|
Fontanarrosa:
la pasión desbordada por el deporte
Jesús
Castañón Rodríguez
En
la cancha del humorismo argentino de tema deportivo no podía
faltar una visión sobre la vivencia apasionada del deporte
en sus más diversas manifestaciones dentro y fuera de los
terrenos de competición.
El deporte como fiesta social, como un mundo que alcanza dimensiones
mágicas, sorprendentes e inesperadas encuentra en Roberto
Fontanarrosa a uno de sus más destacados representantes.
Este creador de Rosario, inició su carrera en el mundo de
la publicidad en la empresa Forma Propaganda y, desde 1968, comienza
su actividad en el mundo del humor.
Como humorista gráfico cuenta con una trayectoria vinculada,
entre otras, a las publicaciones argentinas, cubanas, españolas,
italianas, mexicanas y nicaragüenses Boom, Cambio 16, Dedeté,
Fierro, Hortensia, Humor, La Maga, La Semana Cómica, L'eternauta,
Monóxido 16 y Proceso, así como al diario Clarín
de Buenos Aires. Creador de los personajes "Inodoro Pereyra"
y "Boogie, el Aceitoso" ha publicado 31 libros sobre sus
viñetas y también 3 libros de historietas sin tema
fijo.
Como escritor de humor ha credo tres novelas y siete libros de cuentos
cortos. Esta labor creativa se ha visto complementada con la condición
de antólogo de relatos de fútbol y de asesor del grupo
humorístico-musical Les Luthiers.
Su producción deportiva se desarrolla en viñetas,
historietas, novelas, relatos y una antología literaria.
Comprende una mirada sobre el deporte tradicional (pesca, polo damasquino,
toros y otros juegos populares) y cinco disciplinas del deporte
moderno: atletismo, boxeo, fútbol, hípica y patinaje
sobre hielo.
I.-
Humor Gráfico
1.1.
Viñetas
Las viñetas de Fontanarrosa disparan las carcajadas sobre
tres disciplinas deportivas: boxeo, fútbol y patinaje sobre
hielo.
Boxeo
En el caso del boxeo, desarrolla dos tipos de mecanismos: la combinación
de relaciones lógicas y absurdas y las exageraciones. Así,
en las primeras se registran viñetas de púgiles rudos
que piensan que su rival es un bailarín por pedirle que le
reserve la primera pieza. Y las exageraciones comprenden a un boxeador
fuerte y con cabeza en forma de puño que amedrenta a su rival
y su segundo, así como a un árbitro que mira el ojo
de un rival mientras el resto del cuerpo está en el rincón
y un periodista relata que lo examina para ver si está en
condiciones de continuar la pelea.
Fútbol
El mundo del fútbol desarrolla seis centros de interés:
aspectos insólitos de carácter general, jugadores,
entrenadores, dirigentes, hinchas y periodismo.
Los aspectos insólitos de carácter general aparecen
en el lanzamiento de un balón cuya circunferencia es rodeada
por rayos como si fuera un sol y también en los anuncios
clasificados donde no sólo se solicita local para poner un
puesto de apuestas sino que para estar a tono contará con
local, empate o visitante.
Mucho más amplio es el apartado dedicado a los jugadores,
ya que abarca situaciones insólitas, exageraciones y relaciones
lógicas y absurdas. Las primeras se hallan presentes en los
equipos en los porteros y en los jugadores de campo. Así,
un equipo canta boleros porque sus estructuras son propias del fútbol
romántico. Los porteros son tan pequeños que un tiro
raso les entra en parábola en la portería tras dar
un bote, explican que una pelota pasó de perfil para justificar
que se les coló entre los brazos y las piernas o pretenden
jugar con las garras de un disfraz de oso que le han pasado antes
de disputar un partido. Los futbolistas dan lugar a situaciones
como las dudas sobre dónde colocarse las espinilleras tras
leer que es obligatorio su uso para prevenir el sida; las lágrimas
de un jugador de gran calidad al que el público grita "uruguayo"
cuando su verdadero origen es checoslovaco; la protesta al árbitro
porque sus adversarios forman una torre humana para cantar el gol;
la compra de canapés y salados para festejar el gol; el futbolista
que transmite las jugadas a la vez que las ejecuta; o el jugador
de gran melena que prometió no cortarse el pelo hasta que
convirtiese un gol.
Las exageraciones constituyen el mecanismo favorito para retratar
los partidos de hacha y tiza, para deformar las aristas de la violencia.
