El lenguaje radiofónico del fútbol

Informativos, carruseles, chupópteros, miedo escénico y estadio-estudio

Jesús Castañón Rodríguez

La renovación

Una segunda etapa, de renovación, tuvo lugar entre 1961 y 1992, con la transformación del deporte en un elemento orientado hacia la cultura y la educación, tras la aprobación de la Ley de Educación Física.

Se produjo un impulso de modernización social y de mejora de la calidad de vida y del índice de civilización, en el que el uso y disfrute de instalaciones deportivas y las conquistas de grandes resultados internacionales corrieron a cargo de la Generación renovadora y de la Generación ética.

La primera, buscó una evolución desde dentro que mantenía el principio de educación popular y se le añadieron como novedades: la renovación social moderna, la creación de cultura deportiva, la presencia de críticas constructivas a la gestión de los dirigentes -no a las personas-. Y trajo como consecuencia una masiva presencia de programación deportiva, con bloques informativos especializados de mañana y noche, todos los días.

La Generación ética buscó un cambio del lenguaje deportivo oficial por medio de varias acciones: la práctica del reporterismo de interpretación que evolucionará hacia formas periodismo de investigación; el paso de la denuncia al periodismo de explicación técnica; la formación de una nueva ética deportiva no política sino comercial; y la sátira como técnica para favorecer el cambio de modelo administrativo.

Los jugadores y estamentos del deporte saltaron al estudio en vez de al estadio para apoyar comentarios técnicos y tuvo lugar una nueva mirada: terreno de juego y labor directiva.

La información sobre el terreno de juego se fragmentó, crecieron los carruseles, la información en directo se lleno de dinamismo y vitalidad, las expresiones se aligeraron, se renovó el idioma con aportaciones desde el lenguaje figurado de la música moderna -a partir del Real Madrid ye-yé-, del cine, de los programas de televisión, de la política autonómica -llegándose a registrar el penalti de la LOAPA-...

Y se volvió a mirar al lenguaje deportivo de América, una vez más. Ahora para dar más intensidad, humor y espectáculo a las transmisiones, para renovar el canto del gol -con Héctor del Mar- y para formar un periodismo de explicación técnica que, desde 1986, pone de moda Jorge Valdano con el miedo escénico.

En este proceso de renovación del idioma audiovisual participaron numerosos periodistas jóvenes de las cada vez más protagonistas emisoras de radio y con una televisión favorable a la comercialización del deportista como modelo social.

Fue una etapa en la que predomina José María García como catalizador de formas de reporterismo, de presentación satírica, de crítica humorística a las formas de gestión directiva -con el tiempo más ácida y dirigida a las acciones de esta gestión- que solicitaban una adaptación laboral, sindical y comercial del deporte espectáculo a los tiempos modernos.

Era la época en que, tal y como comentó él mismo en 1983 durante los actos conmemorativos del Centenario de El Diario Palentino en el Teatro Principal se le asociaba con una jerga particular, habitada por la polémica de relativizar la autoridad de los dirigentes -con denominaciones humorísticas como abrazafarolas, adláter, cachibache, caduco, chupóptero, dictador, gerifalte, inepto, mandamás, mindundi, papa, payaso, patriarca, poltronero, preboste, santón, virrey...- o los abusos en sus acciones -caso de aberración, alcaldada, burrocracia, compadreo, conchabeo, choriceo, dedo, dedocracia, figuración, mangancia, trapicheo, trinque...-.

Con el tiempo, este periodista ha puesto en marcha fórmulas de periodismo de investigación aplicada a la comunicación deportiva. Matías Prats pretendía emocionarse con los oyentes en la narración de lo acontecido en el terreno de juego. Con José María García, además de la cancha, se transmite la pasión y la tensión de los goles de despacho. Con él nace el comunicador con jerga peculiar.

 

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