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El
castellano en el periodismo deportivo oral y escrito
Esteban
Giménez (*)
Si
bien el uso del español en el periodismo en general es un
tema que preocupa a todos los docentes, es el uso del idioma en
el ámbito del periodismo deportivo el que debería
preocuparnos en mayor medida.
El
auge de las actividades deportivas emitidas por radio y televisión
ha traído consigo un notable incremento de la cantidad de
profesionales de la información relacionada con el deporte.
Hoy,
todo es deporte en los medios de comunicación: Fútbol
de primera, Nacional, Primera B, C, D, torneos regionales, sumados
a los certámenes internacionales Copa Libertadores, Supercopa,
Recopa, Copa América -¿estamos "copados"
por el fútbol?-, eliminatorias del Mundial de Francia de
1998, El Deportivo, Equipo de primera, Tribuna caliente, Polémica
en el fútbol, etcétera.
Y
no sólo el fútbol ocupa las planas de los diarios
y revistas y las pantallas de TV, también se transmite e
informa sobre básquetbol, rugby, tenis, golf, automovilismo...
Son tantos los canales de cable, además de los de aire...
son tantas las emisoras de AM y FM, que todas necesitan -en algún
momento- de un especialista en determinado deporte.
Y
esos especialistas, no están todos preparados para exponer
sus conceptos de una manera clara, concisa, eficiente y, sobre todo,
exenta de errores de construcción o de pronunciación.
(Quiero aclarar que, en este caso, no me refiero concretamente al
relator deportivo quien, si bien debería poseer una sólida
formación lingüística, podríamos justificar
alguna falla en el momento de relatar un partido, debido a la rapidez
del juego o a la emoción de la situación).
Los institutos que se encargan de la formación de los futuros
periodistas deportivos (cuando cursan estudios, porque la del periodista
es una profesión que, a diferencia de la del locutor, no
exige título habilitante ni haber cursado en determinada
institución) no consideran la materia Lengua, Lenguaje, Normativa,
Lexicología o como se llame, con la profundidad y el cuidado
necesarios para que el alumno erradique los vicios que son propios
de la profesión y -salvo excepciones a las que me referiré
más adelante- la mayoría comete con total impunidad.
En
este caso, hablo con verdadero y profundo conocimiento de causa,
debido a que por cuestiones profesionales, soy asiduo lector y oyente
de programas deportivos y además, conozco personalmente a
la mayoría de los relatores y comentaristas de fútbol
de nuestro medio, profesionales que -por lo general- reciben y acatan
las indicaciones que este docente humildemente les transmite. Pero
no todos reaccionan así.
A
fuer de sincero, debo reconocer que, comparados con algunos periodistas
deportivos de hace varias décadas, los actuales son... Maradona,
por utilizar una comparación estrictamente futbolística.
Como
excepción que confirma la regla, vale aclarar que entre los
años 40 y 70, la figura de Fioravanti, voz señera
en el relato deportivo, descollaba de entre sus pares con una diferencia
abismal. E incluso llegó a utilizar vocablos que posteriormente
dieron lugar a interpretaciones erróneas de su sentido. Tal
es el caso de la palabra abigarrada que él solía
utilizar en su verdadera acepción ("de varios colores,
mal combinados; reunión de lo heterogéneo sin sentido")
junto al sustantivo multitud, pero que muchos relatores y
comentaristas utilizan con el valor de "compacta, nutrida,
numerosa".
Hoy,
no son pocos afortunadamente, los que abrevando en las fuentes del
buen decir y del mejor escribir, han elevado notablemente el nivel
de expresión del periodismo, aunque aún subsisten
errores casi ancestrales en el léxico periodístico,
los que sumados a los neologismos absurdos, hacen de aquel un arma
peligrosa manipulada por inconscientes. Y todos conocemos las consecuencias
de un arma en poder de los irracionales.
Actualmente,
es digna de destacarse la figura del periodista deportivo Víctor
Hugo Morales, algunos de cuyos relatos por Radio Continental son
pequeñas joyas de la relación deportiva moderna.
Su
estilo directo, libre de rimbombancia y pleno de imágenes
y metáforas cumplen con la triple misión de informar,
entretener y educar a través de su lenguaje preciso y claro,
no carente de gracia y picardía, salpicado con ingeniosos
juegos de palabras. Asimismo, el señor Morales exige a sus
colaboradores una preparación de excelencia en lo que respecta
al uso del idioma ya que, según sus propias palabras, "el
periodista no puede darse el lujo de expresarse incorrectamente
en una lengua tan rica como la nuestra".