Se concentra en los diferentes tipos de futbolistas. Es el caso
del cacique del área que no para de dar órdenes al
resto de la defensa en un tono muy serio; del lateral izquierdo
de pequeña estatura que se agarra a la camiseta de un alto
extremo derecho al que se sujeta mordiéndole en la nuca;
del jugador que ante la afirmación del entrenador de que
el puesto de líbero era suyo se hace tatuar en la espalda
el dorsal número 5; del futbolista con la nariz rota que
sabía que podía codearse con los mejores futbolistas
europeos.; del volante de marca que recibe la bronca del árbitro
por clavar sus tacos en la rodilla del rival; del emocionado debutante
que admiraba al rival desde la tribuna y ahora al jugar junto a
él le parte la tibia de una patada. Y también para
crear situaciones disparatadas: un jugador totalmente arrugado no
por ser veterano sino por haber quedado encerrado dos días
en el cuarto de baño; futbolistas que se acuerdan de toda
la familia del árbitro repasando todos sus antecedentes y
se queja de la paradoja de no poder expulsarlo a pesar de acordarse
de su familia; que se creen El Zorro hasta discutir con el árbitro
por no soportar las injusticias; que recalcan su condición
de profesional al haber tenido que pagar al entrenador para poder
jugar; que amenazan a los delanteros rivales con un hito histórico:
ser el primer jugador muerto dentro de una cancha; que ponen en
marcha una jugada de pizarrón avanzando hacia el área
engarzados en el baile de la conga; que firman las radiografías
de su rodilla; que disputan el partido con un anillo, exponiéndose
a una expulsión del colegiado, pero siempre preferible a
lo que pueda hacer su mujer por no llevar la alianza; que saltan
al campo y son registrados por la policía en un control situado
a la entrada de la cancha; que se enojan con la publicidad de sus
camisetas porque ya no se conforman con el nombre de productos sino
que también incluyen información sobre sus ofertas;
que son expulsados por exceso verbal al recitar completo el Cantar
de Mio Cid; que son declarados intransferibles no por su calidad
sino porque ningún equipo los desea; que destacan por salir
en las revistas del corazón en vez de en el diario deportivo;
que temen un estallido social y deportivo porque han congelado los
sueldos de los futbolistas. Estos disparates también son
la forma de expresar los recuerdos y otras situaciones: el juez
de línea que siente pena al revisar las suelas de las botas
de los países del Tercer Mundo ya que no sólo no tienen
tacos sino que van descalzos; el anciano con la cabeza llena de
cicatrices que rememora sus tiempos de buen cabeceador cuando la
pelota estaba llena de costurones; los jugadores que recuerdan cómo
antaño saltaban media hora antes del encuentro para acostumbrarse
al rugido de la grada y cómo ahora también salen para
acostumbrarse al silencio; los enfadados exteriores de un equipo
con su entrenador por haber declarado que "los extremos son
malos".
Los jugadores son motivo, además, para combinar la lógica
deportiva con las referencias cinematográficas y literarias
a la hora de provocar el absurdo. El jugador declara que el entrenador
es como su padre porque también le pega; no se asusta de
quedar excluido de la plantilla ya que según el tópico
es una gran familia y es sustituido por una tía suya; es
requerido al teléfono porque pidió que lo llamaran
si se hacía su transferencia a Italia; festeja los goles
con equilibrios y malabarismos sobre un caballo, como en el circo;
falla en el control antidopaje pues no atina a introducir su orina
en un frasco tras marrar varios goles en el partido; recibe la confianza
del entrenador hasta dejarle la llave del vestuario; piensa que
todos los partidos son una final ya que en cualquier momento se
puede ver sustituido; lleva el dorsal 007 mientras los rivales comentan
que cuenta con licencia para matar; es seguido por un espía
para su próxima convocatoria con la Selección; se
ata las botas como las sandalias de los de la Antigüedad, tras
un viaje a Grecia; es empujado por dos compañeros para abrir
la defensa contraria en una posición semejante a un ariete;
falla los remates los domingos mientras su entrenador le suplica
que tenga un día hábil; discute educadamente ante
un rival al que respeta demasiado; anuncia a dos delanteros rivales
que lo suyo va a ser semejante a Crónica de una muerte anunciada;
se ata un tobillo a uno de los postes con una cuerda para no adelantarse;
comenta a un compañero que tenga cuidado con la velocidad
del rival que marca porque el juez de línea lleva un banderín
a cuadros; se ha hecho la cirugía estética para ser
la cara nueva de un equipo que no tiene dinero para hacer fichajes.
Un tercer centro de atención está dedicado a los entrenadores,
unos expertos en jugar con el lenguaje como cuando pregunta a un
ayudante si el nuevo jugador ya cogió confianza, a lo que
responde que ya le llama "gordo" o comenta que a un jugador
se le pasó su cuarto de hora, no de esplendor sino del tiempo
que aguanta a pleno rendimiento. Combinan relaciones lógicas
y absurdas cuando un sindicalista metido a director técnico
se sorprende por que la prensa se asuste ante su exagerada táctica
defensiva, comenta a un rudo jugador que sabe que es un animal pero
lo piensa mantener de titular porque no conviene cambiar de caballo
en medio del río o contrata un psicólogo para afrontar
el retiro del mundo del fútbol tras decir a sus jugadores
que debían retirarse ya por su inutilidad. Pero los entrenadores
son un ámbito especial para las exageraciones: da mucha confianza
a los jugadores a la vez que se ríe cuando realiza sus comentarios
o pasa a sus pupilos El cañonero de Giles en vez del video
con el juego del equipo rival para su estudio.
En cuarto lugar, el particular mundo de los directivos acoge situaciones
curiosas: un dirigente indignado comenta a un periodista que no
se les puede culpar de encubrir los grupos ultras mientras presume
de haber reñido a su hinchas radicales; contrata a un científico
para demostrar que la piedra que cayó en el último
partido sobre un juez de línea era un aerolito; argumenta
que el mal ejemplo de las barras bravas hace que haya gente que
pida entradas de favor para ir a ver espectáculos teatrales;
logra traspasar a un jugador a un equipo de Israel y le pide que
no declare que era hincha de su nuevo club desde niño. También
los dirigentes son fuente de exageraciones: la pobre situación
del fútbol argentino lleva a celebrar cuadrangulares amistosos
entre tres equipos; la discusión con un futbolista sobre
el aumento de sueldo que pide cuando es un fracaso, a lo que el
jugador contesta que el directivo pretende que además de
soportar la tristeza de ser malo encima tenga que ser pobre.
