Fútbol: Campo cultural y referente de identidad en la región. Hacia una tipología de los aficionados

Enrique Rivera Guerrero

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3. Oferta cultural
El primer momento para abordar el consumo cultural es establecer la vinculación entre la oferta (bienes y servicios) y su demanda en el ámbito urbano, para en un segundo nivel, determinar las diversas prácticas y sus consecuentes diferencias en los estilos de vida (territoriales, generacionales y estructurales).

El actual consumo cultural urbano:

"se analiza con referencia al comportamiento demográfico y su distribución espacial, la distribución del ingreso, las estructuras de consumo, la distribución del gasto según el tipo de familia, así como los datos referentes a la estructura productiva, particularmente la industria cultural, la conformación de la oferta cultural que abarca medios de comunicación, instituciones culturales, y en general aquel conjunto de bienes y servicios de esparcimiento culturales y recreativos prestados tanto por el sector público como por el privado, y el conjunto de prácticas de consumo cultural de los diversos sectores que integran la ciudad" (Manríquez, 1994:113).

La oferta cultural que nosotros tomamos en cuenta para ésta investigación es la del fútbol mediado a través de los medios de comunicación, el espectáculo deportivo ofertado para su presencia en el estadio y los espacios para la práctica del fútbol por parte del público. Esta oferta cultural se desarrolla en el interior de aquellos territorios, donde ocurren procesos culturales tanto de comunicación como de uso de los espacios públicos, de oferta cultural como de uso del tiempo libre, configurando redes de sociabilidad, de comunicación y de transacciones.

Más sobre la oferta cultural:

"se entiende como la presencia en el ambiente geográfico de posibilidades de acceso y disfrute de los bienes culturales producidos por una red desigual de instituciones precisas y especializadas (...) Por público cultural entenderemos al conjuntos de agentes sociales que poseen las disposiciones (inculcadas o adquiridas) que los hacen capaces de evaluar, apreciar y valorar los discursos y objetos de una oferta cultural específica en un momento histórico dado" (González, 1994:14).

Los valores y el capital simbólico que encierra el campo cultural deportivo, serán elementos de distinción, que incorporado en el habitus de los agentes, consumen objetos, discursos y prácticas en el espacio social ofertado culturalmente en el deporte.

Es entonces como los futbolistas practicantes del deporte son agentes sociales distinguidos en torno a esta actividad. Consumen y objetivan el deporte en su cuerpo y mente, incorporándolo en el habitus. El estilo de vida de los deportistas, se supone es una actitud también llevada a las esferas sociales en donde se desenvuelven.

Las prácticas como formas de objetivación, tanto individuales como sociales, tienen su origen en el habitus que determina el modo de consumo, los caminos posibles y la interiorización del sentido del deporte. Un segundo modo de objetivación de la cultura son las instituciones, las que administran las prácticas, desarrollan reglamentos, capacitan gente dentro del campo cultural y ofertan. Además, generan el habitus al inculcar y apropiar el objeto cultural, que consideramos es el deporte.

Con lo descrito surgen las identidades sociales. Los agentes se identifican en torno a la práctica deportiva, más aún con quienes comparten una misma disciplina. Lo mismo que los espectadores pueden entrar en conflicto con quienes gustan y consumen un deporte determinado, en la lucha simbólica por la distinción social. El deporte no nos deja objetos al consumirlo culturalmente, sino incorporación simbólica y objetivación en el ser.

El fútbol como producto cultural, implica valores simbólicos, por encima de los valores de uso y cambio. Acceder al consumo cultural de este deporte, no depende solamente de los recursos económicos o intelectuales, sino también del desarrollo urbano, es decir, que esté dentro del acceso en el ambiente geográfico para poder apropiarse del producto cultural.

