Caloi, el dinamismo de la ilusión

Jesús Castañón Rodríguez

Carlos Loiseau, Caloi, pertenece a la generación de humoristas argentinos que conectaron una visión universal de la vida con la inmediatez local para hacer más digerible y soportable la realidad.
Cuenta con una variada trayectoria que ha sido galardonada con numerosos premios en Argentina y en bienales internacionales y salones de humor de Italia y Japón. En prensa escrita ha estado vinculado a las publicaciones Adán, Análisis, Atlántida, Cronopios, La bella gente, La hipotenusa, La jeringa, María Belén, Mengano, Panorama, Primera Plana, Tía Vicenta, Tío Landrú, Satiricón, Semana Gráfica y Siete días, así como al diario Clarín. Y en el sector audiovisual ha creado cortometrajes, música, campañas publicitarias y los programas de televisión Clemente, emitido por el Canal 13, y Caloi en su tinta. Además, ha creado sellos con el personaje de Clemente para el Correo Argentino en 1998 y ha desarrollado numerosas actividades para Unicef y otras entidades culturales, cinematográficas y televisivas de América y Europa.

Producción gráfica

Cuenta con una variada trayectoria que ha sido galardonada con numerosos premios en La trayectoria deportiva abarca una colaboración semanal de tema deportivo en el semanario El Gráfico entre 1976 y 1982, la grabación del disco Clemente y sus hinchadas (1982) (ganador del Premio Musican por sus ventas), campañas publicitarias para el programa de erradicación de la violencia en los estadios de fútbol, el diseño del isotipo del león para el Club Atlético River Plate en 1986, las aficiones deportivas de Clemente en su tira y las viñetas de los libros específicos de la serie Con el deporte no se juega, donde aporta su particular visión de 30 deportes distintos: ajedrez, alpinismo, atletismo, automovilismo, baloncesto, béisbol, billar, bolos, boxeo, caza, ciclismo, esgrima, esquí, fútbol, golf, hípica, hockey sobre patines, lucha libre, motocross, natación, pádel, patinaje, pesca, petanca, polo, rugby, surf, tenis, tiro y voleibol.

Esta visión polideportiva, ya presente en otros humoristas gráficos argentinos como Garaycochea, Quino o Fontanarrosa, tiene una distribución curiosa. En el primer libro trata 15 deportes: atletismo, automovilismo, baloncesto, bolos, boxeo, ciclismo, esquí, fútbol, golf, hípica, natación, patinaje, petanca, rugby y tenis. En el segundo, abarca 22 disciplinas deportivas: ajedrez, alpinismo, atletismo, automovilismo, baloncesto, béisbol, billar, bolos, boxeo, esgrima, esquí, fútbol, golf, hockey sobre patines, lucha libre, natación, pesca, polo, rugby, surf, tenis y voleibol. En el tercero, comprende 18 deportes: ajedrez, atletismo, automovilismo, baloncesto, bolos, boxeo, caza, esgrima, fútbol, golf, hípica, hockey sobre patines, natación, pádel, pesca, rugby, tenis y tiro. Y en el cuarto, retrata 10 disciplinas: ajedrez, atletismo, automovilismo, baloncesto, boxeo, esgrima, fútbol, hípica, motocross y tenis.

Los dibujos de Caloi en Clemente rezuman nostalgia y emplean una técnica donde la tira cómica se convierte en un escenario teatral de tamaño fijo donde predomina el dinamismo visual. Y en Con el deporte no se juega recurre a viñetas dinámicas que rompen las costuras tradicionales para encontrar nuevos espacios. Efecto que logra animando objetos (caso de unos borceguíes con dientes, para los centros mordidos, o con lenguas para burlarse de los delanteros) o mediante la interpretación de todas las disciplinas cruzando elementos diferentes de cada una de ellas hasta conseguir insólitos puntos de vista.

1. Clemente o las alas de la imaginación

Clemente representa la vivencia apasionada del fútbol, relatada en clave local. Y pasa la actualidad a través de cuatro ejes: la imaginación, el amor y la familia, el barrio y la pasión por el fútbol en todos sus acontecimientos.

Clemente constituye un singular personaje. Es un pájaro sin alas que se arrastra por el aire con un vuelo poético e indefinible, que busca la ternura y que reconoce la propia debilidad. Hincha de Boca Juniors y de la selección albiceleste, sintetiza el espíritu futbolístico de los barrios con su asistencia a la grada popular o tablón. Recrea, junto con un conductor de tranvías, la nostalgia tanguera y los sentimientos del Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX. Y aplica su sentimiento del fútbol a tres bloques: las relaciones personales y familiares, el barrio y vivencia emocionada del balompié.

1.1. Amor y familia

En sus relaciones con Mimí, aficionada al bridge y té de canasta, Clemente se ofrece como entrenador para el deporte del amor y propone dirimir a penaltis sus conversaciones entre la exclamación entusiasmada de sus propios nombres. Y en el sueño de su boda real, Clemente se convierte en el príncipe Clem que desposa a la mulatona Leidi Mu en la catedral de una grada popular alta de un estadio, con la reina Mafalda de testigo y los hinchas con sus cánticos como coro y corte.

En las relaciones filiales, muestra sus ilusiones con el embarazo de Mimí. Al dar el bebé muchas patadas se emociona y piensa que podrá ser un nuevo Diego Maradona, aunque luego será su hija Clementina. Y con su hijo Jacinto, tras reflexionar sobre el motivo que lleva a los hijos a imitar siempre a sus padres, se desespera al ver que se aficiona al River Plate en vez de seguir su pasión por Boca Juniors.

1.2 El barrio

La visión barrial retrata a Bartolo con su tranvía y la nostalgia por la vida de los barrios de Buenos Aires donde el fútbol era una seña de identidad junto a los tangos, los patios donde se matea, los domingos de sol y los viejos y solitarios tranvías.

1.3 La pasión del fútbol

La visión futbolística de Clemente es fruto de un juego de ingenio entre el doble sueño del pibe (jugar en Boca Juniors y en la Selección albiceleste) y la doble situación fantástica de hacer jugadas y narrarlas a la vez.

Es un juego insólito y divertido de jugadas soñadas, lances imposibles y situaciones de final inesperado. Aparece retratado como 9 goleador, como arquero sin alas que no sabe cómo volar de palo a palo de la portería, como delantero que anota tantos en fuera de juego al jugar solo, como rematador que tira los balones muy altos… Choca contra la puerta que está cerrada, gambetea el arco, juega solo sin nadie en el estadio, domina la pelota en el aire o intenta ingresar en el círculo central a pesar de un funcionario que le impide el paso pidiéndole una solicitud, unas fotos y una partida de nacimiento. Su fantasía es capaz de hacer que conforme la alineación completa y llene la grada.

Para el estudio del idioma es impresionante el juego proporcionado por los relatos y su seguimiento por los aficionados en la narración de jugadas, en entrevistas, en reflexiones lingüísticas y en otros ámbitos de la vida cultural.