Un quinto bloque de interés está compuesto por las
hinchadas con su violencia y su particular interpretación
lógica y absurda del fútbol. La violencia de las hinchadas
se registra en el aficionado que comenta que no permite ir al fútbol
con las esposas que reventaría a los inadaptados; el policía
que detiene a un seguidor por entrar al estadio con una cadena de
cartas para remitir a otras personas; el hincha que se queja de
que lo llamen inadaptado cuando se ha adaptado a los tiempos desde
peleas a tirar botellas; el hincha armado con una metralleta y pistola
que es registrado por un policía que recibe la orden de ver
que no lleva ninguna piedra; el aficionado que comenta la estafa
de entradas porque fueron muy caras para el juego de mala calidad
que dieron los futbolistas; el seguidor al que se le advierte que
si quiere llevarse de recuerdo la camiseta de un gran jugador será
la más cara porque está sin sudar; el hincha radical
que comenta a un directivo de club lo injusta de la sanción
que obtuvo el club por un lanzamiento de piedras al área
rompiendo la cabeza al árbitro cuando su intención
nunca fue tirar a dar; la solicitud de los componentes de una barra
brava que piden dinero al presidente de la entidad para sacar de
la cárcel a 30 compañeros injustamente encarcelados
tras ser salvajemente agredidos por una anciana a la salida del
encuentro.
La combinación de relaciones lógicas y absurdas están
presentes en el policía que da noticia a un comisario sobre
graves disturbios entre hinchadas comentando que no hubo detención
alguna porque pelearon una hora seguida sin parar. También
aparecen en los aficionados al fútbol y al cine que comentan
que la película y el partido fueron horribles pero al final
estaban contentos porque ganaron los que ellos querían, así
como en la presentación estelar de un encuentro: "22
simpáticos truhanes y un juez insobornable se ven envueltos
en una desopilante cabalgata de divertidos enredos. Duración:
90 minutos".
Y por último, el periodismo acoge declaraciones de jugadores
y de árbitros con numerosos juegos de desmentidos por antítesis
y con burla a los tópicos del lenguaje periodístico.
Los futbolistas desmienten que no piensan alejarse del fútbol
sino sólo del área; evolucionan en los comentarios
que recibe según su edad (qué bien corre, qué
bien anda y qué bien habla en el área); declaran que
están nerviosos hasta tocar el primer balón aunque
sea en el minuto 38 del segundo tiempo; resuelven con frialdad jugadas
difíciles como si fueran fantasmas de 527 años; responden
que no saben si les mandan saltar al campo a hacer lo que ellos
saben; son donantes de un menisco interior derecho; declaran que
en su equipo no hay figuras pues son los más goleados y los
menos goleadores del campeonato; afirman que tras una derrota cuentan
con muchas variantes, entre otras dedicarse a otro deporte; juegan
un partido de ida y vuelta (intenso) en Italia, aunque en realidad
llegaron, les vieron jugar y les mandaron de vuelta a Argentina;
se quejan del estado del estadio: hay agua en la cancha y hierba
en los vestuarios, cuando debía de ser al revés; se
defienden con la pelota si ésta les ataca; argumentan una
derrota por falta de concentración mientras no acierta a
dar el nombre del equipo rival; culpan a la burocracia y sus trámites
del juego lento; tienen aspecto de Robinson Crusoe mientras un periodista
que le pregunta si no se sienten aislados en la táctica del
conjunto; hacen un solo toque de balón en todo el partido
que es ponderado por los periodistas; son entrevistados por haber
recibido un tirón de bolas de gaucho por su entrenador; se
despreocupan por la presión del público ya que no
tienen hinchada; replican al periodista diciendo que el calor no
ha influido en su bajo rendimiento sino el calor que le hizo pasar
el extremo rival corriendo tras él. Los colegiados, por su
parte, relatan su emoción en su debut internacional al ser
insultados en todos los idiomas.
También son curiosas la forma de escribir de un redactor
de deportes que pasa al suplemento cultural y al referirse a un
clásico literario lo redacta como un clásico de fútbol:
Romeo y Julieta, Julieta y Romeo; la crítica en el abuso
de adjetivos sin dejar ninguno para el compañero de sucesos,
tras definir un gol como "una espantosa bofetada del destino"
y el exceso de énfasis en los relatos radiofónicos
que llevan a una señora a que pida a su marido que cambie
las pilas del transistor para no tener que hacer gritar al locutor
el canto de la palabra gol.
Patinaje
sobre hielo
El patinaje sobre hielo es visto como un ámbito donde desarrollar
figuras tangueras, a pesar del constante cierre de pistas de bailes.
1.2.
Historietas
Otro ámbito de creación en Fontanarrosa está
formado por las historietas. En ellas recoge amplios relatos, con
asombrosas historias aplicadas a seis disciplinas deportivas (atletismo,
boxeo, fútbol, patinaje sobre hielo, pesca y toros) y al
deporte de la vida. Una amplia muestra de este tipo de producción
se halla recogida en Semblanzas deportivas.
Disciplinas
deportivas
Atletismo
"El
récord de Louven Vogelio" cuenta la historia del atleta
cuyo cuerpo es experimento de diversas técnicas científicas
de mutilaciones y adaptaciones para mejorar el rendimiento, la resistencia
física y ganar tiempo. El agredido cuerpo del atleta acaba
convertido en una bola de fuego que se pulveriza en el aire.
