,
como si fuera un balón, para hacerse una foto. Preguntan
a los directores técnicos por el gaucho que contratan como
ayudante de campo o por las compras que realizan para reforzar el
plantel: piñas, zanahorias, fruta, verduras... Pero ante
todo, toman decisiones curiosas: buscan un ascenso y dos cadetes
por el pase de una secretaria privada en una reunión; mientras
sostienen la paloma de la paz es avisado de que un plantel enfurecido
desea hablar del tema de los contratos; contratan los servicios
de un locutor deportivo para que narre al público lo que
pasa en el campo a través de los servicios de megafonía
y así paliar la escasa visibilidad por problemas de la iluminación
artificial en una cancha.
Entidad
El mundo insólito de las entidades deportivas aparece en
los festejos del club que debiera aplazar un encuentro que se juega
al día siguiente de la fiesta de aniversario y en la vuelta
olímpica que darán los entrenadores, jugadores y directivos
en las tribunas ante la invasión de campo que se produce
tras un partido en el que el club se proclama campeón.
Hinchas
El mundo insólito de los aficionados lleva a que los hinchas
pobres de un equipo campeón, que se desplazan al campo en
carro destartalado, vean cómo se les sube un neófito
ante la queja del dueño de que ese arribista se suba al carro
de los vencedores. Y también produce que el público
de una grada forme una torre humana para recrear la figura de una
ola.
Terrenos
de juego
Un nuevo ámbito para la fantasía está compuesto
por los cuidadores de las canchas que almidonan la red justo el
día en que reciben seis goles que quedan marcados en las
mallas; ponen la red de la portería en paralelo al suelo
a la espera de los vuelos de su arquero; se sitúan junto
a la boca del túnel de vestuarios para recibir a los jugadores
con el letrero "Prohibido pisar el césped"; explican
al técnico mientras tiran de una palanca cómo logró
inclinar el campo hacia la portería rival una vez que pidió
a todo el mundo una aceleración en la línea de 3/4
de la cancha; trazan la línea imaginaria de medios porque
los jugadores no tienen creatividad; pintan unos rayos a la media
luna del área para que parezca una puesta de sol; pasean
por la cancha junto a su perro mientras sueña que hace geniales
jugadas, chuta una bola de papel y se la ataja el perro; recuperan
con una caña de pescar los balones que van al foso entre
los comentarios de los espectadores que afirman que nunca acudirán
si no ponen carnaza en las cañas; y navegan con lanchas motoras
por el foso para recuperar más deprisa los balones que caen
en él.
Además del canchero aparecen otros empleados del estadio
como el encargado del marcador electrónico que para que aparezca
el rótulo gol salta por las teclas del mismo como si estuviera
ante unas lianas al estilo Tarzán; los auxiliares sanitarios
que acuden en un jeep loco para perder el tiempo con diversas piruetas;
el chamarilero que encuentra un gran negocio recogiendo cintas,
botellas y papelitos tras recoger los restos de la animación
de la hinchada en un partido; y el perro, que acompaña al
policía en el córner, ejecuta los saques de esquina
para que el equipo al completo pueda rematarlo.
Los terrenos de juego presentan un socavón en el centro como
consecuencia de no abrir el juego a las bandas, se convierten en
una pradería de ganado a la que se accede por una portilla
hecha con palos; cuentan con una zona de córner en la confluencia
del área grande y la línea de fondo con el fin de
ejecutar los "corners cortos"; desarrollan extremas medidas
de seguridad con un foso que cruza todas las líneas interiores
y exteriores de la cancha; y están señalizados con
carteles de "Peligro de gol", "Cuidado con el stopper",
"Evite el offside", "Área penal, precaución",
"Al túnel", "Círculo central",
"Respete al arquero, ¡no fusile!"
Árbitros
El trío arbitral registra la relativización de la
autoridad del árbitro y la violencia que sufren sus auxiliares.
El colegiado principal es el punto de mira de jugadores que tras
protestar la tarjeta amarilla por la aparatosidad con que le fue
mostrada son expulsados por el colegiado tras acceder a las puertas
de un castillo, subir una escalinata, recorrer un pasillo con soldados
que le rinden honores, subir a un balcón, hacer sonar las
fanfarrias, llamar al jugador y mostrarle la tarjeta roja con un
rayo de luz especial y su aparición en el marcador electrónico;
que piden al árbitro que pite falta por acoso sexual al ser
agarrado desde la espalda por el rival; que solicitan que una hinchada
no increpe al portero rival ya que el reglamento no permite cargar
al arquero en el área pequeña.