Las gambetas del idioma son frecuentes en la descontextualización de imágenes y palabras con lenguajes figurados: "Baja Clemente (en paracaídas), la roba (vestido de ratero), la esconde (la lleva bajo la camiseta), la carga (al hombro como si fuera un saco de patatas), la mata (con un casco guerrero)". Y también en exageraciones para ponderar a los jugadores habilidosos desde que escasean: "Se hace Clemente de la pelota, la yeva, la mata, la pisa, la esconde, la mueve, la sube, la taquea, la baja. Y como si esto fuera poco la yama, la conversa, la besa, la acurruca, la aconseja...".

Las entrevistas critican la retórica de la inflación empleada en las transmisiones, ejemplificadas en el locutor Murioz, y cómo llevan a situaciones inesperadas: la entrevista del jugador soltero con su esposa, el futbolista que logra un gol en propia meta y recibe los abrazos de los jugadores contrarios, la conexión entre Clemente y el pato Donald con un intercambio de frases en inglés que concluye con la sentencia: "Por la forma en que le pegué al idioma debe estar creído que soy el bateador de Boca Yunior".

La experimentación metalingüística aborda el problema de los extranjerismos, cuando Superclemente, envuelto en la bandera argentina, comenta: "Hoy nuestro tim estará en Güembley conducido por Masotti, ese coach tan folk ¿vio? Haremos el présin en toda la cancha. Jugaremos con la ley del orsái, con el golquíper y los fulbács bien plantados, sin estóper y con fóguars de buen dríblin, ambiciosos y dispuestos a aprovechar todas las ventajas del juego: los córner, los áubol, los jáns penal, los fules y que shotean de todos lados" y su remate final "En una palabra como pa' que no quede ninguna duda de que ahora el fulbo es argentino".

Por último, la seducción del lenguaje deportivo traspasa sus límites para llegar al mundo de los conciertos, hasta el punto de que el director de orquesta es visto como un árbitro vestido de negro al que insultar y las plateas abarrotadas de espectadores intercambian cánticos al estilo de las hinchadas.

Copa del Mundo de 1978

Durante la celebración de la Copa del Mundo 1978, Clemente sintetizó el espíritu popular y apasionado de la afición albiceleste. Enfundado en su vuelo con la bandera argentina como si fuera una capa, emprende una lucha por mantener el tradicional marco de participación apasionada y animación con lanzamiento masivo de papel a pesar de la recomendación oficial de no hacerlo para evitar dar una imagen de país sucio.

Vivió apasionadamente los triunfos de la selección argentina y, tras la victoria final, lanza una lluvia de papel alrededor de una bola del mundo, sale de la ventana de la casa y festeja el campeonato dando unas cuantas vueltas de euforia alrededor del planeta Tierra.

En la Copa del Mundo de 1982, tras el éxito musical de ocho composiciones musicales en 1978 (Marcha oficial del Mundial '78, The hit of Viva el Mundial, Los chicos del Mundial, La Copa tiene dueño, La Copa es de Argentina, El equipo del Mundial, Argentina, te queremos ver campeón y Argentina, te llevo dentro de mí) el imaginario argentino recurrió a La milonga clementera como reclamo para las celebraciones junto a los personajes de la mulatona y Mireya y llegar al éxtasis con el abrazo de Clemente y Gardel en la avenida Corrientes.


2. Con el deporte no se juega

Con el deporte no se juega acoge la vivencia apasionada del fútbol en clave universal. Presenta una visión más variada y compleja que recurre a cuatro tipos de mecanismos: la combinación de relaciones lógicas y absurdas, los juegos de lenguaje, una visión disparatada de los excesos del lenguaje periodístico del deporte y la transformación fantástica e ingeniosa de todos los elementos que componen el fútbol y su entorno.

2.1. Relaciones lógicas y absurdas

La mezcla de relaciones lógicas y absurdas son aplicadas a tres grandes centros de atención: los estamentos del fútbol, una visión de los mismos en clave polideportiva y la vida diaria tomada como un partido de fútbol.

2.1.1 Estamentos del fútbol

En este apartado, la técnica de mezclar de relaciones lógicas y absurdas comprende jugadores, entrenadores, dirigentes, entidades deportivas y árbitros.

Jugadores

Los jugadores de campo, en cuanto equipo, se enfrentan a situaciones llamativas: saltan a la cancha desde la boca del metro como si fuera la boca del túnel de vestuarios; juegan libres y con alegría dentro de la cárcel; piensan en el jefe de personal de la empresa como jugador capaz de congelar balones y tirar balones fuera; entrenan al portero haciendo saltar el corcho de las botellas de cava para que los atrape al vuelo; en las tandas de ejercicios mandan al futbolista más gordo a la portería para no sobrecargar al resto; trabajan en la recuperación del balón tras la incorporación de un psicólogo al equipo aconsejando a la pelota que no desanime a pesar de recibir patadas y que no debe ni pincharse ni desinflarse... Y en caso del fútbol femenino, el superclásico River-Boca lo disputan jugadoras equipadas con botas de tapones altos.

Individualmente, también afrontan situaciones curiosas: en la ceremonia inaugural de un torneo se sitúa frente al banderín de córner en vez de frente a al mástil central del campo; lanza un penal mientras un apuntador desde una concha situada al fondo de la red le sopla que lo haga a la izquierda; por su posición inclinada se reconoce que vino traspasado del Pisa; se le castiga al rincón y con orejas de burro por no entender las jugadas de estrategia; temeroso ante los ladridos del perro que guarda la cancha junto al córner, se acuerda de que el técnico le ordenó intercambiarse con un compañero en los saques de esquina; lanza bolas de gaucho al rival si es demasiado rápido; al ir a ejecutar un saque de esquina ve que han instalado una barrera, una garita y una oficina de inmigración; es retirado por una grúa cuando está lesionado; ante las cuatro sombras que produce la iluminación artificial pregunta a su entrenador por cuál de las cuatro ha de seguir para cumplir la orden de seguir al rival como si fuera su sombra; se coloca en una barrera a unos metros a un lado (y no delante del balón) para neutralizar el lanzamiento de un especialista en tiros de chanfle; no se adapta a jugar en la segunda división y se presenta a los partidos el día de los de primera en vez de los sábados.

Además, declara a la prensa su alegría al ver que los jugadores rivales lo abrazaban al conseguir un gol en propia meta y responde de forma inesperada a las preguntas de los periodistas, como en los casos del jugador de larga nariz, al que preguntan si va a actuar de wing mentiroso o falso extremo y del futbolista al que preguntan por su traspaso y todavía no se ha enterado de la operación. El jugador aparece en sus costumbres de festejar los goles colgado de las vallas, hasta que llega a un estadio con foso y es rescatado con una caña de pesca, o de santiguarse al entrar en la cancha mientras un rival le comenta que Dios no va a ser tan injusto como para hacer que ellos ganen.

El futbolista descontextualiza frases de otros discursos para rebajar fuerza a situaciones polémicas. Es el caso del árbitro que expulsa a un jugador por su juego violento y le responde que no es justa la tarjeta por ser la violencia un fenómeno individual, un problema privativo de orden nacional y un fenómeno mundial. Y las explicaciones que sobre el fallo de dos penaltis da a un periodista un jugador de gran clase: la culpa fue de su tendencia maníaco-depresiva a la hora de coger carrera en el lanzamiento, la producción de situaciones de angustia y un predominio leve del ello sobre el yo.

