Garaycochea: el crujido de la fantasía lógica

Jesús Castañón Rodríguez

El deporte moderno y sus emociones se han convertido en una fiesta social. El cruce de apasionadas hinchadas, de vestimentas llamativas de los deportistas, de relatos periodísticos inesperados han disparado la fantasía de los humoristas gráficos para retratar todo ese ambiente como un juego.

Una estrategia festiva, basada en diversos mecanismos del lenguaje de la imagen y también del idioma. Garaycochea constituye uno de los casos de humoristas gráficos argentinos que ejemplifica gran parte de las tendencias posibles en la producción de tema deportivo. Con una trayectoria profesional vinculada al semanario El Gráfico, entre otras publicaciones, fue autor de la clásica obra Los deportistas son una risa.

Presenta una variada visión de 21 disciplinas deportivas (11 no olímpicas y 10 olímpicas) a la que aplica cuatro mecanismos especiales. Primero, un despliegue de fantasía para crear situaciones insólitas o disparatadas. Segundo, un derroche de imaginación para dar lugar a situaciones abiertas que debe cerrar el lector. Tercero, un estilo que combina relaciones absurdas y lógicas. Y cuarto, la presencia del periodismo, en cuanto notario de la realidad, para formar relatos que verbalizan una realidad grotesca o exagerada.
A diferencia de la habitual producción del humorismo gráfico de tema deportivo, donde predominan los deportes olímpicos y el fútbol, Garaycochea se centra en aspectos generales del deporte, las disciplinas no olímpicas y los deportes olímpicos.

Aspectos generales del deporte

El deporte de la vida abarca situaciones insólitas como el sonriente señor de sombrero y clase media ante un deportista equipado "polideportivamente": casco de piloto de autos, camisa de jockey de hípica, guantes de boxeo, botas de fútbol, tablas de esquí, guantes de boxeo, caña de pescar y balón. O la presentación de varios deportistas que acuden a una competición: uno, ataviado con gorra de jockey, camisa de fútbol, piolet, maza de criquet y bola de bolos; el otro, vestido de gimnasta con camiseta de atletismo, cinta en el pelo como los tenistas, dorsal con una diana de tiro, balón de rugby, raqueta de tenis y zapatos con tacos de atletismo.

Esta visión insólita también es aplicada a un club de bromistas y a un club deportivo en llamas. Los primeros preparan sorpresas en el podio durante la entrega de trofeos: el escalón del primer clasificado es una trampilla que se hunde, el del segundo esconde el muelle de una caja de sorpresas y el del tercero está lleno de chicle que se pega a la suela del calzado del deportista. Un club deportivo que se incendia es socorrido por los bomberos, pero se les prohibe la entrada a un club tan exclusivo por no ser socios.

Deportes no olímpicos

Comprende una visión sobre 11 disciplinas: ajedrez, alpinismo, automovilismo, bolos, caza, criquet, ejercicios de gimnasia, golf, paracaidismo, pesca y rugby.

Ajedrez

El ajedrez recoge a un jugador que pide auxilio a sus amigos para que acudan al bar porque va a dar a un rival con mal perder un jaque mate.

Alpinismo

La combinación de relaciones lógicas y absurdas aparece en la persona que porta todo el equipo, mochila, cordino y piolet para encaramarse a lo alto de una escalera; en los alpinistas a los que, en pleno ascenso de la montaña de la que se desprende una roca, mientras el guía comenta "¿Alguien de ustedes trajo algo para el dolor de cabeza?"; en los montañeros que al alcanzar la cumbre de un pico de difícil acceso son saludados por un ángel, montado en una nube, que les recuerda que es el montañero que se cayó recientemente. También están presentes en el retrato de una escuela de alpinismo que hace sus prácticas junto a un monte cercano: los tres montañeros que inician una escalada tienen que parar porque el último de la cordada siente vértigo a los pocos metros del ascenso.

Automovilismo

El automovilismo presta su atención a las carreras de rally y de fórmula 1. El primero registra situaciones insólitas: la pendiente por la que se desliza un auto sin frenos y sale detrás corriendo el piloto; la conversación entre extraterrestres y piloto de carreras al que preguntan por la ruta 46 para orientarse; el pastizal al que se siega un trazado insólito para hacer las carreras de coches.