Boxeo
El boxeo acoge tres historias de violencia insólita. "Edmundo
'Cachín' Medina" exalta el coraje de púgil argentino,
llevado a la gloria por el impulso de una voz y energía sublime,
tras haber recibido un golpe que le hace perder la cabeza. Sin embargo
se mantuvo en guardia y en pie hasta el final gracias al apoyo y
al aliento de la hinchada criolla. "El preferido del general
Mc Arthur" orienta su relato hacia la violencia irracional
del boxeador americano Larkey, que comía calamar y pulpo
crudo para fortificar su mandíbula. Es el retrato de un estado
de desquiciamiento mental, que le hace arremeter contra todas las
personas que tengan aspecto oriental al recuperar el estado de ánimo
de la lucha en las trincheras de Corea cuando estaba bajo el mando
del general Mc Arthur. En "La mayor desgracia" se recrea
el día en que "el sarpullido de Camino Negro" promete
a su vieja comprar una nevera para usar de día, aunque no
tengan luz. Tras visitar a una vidente y recibir la noticia de que
el hijo sufrirá una gran desgracia, la madre sale corriendo
al cuadrilátero y se pega con todos para detener la pelea.
No llega a tiempo y un golpe del contrario, que tumba a su hijo
con tan mala suerte de dar con su nuca en el borde del ring, le
provoca un infarto.
Fútbol
La gran pasión argentina, el fútbol, da pie a historietas
psicológicas, exageraciones, recreaciones insólitas
y reinterpretaciones mágicas y legendarias.
Un primer grupo de relatos está compuesto por la explicación
de las claves a extrañas reacciones en la competición.
Es el caso del zaguero de Chacarita Juniors, "Virginio Rosa
Camargo", persona pura y candorosa que hacía autogoles
a su propio equipo para que con los gritos de la grada no se sientiera
tan sola su madre prostituta. Los delanteros son analizados en "El
extraño caso de 'Bachacha' Fenoglio", un delantero que
regateaba todo y al final tiraba el balón fuera porque siendo
joven el canto de un gol por la radio frustró un sueño
erótico con una actriz, y "El 'conejo' Fumetti",
un delantero muy hábil que debía elegir la disyuntiva
entre el amor padre-hijo o futbolista-camiseta y no metía
goles para que su progenitor no se muriese de la emoción.
Un
segundo bloque recoge diversas exageraciones. La tradición
de poner al niño más gordo en la portería aparece
en "El 'Chancho Volador'", con un arquero que del barrio
saltó a Vélez y a la Selección Nacional y que
se entrenaba para ensanchar su cuerpo comiendo hasta que en una
final contra Brasil logró llegar a un balón que se
colaba por la escuadra. Murió a causa del esfuerzo de intentar
volar como un avión hércules. Retumbó el suelo
al caer su cuerpo y fue sacado entre 500 personas. Los delanteros
dan origen a la superación del dolor y a la exaltación
de la capacidad goleadora. En "El 'Loro' Gabrielli" se
registra la situación de un delantero que no puede jugar
el segundo tiempo por culpa de una uña encarnada. Ante la
insistencia de la directiva y el entrenador se le hace una cura
de urgencia: se le amputa la pierna y salta al campo con una muleta.
Con el tiempo, perdió la titularidad pero recobró
su velocidad y juego a base de tesón hasta que en una entrada
le rompen la muleta como si se tratara de una fractura de tibia
y peroné. Y en "Olfato de gol", se sitúa
el origen de esta expresión en Victorino Lonco Peulén
un chacarero que con mezcla de intuición y fortuna hizo 143
goles en 12 partidos. En los momentos previos a los partidos, olía
la cancha propia como si fuera un perro perdiguero y en la cancha
rival olisqueaba alguna prenda del arquero del equipo contrario
hasta quedarse fijo en los sitios donde había marcado para
luego convertir los tantos. Era una estrategia que funcionó
hasta el encuentro para el ascenso frente al Arsenal el árbitro
obligó a cambiar de casaca al portero rival por parecerse
a la de Talleres. Se desorientó a pesar de que fue estimulado
con LSD y esa tarde decisiva no pudo captar el gol, que según
Fontanarrosa huele a pólvora, cuero, soga, humo y transpiración.
Diversas recreaciones insólitas comprenden las dificultades
del arbitraje y el negocio posible con las futuras estrellas del
fútbol en edad juvenil. En "Un adelanto formidable"
presenta la situación insólita del Duisburg Stadium
de Oberhausen con una central computerizada de control desde la
que se arbitra un encuentro gracias a 127 pantallas de televisión,
cables, sensores electrónicos, filamentos inalámbricos
y terminales computerizadas. Esta torre del referato alejada del
griterío de público permitía un arbitraje aséptico
que no era fiable en la aplicación de la ley de la ventaja
o la intencionalidad de las manos dentro del área. Y en "El
pibe de Tamburini", un joven hace una prueba en un encuentro
donde hay ojeadores de para River. Le sale un mal partido y se frustra
un posible contrato, pero al al final se hace negocio: compran al
chico una pareja sin hijos.
Una de la aportaciones más llamativa es la reinterpretación
mágica y legendaria llevada a cabo en "Caipirinha"
y "La maldición de Charasca". La primera historieta
cuenta la desventura de un arrogante portero de 15 años que
tenía como novia a la más guapa del pueblo. Un día
cayó un aeroplano averiado del cielo y la chica se enamoró
del piloto, que era casi un ídolo en la aldea. El portero,
herido en su corazón, se adentró en la selva para
lamentar su dolor y tras varios años volvió al poblado.
En un partido detuvo en vuelo todo tipo de balones hasta que en
una caída se hizo daño y al sacarse la camiseta se
le vieron las alas y el plumaje que estaba desarrollando, según
la leyenda, en su intento por elevarse en pos de su amada al cielo.