Quizá el caso más peculiar lo representan los arqueros. Las guardametas de equipos femeninos colocan la red de meta como si fueran cortinas, cuelgan macetas en el larguero, adornan con plantas los postes y el punto de penalti con una tarta, rodean la líneas de las área con tiestos de flores, colocan una alfombra de bienvenida en la media luna y dos bayetas sobre las que apoyar los pies para no manchar el césped. Y además, los porteros defienden la meta con un cristal blindado, que se raja ante el impacto de un balonazo, equipados con un parasol de coche (ajustado al larguero) para que no les estorbe el sol en la cara y se arrugan en los lanzamientos de penal porque siempre afirmaron que detenerlo era cuestión de suerte

Entrenadores

El director técnico ve una salida inesperada a sus apreciaciones. Es el caso de su propuesta de arreglar los contratos antes de empezar el campeonato, mientras ve cómo su portero ha puesto en la meta un quiosco de venta de cigarrillos y golosinas; de su reflexión sobre el sentido de las concentraciones previas a los partidos mientras pone sobre una mesa las limas que trajeron los familiares de los jugadores en el día de visitas; y también, de compartir con los policías de seguridad de un estadio el haber dado órdenes para que jugadores y perros muerdan en toda la cancha.

Dirigentes

Las combinaciones de elementos absurdos y lógicos afectan a las decisiones y la autoridad de los dirigentes. Así el presidente dueño de un concesionario de autos, coloca en la cabeza de sus jugadores transferibles el símbolo de autos en oferta. Y las directivas se muestran muy enfadadas con un entrenador que tras declarar que los jugadores debían dejar el frac y ponerse el mono de trabajo, se enfrenta a manifestaciones, comisiones internas, huelgas...

Entidad deportiva

La lógica militar y publicitaria están presentes en las entidades que, ante la ineficacia goleadora, cambia su bandera tradicional por una nueva con el lema "Hoy remate" y en aquellas cuya publicidad estática alusiva a cuchillas de afeitar es sustituida por anuncios de alfombras y almohadones con el fin de preservar la integridad física de los jugadores.

Árbitros

Los árbitros combinan el fútbol con los naipes de la baraja mediante el recurso a las cartas del as de bastos para amonestar y al as de espadas para expulsar, así como miden la distancia a una barrera como si estuvieran alineándose en vez de contar los pasos desde el balón.

2.1.2 Estamentos del fútbol en clave deportiva

La mezcla de relaciones lógicas y absurdas también afecta a una aplicación en clave deportiva para jugadores y terrenos de juego.

Jugadores

Los futbolistas suelen recurrir a elementos insólitos aplicando elementos del fútbol infantil y de los futbolines. Así un portero recuerda a un delantero que no vale fusilar el tanto; varios jugadores apuntan que si anotan tantos de palomita (que valen por tres) remontarán el resultado adverso; un arquero es sustituido por un meta de futbolín para enfrentarse en el uno contra uno con el delantero; y viejas glorias de dos equipos desarrollan un nuevo partido en la cancha, jugando al futbolín ya que no tienen fuerzas para correr.

También recurren a la natación un futbolista que explica a otro que han colocado un trampolín para tirarse dentro del área y un portero que en la ejecución de un penalti toma impulso sobre un trampolín para lanzarse a atrapar el balón.

Terreno de juego

Las combinación de relaciones absurdas y lógicas está presente en el retrato del fútbol estadounidense que se practica en una cancha donde el área es una zona de baloncesto, donde desde la línea de lanzamiento de tiros libres se ejecuta el penalti y en las bandas laterales se colocan los otros futbolistas al rechace. Y también en el canchero o cuidador de campo que pide a un jugador que le eche una mano para eliminar hormigueros gracias a sus tiros envenenados.


2.1.3. El partido de la vida cotidiana

La vida diaria es presentada como un curioso campo de juego en el que tiene cabida la interpretación balompédica más insospechada. Es el caso del señor que en el parque devuelve el balón a unos niños soñando que es un gran crack y que cuando es atracado piensa que está en el momento del intercambio de camisetas; del aficionado que remata de cabeza numerosos objetos redondos de su oficina hasta acabar en el hospital; del profesor de piano que ve cómo un niño hace unos toques de control con una corchea y le comenta a su madre que abandone las clases de música para dedicarse al balompié; de la embarazada en avanzado estado de gestación cuyo bebé da patadas mientras el padre toca la panza e imagina que la forma de la barriga es un chut de su niño que abomba la red de una portería; del fiscal que pide para un acusado que la aplicación de la pena máxima y éste piensa que es que le lancen un penalti; o de Adán que hace toques de control de pelota con la manzana ante el enfado de Eva en el paraíso.

2.2. Juegos de lenguaje

Caloi es uno de los humoristas argentinos más interesantes para el estudio del idioma pues es uno de los autores que más equilibrio ha conseguido entre imágenes y palabras en sus trabajos.

En Con el deporte no se juega destaca el uso de dos mecanismos lingüísticos: los juegos con el lenguaje figurado y la ridiculización de los tópicos del lenguaje periodístico.

2.2.1. Lenguajes figurados

Los primeros son aplicados a jugadores, entrenadores, dirigentes, canchas, médicos e hinchas.

Jugadores

Los lenguajes figurados son un ámbito para recrear situaciones generales, situaciones específicas para cada línea, crear confusiones y dar pie a hechos insólitos. En las primeras destaca el jugador de grandes proporciones al que el entrenador exime de pisar el balón porque los revienta con su peso; el que ha comprendido el sentido de la frase el resultado es un accidente tras cruzarse con la hinchada y acabar escayolado en el hospital.; el que encuentra en un borrador la fórmula para contrarrestar todas las jugadas de pizarrón de los rivales; el polifuncional por su baja calidad en todos los puestos; el que se electrocuta al buscar la descarga de la pared; al que se muestra en desacuerdo con una huelga de jugadores si se le llama huelga de pelotas caídas. También destacan los conjuntos a los que envían dos jardineros, equipados con rastrillos, por si ese día practican la folha seca y el Dream Team o equipo de los sueños que consigue dormir a la afición y a los locutores por su juego aburrido.

Dentro de las situaciones específicas destaca el guardameta que contrarresta los ollazos del rival con un guante de boxeo; y el que siente un hormigueo en un pierna provocado por hormigas y no por un calambre. En la retaguardia, el defensa rifa la pelota para sobrevivir ante el dinero que les adeuda el club; sale volando porque es el líbero; sube al ataque con una máscara porque el técnico pidió que lo hiciera de forma totalmente sorpresiva; recibe el apodo de el ventilador porque si te agarra te destroza. Y el conjunto de la línea defensiva da lugar a que defensas de diferentes estaturas se coloquen uno detrás de otro para esperar escalonados en defensa y que, ataviados de amas de casa, discutan sobre sus preferencias: barrer, ventilar, abanicar el espacio defensivo. La línea medular presenta jugadores con gorro de cocinero que patean los centros a la olla; futbolistas vestidos de camarero y equipados con servilleta, bandeja, cuchara y cuchillo que se acerca a la banda para preguntar al director técnico si prefiere un lanzamiento de cuchara, cortada o en bandeja. En la delantera, el extremo exagera los centros pasados hasta convertirlos en centro podridos; comenta a un periodista que tenían un contragolpe mortal pero para ellos mismos; y el extremo mentiroso declara a la prensa sus intenciones de jugar sueltos, abiertos, tocando y al ataque en un partido fuera de casa.