Combina relaciones lógicas y absurdas cuando un piloto, sentado encima de la capota para contemplar el paisaje al habérsele quedado atrapado el auto sobre la vía del tren, ve cómo dos campesinos exclaman: "Por lo menos uno que no pasa como un loco y se queda a apreciar el paisaje". Y también en la viñeta donde un piloto conduce a toda velocidad la grúa que remolca su coche de carrera con la idea de no darse por vencido hasta el taller; en la carrera, patrocinada por una casa de amortiguadores, que transita por una carretera llena de piedras; en el piloto que es violentamente desplazado por otro piloto al que pidió auxilio con la pregunta "¿Me puede dar un empujón?"; o en el asado que preparan varios pilotos y cuyo humo provoca la llegada de los servicios sanitarios creyendo que se trata de un accidente.

Además, es un ámbito para el relato esperpéntico y disparatado de los periodistas: la descripción de las dificultades del auto 9 con el radiador y del auto 3 por las broncas entre piloto y copiloto; el rescate con caballos de varios coches empantanados en una laguna es narrado por un comentarista de turf; la llegada de un vencedor a meta que sufre su primer accidente al tropezar con una piedra al ir a recibir la copa y la corona de laurel; y la descripción del lance que comentan el paso del volante (coche) número 4 seguido por el volante de otro coche que se acaba de estrellar contra un árbol.

La fórmula 1 también acoge situaciones disparatadas: aficionados que aplauden y fotógrafos que disparan sus cámaras ante un piloto que llega a meta lleno de laureles... tras llevarse por delante un árbol; piloto que, sobre la línea de meta, no logra traspasarla por entero con su coche; accidente en el que se recogen todas las piezas de chatarra del auto y, al recoger al piloto, se preguntan por si lo ponen con el resto de las piezas o va aparte; auto que pierde todas las carreras y es convertido por su dueño en un sacapuntas; y conversación en la línea de salida entre los mecánicos que, ante la presencia de un coche supersónico, grande y último modelo junto a otro modelo pequeño en el que casi no entra su piloto, comentan que no sabe el piloto del auto moderno la velocidad a la que es capaz de pedalear su otro competidor.

Y además, su relato periodístico aporta la presencia del fotógrafo de El Gráfico que pide a un piloto con el casco puesto, que sonría y le haga una señal de cuando esté listo para inmortalizar el momento, así como el insólito relato del último puesto en una carrera con el apretado esprín de los camilleros que transportan a dos pilotos accidentados.

Bolos

Los bolos presentan hipérboles con situaciones disparatadas: esposa que pide a su marido que cierre el ventanal de su casas, junto a una bolera, antes de que se pongan nerviosos dos jugadores de bolos que están en plena discusión; y jugador miope que, tras hacer cinco agujeros en la pared de la bolera, al que se comenta que debe de dar a unos objetos situados bajo los números que marcan cada calle.

Caza

La caza recoge situaciones insólitas: un rinoceronte persigue a un cazador que sale a la carrera soltando la escopeta y que intenta convencer al animal diciéndole que le perdona la vida porque él fue a cazar ciervos; y la existencia de un rótulo de prohibido cazar acribillado por los balazos de una escopeta de un cazador analfabeto, ante la huida de animales y el pintor que rotulaba el cartel.

Croquet

El croquet combina las relaciones lógicas y absurdas de un jugador que le comenta a otro, situado en el cauce de un río y que hace pasar la bola por debajo del arco de un puente, que no es ahí por donde debe de hacer pasar la bola sino por entre los aros dispuestos en el campo.

Gimnasia

La gimnasia aborda las situaciones insólitas del falso profesor de gimnasia, que pone a toda la clase en una postura ridícula para burlarse de ellos y comentarles la llegada del verdadero profesor, así como la explicación del ejercicio de doblar el cuerpo hacia delante y tocar con la punta de los dedos los pies, sin doblar las rodillas y con la ayuda de unas manos postizas agarradas por unos palos.

