Cuentos
de ciclismo: Érase una vez...
Elena
Flores Martínez (*)
¿Qué
tienen en común autores como Cristina Peri Rossi, Alfredo
Bryce Echenique, Martín Casariego, Jesús Ferrero,
Álvaro Pombo, Javier Tomeo, Juan Madrid o Ignacio Vidal-Folch?
No es la edad, ni el estilo de sus obras, se duda que sus vicios
(los públicos), y tampoco sus virtudes. El común
denominador de estos autores tan diferentes se llama ciclismo
y la voz que los ha unido, literatura. Cada uno de ellos en Cuentos
de ciclismo (Editorial Edaf) aporta su particular visión
de la cátedra en la que, de forma desinteresada, nos han
impartido clases Ocaña, Delgado, Indurain o Bahamontes
y de la que -desde el sillón, tras la comida y a distancia-
nos examinamos todos los veranos en los Pirineos y los Alpes.
La graduación, en los Campos Elíseos.
La
literatura y el deporte mantienen una relación tan especial
como a veces desconocida. Sin embargo, y dejando al margen la
épica de un deporte como el ciclismo que hace correr ríos
de tinta en la prensa diaria, son muchas las sorpresas que nos
pueden deparar un libro sobre este deporte.
Tantas
como curvas tiene una etapa, tan numerosas como aficionados se
agolpan en la cuneta de Alpe D'Huez y tan entrañables como
lo son un abuelo y su nieto compartiendo merendola y esperando
ver pasar la serpiente multicolor.
Todas
estas reflexiones contadas al detalle, con diferentes ópticas
pero una misma sensibilidad, la pasión por el deporte que
asciende al Tourmalet y el Galibier, es lo que el lector de Cuentos
de ciclismo encontrará detrás de cada página
(aunque aquí el término pedalada sería más
propio. Desde el relato de Bryce Echenique, El camino es así,
donde un timorato escolar -Manolo- relata cómo una excursión
escolar en bici se convierte en todo un calvario, a El caballo,
de Carlos Casares, hábil recreación del ambiente
del Tour desde un domicilio francés y la particular visión
de nuestros vecinos galos ante los éxitos hispanos. Álvaro
Pombo, el autor de La cuadratura del círculo, se permite
el lujo de hacer que don Juan, un peculiar sacerdote, despeñe
a don Eduardo, "un ciclista señorito y anciano",
en una poza de la que ya no puede salir con vida. José
María Merino, menos ácido que Pombo, se decanta
sin embargo por el recurrente tema de la posguerra, donde las
bicicletas eran pesados trastos y hasta el sillín era de
hierro, pero servía como instrumento valiosísimo
con el que poder acercarse a la novia. Luis G. Martín da
una vuelta de tuerca más y hace que los ciclistas de su
relato atraviesen el puente de Cantarriján con los ojos
vendados. En resumen ¿se puede pedir más variedad
y diversión con la excusa de mantener el equilibro sobre
dos ruedas?

La
vida a pedaladas
Para
el lector de Cuentos de ciclismo, las curvas de la etapa siguen
aunque tras el repecho de la página 93, avituallan las
líneas de Alejandro Gándara que, a modo de un nuevo
Bienvenido Mr. Marshall, nos recrea la enorme desproporción
entre los preparativos y el paso meteórico de la carrera.
Con todo, este mosaico de historias, relatos -y sobre todo muchos,
muchos recuerdos infantiles de los autores- sirve para descubrir
la verdadera importancia en las vidas cotidianas del ciclismo,
y rescatar la empolvada idea de la bicicleta como regalo por antonomasia.
La reflexión que a más de un autor se le cuela melancólicamente
es la de la bicicleta, fin de la dorada edad infantil. Antes del
primer automóvil o moto se establece la primera distinción
clasista entre los todavía chavales.
Todos
los cuentos de éste volumen poseen una gran calidad narrativa,
aunque quizás por la ubicación geográfica
de dos de las narradoras se debe hacer especial mención
a ellas. Es el caso de Cristina Peri Rossi, de candente actualidad
tras la publicación de El amor es una droga dura, y que
curiosamente fue una de las primeras autoras que creyó
con los ojos cerrados (como los ciclistas de Cantarriján)
en este proyecto de cuentos sobre dos ruedas. En el caso de Peri
Rossi el tema y el tratamiento pueden ser la clave que explique
la simbiosis literatura y deporte: la uruguaya enamora a una profesora
de Literatura Comparada con un ciclista. Poe, Eddy Merckx, Borges
y Baudelaire enlazan dos vidas tan diferentes como complementarias.
Sara
Rosenberg, recién aterrizada desde Tucumán, tiene
el acierto de relacionar el cuento con el aire, con Ladrón
de bicicletas, y escribir un relato entrañable. Y para
pinceladas autobiográficas las de Javier García
Sánchez narrando las obsesiones de un común y sobrepesado
oficinista, que roba horas de sueño y dedicación
matrimonial con tal de estar en forma para una carrera de aficionados.
Al final, los excesos culinarios, etílicos y la falta de
sueño aplazan para otra vez será; la tan ansiada
carrera. Vuelta a la cama. Jesús Ferrero, el más
clásico y a la vez atrevido de todos, se lanza al sprint
del relato trasladándonos al estadio de Olimpia junto a
Aquiles, -el de los pies ligeros- y un minúsculo galápago.
Moraleja: todo gran ciclista antes de ganar un Tour y tener sus
gregarios de lujo pierde secretamente más de una etapa
que podía haber ganado.
Veinte
relatos, veinte formas de narrar, ver y sentir el ciclismo. Una
paleta de piñones; platos; llantas que rozan la carretera;
maillots; esfuerzos y caras desencajadas en la ascensión.
Historias de héroes que se cimbrean entre las cunetas,
algunos dejando la vida en ellas; entrenadores; masajistas; doctores;
deportistas de élite. Hijos de emigrantes que aprenden
a pedalear con bicicletas de treinta kilos entre los frentes de
una guerra civil. Por haber, hasta el prólogo escrito por
Mariano Rajoy, en su etapa de Ministro de Educación y Cultura.
Y es que, hasta el mundo de la política da pedaladas más
o menos acompasadas, sufre alguna pájara; y trabaja para
que su líder alcance fácilmente la meta. Del dopaje
hablamos otro día.
__________
(*)
Periodista. Ha sido directora de la revista
cultural Ades, coordinadora de contenidos culturales del portal
Canal 21 y responsable de comunicación de Supermercados
Champion.