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Copa
del Mundo 2002
El
sueño iberoamericano
Jesús
Castañón Rodríguez
El
31 de mayo empieza una nueva edición de la fase final de
la Copa del Mundo de Fútbol, el paraíso de las gambetas
(regates), los remates de chanfle (con efecto), las bicicletas,
las zamoranas, las colas de vaca, las jopeadas (sombreros), los
taquitos (espuelas) y las moñas (regates en corto).
Un
fenómeno social que es capaz, en la Comunidad Iberoamericana
de Naciones, de captar la atención de reyes y presidentes
en armonía con sus pueblos, de conseguir treguas entre guerrillas
y ejércitos, de vaciar calles, de generar ámbitos
de esperanza, de hacer participar al Premio Nobel y al hincha para
ensanchar el idioma con nuevas expresiones...
Un sueño donde la Comunidad Iberoamericana de Naciones ha
acogido siete ediciones, ha conquistado ocho títulos y ha
participado con dieciséis selecciones: Argentina, Bolivia,
Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador,
España, Honduras, México, Paraguay, Perú, Portugal
y Uruguay.
El
chumbazo a la globa
Todo
esto fue posible gracias al sueño iberoamericano que nació
en 1904. En ese año se fundó la FIFA y seis países,
entre los que estaba España, idearon crear un campeonato
mundial.
Pero
hubo que esperar más de veinte años hasta que tomara
un nuevo impulso y se superaran los intentos donde participaron
Argentina y España, en 1906 y 1914, para hacerlo factible.
El
definitivo chumbazo que impulsó la globa llegó en
1925 en Ginebra. Y así entre el presidente de la FIFA, Jules
Rimet, y el embajador de Uruguay en Bruselas, Enrique Bueno, dieron
el zapatazo a ese balón que puso en marcha la Copa del Mundo.
Tras
recordar ambos dirigentes la final de los Juegos Olímpicos
de Verano de 1924, Uruguay mostró su interés por organizar
la primera edición para hacerla coincidir con el centenario
de su fundación como país.
A
partir de ahí, se elaboró en Zurich un documento de
siete puntos el 28 de septiembre de 1928. Se debatió en Barcelona
en el Congreso de la FIFA de 1929, coincidiendo con los actos de
la Exposición Internacional. Como consecuencia de los debates,
el 18 de mayo de 1929 se redactó y se firmó el documento
fundacional de la Copa del Mundo en el Saló de Cent del Ayuntamiento,
bajo la presidencia del Rey Alfonso XIII.
Aunque
aspiraban a organizar la primera edición Argentina, España,
Holanda, Hungría, Italia, Suecia y Uruguay, salió
adelante la propuesta uruguaya gracias a la renuncia de la Asociación
de Fútbol Argentina y de la Federación Española
de Fútbol a favor de los celestes que eran los campeones
olímpicos de 1924 y 1928.
El
juego de la grada
Desde
el 13 de julio de 1930, este derroche de talento en los pies ha
hecho que los futbolistas balancearan sus cuerpos y que en la grada
los espectadores encandilaran sus pupilas, hicieran hablar alto
a los sentimientos y movieran los zapatos de la fantasía.
Y
así, dejaron voces relacionadas con el reglamento (tarjeta
amarilla y tarjeta roja); con jugadas individuales (paradinha, rabona,
cuauhteminha), con la incertidumbre del jugador antes de comenzar
los encuentros (miedo escénico), con estilos de juego ofensivo
y defensivo (samba, definir, pequeña sociedad, zonas de definición,
de distracción y de gestación); con la necesidad de
buenos resultados (urgencia histórica) y con formas de animación
en tono jovial y unánime (lluvia de papel y ola).
Creó
un lenguaje periodístico que fijó en la memoria colectiva
el canto emocionado de los goles de Iriarte y Emilio Elena en 1930,
de Zarra y Matías Prats en 1950 o de Maradona y Víctor
Hugo Morales en 1986. Generó una emoción sin dramatismo
en Uruguay para ir encima de la pelota y anticiparse a los goles
antes de que los grite la multitud; alumbró un planeta carnaval
en Brasil para crear sueños; y combinó énfasis
y síntesis en Argentina para expresar la pasión desbordada.
Fraguó
una moderna literatura de ficción en las crónicas,
ha generado artículos de premios Nobel como Camilo José
Cela y Gabriel García Márquez, ha convertido a autores
como Miguel Delibes o Mario Vargas Llosa en cronistas de actualidad
y ha dado lugar a creación literaria, a partir del poeta
uruguayo José María Delgado en "La hazaña",
en 1930.
Todo un juego de fantasía con el idioma, desde lo técnico
a la plena creación que ha llevado a numerosos miembros de
la Asociación de Academias de la Lengua Española y
de la Real Academia Española a enfundarse la camiseta para
correr al otro lado de la línea de banda y orientar las gambetas,
zancadillas o patadas a los criterios de corrección lingüística.
El
latido de las emociones
Pero
la gran diferencia del fútbol iberoamericano está
en la vivencia por parte de sus aficionados. La Copa del Mundo se
convierte en una fiesta de palabras que pasea por calles y avenidas
al latido de los corazones apasionados.
Ruedan
comentarios futbolísticos los cineastas Antonio Skármeta
o José Luis Garci. Dibujan sonrisas los humoristas gráficos
Caloi, Fontanarrosa, Mingote, Mordillo o Quino. Sacan a bailar a
las palabras el futbolista y violinista de tangos Mumo Orsi, los
campeones del mundo Pelé con Elis y Maradona con Pimpinela,
el puertorriqueño Ricky Martín...
Tiempo
de juego
Gracias
a la visión de juego de aquellos argentinos, españoles
y uruguayos a principios del siglo XX, el próximo mes ocho
países de la Comunidad Iberoamericana de Naciones se convierten
en personajes colectivos en busca de autor.
Es
tiempo de fantasía y talento original para convertir el sueño
iberoamericano en realidad. Tiempo para redescubrirse con ilusión.
Tiempo para la alegría del juego. Tiempo para la fiesta social.
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