Golf

El golf acoge situaciones insólitas: el golfista que dibuja un perfecto swing para golpear un balón de fútbol; la persona mayor que va a jugar en serio y se enfada con el resto de jugadores de un club amenazando con agarrar su coche lleno de símbolos de bromas; el jugador que se enfada con otro porque mientras piensa la jugada, con las manos hace sombras chinescas que se comen la bola; un golfista engolado que, tras ver a un obrero apoyado en una pala, le pregunta: "¿El señor espera a alguien para jugar?"; el caddie que produce una gran confusión al caérsele una caja entera de bolas justo cuando iba a golpear a una bola un jugador; el elegante médico que se esconde tras unos árboles para soltar expresiones malsonantes tras haber errado un hoyo; y el caddie que encuentra las bolas que perdió un jugador por habérselas tragado un avestruz .

Paracaidismo

Presenta la situación insólita de una escuela de paracaidismo donde lanzan al vacío a todo el mundo, desde lo alto del monte tras atravesar una puerta: desde los alumnos provistos de paracaídas hasta cualquier persona que pase por allí.

Pesca

Es un ámbito de ilógica donde aparecen situaciones donde un pescador saca la pieza del agua en competencia con un cazador que también apunta al pez con el fusil; otro, al que se le ha quedado enganchado el anzuelo en una raíz del fondo, pide a un suicida que no se tire al mar hasta desengancharlo; y un tercer pescador se enfrenta a un pez enorme al que propone quedar empatados si el pez se va y él suelta el hilo de la caña. Además, la pesca se convierte en un lugar para el cruce de las relaciones lógicas y absurdas para las riñas conyugales al tirar un pescador las cenizas de su cigarrillo al agua mientras su mujer le abronca: "¡Cómo se ve que el río no es tuyo!"

Rugby

El deporte del balón oval refleja situaciones insólitas como la inauguración de monumento al jugador cuya última jugada fue incrustar su cabeza en la tierra a la búsqueda del balón. Pero también acoge exageraciones sobre jugadores embarrados que al saludar a sus amigas no son reconocidos por su sucio aspecto o llenan de barro el set informativo al acudir a las entrevistas directamente desde la cancha de juego.

Deportes olímpicos

Comprende una análisis de 10 disciplinas: atletismo, baloncesto, boxeo, fútbol, hípica, natación, remo, tenis, tiro y vela.

Atletismo

El atletismo se convierte en ámbito para situaciones abiertas que debe cerrar la imaginación del lector. Es el caso de los corredores que van por la calle ante la indignación de un estrafalario personaje -con chaqueta de flores, corbata de lunares, pantalones de cuadros, zapatos de dos colores, bolso, barba recortada de forma desigual, sombrero con pluma y cigarrillo con boquilla larga- que les critica por hacer el ridículo con esa vestimenta por la calle. Y también de los atletas que no se atreven a llegar a una meta instalada bajo una roca que da la impresión de poder desprenderse.

Baloncesto

Lances insólitos como el pívot que se apoya en la cabeza de otro jugador más bajo para alcanzar un balón; el director técnico que se enfada con el pívot y se sirve de una escalera para subirse a su espalda y hablar con él; la entidad baloncestística con dos entradas (una ancha y baja) y una salida de jugadores estrecha y muy alta; y el jugador novato que corre detrás de los globos en vez del balón ante la desesperación de su entrenador.

Se combinan relaciones lógicas y absurdas cuando el entrenador del equipo que pierde por 84-17 en un encuentro da las últimas instrucciones a sus jugadores: "abríguense cuando salgan del estadio porque en la calle está haciendo bastante frío". Y también en la cancha de baloncesto donde las losetas del parquet semejan un crucigrama por la gran afición de su presidente a las palabras cruzadas, así como en el caso de la jugadora que recibe los improperios de un espectador por su juego violento, y a los que ella responde entre ruborizada y halagada: "Vamos mentiroso... A cuántas habrás dicho lo mismo".