El
Periodismo Deportivo lleva de por sí la carga de tener que
basar la mayoría de sus términos técnicos en
vocablos de origen extranjero que, a contrario sensu de lo que sucede
con las palabras de uso general, no admiten ser traducidos ni adaptados
a la fonética y grafías españolas: foul,
off side, match point, deuce, tie break, scrum, try, off shore,
etcétera, sólo aceptan como excepciones las voces
castellanizadas fútbol, tenis, gol, entre otras. Realmente
pocas, en comparación.
A
veces, se me objeta la exigencia a ciertos periodistas deportivos
en relación con el uso del idioma, alegando que la lengua
periodística, a diferencia de la literaria, no necesita ser
tan precisa y que el aficionado al deporte -particularmente, el
fútbol- no reconoce ni valora la calidad del mensaje y que
el nivel de lengua del relator o del comentarista debe estar lo
más cercano posible a la altura del oyente, cuya capacidad
intelectual -según algunos- es comparable con la del "barrabrava",
desconociendo que la audiencia la componemos profesionales, empleados,
estudiantes, amas de casa, escolares... es decir, la misma que oye
los noticiarios, ve películas y escucha discos.
Craso error. Si bien no pretendemos que el periodista sea un experto
lingüista ni un exquisito del decir, lo menos que se le puede
exigir es un nivel de expresión medianamente aceptable.
Por
otra parte, con la divulgación masiva que han logrado últimamente
los deportes por medio de la radio y la televisión, el léxico
técnico está tan incorporado al uso coloquial, que
casi nadie desconoce el significado de las voces propias de la jerga
de cada disciplina, de manera que ya casi no es necesario decirle
al ama de casa que "que el corner se tira desde la derecha
de la pantalla, señora".
Y
como nunca se pretendió que el periodista deportivo se exprese
con una pureza digna de Borges, lo menos que se le exige es precisión
en el uso del idioma, es decir, evitar las anfibologías,
las fallas en la construcción, las redundancias, las cacofonías
y las impropiedades, entre otros errores.
A
través de los últimos años, he logrado reunir
una serie de fallas cometidas por periodistas deportivos a las que
he agrupado bajo el título de Peligro de error, parafraseando
la frase Peligro de gol.
En
esta anteúltima fecha, la decimosegunda, en un día
tormentoso en el que llovieron 40 milímetros, varios equipos
están luchando por el descenso.
Hace
dos fechas atrás, hubieron muchos empates en cero goles,
lo que significa que los delanteros no concretaron las opciones
de gol.
Ahora, los protagonistas están en el precalentamiento, mientras
volvemos a reiterar que evoluciona la lesión en los meñiscos
que sufriera el delantero que detenta el primer puesto en la tabla
de goleadores.
El
estadio presenta un lleno total y la gente espera la aparición
de los equipos que entrenaron y concentraron demostrando mucha contracción
al trabajo y desean brindar un partido agresivo en el que se juegue
de uno a otro área.
Texto
que me permito presentar ahora con las fallas ya corregidas:
En
esta penúltima fecha, la duodécima, en un día
tormentoso en el que llovió 40 milímetros, varios
equipos están luchando por evitar el descenso.
Hace
dos fechas, hubo muchos empates en cero, lo que significa que los
delanteros no concretaron las posibilidades de gol.
Ahora, los protagonistas están en el ejercicio de calentamiento,
mientras reiteramos que evoluciona de la lesión que sufrió
en los meniscos, el delantero que ostenta el primer puesto en la
tabla de goleadores.
El
estadio presenta un lleno impresionante y la gente espera la aparición
de los equipos que se entrenaron y se concentraron demostrando mucha
dedicación al trabajo y desean brindar un partido dinámico
en el que se juegue de una a otra área.
El
buen o mal uso del idioma en el periodismo deportivo no depende
de nosotros. Los medios son los que seleccionan a sus profesionales,
nosotros tan solo podemos elegir a quién sintonizamos y a
quién no.
Quizá
nos conformaríamos con tener acceso a los centros de formación
en los que se preparan los futuros periodistas deportivos, con el
único objeto de brindar un modesto aporte a la programación
curricular que componen los planes de estudio de cada institución.
Pero,
docentes, lingüistas y lexicólogos deberemos ser más
realistas y menos utópicos. Vivamos la realidad. Aquella
es la propuesta y estos son los resultados.
Nos
queda la posibilidad de luchar, cada uno en su medio, esforzándonos
por lograr un mejoramiento en el nivel de expresión de todos,
periodistas deportivos y no deportivos; periodistas y no periodistas.
Acudamos,
finalmente, a los buenos ejemplos, que los hay.
Leamos a los buenos autores, escuchemos a los buenos relatores,
consultemos a los buenos redactores...
Por
supuesto, son los menos, pero que aun los equivocados nos sirvan
como ejemplo de lo que no se debe decir y escribir.
De
esa manera, estaremos preservando la riqueza de nuestro idioma.
__________
(*)
Profesor. Es autor de cuatro obras sobre el uso correcto del idioma
español.
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