Para las confusiones cabe resaltar la del defensa violento al que el entrenador manda hacer pressing y él cree que el está llamando preso.

Y en la situaciones insólitas se registran las exageraciones de aplicar en sentido literal el lenguaje figurado hasta llevar a un jugador a esconder la pelota en la espalda, ante el asombro de rivales y árbitro; y hasta tragarse las escaleras del túnel de vestuarios por salir con la cabeza bien alta en las derrotas. Además aparece el entrenador que para cuidar la pelota, la guarda en una caja fuerte envuelta en una almohadilla y una urna de cristal; y se da el caso de que los futbolistas comentan cómo hacen su trabajo los relatores con críticas a su manera de abrir la boca desmesuradamente, exagerar, elidir las eses, hacer dequeísmos o interrumpir excesivamente el relato con publicidad.

Entrenadores

Caloi retrata las instrucciones de los técnicos a los jugadores. Es el caso del futbolista que se prepara para un cambio. En la primera viñeta emite ocho órdenes: "Fontana, quiero que me juegue de volante retrasado, pero mandándose al ataque. Hágame de tapón en el medio, parado delante de la línea de cuatro. Cuando se vaya arriba, hágalo picando en diagonal. Lánceme pelotazos cruzados para los punteros. Trate de tocar de primera en paredes cortas y en las largas, busque la espalda de los marcadores centrales. No se olvide de amagar y buscar la pausa o el cambio de ritmo. Rote para desmarcarse y provocar claros para la subida de un compañero. Gambetee a la carrera y pruebe la media distancia". En la segunda, traza otros siete consejos: "Llegue al cabezazo cuando desbordan los punteros y en los córners. Si descarga la pelota hacia un costado, pase por detrás del que recibe y pique por la punta. Cuando perdemos el balón baje siempre tapando. Releve a los defensores que se van al ataque y, a la vez, tome la marca de los defensores rivales que se desenganchan y proyectan a la ofensiva. Meta pierna y mande ahí en el medio. Tome los tiros libres y preste atención a la jugada del offside. Si hay penal lo patea usted y acuérdese de pararse delante de la pelota hasta que se acomode la barrera en los tiros libre en contra…". Y en la tercera, resume: "Ah, otra cosa, Fontana… Juégueme suelto sin preocuparse por nada".

A la orden de practicar fútbol total, deben entender que "total, nos van a pasar por encima"; cuando manda hacer una pausa creen que van a un corte comercial como consecuencia de conceder tantas notas y entrevistas a la radio y la televisión; manda marcar hombre a hombre a su jugador más desaliñado, con las medias bajadas, una bufanda y melenas al viento y lleva al delantero de la entidad andando a cuatro patas y amarrado con una cadena para desarrollar el olfato de gol.

El entrenador también es un ser enfadado que riñe a su portero porque le dijo que en los penaltis se podía tirar para cualquier lado y el meta interpretó que también valía hacia atrás; abronca a un defensa que al no saber sumar en la vida real es incapaz de luchar por las pelotas divididas; alaba a un jugador por ser el mejor jugador sin balón de todos los tiempos pues no tocó ni una bola todo el partido, resalta la moderna calidad de un jugador comentando que no es un jugador de madera sino de plástico; y que es recibido por la directiva como una especie de fusible ante los malos resultados.

Dirigentes

Los directivos realizan juegos de lenguaje ante las dificultades económicas: proponen no comprar cuatro volantes para hacer un rombo en el medio del campo y sustituirlo por un jugador bruto que es un cuadrado en cualquier lugar del campo; piden al entrenador que deje de comentar que su equipo es un conjunto con hambre ya que están haciendo sandwich a todos sus jugadores; y recomiendan al director técnico que se podía hacer cargo de un plantilla con un buen semillero de jugadores no con un buen semillón (borrachera).

Terrenos de juego

El terreno de juego adopta formas curiosas, con labios en la base del poste de una portería para demostrar que la pelota salió fuera besando el poste y los estadios cuentan con diversos huecos a distintas alturas en la pared de la tribuna en función de las diferentes localidades: platea alta, platea baja, general y colados gratis.

Médicos

La forma de hablar de los médicos es satirizada en una entrevista a pie de campo con el diagnóstico de jugador lesionado ("Hipoxia tisular con incremento del ácido láctico sanguíneo seguido de contracturas musculares múltiples") al que apostilla: "O sea, una palma que se muere".

Hinchas

Los modos lingüísticos de los hinchas aparecen con el aficionado gordo de un equipo que comenta al entrenador que el grueso de la afición lo apoya.

2.2.2 Tópicos del lenguaje periodístico

Están presentes en las declaraciones de jugadores y entrenadores y en la seducción que ejercen las palabras en la violencia de los aficionados.

Jugadores

En cuestiones generales los periodistas realizan preguntas sobre aspectos que se contestan con los hechos: el ánimo con que afronta un equipo un encuentro trascendental mientras saltan al campo haciendo toques de control a una bomba; saber si un futbolista está peleado con la pelota mientras pica un balón con un cuchillo de cocina; el jugador que responde "¿de qué?" a si es cierto el dicho "el jugador es siempre el último en enterarse"; los futbolistas ancianos que declaran que ya se nota el trabajo no de la última década en su gol; la crítica al esquema táctico 2-5-3 mientras piensan que la habrá sacado del futbolín; el jugador atravesado por una manecilla de reloj habla sobre sus sentimientos de la lucha contra el reloj en el último tramo de un partido; e incluso el periodista solicita precio a un jugador por responder negativamente a la pregunta "¿Existe soborno en el fútbol?"... Especialmente llamativo es el caso de las concentraciones, con los sentimientos de futbolistas vestidos de presos, con sus pensamientos mientras los montes, los árboles, el humo de las casas y las nubes toman forma de mujer y con el periodista melenudo que tras preguntar a los jugadores si llevan mucho tiempo concentrados, le responden: "Muchísimo, preciosa...".