Boxeo

El boxeo acoge situaciones disparatadas: un boxeador zurdo con el brazo izquierdo más desarrollado y más largo que el derecho, hasta el punto de arrastrarlo como si fuera el velo de una novia; un púgil lleno de magulladuras y golpes al que el árbitro levanta el brazo, pero no para marcar su victoria sino para ver si todavía está vivo; boxeadores ensangrentados y la cara y el cuerpo llenos de cortes que se saludan efusivamente al final del combate con la frase; "He tenido mucho gusto en haberlo conocido"; la entrevista periodística en el rincón con el manager sentado en la banqueta y el boxeador sobre sus piernas, donde el púgil declara que más que un manager es un padre; el boxeador que derrumba un tabique de pared de un golpe al hacer ejercicios de sombra mientras afirma que ha noqueado a su sombra; el púgil que para cubrirse la cabeza, la encoge entre los hombros hasta que queda a ras de cuello; el enfadado manager que arrastra a su derrotado pupilo y a la pregunta de la prensa sobre sus planes inmediatos, responde: "¡defenderse de la paliza que voy a darle desde ahora en el vestuario!"; el segundo que previene a su pupilo porque en el tercer asalto su rival va a sacar la derecha, que lleva envuelta en un papel de periódico; y el boxeador que sentado en el suelo con el cuerpo reventado, tiritas cruzadas por el rostro, puntos de cicatrices y síntomas de agotamiento, sostiene feliz la copa que le acredita como campeón.

Además se combinan relaciones lógicas y absurdas en la charla que mantienen un púgil y sus cuidadores en el rincón sobre que ya no es el mismo de hace un año a lo que responde, con la cara reventada de golpes, que tampoco es el mismo de hace veinte minutos. Y también cuando una viejecita sale por las escaleras de acceso entre los vestuarios y el cuadrilátero y al encontrarse con dos nuevos boxeadores y un manager que van camino de la pista, les recomienda que salgan por otro lado porque allí se están zurrando a golpes dos y puede resultar peligroso. O en la discusión que mantienen un entrenador y su boxeador con la cara partida y que le pide que le diga las cosas en la cara mientras el primero comenta "¿en qué cara?".

Fútbol

En el caso del fútbol, Garaycochea crea situaciones insólitas y combina relaciones lógicas y absurdas.

Aplica la visión de situaciones inesperadas a árbitros, futbolistas, aficionados y directivos. Los colegiados hacen sonar el silbato con la ayuda de un fuelle; constituyen el blanco de las iras de rudos defensas cuyas acciones han sido castigadas con un penalti en contra; son escondidos en las taquillas de los vestuarios tras huir de jugadores que protestan airadamente; y patean penaltis tras haber sido empujados dentro del área. Los jugadores aparecen en una jaula del zoológico por su calidad de animal; patean penaltis a la derecha del portero, donde hay un enorme charco, porque no sabe nadar; dan explicaciones inverosímiles a los hinchas sobre lo que han querido hacer con su juego en el campo; son objeto de las agresiones de sus compañeros de equipo cuando consiguen un autogol o son despedidos a la tribuna mientras un locutor lo relata como el cambio que introduce un entrenador en la alineación. Los directores técnicos se convierten en seres enojados con sus pupilos, bien, porque malinterpretan su consigna de jugar con optimismo con reírse cada vez que les hacen un gol; bien, porque no entiende para quién está jugando uno de su futbolistas.

Las hinchadas son destacadas por su ruido y su afluencia al estadio. Es el caso del aficionado -equipado con cuatro megáfonos, cinco amplificadores y cuatro micrófonos- que anima frente a la hinchada rival que abarrota una tribuna; del equipo con poca hinchada, a cuyas gradas sólo acuden perros curiosos; o el acertante de las apuestas, que se compra una tribuna del estadio para él solo con alfombra, toldo y una instalación propia de palco. Los dirigentes son reflejados en sus extremadas penurias económicas. Reparten muñecos entre sus jugadores como premio de fin de temporada o se medita una oferta de 10 millones por un jugador mientras en la parte trasera de la chabola que hace de sede social se da aire al tesorero para que se recupere tras un desmayo.

La combinación de relaciones lógicas y absurdas se produce en los estamentos del fútbol y en situaciones de fantasía. En el primer caso, afecta a aficionados, dirigentes y periodistas deportivos.

