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Relato
Si
las esposas de los aficionados al fútbol hablasen como ellos
Pgarcía
(*)
Las dos amigas casadas con sendos hinchas futbolísticos,
al encontrarse en el supermercado se pusieron a hablar de sus cosas.
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¿Cómo vas con el servicio?
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Mal. No estoy contenta con el rendimiento que obtengo de él.
Se pasa las tardes sesteando.
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¿Te refieres a la chica para todo o a la que cuida de los
niños?
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A las dos; cada día se me presentan con una pega u otra:
que si una se ha resentido del hombro mientras sacudía una
alfombra, que si otra se ha producido un daño en el menisco
cuando corría para coger a Borja Mari
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¿Qué solución vas a adoptar?
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Estoy decidida: voy a hacerlas pasar por el quirófano.
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¿Y entre tanto cómo te las arreglarás?
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Recurriré a la cantera.
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¿A qué cantera te refieres?
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¿A cual va a ser? A la de la inmigración.
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No es mala idea. ¿Te has fijado en la de Santiponce? ¡Esa
sí que tiene un buen servicio!
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Con sus millones, no me extraña. No hace más que fichar
figuras
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Desde luego. Entre la doncella holandesa, la niñera francesa
y la cocinera brasileña, no hay quien la tosa.
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Yo creo que el secreto está en la cocinera brasileña,
que anima mucho al equipo.
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Sí. Ella da ejemplo porque es la primera en ponerse el mono
de trabajo, y consigue unos resultados de espanto.
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Y, además, como la Santiponce es muy cuca, está tramitando
su nacionalización.
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¡Que barbaridad! A este paso no vamos a presumir ni la mitad
que ella. Y le quitará emoción a la competición
de ver quién tiene la casa mejor atendida.
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Yo ya me veo relegada a competir con señoras de categoría
regional.
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Pues yo voy a intentar otra cosa.
-
¿Qué cosa?
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Voy a buscar una buena entrenadora de servicio doméstico.
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Ya. Pero me extrañará que la encuentres a un precio
asequible.
Y
siguieron dale que te pego con el carrete. Porque el servicio doméstico,
como tema, da para mucho.
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(*)
Articulista, divulgador, humorista y novelista.
Presidente de la Academia de Humor.
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