También se presentan situaciones específicas por líneas. El arquero situado ante una gran portería es preguntado por sus sentimientos cuando le van a lanzar un penalti y por si fue un espectador más del partido mientras se retira con un parasol con los colores del equipo en una mano y en la otra una corneta para animar. En la defensa, destaca la entrevista a jugadores de aspecto embrutecido que declaran que el partido estaba igualado hasta que el entrenador les mandó pensar un poco y entonces perdieron por goleada. En el centro del campo, un mediocampista da una entrevista en la banda y a la jugador "¿Es cierto que usted y el puntero izquierdo se entienden prácticamente de memoria?", grita su compañero desde el campo mientras controla la pelota: "Totalmente, cierto". En la delantera, se aborda a un jugador acuchillado que abusa de la táctica del fuera de juego y se le pregunta si eso no es jugar en el filo de la navaja; se solicita a un delantero que tiene en la frente el marco contrario el secreto para ser un gran goleador; y se pregunta a un jugador habilidoso, capaz de resolver una jugada en una baldosa, por su bajo rendimiento alegando éste que en ese césped era imposible encontrar un pedazo de mosaico.

Entrenadores

Aparecen paradojas en el entrenador obeso al que la directiva le pide la dimisión porque en las etapas de resultados negativos el "hilo se corta por lo más delgado" y también se resume la riqueza de lenguaje de las charlas técnicas: "Vamos, vamos, ¡eh! ¡Fuerza! ¡Huevo! ¡A meter! Vamos".

Hinchas

El poder de seducción de la palabras en la violencia de los hinchas es reflejada en el aficionado que golpea a un jugador con una loseta de terrazo porque quería comprobar si era cierto lo que decían de que dicho futbolista era capaz de gambetear una baldosa. Y además, en el amanerado que tras leer las crónicas deportivas se acerca admirativo a un crack tildado como "El último hombre".


2.3. El periodismo

El periodismo acoge la captación de momentos increíbles por los fotógrafos y los relatos increíbles de reporteros y locutores.

Fotógrafos

Los fotógrafos protagonizan momentos insólitos: equipados con máquinas antiguas de retratar, con trípode y cortinilla, dudan sobre si les dejaran pasar al campo; captan el penalti desviado hasta el punto de atraparlo con el objetivo de su cámara; consiguen un primer plano sensacional al incrustarse un balón en su objetivo de cañón; disparan fotos con un objetivo de cañón cuyo ruido del motor asusta a los jugadores hasta lanzarse al suelo; son animados por un arquero a trasladarse a la portería contraria para así reflejar los goles del encuentro; situados tras las redes de la portería reciben la visita del entrenador para oír sus comentarios y así armar un buen conjunto desde atrás hacia delante; y también logran que el actor del estreno de Hamlet pose con la calavera en cuclillas como los futbolistas sobre un balón.

Locutores y reporteros

El reportero emite opiniones sobre la falta de ética de un futbolista que ha agredido a tres jugadores y al árbitro y cuando está en su presencia cambia su crítica por una felicitación; comenta a un jugador cómo piensa recuperar los kilos que pierde en cada encuentro mientras ya le ha dado un bocado al micrófono; explica que un delantero que lleva su cabeza cortada en las manos, se retira del campo por sus propios medios para tranquilidad de los familiares; reflexiona sobre si la expresión "Hay movimiento en el banco" es de origen deportivo o económico; comenta que la pelota iba a hacer patito en un campo encharcado tras ver salir al trío arbitral con la pelota en un flotador; pregunta a un lesionado que es trasladado en camilla si está en su mejor nivel de juego; pregunta a un jugador con un cubo en la cabeza si el gol en el primer minuto de juego le cayó como un balde de agua fría; y demanda a un directivo por el objetivo de la gira de su equipo por Europa mientras los jugadores saltan al campo con un etiqueta que marca el precio de su traspaso.

También entrevista al técnico del equipo campeón en una playa mientras va vestido con atuendo de turista, cámara de fotos, sombrilla, gafas de sol, etc.; a un entrenador sobre la repercusión del trabajo semanal a lo que responde que se notó la labor que tienen fuera del fútbol para poder vivir; a un director técnico sobre la ambición de su equipo en un banco roto por numerosos mordiscos, del hambre que tienen; a un entrenador que niega que su táctica haya sido defensiva cuando más bien ha consistido en una adaptación al esquema de juego más conveniente en cada momento: 4-2-4, 4-3-3, 5-3-2 y 11-0-0; a un técnico sobre el primer día de trabajo tras las vacaciones con unos jugadores excesivamente gordos y un campo donde la hierba sobrepasa los dos metros de altura. Y recoge las declaraciones de un jugador desconcertado tras haber recibido siete goles al comienzo del partido; de otro con los pelos de punta por sus electrizantes jugadas; de un portero desmemoriado que se equivoca de lado al bascular a la hora de atajar los penaltis rivales; de un arquero muy goleado apodado "Pie plano" por tener muy vencido el arco; de jugadores con el pelo alborotado, sobre cómo sintieron la reaparición de un jugador mandó que ordena con sus gritos; de un futbolista con brocha y bote de pintura en la mano que declara salir preparado para pintarle la cara a cualquiera; de otro que manifiesta que siempre juegan mal porque cuando lo empezaron a hacer así acababan ganando los partidos; o de un grupo que mantiene intacto el espíritu desde que empezaron en el barrio basado en mandar al más gordo a la portería. Además, los periodistas se acercan al saque de esquina para preguntar al futbolista que lo va a lanzar qué número de córner es o acompañan a un ariete hasta el vestuario del equipo derrotado para hacerles unas entrevistas.

Sufren situaciones llamativas al agolparse en el lateral de la red de una portería, justamente el contrario a aquel desde un futbolista ejecuta sus lanzamientos de esquina cerrados; al perseguir a un delantero sin puntería que ha golpeado a un fotógrafo dejándolo inconsciente del balonazo; al convertir el trabajo de la redacción en un partido cuando un redactor, con la marca de una patada en la espalda, explica a otro que le rechazaron una nota sobre fútbol con cara interna de pie derecho; al entrevistar a un perro vestido de árbitro que responde: "A veces cuesta hacerle entender a la gente que uno es un ser humano y se puede equivocar como cualquiera"; al ver cómo un jugador se detiene ante el micrófono de ambiente para explicar a la audiencia el tipo de saque de esquina que va a ejecutar o cómo hace ejercicios de control de balón con el micrófono del periodista; al solicitar un técnico de televisión con un cartel la repetición de la jugada de gol por problemas técnicos; al colocar esparadrapo en las bocas de todos los espectadores de una grada para tener que evitar andar cortando el sonido de ambiente cada poco tiempo.

Los locutores son acusados de no saber desprenderse de la forma de hablar del tablón o las gradas populares. Entrevistan a un jugador colocando la pluma como si fuera un micrófono. Narran la lesión de un jugador ante la llegada del coche fúnebre con el comentario: "Es probable que la lesión sea más grave de los suponíamos". Asisten al amargo sabor de la derrota con el abatimiento de un futbolista que se confunde de vestuario, que es pegado por un hincha y que cuando presta su micrófono a otros fanáticos, para saber su opinión, lo aprovechan para pasarlo por el larguero y colgar al jugador. Arrojan enfurecidos su micrófono contra el árbitro y siguen el relato del encuentro con una botella.

2.4. La transformación fantástica

Dos mecanismos: creación de situaciones insólitas de fantasía y la generación de exageraciones.

2.4.1. Un mundo insólito

El juego de disparates y situaciones insólitas afecta a jugadores, entrenadores, dirigentes, entidad, hinchas, terrenos de juego y árbitros.