La fiesta de los aficionados lleva a sustituir la baja por enfermedad del mono mascota por un espectador de físico parecido; a hacer que el perro mascota del club se burle de los jugadores de su equipo; a vaciar de público las gradas de un estadio mientras están llenas de gente las copas de los árboles que lo rodean. Los dirigentes juegan en su despacho al escondite de las nóminas de sus apáticos jugadores para que les dé un poco de trabajo encontrar el sueldo; critican el toque femenino de la iluminación de una cancha llena de lámparas de mesa de noche y floreros en la grada del estadio; advierten sus medidas para evitar desmanes en las rebosantes gradas de tablón: apuntalar la grada con una vara atada a un cordel y al final de cuyo extremo está un empleado dispuesto a hacerla bajar. Y los periodistas crean relatos fantásticos: la salida al campo de un jugador con una enorme cabeza que asombrará con sus goles con la testa; el ruido del choque de rabia de unas botas lanzadas contra la pared y un montón de palabras malsonantes, que son apoyadas por el comentario "Creo que no es necesario decir que ahora estamos transmitiendo desde los vestuarios del equipo perdedor"; y la visita a vestuarios de un equipo, cuyos jugadores se escapan por las ventanas tras perder en el primer tiempo, para realizar una pregunta a su entrenador: "¿Qué planes tienen para el segundo tiempo?"

En el caso de las relaciones de fantasía convierte un estadio en un basurero por la gran cantidad de objetos que lanza el público; transforma un partido de futbolín en una cancha de fútbol; consigue que un equipo en graves dificultades económicas enrole en su plantilla a un gordo, porque es el dueño de la pelota; y recrea la situación de una cancha de fútbol junto a un campo nudista donde a los jugadores vuelven con un ojo morado tras recoger la pelota que se les ha escapado con frecuencia.

Hípica

La hípica es un ámbito de situaciones insólitas y exageradas, con jinetes que limpian la alfombra de su casa en una silla de montar, vestidos de jockey y con la raqueta de limpiar haciendo de fusta o con tal miedo tras alguna caída que ya sólo montan caballos de madera.

Natación

Este carácter de lógica inesperada también afecta a la natación con la presentación de un guía de club deportivo que muestra una insólita piscina cuadrada de pequeña extensión pero gran profundidad o que enseña la cancha de paleta, la pista de tenis y la pileta natación, pasando sobre las cabezas de los nadadores que tupen la piscina.

Remo

El remo acoge la combinación de relaciones lógicas y absurdas con la presentación de una embarcación en la que van dos tripulantes y se hallan al borde de la caída por unas cataratas, momento en el que uno explica al otro: "Ahora verás por qué te pedí que trajeras casco".

Tenis

El tenis recoge exageraciones: el jugador superior al rival que le gana atado a la pista, sosteniendo una bandeja en equilibrio con una botella y una copa mientras además fuma un cigarrillo; el partido con viento en contra en el que unos jugadores no hacen más que dar golpes y perder tantos por que el aire les devuelve las bolas mientras la otra pareja del partido de dobles se sienta y lee el periódico ; y el tenista que inventa una variante divertida con trampas para ratones que obliga a tener gran agilidad para no pillarse los pies en la pista.

Tiro

El tiro se convierte en diana de la combinación de relaciones lógicas y absurdas con el conserje de una escuela de tiro que recrimina a una señora por llevar un vestido con círculos y a la que recomienda cruzar la calle para evitar desgracias.

Vela

Acoge la fantástica situación de un automóvil que choca contra una embarcación que se halla en el dique seco en fase de reparación


Epílogo

En resumen, Garaycochea ejerce en Los deportistas son una risa una mirada insólita, hace crujir con fantasía las relaciones lógicas y absurdas de la práctica deportiva y establece brillantes juegos gráficos para provocar la sonrisa. Su principal aportación reside en encontrar un punto de humor a todo tipo de actividades deportivas, aunque encuentre mayor inspiración en el fútbol, el automovilismo en su doble vertiente de rally y fórmula 1, el baloncesto y el golf.

Referencias bibliográficas

CASTAÑÓN RODRÍGUEZ, Jesús (1999) "¡Hay movimiento en el banco!", Idiomanía número 85, Buenos Aires.

GARAYCOCHEA (1975) Los deportistas son una risa, Buenos Aires, Ediciones de la Flor.

 

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