III
Premio de poesía deportiva Juan Antonio Samaranch
Diez
años del Romance del gol de mar
Jesús
Castañón Rodríguez
El
14 de diciembre se han cumplido 10 años de la concesión
del III Premio de Poesía Deportiva Juan Antonio Samaranch
en un hotel de Barcelona.
Dicho
galardón literario fue organizado por el semanario barcelonés
Don Balón, especializado en información futbolística,
y otorgado a la composición "Romance del gol de
mar" que establece una comparación entre el estadio
de fútbol en los días de partido y la playa, que
describe un paisaje de sol con luz artificial, caracolas de
lata, brumas de puro y cantos del gol (semejantes al rugir de
las olas) para llegar a una dimensión mitológica
con sentimientos de paz, libertad, calma y nostalgia.
Historia
de su composición
Pero
tras ella hay una larga historia que lleva a su composición.
La parte central es una asociación entre el canto del
gol y el bramido de las olas, cuya inspiración nació
en la tanda de penaltis del último partido del Trofeo
Costa Verde de 1989. Y surgió como consecuencia de su
canto repetido a cargo del público de El Molinón,
el estadio del Sporting, mientras las gaviotas sobrevolaban
en círculo la cancha. Esa percepción fue realizada
desde detrás de la portería situada en el fondo
sur, en un ambiente nocturno y en el que el césped tenía
un tono de color verde azulado por efecto de la iluminación
artificial.
Esa
asociación gol-ola tomó forma literaria a partir
del 13 de febrero de 1990, día de una galerna del Cantábrico
en la que las olas sobrepasaban el paseo de la playa de San
Lorenzo. Los impresionantes bramidos de las olas, rompiendo
contra el asfalto entre crujidos, fueron la llamada para empezar
a convertirse en palabras.
A
partir de ese momento "Romance del gol de mar" creó
una primera versión de 158 versos en la que se dieron
cita el canto del gol, la reacción de jugadores, periodistas,
público, fotógrafos, la descripción del
estadio al comenzar el encuentro y a la salida tras acabar el
espectáculo.

Influyeron
en este tiempo creativo dos hechos. Por un lado, la canción
"La sirena", recopilada por Víctor Manuel en
el álbum Tiempo de cerezas (1989), donde relataba la
amorosa llamada al agua de una sirena a un pescador de bajura
en un ambiente de espumas, algas, miradas brillantes y escamas
relucientes. Y por otro, el recuerdo del último partido
presenciado en compañía de Jesús Castañón
Díaz. Fue el 25 de febrero, en el estadio José
Zorrilla de Valladolid y enfrentó al Real Valladolid
y Real Sporting, apenas mes y medio antes de su repentina muerte
dejando un poso grande de nostalgia.
En
junio de 1990, el primer original sufrió un largo repaso
y pasó a constar de 144 versos. En julio, al aparecer
publicadas las bases del premio en el semanario Don Balón
surgió un inconveniente: el tope máximo era de
40 versos. Entonces, con la ayuda de Fernando Castañón,
se realizó el ajuste a ese menor número de versos
eliminando grandes partes. Y al final, en dos tardes de la segunda
quincena de agosto, se limitó toda la historia a la descripción
del ambiente del partido, el canto del gol y la salida al final
del estadio con sus emociones. Se reescribieron unos pocos versos
para hacer el pase de la entrada al gol y su evolución
hacia la salida del campo y lo último que se hizo fue
el título, "Romance del gol de mar", ya que
pasaba a ser la parte central de toda la composición.
El
texto definitivo quedó así:
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Tarde-noche
de domingo,
en una playa de masas
que buscan su diversión
entre una bruma de farias,
densa humedad de licor
y caracolas de lata,
torcidas conchas de gas
sin ecos de aguas lejanas.
Sol de luz artificial,
verdosas olas segadas,
arena en cemento gris,
relax para la semana.
Cada tarde y cada noche,
el mar mantiene la calma
hasta que rompe su ritmo
en olas entrecortadas:
con un rugido de "g",
sonora ola se levanta
para cimbrear su cuerpo
junto a una "o" alargada
y romper su entonación
en una "l" en cascada.
Marea vibrante de espumas
en fuerte batir de palmas
que se filtra en tenue arena
con un clamor de bravata,
reducido, lentamente,
hasta morir en la playa.
Gradas vacías dan paso
al tren de la madrugada
mientras las redes de meta
y la gris arena callan,
guardando inercias en eco,
sirenas de gloria y fama
entre el rugir repetido
de olas de fin de semana.
Sonoros goles de mar,
que por fuerzas soterrañas
del dios Poseidón, transmiten
paz, libertad, sueños, calma... |
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El
sueño del pibe
A
primeros de septiembre el romance salió camino de Barcelona
por el correo y ya no hubo noticias hasta diciembre. A los pocos
días de haberse celebrado la entrega de premios, que
presidía María Teresa Salisachs, el editor de
Idioma y deporte recibió la noticia del galardón
al leerla en el número 791 del semanario: "El III
Premio de Poesía Deportiva Juan Antonio Samaranch se
otorgó al poema 'Romance del gol de mar' de Jesús
Castañón, dotado con 150.000 pesetas". El
corazón se disparó a palpitar. El Cantábrico
había sido premiado en el Mediterráneo y produjo
un sentimiento de incontenible felicidad que, como en el tango
El sueño del pibe, le hizo salir corriendo a comunicar
la noticia a los familiares para celebrarlo.
Manuel
Alcántara (Presidente), José Luis Córdoba(Secretario),
Romà Cuyás (Secretario de Estado para el Deporte),
Pedro Ruiz (humorista y escritor), Joan Manuel Serrat (cantautor)
y Esteban Conde (escritor) formaron el jurado. El editor de
Idioma y deporte pudo agradecer personalmente el premio a su
presidente en 1996, cuando Manuel Alcántara intervino
en un congreso sobre la lengua y los medios de comunicación,
celebrado con motivo del IV Centenario de la Ciudad de Valladolid
y en cuyo Comité Organizador dicho editor desempeñaba
funciones de vocal.
A
diez años vista, sigue intacta la ilusión por
aquel galardón y una buena relación con Rogelio
Rengel y con Don Balón, el semanario del fútbol
profesional en España que no sólo ha hecho historia
en el periodismo sino también en la literatura deportiva
en idioma español al hermanar esa forma de expresión
artística en Colombia y España y haber formado
parte de las actividades de la Olimpiada Cultural en los Juegos
Olímpicos de Verano de 1992.