Ante su hermoso aspecto le volvió la vanidad al ser comparado
con las aves más bellas, momento que los rivales aprovecharon
para colarle un balón entre las piernas. Este desdichado
incidente le obligó a volver al monte y desde entonces todos
los años hay un concurso de caza para acabar con Caipirinha
"La
maldición de Charasca" destaca la vivencia del partido
Uruguay-Brasil a cargo de los brujos de Bahía que practican
ritos especiales vendando los ojos del portero rival, atando con
tripas de gatos las piernas de los delanteros para que fallen. Al
final, los brasileños celebraron un gol como si fuera un
carnaval y una escuela de samba hasta que el zaguero celeste Charasca
les echó una maldición para el partido de vuelta en
el estadio Centenario mientras una rayo rasgaba el cielo. Esa señal
y maldición fueron interpretadas como una derrota en el partido
y como una señal de riesgo para sus vidas por lo que recurrieron
a un sacrificio humano para conjurar todo peligro. El miedo atávico
se conjuró aunque los brasileños perdieron por tres
tantos a cero.
Patinaje
sobre hielo
El patinaje sobre hielo aparece en "Juegos Olímpicos
de Calgary" donde, tras relatarse la eliminación de
la delegación argentina en esos Juegos de Invierno, se desentrañan
las circunstancias de la desaparición de una patinadora artística
al caer en un agujero sobre el hielo. Con el registro de situaciones
tan delirante como que del agujero salen una foca y un oso que se
ponen a bailar el tango con otro de los patinadores rusos, el periodista
cree reconocerla en un reportaje sobre esquimales editado en una
revista aunque ya sin la mirada llena de tristeza que tenía
en Calgary.
Pesca
deportiva
"'Moroco'
Mendizábal" presenta las insólitas peripecias
de un multimillonario pescador deportivo, capaz de capturar anguilas
de 3 cabezas con una de ellas de vaca, erizos de mar con facturas
o un surubí que lo felicita tras haber sido pescado. En una
nueva aventura, se mete en un tornado en pos de un pez espada malherido
que por efecto de las vueltas del aire acaba atravesándole
el corazón en un increíble lance del destino.
Tauromaquia
"Manuel
Lunares Socorro 'El Horchatas'" relata una historia sobre la
superstición de un diestro que cancela una gira porque le
hicieron un vaticinio de riesgo junto al mar. En su huida monta
una corrida en un pueblo de montaña donde es cogido al entrar
a matar al morlaco Popeye. Se despistó pensando que tenía
alguna relación con el mar y con el enorme chorro de su sangre
ahogó a todos los asistentes a la plaza.
El
deporte de la vida
Un caso peculiar es el enfoque antropológico de culturas
exóticas presentes en algunos de sus relatos hasta convertir
la vida en un deporte, en un juego. Así, en "El desafío
olmeca" sitúa en México un eclipse solar que
es consecuencia del desafío de un olmeca que, tras perder
un ojo, promete como venganza clavar al sol su lanza entre los ojos.
Y en "Bonsái rítmico" plantea un torneo
de ruleta rusa en Saigón entre un norteamericano y un vietnamita
con el curioso desenlace de que, tras volarse la tapa de los sesos,
el norteamericano no tiene dañado ningún centro vital.
II.-
Literatura de creación
Fontanarrosa ha sido también un creador de la palabra. Una
persona vinculada a la literatura en su doble vertiente de autor
de creación y antólogo de textos literarios.
2.1.
Autor de creación
Como autor literario, Fontanarrosa ha creado novelas y relatos llenos
de guiños populares, perdedores felices y hazañas
delirantes.
Novelas
En novelas, Fontanarrosa abarca fútbol y polo damasquino.
Así en El área 18 refleja todo el delirio, la brillantez
y las situaciones más insólitas y disparatadas del
fútbol y de la fiesta social surgida entorno a él
en sus más variadas expresiones. El polo damasquino aparece
en el capítulo VII de Best seller con su ambiente de petardos,
morteros, bombardas, bengalas y fuegos de artificio para celebrar
la embocadura de los hoyos. Es una modalidad llamativa por la belleza
de los movimientos de los caballos y en ella destaca el choque entre
jinetes y el control de las pasiones y de las tensiones de miradas
sostenidas entre los personajes de Séller y Zabul Najrán.
Relatos
En las narraciones cortas, Fontanarrosa despliega todo un juego
de fantasía para cuatro disciplinas deportivas de las que
tres tendrás su correspondiente versión gráfica:
atletismo, boxeo, fútbol e hípica.
Atletismo
El atletismo registra la historia de "El récord de Lauven
Voeglio", ya comentada en su transformación a historieta
gráfica.
Boxeo
El boxeo recoge cinco historias, de las que tres presentan versión
gráfica: "Edmundo 'Cachín' Medina", "El
preferido del general Mc Arthur" y "La mayor desgracia".
"Regreso
al cuadrilátero" cuenta la pelea entre el novato Inolfo
Soroeta, de dura pegada, y el veterano púgil Félix
Durán Iguri que narra sus glorias y antiguos combates frente
a grandes estrellas. Persigue con su relato al rival hasta su rincón
y rompe a llorar de nostalgias cuando descubre que se enfrenta al
hijo de un rival antiguo. Es el momento mágico para relatar
las aventuras vividas con su padre y otros correligionarios del
ring.
Una historia de amor rocambolesca es el motivo de "Semblanzas
deportivas". En un intercambio de golpes, Héctor Casiano
Gómez pierde la memoria y no recuerda la dirección
de una chica con la que había acordado una cita tras el combate.
Se deja golpear para recordar los detalles y la dirección
completa. Al finalizar la pelea se acerca a casa de ella, le comenta
que la conoció en el autobús y que habían quedado.
Ante
la cara desfigurada del púgil, ella le dice que no le reconoce
y le cierra la puerta para su desolación.
