Las
memorias de Maradona y Di Stéfano
Gambetas
que encandilan las pupilas
Jesús
Castañón Rodríguez
El último año del siglo
XX ha sorprendido al mundo editorial iberoamericano con un éxito
sin precedentes de los libros de memorias de Alfredo di Stéfano
y Diego Armando Maradona. De junio a principios de noviembre
Gracias, vieja ha ocupado todas las semanas un puesto entre
las 10 obras que encabezaban la lista de ventas en España
y, desde primeros de octubre hasta la actualidad, le ha relevado
en las listas de Argentina y de España Yo soy el Diego
de la gente.
La
primera lleva más de 30.000 ejemplares vendidos y 5 ediciones.
Es una de las obras triunfadoras de la Feria del Libro de Madrid,
con una especial acogida en España entre aficionados
mayores de 60 años y jóvenes de 15 a 20, y unas
enormes filas en la cola de espera para conseguir ejemplares
dedicados por el autor.
La
segunda ha logrado agotar los 130.000 ejemplares de la primera
edición en una semana, ya lleva 7 ediciones, 275.000
ejemplares vendidos entre todo tipo de público, una traducción
a 28 países y un mayor número de ventas en Argentina.
Según la leyenda, su autor ha percibido la cantidad más
alta jamás pagada como adelanto de los derechos de autor:
un millón de dólares.
Estas
memorias sobre sus trayectorias vitales y las huellas que en
ellos han dejado, se han convertido en todo un fenómeno
sociológico que traspasa la creciente demanda social
del deporte, la avidez del aficionado por saber de equipos y
jugadores que quizá nunca conozca directamente o el ansia
por saber de las hazañas y miserias de la vida privada
de estos héroes contemporáneos.

Gracias,
vieja fue redactado en Madrid (España) y se presentó
en el mes de mayo. Consta de 7 partes: infancia en La Boca,
primeros pasos en el fútbol profesional, llegada a España,
el Real Madrid, el fútbol desde la barrera, epílogo
y apéndices. Yo soy el Diego de la gente fue redactado
entre La Habana (Cuba) y Buenos Aires (Argentina) celebrándose
su presentación en la ciudad porteña el 29 de
septiembre de 2000. Consta de 15 partes: el origen, la explosión,
la pasión, la frustración, la resurrección,
la gloria, los amigos y enemigos, la lucha, la venganza, el
dolor, los regresos, la despedida, una mirada sobre afectos
y mensaje final acompañado por su historial deportivo.
Una
lectura cómplice para armonizar contrarios
Están
escritas en un tono periodístico que juega al ataque
desde la sencillez y el talento para destacar la superación
de un largo e incierto camino vital en el que sortear graves
dificultades gracias al balón. Conforman el relato de
historias de emociones, de sentimientos y de una incansable
lucha por la vida tras la que sólo quedan los afectos
fundamentales. Resaltan cualidades parecidas: sobriedad de recursos,
agilidad de inteligencia, estilo personal elegante, facilidad
para salir de apuros, capacidad de improvisación para
gambetear al destino
Ejemplifican un estado de rebeldía
contra el destino de tener que esperar a que te cedan el paso,
su odio a las personas que perjudican a la gente y una manera
de transformar creativamente la bronca en un combustible que
da fuerzas para superar las adversidades. También tienen
una especial sensibilidad por los ojos tristes de los niños
de los compañeros muertos, de los niños pobres
o por el brillo especial de la admiración sin límites
que, por ejemplo, llevaban a Maradona a jugar con ellos en el
salón de su casa tras las peregrinaciones populares que
se hacían hasta su domicilio tras la victoria en la Copa
del Mundo de México en 1986.
El
mejor jugador del siglo XX, Maradona, y el presidente de honor
del mejor club del siglo XX, Di Stéfano, comparten un
odio por aquellos intelectuales que se meten un libro debajo
del brazo para hacer quedar a los futbolistas como unos ignorantes.