Jugadores

La visión insólita de jugadores afecta cuestiones generales, a las diferentes líneas de los equipos, las jugadas de estrategia, el sorteo de campos y su apariencia física.

En aspectos generales, un jugador nervioso protesta al entrenador por tener que ser él quien persiga la pelota en un loco o rondo; los futbolistas se motivan en el control antidopaje con la ayuda de duchas abiertas, pósters de cataratas, mangueras echando agua, fotos de niños meando, etc.; patean la cámara de los fotógrafos, lanzan eufóricos papelitos, dan patadas a los perros que custodian el campo, juegan con el banderín del juez de línea; intercambian camisetas con el árbitro porque les ayudó durante el partido; son sustituidos por los enfermeros para conformar la formación de emergencia; van equipados con bota con dientes para conseguir tiros mordidos; protestan porque un árbitro les expulsa tras esquivar una patada que les lanza; se quejan de poder jugar en cualquier puesto y con cualquier número de camisetas pero no con una casaca de talla excesivamente grande; o reflexionan sobre la ventaja del origen humilde de los jugadores argentinos y su capacidad para desempeñar los más variados oficios: tirar caños, hacer paredes o mandar centros a la olla.

Los futbolistas violentos o brutos comprenden la certeza del dicho "El fútbol siempre da revancha" al acertar con una patada al rival tras haber fallado en otras tres ocasiones; declaran que han tenido varias ofertas del extranjero pero no se van al ser enemigos de la fuga de cerebros; recriminan al colegiado la pérdida de tiempo que supone retirar uno a uno los trozos que quedan del contrario. Por su parte, las futbolistas se quejan de que en su camiseta no sólo vaya el nombre en la espalda sino también su número de teléfono.

Además, declaran a la prensa que la vida del futbolista es corta mientras se le viene encima una viga de hierro; muestran que tiene en su poder personal su pase a otro equipo mientras es preguntado si eso no es una prueba más de su exceso de individualismo; quitan el sombrero al periodista para declarar que el entrenador les ha devuelto la confianza en la charla técnica del descanso; esperan a que un locutor abandone la cancha para reanudar el encuentro mientras éste comenta que uno de los males del fútbol es que no se da paso a la segunda parte hasta que no quede nadie dentro del campo; roban la cartera al periodista que lo entrevista mientras manifiestan que siempre les gusta ganar en todo, tanto antes como aficionado como ahora como profesional; declaran que su sueño era fichar por un club y una vez fichados, echan un sueño junto al banderín de córners durante los encuentros; comentan que a pesar de una lesión el equipo siempre ha jugado con sus once componentes.

La visión disparatada de las líneas del equipo comprende a porteros, defensas, mediocampistas y delanteros. El arquero hace la salida con un pie en alto y una animada bota que saca la lengua al rival; sale a cortar los centros con una sierra; se esconde tras la barrera ante el lanzamiento de un golpe franco; sale de un cañón como un hombre-bala para cazar el balón al vuelo en un penalti; agarra la cabeza del delantero rival en vez de sujetar el balón en un córner; con un saque incrusta el balón en uno de los rayos del sol y pica la pelota ante el asombro de los contendientes; saca la portería de sus anclajes y sale corriendo con ella ante el inminente remate de un delantero; para con su gran nariz un balón inverosímil tras una gran jugada de los delanteros rivales; sustituye la visera por un casco de guerra para no hacerse daño contra los postes de hierro de su meta; lleva una vestimenta multicolor que confunde a un colegiado pues ya no sabe con qué equipo va; está rodeado de papeles de la animación de la hinchada y de un rollo de papel en forma de soga que llega hasta el larguero; habita la jaula de un zoológico dentro de su portería con redes...

La línea defensiva cuenta con una cola de defensas dispuestos para pegar al 9; con futbolistas que llevan una careta en el cogote y las camisetas puestas al revés para contrarrestar la consigna rival de buscarles las espaldas; con once jugadores encajados en la portería sin dejar el más mínimo resquicio; con defensas equipados con paraguas para sobrevivir a la lluvia de centros a lo loco sobre el área; con un líbero que sale volando del estadio; y con un lateral que logra corregir el defecto de avanzar mirando para abajo después de que le robaran el balón. Los centrocampistas recogen el caso de futbolistas especializados en centros que se acerca con una bandeja y comenta a su compañero si le gustan los centros pasados; de especialistas en amasar la pelota y centros a la olla que antes han sido cocineros; y de mediocampistas que se acercan al banquillo y preguntan al míster en qué consiste abrir la cancha si ya está llena de gente y no cabe nadie más.

En la línea de ataque, el delantero tropieza con una elástica línea del área pequeña al encarar meta; se viste con capa, espada y calavera al estilo de la época de Shakespeare para comentar al árbitro que si no hacen un poco de teatro los rivales les llenan de patadas y no les pitan a nada a su favor; libra al portero y cuando va a entrar en meta, agarra el balón con la mano y hace un ensayo como en el rugby; aborda una portería de un solo poste en la que se apoya el portero; se queda desnudo y marca un gol tras zafarse del agarrón que le había hecho un defensa; y se planta ante el portero en un uno contra uno y ve cómo el portero huye con la portería; perfuma el aliento del defensa de cierre. Además mantiene una entrevista con Dios para que detenga un poco el tiempo tras lograr un gol y disfrutar viendo cómo lo celebra el estadio; y al pasar junto a la estatua del Primer Adelantado, comenta que no sería posible en la actualidad ya que te sorprenden en fuera de juego y te dicen de todo.

En las jugadas de estrategia, sacan una chuleta para recordar las órdenes del entrenador y destacan los ruinosos saques de esquina, lanzados con la pierna cambiada, que acaban en la tribuna o el golpeo al banderín de córner o a un perro policía, en vez de al balón para su remate de cabeza por el delantero de turno. También aparecen numerosas situaciones disparatadas en los lanzamientos de golpes francos. En éstos, la barrera se alinea lateralmente como en el metegol; forma con jugadores que se dan la vuelta, se tapan la cabeza, se tapan los ojos y se cubren si mantenerse firmes; y situada junto al balón, protesta al árbitro porque no hay distancia suficiente para la ejecución del tiro libre. Y en su lanzamiento, los jugadores pasan muy bien por encima del balón pero falta quien la patee bien o lo ejecutan de espaldas a puerta ya que golpean la bola de chanfle. Finalmente, un futbolista encarcelado por soborno hace un penalti absurdo contra su equipo y se ofrece a tirarlo.

En el sorteo de campos, los jugadores se desesperan al ver las evoluciones de un billete de dinero al no haber una moneda para realizarlo y hacen propuestas al colegiado como que el gol de arremetida y el de rechazo valen por dos tantos.

También forma parte del mundo insólito de los futbolistas su apariencia.