Se convierte en centro de situaciones insólitas como la árbitra
de fútbol femenino, con tarjetas de múltiples colores,
que pregunta por cuál combinará mejor con el fútbol
violento. También inspecciona varias zonas del campo y se
hunde en la zona del barro del área chica mientras es rescatado
por los bomberos; es requerido por un equipo sin hinchada para que
sea su jugador número 12 durante el encuentro; tira un penalti
porque suele estar tan encima de las jugadas que es difícil
para los futbolistas no hacerle falta; pregunta a un combinado el
motivo de que estén doce sobre la cancha (once y el fantasma
del descenso); ante las constantes protestas de jugadores solicitando
tarjetas para sus rivales, decide repartir entre ellos tarjetas
amarillas y rojas para que se las saquen a sí mismos directamente.
En el caso de los jueces de línea destaca la reflexión
de auxiliar que considera el cambio del lanzamiento de botella por
el de envases de tetrabreak como el mayor avance en la lucha contra
la violencia de los espectadores.
2.4.2
Exageraciones
Jugadores, entrenadores, dirigentes, terreno de juego y árbitros
son motivo de numerosas exageraciones.
Jugadores
Las hipérboles en las que participan jugadores abordan cuestiones
generales, aspectos específicos por líneas, jugadas
de estrategia y otras situaciones.
Entre los aspectos generales destacan: el jugador de un equipo pobre,
que viste una camiseta harapienta, pide al árbitro el final
del encuentro para poder intercambiar las camisolas y así
conseguir una más nueva; los rivales que en el sorteo de
campos se lanzan patadas a la espinilla; los futbolistas que se
disfrazan de payasos para recuperar la alegría para el fútbol;
jugadores gordos y barrigudos que preguntan al rival cómo
adivinó que no hicieron pretemporada; viejecito al que se
rinde homenaje en su club de origen tras haber logrado recuperarlo
para el club tras una fructífera campaña en Europa;
el jugador que gestiona la publicidad para su propia camiseta, según
acuerdo con la directiva e incluye anuncios clasificados; futbolista
desmayado tras recibir un botellazo es retirado por un compañero
que le pide que no se dé por aludido; y afortunado capitán
de equipo que en el sorteo de campo ha conseguido las dos porterías
Un aspecto interesante está conformado por los jugadores
lesionados: los hay con una lesión en una pierna que son
asistidos por fisioterapeutas que tras confundir el anestésico
en aerosol con el desodorante, les atienden las axilas; también
son auxiliados por masajistas que para perder tiempo llevan agua
milagrosa y un termo de mate en vez de un bidón de agua;
están los que para perder tiempo son sacados en camilla y
reclaman una manta y una bolsa de agua caliente para no enfriarse;
algunos preguntan al médico si podrán volver a la
práctica intensa del deporte del ajedrez.
Los equipos dedican media hora diaria a ensayar el festejo de los
tantos, después de que su entrenador lo haya visto en su
etapa europea; resuelven todos los problemas económicos y
deportivos justo cuando termina el campeonato; sólo aceptan
retos al metegol; desarrollan una táctica defensiva con cuatro
porteros; en los tiros libres dicen unas palabras alusivas al cargo
de lanzador, la barrera entona un himno y se bendice la pelota ante
la desesperación de algunos espectadores; y cuando se han
formado combinados improvisados, al final del partido, en vez de
saludar al contrario se presentan entre sí sus componentes.
Se registran exageraciones específicas por líneas
del equipo. Es el caso del portero que monta un quiosco de bebidas
en la portería como consecuencia de los atrasos en el abono
de los sueldos; y saca balones altos y largos para eclipsar el sol
con el balón. Los defensas encuentran en la zancadilla la
manera de parar la gambeta endiablada del rival; tapan con la bota
los ojos del delantero centro rival para que adivine quién
es; tienen en el salón de su casa varios trofeos: la pierna
fracturada de un rival, las botas con tapones largos que empleaba,
los banderines rotos, la camiseta llena de manchas de sangre, las
mandíbulas rivales rotas, los balones reventados, etc.; y
no entienden cómo un delantero puede meter un gol en una
portería antes de que empiece un partido y él no pueda
dar una patada a un delantero cuando abandona el campo. Los delanteros
regatean, sin levantar cabeza hasta salir del estadio y sortear
farolas y autos; meten en la portería al guardavallas de
una patada tras parar todos sus remates en un partido; llegan al
hospital tras ser arrollados por la salida en tropel de una defensa
con el fin de provocar el fuera de juego; se amontonan en una banda
par recoger los centros pasados; solicitan un aumento de sueldo
por hacer de sparring para el defensa central en los entrenamientos;
son tan feos que tienen una gran capacidad para buscar huecos y
crear el vacío mientras los rivales huyen.
