|
Centenario
del Tour
L'affaire
Dreyfus y el Tour de France
Ricardo
Bada (*)
El
pasado 5 de julio, desde delante del café Au Réveil
Matin, en las afueras de París, se puso en marcha aquello
que los periodistas deportivos de los cincuentas describían
echando mano a sus reservas poéticas como "la serpiente
multicolor": el Tour de France, la vuelta ciclista a Francia.
Pero éste no es un Tour más, sino el del centenario,
porque ahí mismo, delante de ese mismo café Au Réveil
Matin que hoy es un restaurante mexicano pintado de color naranja,
sesenta locos del velocípedo se encaramaron a sus sillines
el 1° de julio de 1903, agarraron los respectivos manubrios
y se dispusieron a cubrir nada menos que 2.428 kilómetros
sobre la geografía de éso que sus habitantes llaman
"el hexágono": la dulce, dulce Francia.
¡Qué
lejos andaban de saber que estaban fundando uno de los pocos mitos
inamovibles de los tiempos modernos! ¡Qué lejos de
intuir que, con el correr de los años, habría en los
atlas invisibles de la memoria unas luminarias que se llamarían
Col du Galibier, L'Alpe d'Huez, Tourmalet y Mont Ventoux (nada que
ver con la legendaria ascensión a su cumbre de un tal Petrarca,
dizque poeta -no ciclista- italiano)!
¡Qué
lejos de sospechar que cien años después habría
todo un retablo laico ante el cual se quemarían sahumerios
en honor de unos semidioses llamados Bartali, Coppi, Anquetil, Charly
Gaul, Bahamontes, Merckx, Hinault, Zoetemelk, Lucho Herrera, Indurain,
Armstrong!
Pero
retrocedamos a 1903 y un poco más allá. En 1894 había
implosionado en la sociedad francesa l'affaire Dreyfus. Un capitán
del ejército, judío por más señas, acusado
de espiar por cuenta de Alemania, del enemigo atávico. Juicio
al canto con pruebas amañadas y perjurios, según se
evidenció años después.
El capitán Alfred Dreyfus es degradado en público
y enviado a purgar su pena en la tenebrosa isla del Diablo, en la
Guayana Francesa, de la que sólo salieron indemnes Papillon
y el Boris Karloff de Devil's Island (1940), un Boris Karloff diametralmente
distinto a su caracterización de monstruo de Frankenstein,
y en un film que Francia prohibiría dentro de su territorio,
como haría luego con Paths of Glory (1957) de Stanley Kubrik:
Liberté, Egalité, Censurité et vive la France!
Alain Delon de la Patrie, le jour de gloire est arrivé!
Francia
se divide entre 1894 y 1914 en dos trincheras desde las que se apuntan
y disparan con todas las armas a su disposición unos enemigos
irreconciliables: dreyfusistas y antidreyfusistas.
La hostilidad mutua de ambos campos enemigos llegó hasta
el punto de que un dreyfusista acérrimo, Pierre Giffard,
director del periódico deportivo Le Vélo, se negó
a aceptar en sus páginas la publicidad de empresas y personalidades
antidreyfusistas. Entre ellas la del señor conde Albert de
Dion de Malfiance, fabricante de automóviles, el cual, como
represalia, funda en 1900 su propio diario deportivo, L'Auto-Vélo,
que luego, tras perder un juicio por plagio contra el implacable
Giffard, pasó a llamarse simplemento L'Auto, y desde 1945
L'Equipe.
El
redactor jefe del diario del señor conde, elegido por él,
era el exciclista Henri Desgrange, quien tuvo la habilidad de fichar
para su redacción uno de los talentos de la competencia,
el periodista Géo Lefèvre, al cual le encargó
que pensara en alguna competición que desbancase en el favor
del público las organizadas por Giffard y Le Vélo.
Entre ellas se contaban la carerra Burdeos-París (572 km)
y la maratón París-Brest-París, 1200 km de
un tirón: pruebas ambas de las que el hábil negociante
dreyfusista se había asegurado legalmente el copyright informativo.
Así
las cosas, el 20 de noviembre de 1902 Desgrange llama a su despacho
a Lefévre para preguntarle qué idea se le ha ocurrido.
Y según quiere la leyenda, el buen Lefévre, a quien
no se le había ocurrido idea alguna, improvisó: "Pourquoi
pas un Tour de France?". ¡Era la idea!
En
cuanto al affaíre Dreyfus, es público y notorio que
el 12 de enero de 1898 la primera página del diario L'Aurore
apareció con un titular a toda plana: "J'ACCUSE!".
Encabezaba una carta abierta al presidente de la tercera República
Francesa y la firmaba Émile Zola. Y Émile Zola acusaba
en esa carta abierta, sin andarse por las ramas, jugándose
su reputación, e incluso su libertad, a un sistema podrido
que había condenado hasta el infierno letal de la Guayana
a un inocente: el capitán Dreyfus.
El
proceso se revisa, Dreyfus regresa a Francia, será rehabilitado,
aunque Zola moriría antes, en 1902 y en circunstancias altamente
sospechosas: con alguna certidumbre puede hablarse en su caso de
la primera víctima del periodismo de denuncia.
Mas
hete aquí que de aquella pugna exacerbada entre dreyfusistas
y antidreyfusistas, casi como subproducto casual, nació la
vuelta ciclista a Francia. Debe ser porque el dios de los ciclistas
sprinta derecho con pedales torcidos.
__________
(*)
Periodista
|