Es el caso del jugador con patas de caballo que se pone una cola de caballo como peinado ante la indignación de su entrenador y del defensa que no usa espinilleras porque el que da patadas es él. Y también del jugador de baja estatura al que la directiva le dice que es el único que no puede ir a menos; del de las piernas arqueadas al que el entrenador ordena que no forme en ninguna barrera porque siempre deja un hueco para que lancen directo a portería; y del de piernas de descomunal tamaño y cuerpo pequeño mientras el entrenador comenta que cada vez está más a favor del desarrollo de una educación física integral desde la infancia.

Entrenadores

El entrenador es retratado como un ser que da órdenes disparatadas: advierte al portero que la orden "Nuestra única preocupación tiene que ser el marco contrario" es válida para todo el equipo menos para él; al no contar con los fichajes solicitados manda a un futbolista que haga de peón de brega, suba al ataque y llegue a la línea de fondo... para ser cambiado por otra pieza como en el ajedrez; pide que suelten al libero, que se encuentra enjaulado como una fiera; explica a sus futbolistas negros que cuando manda pase al claro quiere decir al hueco y no a Méndez el jugador blanco del conjunto; y solicita a un jugador que deje de controlar el balón con la ayuda de la mano pues ya les han pitado en contra 10 manos y dos penaltis.

Además, se alegra al saber que los jugadores de ajedrez llevan un gran equipo de analistas mientras que a él no le hicieron caso cuando recomendó la incorporación de psicólogos a los equipos de fútbol; espera que no tenga que pasar el control antidopaje un jugador, cuya orina que traza llamativas y curiosas trayectorias antes de caer el urinario; y se sitúa entre las líneas discontinuas del área técnica, que son sesgadas por unas tijeras como si fuera un recortable.

Dirigentes

Los dirigentes son retratados en cuclillas agarrando el maletín, como si fuera un balón, para hacerse una foto. Preguntan a los directores técnicos por el gaucho que contratan como ayudante de campo o por las compras que realizan para reforzar el plantel: piñas, zanahorias, fruta, verduras... Pero ante todo, toman decisiones curiosas: buscan un ascenso y dos cadetes por el pase de una secretaria privada en una reunión; mientras sostienen la paloma de la paz es avisado de que un plantel enfurecido desea hablar del tema de los contratos; contratan los servicios de un locutor deportivo para que narre al público lo que pasa en el campo a través de los servicios de megafonía y así paliar la escasa visibilidad por problemas de la iluminación artificial en una cancha.

Entidad

El mundo insólito de las entidades deportivas aparece en los festejos del club que debiera aplazar un encuentro que se juega al día siguiente de la fiesta de aniversario y en la vuelta olímpica que darán los entrenadores, jugadores y directivos en las tribunas ante la invasión de campo que se produce tras un partido en el que el club se proclama campeón.

Hinchas

El mundo insólito de los aficionados lleva a que los hinchas pobres de un equipo campeón, que se desplazan al campo en carro destartalado, vean cómo se les sube un neófito ante la queja del dueño de que ese arribista se suba al carro de los vencedores. Y también produce que el público de una grada forme una torre humana para recrear la figura de una ola.

Terrenos de juego

Un nuevo ámbito para la fantasía está compuesto por los cuidadores de las canchas que almidonan la red justo el día en que reciben seis goles que quedan marcados en las mallas; ponen la red de la portería en paralelo al suelo a la espera de los vuelos de su arquero; se sitúan junto a la boca del túnel de vestuarios para recibir a los jugadores con el letrero "Prohibido pisar el césped"; explican al técnico mientras tiran de una palanca cómo logró inclinar el campo hacia la portería rival una vez que pidió a todo el mundo una aceleración en la línea de 3/4 de la cancha; trazan la línea imaginaria de medios porque los jugadores no tienen creatividad; pintan unos rayos a la media luna del área para que parezca una puesta de sol; pasean por la cancha junto a su perro mientras sueña que hace geniales jugadas, chuta una bola de papel y se la ataja el perro; recuperan con una caña de pescar los balones que van al foso entre los comentarios de los espectadores que afirman que nunca acudirán si no ponen carnaza en las cañas; y navegan con lanchas motoras por el foso para recuperar más deprisa los balones que caen en él.

Además del canchero aparecen otros empleados del estadio como el encargado del marcador electrónico que para que aparezca el rótulo gol salta por las teclas del mismo como si estuviera ante unas lianas al estilo Tarzán; los auxiliares sanitarios que acuden en un jeep loco para perder el tiempo con diversas piruetas; el chamarilero que encuentra un gran negocio recogiendo cintas, botellas y papelitos tras recoger los restos de la animación de la hinchada en un partido; y el perro, que acompaña al policía en el córner, ejecuta los saques de esquina para que el equipo al completo pueda rematarlo.

Los terrenos de juego presentan un socavón en el centro como consecuencia de no abrir el juego a las bandas, se convierten en una pradería de ganado a la que se accede por una portilla hecha con palos; cuentan con una zona de córner en la confluencia del área grande y la línea de fondo con el fin de ejecutar los "corners cortos"; desarrollan extremas medidas de seguridad con un foso que cruza todas las líneas interiores y exteriores de la cancha; y están señalizados con carteles de "Peligro de gol", "Cuidado con el stopper", "Evite el offside", "Área penal, precaución", "Al túnel", "Círculo central", "Respete al arquero, ¡no fusile!"

Árbitros

El trío arbitral registra la relativización de la autoridad del árbitro y la violencia que sufren sus auxiliares.

El colegiado principal es el punto de mira de jugadores que tras protestar la tarjeta amarilla por la aparatosidad con que le fue mostrada son expulsados por el colegiado tras acceder a las puertas de un castillo, subir una escalinata, recorrer un pasillo con soldados que le rinden honores, subir a un balcón, hacer sonar las fanfarrias, llamar al jugador y mostrarle la tarjeta roja con un rayo de luz especial y su aparición en el marcador electrónico; que piden al árbitro que pite falta por acoso sexual al ser agarrado desde la espalda por el rival; que solicitan que una hinchada no increpe al portero rival ya que el reglamento no permite cargar al arquero en el área pequeña.

Se convierte en centro de situaciones insólitas como la árbitra de fútbol femenino, con tarjetas de múltiples colores, que pregunta por cuál combinará mejor con el fútbol violento. También inspecciona varias zonas del campo y se hunde en la zona del barro del área chica mientras es rescatado por los bomberos; es requerido por un equipo sin hinchada para que sea su jugador número 12 durante el encuentro; tira un penalti porque suele estar tan encima de las jugadas que es difícil para los futbolistas no hacerle falta; pregunta a un combinado el motivo de que estén doce sobre la cancha (once y el fantasma del descenso); ante las constantes protestas de jugadores solicitando tarjetas para sus rivales, decide repartir entre ellos tarjetas amarillas y rojas para que se las saquen a sí mismos directamente.

En el caso de los jueces de línea destaca la reflexión de auxiliar que considera el cambio del lanzamiento de botella por el de envases de tetrabreak como el mayor avance en la lucha contra la violencia de los espectadores.

2.4.2 Exageraciones

Jugadores, entrenadores, dirigentes, terreno de juego y árbitros son motivo de numerosas exageraciones.

Jugadores

Las hipérboles en las que participan jugadores abordan cuestiones generales, aspectos específicos por líneas, jugadas de estrategia y otras situaciones.