Pero más allá de la paradoja de su escasa afición
a leer libros y haber logrado un éxito editorial, la
lectura cómplice del contenido de sus memorias permite
descubrir una nueva dimensión cuyo contenido se puede
organizar en cinco bloques temáticos: la paz de la pelota,
la trayectoria como jugadores, la carrera de entrenadores, la
faceta como periodistas y el lado humano del mito.
LA
PAZ DE LA PELOTA
La
dulce música del picar de la pelota
En
la vida de estos dos astros, el balón no era una simple
pelota. Ha sido un ámbito para la fantasía contra
una realidad hostil. Constituye un elemento generador de paz
interior y sus evoluciones por los descampados y los arrabales
transformaba esos espacios en zonas de libertad, en sitios para
improvisar y crear sin normas ni reglas impuestas. En palabras
de Maradona, para desafiar al sol.
La
pelota se convierte en el punto de las ilusiones infantiles.
Diego durmió tiernamente abrazado a su primera pelota
de verdad, que le regaló su primo Beto Zárate,
Alfredo jugaba con una pelota de goma y sus mayores disgustos
fueron cuando unos Reyes Magos, a los que pide unas botas y
una pelota de fútbol, le dejaron una pelota de goma y
unas zapatillas así como su primer balón que le
toca en una rifa en un cine.
Tan
mágica era la nueva dimensión del picar de la
pelota, tan emotiva esta nueva campana de emociones que el niño
Diego convertía en pelota trapos, naranjas o gurruños
de papel camino del colegio o de los recados y el niño
Alfredo empleaba una lata de conservas que abollaba hasta redondearla.
Con
el tiempo, aunque no lo recogen libros de memorias, en la concentración
de Argentina en Trigoria, durante la Copa del Mundo de 1990,
se encontraron Maradona y el escritor Osvaldo Soriano. La fascinación
que sintió el escritor ante habilidad del futbolista
golpeando una naranja con todo su cuerpo sirvió para
la creación del cuento "El hijo de Butch Cassidy".
El
talento redentor
Desde
ese instante, el fútbol se presenta como un elemento
para igualar a distintos orígenes y para forjar un carácter
endurecido basado en aprender a luchar desde abajo, a levantar
las cosas contra todo y contra todos y en una peculiar forma
de sentir invariable al paso del tiempo y a la mejora del nivel
de vida.
En
el caso de Maradona el talento infantil con la pelota sirvió
para abandonar Villa Fiorito, la casa de origen humilde para
un emigrante del interior hacia la ciudad, para llevar a toda
la familia a conocer el mar, para buscar un trabajo mejor al
padre que tanto había luchado en la vida, para proteger
a familiares, amigos y empleados necesitados de amparo. Era
la lucha contra la realidad hostil de la pobreza.
En
el caso de Di Stéfano, el talento se instaló en
una familia de Barracas procedente de la inmigración
europea: italianos por parte de padre y franceses e irlandeses
por el lado materno. Son momentos para el recuerdo de las escapadas
a la casa de los abuelos para dormir la siesta, del nombre de
Stopita que le pone el abuelo Miguel por el parecido de su cabello
rubio con la estopa de limpiar los barcos, de la lesión
del padre futbolista en River Plate, del abandono de los estudios
a los 15 años para ponerse a trabajar. Era también
la lucha contra la realidad hostil de la extorsión de
la mafia americana con la banda del Chico Grande.
El
fútbol era el método para hacer nuevos amigos
en el barrio, con los que van a probar a varios equipos tras
un viaje en autobús o en tranvía con las botas
envueltas con un papel del diario. En ambas vidas la pelota
significaba paz, diversión y una fuente de placer hasta
transformarse en una forma de vida, una vía para ayudar
a la familia, una convivencia con gente extraordinaria y una
manera de conocer a gente que nunca se soñó. Hasta
tal punto, que Di Stéfano le hizo una escultura en su
casa figurando en su pedestal la leyenda ¡Gracias, vieja!
Trayectorias
como jugador, entrenador y periodista
El
lado humano, estilo y referencias bibliográficas