Fútbol
Muy numeroso es el conjunto de relatos que dedica al fútbol.
Trata diferentes temáticas que se pueden agrupar en los siguientes
bloques: los árbitros, los jugadores, los dirigentes, los
hinchas, los periodistas, los encuentros y las situaciones de fantasía.
Los avances en el arbitraje aparecen en "Fútbol y Ciencia",
relato que cuenta con su versión como historieta gráfica
con el título de "Un adelanto formidable".
En el caso de los futbolistas, Fontanarrosa centra su atención
en el arquero, en el carácter y en los recuerdos. En "El
pichón de Cristo", el Independiente se queda sin portero
el día anterior a un encuentro y tiene que recurrir a un
chico de apariencia frágil y engañosa, apodado "El
pichón de Cristo", y que logrará sacar el partido
adelante parando de todo. El miedo de los jugadores a lanzar el
penalti es analizado en "La pena máxima", relato
donde se desatan los miedos colectivos a patear, la angustia personal
ante el fallo, el miedo por la familia. Al final un jugador lo lanza
pero por la angustia acumulada no se enteró ni de cuando
entró el balón en la red. El carácter pacífico
y excesivamente perfecto de un ídolo se ve roto en "Lo
que se dice un ídolo" al agredir bárbaramente
a un defensa rival tras ser atacado en su honor por un supuesto
amorío con una cabaretera. Los recuerdos de un extremo en
los partidos Boca-River se registran en "Memorias de un wing
derecho" hasta llegar a la conclusión de que el fútbol
constituye una verdad imprevisible, un continuo regate a la vida,
una dinámica de lo impensable no sujeta a raciocinio ni a
medidas con máquinas.
Los excesos de los dirigentes deportivos están presentes
en "Chatarra", una parodia de los descartes del fútbol
en un estercolero al que acuden los directivos para sacar provecho
a jugadores tratados como si fueran juguetes rotos entre harapos
y chapas oxidadas.
Los hinchas se convierten en un ramillete de características
de pasión irracional, orgullo, amistad y gran capacidad de
charla. Y Fontanarrosa hace especial hincapié en la vivencia
que del fútbol se realiza en las ciudades del interior. La
pasión irracional de los aficionados aparece en dos relatos.
En "Betito" se relata la historia de un hincha alocado
que vive los partidos con pasión: cánticos, baile,
líos, bombas, costumbrismo violento con su barra en los desplazamientos,
enfrentamientos con la policía en las gradas, palos, comportamiento
pendejo, quilombos... allá por donde pasaba. "Wilmar
Everton Cardaña, número 5 de Peñarol"
ha sabido aunar el tango y el balompié al recrear una situación
vivida en la final del 3 de noviembre de 1954 entre Peñarol
y Nacional de Montevideo, que dio lugar al tango La número
cinco. El niño José Petunio Inveninato, postrado en
la cama del Hospital Muñoz como consecuencia de una enfermedad
irreversible, pide por carta al central Wilmar Everton Cardaña
que le lleve firmada por el equipo la pelota del encuentro. Cardaña
central rudo, viril, con coraje y de aspecto sobrecogedor se echa
a llorar tras leer la carta. Peñarol pierde el encuentro
por goleada y toda la plantilla del club se acerca a visitar al
niño. Le ofrecen el balón solicitado y el chico, decepcionado
por la derrota, insulta a Cardaña y le tira el balón
a la cara. En ese momento Cardaña se enoja, le realiza su
entrada de la patada voladora y le fisura cuatro costillas. El orgullo
de los aficionados de un equipo de interior, que se enfrentaba a
los grandes clubes porteños, está en "Los últimos
salileros", un grupo de sacrificados y animosos hinchas que
alentaba a sus jugadores con un salíle, salíle para
hacerles frente. La amistad sin límites que produce el fútbol
entre hinchas de Buenos Aires y Rosario surge en "Cenizas",
donde uno de ellos muere y desea ser enterrado en un estadio de
fútbol y lo logra gracias a la intermediación de un
cura con un canchero que se oponía a ello porque podía
estropear el césped. Gran calidad alcanzan las charlas de
bar que desarrollan "El &Ntlde;oqui", con un tipo
que dice conocer a todos los futbolistas y que a todos los vio jugar
en un ambiente de chicos que buscan representante y abogado que
lo defienda en operaciones de transa, y "El ocho era Moacyr",
con una delirante conversación entre aficionados atorrantes
que hablan de todo tipo de deportes, polo, fútbol... para
llegar a reconstruir una alineación mediante recuerdos y
chismorreos sobre todos los componentes de los equipos, su palmarés,
su historial, etc.
Especial
mención merece la visión de la vivencia de fútbol
en las ciudades del interior de Argentina. Así, destaca Rosario
en "La observación de los pájaros" que recoge
el costumbrismo del estadio y su desarrollo a lo largo del encuentro,
la vivencia de la grada y sus expresiones, el relato de los locutores,
las bocanadas fugaces de los locutores de radio, el envejecimiento
por seguir el desarrollo de un clásico, el sufrimiento con
los lances del partido entre los equipos de Rosario Central y Newell's
Old Boys. Y "19 de diciembre de 1971" sintetiza el partido
decisivo para que Rosario Central alcanzase el campeonato argentino
en Buenos Aires. Recrea las supersticiones, la necesidad de la gente
para atraer la suerte al equipo dentro y fuera del estadio, con
el secuestro del anciano Casale incluido, la pasión,.en el
desplazamiento de las hinchadas que desparraman alegría e
ilusión. A1 final del partido Casale muere de un infarto
por la intensa emoción y la alegría indescriptible
de ver a su equipo campeón.