Entre los aspectos generales destacan: el jugador de un equipo pobre, que viste una camiseta harapienta, pide al árbitro el final del encuentro para poder intercambiar las camisolas y así conseguir una más nueva; los rivales que en el sorteo de campos se lanzan patadas a la espinilla; los futbolistas que se disfrazan de payasos para recuperar la alegría para el fútbol; jugadores gordos y barrigudos que preguntan al rival cómo adivinó que no hicieron pretemporada; viejecito al que se rinde homenaje en su club de origen tras haber logrado recuperarlo para el club tras una fructífera campaña en Europa; el jugador que gestiona la publicidad para su propia camiseta, según acuerdo con la directiva e incluye anuncios clasificados; futbolista desmayado tras recibir un botellazo es retirado por un compañero que le pide que no se dé por aludido; y afortunado capitán de equipo que en el sorteo de campo ha conseguido las dos porterías

Un aspecto interesante está conformado por los jugadores lesionados: los hay con una lesión en una pierna que son asistidos por fisioterapeutas que tras confundir el anestésico en aerosol con el desodorante, les atienden las axilas; también son auxiliados por masajistas que para perder tiempo llevan agua milagrosa y un termo de mate en vez de un bidón de agua; están los que para perder tiempo son sacados en camilla y reclaman una manta y una bolsa de agua caliente para no enfriarse; algunos preguntan al médico si podrán volver a la práctica intensa del deporte del ajedrez.

Los equipos dedican media hora diaria a ensayar el festejo de los tantos, después de que su entrenador lo haya visto en su etapa europea; resuelven todos los problemas económicos y deportivos justo cuando termina el campeonato; sólo aceptan retos al metegol; desarrollan una táctica defensiva con cuatro porteros; en los tiros libres dicen unas palabras alusivas al cargo de lanzador, la barrera entona un himno y se bendice la pelota ante la desesperación de algunos espectadores; y cuando se han formado combinados improvisados, al final del partido, en vez de saludar al contrario se presentan entre sí sus componentes.

Se registran exageraciones específicas por líneas del equipo. Es el caso del portero que monta un quiosco de bebidas en la portería como consecuencia de los atrasos en el abono de los sueldos; y saca balones altos y largos para eclipsar el sol con el balón. Los defensas encuentran en la zancadilla la manera de parar la gambeta endiablada del rival; tapan con la bota los ojos del delantero centro rival para que adivine quién es; tienen en el salón de su casa varios trofeos: la pierna fracturada de un rival, las botas con tapones largos que empleaba, los banderines rotos, la camiseta llena de manchas de sangre, las mandíbulas rivales rotas, los balones reventados, etc.; y no entienden cómo un delantero puede meter un gol en una portería antes de que empiece un partido y él no pueda dar una patada a un delantero cuando abandona el campo. Los delanteros regatean, sin levantar cabeza hasta salir del estadio y sortear farolas y autos; meten en la portería al guardavallas de una patada tras parar todos sus remates en un partido; llegan al hospital tras ser arrollados por la salida en tropel de una defensa con el fin de provocar el fuera de juego; se amontonan en una banda par recoger los centros pasados; solicitan un aumento de sueldo por hacer de sparring para el defensa central en los entrenamientos; son tan feos que tienen una gran capacidad para buscar huecos y crear el vacío mientras los rivales huyen.

En las jugadas de estrategia, destaca cómo los lanzadores de un golpe franco dicen frases infantiles mientras los defensores creen que están ensayando una jugada de estrategia, así como un especialista saca un lapicero para calcular cómo debe lanzar la parábola del balón en un tiro libre.

Además, las exageraciones están presentes en la madre que representa a su hijo y pregunta "¿Y a cómo pagan el gol acá?" y en el párroco de una entidad que obliga a los jugadores a persignarse, bautizarse y comulgar antes de saltar al terreno de juego.

Entrenadores

El entrenador hace saludar a sus jugadores a la cámara de televisión porque sus aficionados los ven más por la tele que acudiendo al estadio; explica a un pibe que debe de elegir entre ser un buen extremo o un jugador inteligente; es parado en plena charla técnica por sus jugadores ya que han sido derrotados por seis a cero; abronca a sus pupilos alabando su sentido a la hora de caminar la cancha, pero necesita que la empiecen a correr; piensa un sistema de juego que deja aislado al delantero centro sentado en una isla, con barba de varios días y la camiseta colgada de una palmera; y pinta las jugadas en la cancha una vez que la directiva de un club pobre le deniega una pizarra con el argumento de que se arregle con los elementos del club.

Dirigentes

Los dirigentes brindan con agua del grifo por otro año de triunfos y grandes recaudaciones y a la hora de renovar los contratos de los jugadores; buscan refuerzos para el próximo partido a la salida del colegio; y calculan a quién pertenece el gol marcado por un futbolista en multipropiedad.

Terreno de juego

La fertilidad de la tierra argentina lleva a exageraciones como la necesidad de constantes cortes del césped artificial y se satirizan las mangas para el acceso de los jugadores al terreno de juego por estar infladas con un ventilador que produce tanto frío que los jugadores salen constipados y por llevar la publicidad de una marca de preservativos, en una situación que incomoda a los jugadores.

Los cuidadores de las canchas riegan una planta con un trapo que hace de banderín de córner, echan cocodrilos al foso para evitar que el nuevo conjunto importado sea arrancado por los hinchas de los futbolistas y pintan la línea del área grande con una brocha ante la espera de los jugadores.

Árbitros

El trío arbitral ejecuta el sorteo de campo con un billete porque no encontró cambio camino del estadio; piensa en no volver a pitar encuentros entre equipos que adeudan grandes cantidades de dinero a sus jugadores y así librarse del acoso de los jugadores cuando lanza a moneda en el sorteo de campo; llevan un balón europeo como si fuera globo, dado su menor peso que los tradicionales balones argentinos; y reciben las quejas de un delantero (que empezó con el dorsal 9 y ahora lleve siete números en la espalda por los numerosos agarrones que ha sufrido) al que acusa de simular faltas.

Epílogo

En resumen, Caloi consigue una representación del fútbol donde tienen cabida las raíces tradicionales del deporte argentino, donde conviven el imaginario local y las preocupaciones universales, donde todos sus elementos son susceptibles de ser transformados por el dinamismo de la ilusión y donde todos los sentimientos de la fiesta social del fútbol (la nostalgia del Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX, la euforia por los triunfos en la Copa del Mundo…) son resumidos en diferentes formatos y soportes con una mirada poética.

Caloi es un genio universal para el humor gráfico deportivo, que ha logrado una manifestación artística donde dibujo y palabra se manifiestan de forma equilibrada. Y ha renovado el lenguaje al reinterpretar de forma figurada el lenguaje técnico del fútbol, al criticar los excesos y los tópicos del lenguaje periodístico, al incorporar el lenguaje de los aficionados del tablón y al burlarse de los excesivos extranjerismos en un juego de talento y fantasía.


Referencias bibliográficas

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- Clemente XIII, Buenos Aires, Punto Sur, 1987.

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