En las jugadas de estrategia, destaca cómo los lanzadores
de un golpe franco dicen frases infantiles mientras los defensores
creen que están ensayando una jugada de estrategia, así
como un especialista saca un lapicero para calcular cómo
debe lanzar la parábola del balón en un tiro libre.
Además, las exageraciones están presentes en la madre
que representa a su hijo y pregunta "¿Y a cómo
pagan el gol acá?" y en el párroco de una entidad
que obliga a los jugadores a persignarse, bautizarse y comulgar
antes de saltar al terreno de juego.
Entrenadores
El entrenador hace saludar a sus jugadores a la cámara de
televisión porque sus aficionados los ven más por
la tele que acudiendo al estadio; explica a un pibe que debe de
elegir entre ser un buen extremo o un jugador inteligente; es parado
en plena charla técnica por sus jugadores ya que han sido
derrotados por seis a cero; abronca a sus pupilos alabando su sentido
a la hora de caminar la cancha, pero necesita que la empiecen a
correr; piensa un sistema de juego que deja aislado al delantero
centro sentado en una isla, con barba de varios días y la
camiseta colgada de una palmera; y pinta las jugadas en la cancha
una vez que la directiva de un club pobre le deniega una pizarra
con el argumento de que se arregle con los elementos del club.
Dirigentes
Los dirigentes brindan con agua del grifo por otro año de
triunfos y grandes recaudaciones y a la hora de renovar los contratos
de los jugadores; buscan refuerzos para el próximo partido
a la salida del colegio; y calculan a quién pertenece el
gol marcado por un futbolista en multipropiedad.
Terreno
de juego
La fertilidad de la tierra argentina lleva a exageraciones como
la necesidad de constantes cortes del césped artificial y
se satirizan las mangas para el acceso de los jugadores al terreno
de juego por estar infladas con un ventilador que produce tanto
frío que los jugadores salen constipados y por llevar la
publicidad de una marca de preservativos, en una situación
que incomoda a los jugadores.
Los cuidadores de las canchas riegan una planta con un trapo que
hace de banderín de córner, echan cocodrilos al foso
para evitar que el nuevo conjunto importado sea arrancado por los
hinchas de los futbolistas y pintan la línea del área
grande con una brocha ante la espera de los jugadores.
Árbitros
El trío arbitral ejecuta el sorteo de campo con un billete
porque no encontró cambio camino del estadio; piensa en no
volver a pitar encuentros entre equipos que adeudan grandes cantidades
de dinero a sus jugadores y así librarse del acoso de los
jugadores cuando lanza a moneda en el sorteo de campo; llevan un
balón europeo como si fuera globo, dado su menor peso que
los tradicionales balones argentinos; y reciben las quejas de un
delantero (que empezó con el dorsal 9 y ahora lleve siete
números en la espalda por los numerosos agarrones que ha
sufrido) al que acusa de simular faltas.
Epílogo
En resumen, Caloi consigue una representación del fútbol
donde tienen cabida las raíces tradicionales del deporte
argentino, donde conviven el imaginario local y las preocupaciones
universales, donde todos sus elementos son susceptibles de ser transformados
por el dinamismo de la ilusión y donde todos los sentimientos
de la fiesta social del fútbol (la nostalgia del Buenos Aires
de la primera mitad del siglo XX, la euforia por los triunfos en
la Copa del Mundo
) son resumidos en diferentes formatos y
soportes con una mirada poética.
Caloi es un genio universal para el humor gráfico deportivo,
que ha logrado una manifestación artística donde dibujo
y palabra se manifiestan de forma equilibrada. Y ha renovado el
lenguaje al reinterpretar de forma figurada el lenguaje técnico
del fútbol, al criticar los excesos y los tópicos
del lenguaje periodístico, al incorporar el lenguaje de los
aficionados del tablón y al burlarse de los excesivos extranjerismos
en un juego de talento y fantasía.
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