I Jornadas de Periodismo deportivo en Valencia

Ustedes dormían

Paco Rengel (*)

 

Después de comer, llamé a un taxi. A los quince minutos estaba en el aeropuerto. Llegué a Valencia y cené con dos buenos amigos. Y esta mañana estoy aquí para decirles cómo encarar una crónica deportiva. Como han podido comprobar, nada emocionante en mi narración de preámbulo. El avión de hélices llegó, la cena nos sentó bien a todos y no hay resultado. Aburrido. Imposible hacer una crónica.

Está claro que el componente de un espectáculo deportivo, lo que enriquece realmente su leyenda, son unos números, un marcador, un gol, una canasta; una gesta o un descalabro. Quizás para engrandecer la narración, los periodistas nos asimos como desesperados a la trascendencia. "El Valencia, primer líder de la Liga". ¿Cuántas veces hemos leído ese titular celebrada la primera jornada de la competición? Muchísimas. ¿No les parece que es una tontería?

Desde el primer minuto necesitamos tener algo que "vender" y quizás eso justifique tantos modismos banales. La imaginación ha dado lugar a muchos tópicos en la crónica deportiva, como el "gol psicológico", el "pase de la muerte", "la canasta sobre la bocina" (¿el balón no pasa sobre el aro?)… Una fórmula más para "vender el muñeco".

Empecé en este mundo en 1981 y mi especialidad es el baloncesto, deporte que conozco desde muy joven. Quizás esto fue lo que más me ayudó a entender un juego que vivió, justo cuando yo me iniciaba en el periodismo, su momento culminante en España. Considero a Carlos Jiménez y a Martín Tello mis grandes maestros, a quienes seguía con singular admiración a través del diario "AS". Desde entonces a hoy, la crónica deportiva en prensa escrita se ha visto influenciada por el progreso y la repercusión de otros medios, especialmente la televisión. No es lo mismo hacer una crónica de un partido que ha visto todo el mundo, que de otro al que ningún lector ha podido tener acceso. Hace veinte años el periodista era consciente de que la gente a través de su folio escrito tenía que enterarse de qué había pasado en el partido. Eran más narrativas que valorativas. Ahora, quizás ocurra lo contrario por la razón antes expuesta.

Recuerdo que en mis primeros años empezaba la crónica con horas de antelación al partido, o incluso un día antes. No, no es que escribiera previamente –aunque conozco gente que utiliza ese método–, sino que mi cabeza empezaba a dar vueltas sobre los titulares. Muchas veces llegaba a los encuentros con dos ideas preconcebidas, según concluyeran con victoria o derrota (en el baloncesto abolieron el empate pronto). Con el paso del tiempo, eso cambia: uno se siente más seguro, y el oficio te lleva a no precipitar los acontecimientos, a no desgastar neuronas de forma inútil. Esperas a ver el partido y cuentas lo que has visto con tu estilo; a tu forma.

Conocer el juego y tener una amplia información de los protagonistas son factores indispensables para escribir una crónica correcta. Ser riguroso, no dejarse llevar por la pasión del entorno y acertar a destacar los aspectos clave del desenlace son premisas necesarias para conseguir el objetivo. Y el titular, el "banderín de enganche" para cualquier lector. (Recuerdo aquel "Angola entra en la historia de España", de Luis Gómez en "El País", cuando la selección perdió en los Juegos Olímpicos de 1992; "Los árbitros taponan al Barcelona", de Robert Álvarez, en el mismo periódico, cuando el Panathinaikos le ganó la Copa de Europa al cuadro azulgrana tras un tapón ilegal de Vrankovic, o el más reciente del diario "Ideal" sobre el descubrimiento de agua en Marte: "Marte da señales de vida").

Lo demás, el ingenio de cada uno puesto al servicio de una carrera contra el reloj que consiste en ir rellenando de palabras la maqueta que ves en el ordenador mientras que desde el periódico te llaman para saber cuánto te queda porque hay que cerrar.

Sería para mí una alta traición no mencionar una crónica que me dejó marcado en mis inicios. Y como a mí, a muchos entusiastas del baloncesto. Se celebraba el Mundial en Colombia y España le ganó por primera vez a Estados Unidos. Martín Tello, enviado especial de "AS", empezó su crónica: "Ustedes dormían; nosotros soñábamos despiertos en Colombia".

Pero como prueba irrefutable de que el ingenio no entiende de edades, de progresos tecnológicos, de rapidez para enviar la información ni de que los triunfos deportivos alcancen la categoría de gestas, les remito al comienzo de una crónica de esta temporada, del mismo periodista y amigo, cuando el Estudiantes venció al Real Madrid en la primera vuelta de la presente Liga ACB: "El Real Estudiantes superó al Instituto Madrid". Ese día no leí ni una línea más de la crónica.

____________

(*) Periodista.

 

 

www.jesuscastanon.com