Los
relatos de los locutores de radio también son motivo del
juego del humor. En "Los nombres", aparece la figura del
creador de comunicación, caracterizado como locutor agarrado
al micrófono con las dos manos y auriculares ceñidos
como si fuese un dolor de cabeza, camisa abierta y sudorosa; pronuncia
sonidos llenos, macizos que llenen, atraganten la boca y se puedan
masticar; convierte el micrófono en un puñal, en un
puñetazo; y busca la sonoridad de los nombres de los jugadores
para poder crear efectos especiales. "¡Qué lástima,
Cattamarancio!" parodia de la inclusión de cuñas
publicitarias en el relato radiofónico, en un magnífico
juego de excesos y disparates combinando conexión múltiple,
narración y publicidad en un ambiente de pasión dominguera
que aleja a la gente por un día de los problemas cotidianos.
El
costumbrismo de los estamentos del fútbol durante los partidos
es material literario. El encuentro de fútbol profesional
es descrito de forma hilarante en "Escenas de la vida deportiva":
los jugadores se cambian de ropa en el vestuario antes del partido,
el futbolista católico se arrodilla y de paso aprovecha para
orinar cortito sobre el césped, el director técnico
da órdenes para hacer marcajes a jugadores escurridizos de
pedo líquido o la dureza de los encuentros no alcanza sólo
a los jugadores sino también a balones que acaban pinchados.
Más variedad presentan los encuentros disputados en el barrio.
El costumbrismo de campos de barro, lenguaje popular en estado puro
y problemas para contar con equipo para el próximo partido
aparecen en "Jorge, Daniel y el gato". Los piques y enfrentamientos
desde la infancia, que llevan Pascual y Lalita, son recogidos en
"¡No te enloquesá, Lalita!", un relato espléndido
sobre la historia de una enemistad deformada con un bulo sobre intereses
de dinero, mujeres y política cuando todo arranca de una
pelea por lanzar un penalti en un equipo infantil. Además,
en "Lo que se dice jugador al fulbo" se retrata al futbolista
aficionado que nunca quiso fichar por un equipo profesional: un
jugador elegante que no remataba de cabeza, capaz de parar el balón
con el pecho y resolver con una virguería técnica
hasta el punto de anotar un autogol.
Las
situaciones de fantasía abarcan recreaciones y leyendas propias
del campo. En "Cielo de los argentinos", imagina un edén
donde se disputan los mejores partidos de fútbol, entre ellos
el clásico entre River y Peñarol, y están presentes
las grandes estrellas del tango como el hincha de Racing, Carlos
Gardel. Y en "Sixto Figazza", se relata la historia de
un futbolista chacarero, de Rosario Central, alto, grande, colorado
y con miedo a la ciudad y los trolebuses que en los días
de luna llena se convierte en hombre lobo según la creencia
campera de que el 7° hijo de una familia es el más propicio
para esta transformación.
Hípica
El
fascinante mundo de las carreras surge en "Yo conocí
a Yastato", con una historia situada el 14 de julio de 1952
en el hipódromo de Las Maroñas, durante el premio
Isidoro Busico. Presenta la generosa historia del caballo ganador
de carreras que finge una lesión en una pata para no participar
en una carrera donde competía con Francachela, un caballo
tordo con el que mantenía amistad y que acaba de recibir
el golpe de la muerte de su madre. Es una insólita recreación
de sentimientos de sensibilidad, generosidad y renunciación.
2.2.-
Antólogo de cuentos de fútbol
Otra
de sus facetas creativas tiene que ver con la confección
del Pequeño diccionario del fútbol argentino, en colaboración
con Tomás Sanz.
Pero
es en Cuentos de fútbol argentino, donde crea un espacio
para el encuentro entre fútbol y ficción. Y así,
junto a Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Marcelo Cohen, Humberto
Constantini, Alejandro Dolina, José Pablo Feinmann, Inés
Fernández Moreno, Rodrigo Fresán, Elvio E. Gandolfo,
Liliana Heker, Héctor Libertella, Diego Lucero, Marcos Mayer,
Pacho O'Donnell, Guillermo Saccomano, Juan Sasturain, Osvaldo Soriano
y Luisa Valenzuela forma un plantel que descubre nuevas dimensiones
de imaginación y fantasía, con temas como: el debate
sobre la inexistencia del fútbol, el delantero que se disculpa
por teléfono tras fallar un penalti, el gol errado a propósito,
el mito Maradona, el milagro del fútbol en la vida, el costumbrismo
social en los barrios y en las barras, el gol de Maradona ante Inglaterra
como causa de una crisis de pareja, el hermanamiento del zen y el
fútbol uruguayo, la voz del hincha de principios del siglo
XX, el goleador que prohíbe a la hinchada festejar los tantos,
el balompié como marco para otros dramas sociales, los excesos
del fútbol rural, la creación de los jugadores habilidosos,
la experiencia vital junto a los hinchas de Boca Juniors...
III.-
Epílogo
Roberto
Fontanarrosa es un caso singular en la historia del humor. Es una
particular síntesis de escritor y humorista gráfico,
capaz de producir un mismo acontecimiento como historieta gráfica
y relato literario con un preciso manejo de ambos lenguajes.
Centra
su atención en el reflejo de la violencia física descarnada
de los cuerpos agredidos y de la violencia psíquica presente
en seres desbordados y atravesados por la pasión; destaca
el control de los nervios en las situaciones explosivas; exagera
la realidad y la deforma crítica y disparatadamente hasta
llevarla al absurdo; aporta explicaciones sobre el origen psicológico
de situaciones insólitas en las que se explican comportamientos
deportivos a partir de traumas infantiles (desamor, miedos...);
cruza situaciones paradójicas con un final inesperado; siente
fascinación por el relato apasionado o insólito; crea
una atmósfera mágica donde se entrecruzan leyendas,
formas tradicionales de cultura y numerosas referencias a la moderna
cultura del cine y la literatura...
Para
el idioma, su producción es un dinámico e innovador
espacio de nuevas expresiones, que se crean con dos mecanismos básicos:
aprovechar la capacidad de la lengua coloquial para rizar la vida
diaria y la construcción de diálogos para llegar a
peripecias hilarantes y absurdas desde elementos costumbristas y
reales. Las referencias culturales del trabajo de Fontanarrosa no
se limitan a la cultura cinematográfica sino que también
hacen entrar en juego a clásicos como el Cantar del Cid,
Crónica de una muerte anunciada y Romeo y Julieta.
Referencias bibliográficas
BIRMAJER,
Marcelo, "Una noticia pendiente", El País, Madrid
28 de julio de 2001.
CASTAÑÓN RODRÍGUEZ, Jesús, "¡Hay
movimiento en el banco!", Idiomanía número 85,
Buenos Aires, págs. 29-33.
FONTANARROSA, Roberto, Fontanarrosa, de penal, Buenos Aires, Ediciones
de la Flor, 1989.
- El fútbol es sagrado, Buenos Aires, Ediciones de la Flor,
1996. ------ Al principio fue la risa, Buenos Aires, Hyspamérica,
1988.
- Best seller, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 7a edición,
1997. ---- El área 18, Buenos Aires, Ediciones de la Flor.
- Cuentos de fútbol argentino, Buenos Aires, Alfaguara, 1997.
-----, "Betito", en Los trenes matan a los autos, Buenos
Aires,
Ediciones de la Flor, 1997, págs. 103-109.
-"Cenizas", en La mesa de los galanes, Buenos Aires, Ediciones
de la Flor, Sa edición,1999, págs.51-68.
- "Chatarra", en Los trenes matan a los autos, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, 1997, págs. 111-117.
- "Cielo de los argentinos", en Uno nunca sabe, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición, 1999, págs.
301-315.
- "19 de diciembre de 1971", en Nada del otro mundo, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, 7' edición, 1998, págs.
239-256.
- "Edmundo `Cachín' Medina", en Nada del otro mundo,
Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 7 edición, 1998, págs.
39-47.
- "El ocho era Moacyr", en Nada del otro mundo, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, 7 edición, 1998, págs.
159-166.
- "El `pichón de Cristo`, en No sé si he sido
claro, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 10' edición, 1998,
págs. 189-194.
- "El ñoqui", en El mayor de mis defectos, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición, 1997, págs.
35-43.
- "El preferido del general Me Arthur", en El mayor de
mis defectos, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición,
1997, págs. 235-244.
- "El record de Lauven Vogelio", en Nada del otro mundo,
Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 7 edición, 1998, págs.
125-13G.
- "Escenas de la vida deportiva", en Uno nunca sabe, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición, 1999, págs.
47-58.
- "Fútbol y ciencia", en El mayor de mis defectos,
Buenos Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición, 1997, págs.
177-181.
- "Jorge, Daniel y el gato", en Uno nunca sabe, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición, 1999, págs.
215-224.
- "La mayor desgracia", en Nada del otro mundo, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, 7 edición, 1998, págs.
49-55.
- "La observación de los pájaros", en La
mesa de los galanes, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición,l999,
págs. 218-229.
- "La pena máxima", en Los trenes matan a los autos,
Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1997, págs. 97-101.
- "Lo que se dice jugador al fulbo", en El mundo ha vivido
equivocado, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 12' edición,
2000, págs. 111117.
- "Lo que se dice un ídolo", en El mundo ha vivido
equivocado, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 12' edición,
2000, págs. 97-103.
- "Los nombres", en Los trenes matan a los autos, Buenos
Aires, Ediciones de la Flor, 1997, págs. 119-123.
- "Los últimos `Salileros`, en No sé si he sido
claro, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 10a edición, 1998,
págs. 179-182.
- "Memorias de un wing derecho", en El mundo ha vivido
equivocado, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 12' edición,
2000, págs. 105110. -
- "¡No te enloquesá, Lalita!", en Uno nunca
sabe, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición, 1999,
págs. 2G1-273.
- "¡Qué lástima, Cattamarancio!",
en El mundo ha vivido equivocado, Buenos Aires, Ediciones de la
Flor, 12' edición, 2000, págs. 119130.
- "Regreso al cuadrilátero", en El mayor de mis
defectos, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, Sa edición,
1997, págs. 129-134.
- "Semblanzas deportivas", en El mundo ha vivido equivocado,
Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 12' edición, 2000, págs.
131-141.
- Semblanzas deportivas, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1990.
- "Sixto Figazza", en La mesa de los galanes, Buenos Aires,
Ediciones de la Flor, Sa edición,1999, págs. 134-144.
- "Wilmar Everton Cardaña, número 5 de Peñarol",
en El mayor de mis defectos, Buenos Aires, Ediciones de la Flor,
Sa edición, 1997, págs. 55-64.
- "Yo conocí a Yastato", en No sé si he
sido claro, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 10' edición,
1998, págs. 101-106.
FONTANARROSA, Roberto-SANZ, Tomás, Pequeño diccionario
del fútbol argentino, Buenos Aires, 1994.
GIANMARÍA, Federico, "Gol de escritor", La Voz
del Interior, Córdoba (Argentina), 26 de junio de 2001.
|