4. Región sociocultural
De acuerdo con Claudia Benassini, en México por medio de la televisión "en las transmisiones regionales y estatales el béisbol ocupa un lugar central, a diferencia de lo que ocurre en las transmisiones nacionales" (Benassini, 1997:19). Creemos que las llamadas transmisiones nacionales, al ser generadas desde la Ciudad de México, capital del país, difunden el deporte de arraigo de la región centro del territorio nacional. En cambio la tradición del béisbol en otras zonas regionales "obliga" a las televisoras de la misma magnitud a transmitir este deporte en su lugar de influencia.
La región es otro de los conceptos centrales, y "tiene tal cantidad de aristas para su comprensión, que sería difícil incorporarlos en toda su extensión. Ellos van desde fenómenos geográficos, ecológicos, lingüísticos, étnicos, políticos, hasta actividades económicas y procesos culturales y sociales" (Ocampo, 1996:44). En estos procesos consideramos inserto al deporte, que pensamos es particular de regiones específicas del país de acuerdo con lo que analizamos adelante.

Ocampo dice que una definición simple del concepto región es la de ser un espacio geográfico demarcado. Lo regional "da idea de geográfico, pero aquí no habrá de identificarlo como territorio físico, que aunque lo comprende, no se agota en él". Comprendemos que la región sociocultural va más allá de ciertos límites observables físicamente (características naturales o las fronteras políticas). Ocampo continúa: "podemos hablar mejor de un espacio definido por sus características similares que le confieren relativa autonomía. Mientras que lo geográfico nos proporciona el horizonte epistemológico territorial para los estudios regionales".

Una de las manifestaciones de cultura se presenta en la memoria colectiva como tradición. Byutendijk señala que este "interés y deseo de practicar un determinado deporte son expresión de una serie de inclinaciones que tienen profundas raíces" (Mafud, 1967:9). Tomemos en cuenta que la tradición, para ser tal, debe renovarse, si se detiene, desaparecerá. Por lo que la tradición se preservará gracias a la memoria y los recursos de la población que la mantendrá viva. La región, o procedencia geográfica, es una de las variables en las mediaciones de referencia (1) del sujeto receptor.

Según Gilberto Giménez, "la región sociocultural nace de la historia, de un pasado vivido en común por una colectividad, asentada en una porción de territorio. De este origen se deriva un estilo de vida en particular, que confiere identidad a la colectividad considerada" (Giménez, 1994:165). Además, se puede pensar que la región es originada por los significantes primarios de la simbología, ligados a la territorialidad (factores naturales y ecológicos), elevando a la dignidad de símbolos las condiciones territoriales de la región.

El esfuerzo corporal para la puesta en práctica del deporte es facilitado o no por las condiciones climatológicas de las respectivas regiones. Le sigue el modelo étnico familiar, "identificación que se remite a un pasado, a un patrimonio, y a una herencia cultural compartidos" (Giménez, 1994:165), tal como lo expondremos con el desarrollo histórico del deporte en esta región de México, y que con las influencias de personajes y grupos locales y extranjeros, ligados simbólicamente a sus comunidades, promovieron su deporte en nuestro país.

Le siguen la proliferación de los símbolos secundarios (la música, la alimentación, las fiestas, el tipo humano característico de la región, entre otros), de lo anterior surge la identificación socioregional en la relación de los habitantes con ésta "en el proceso subjetivo que genera un sentido de pertenencia y cierto grado de lealtad con la región" (Giménez, 1994:169).

Con lo expuesto y considerando que las prácticas culturales tienen expresiones únicas para el caso de un espacio social demarcado territorialmente, según Manríquez (1994); determinamos que existen regiones que se identifican con cierta disciplina deportiva, como lo hemos entendido: el deporte incorporado en el habitus, primeramente encauzado en el núcleo familiar, según Jorge A. González (1994).

Encontramos que la tradición y la identificación de ciertos deportes en las distintas regiones de nuestro país coinciden con su particular desarrollo histórico. Como ya lo hemos señalado, la región sociocultural nace de la historia, de la herencia, de un pasado vivido en común. Sumergiéndonos en la historia, buscaremos las razones que nos permitan explicarnos lo que ocurre hoy en día, al estudiar el pasado en relación con un proyecto futuro.

Consideramos a la historia de los agentes y los campos culturales como una propiedad que forma la multidimensionalidad que existe para tratar de comprender la formación de los públicos y las ofertas culturales, ya que: "Toda práctica de elección, valoración, lectura y "consumo" de bienes culturales se cruza por lo menos en dos trayectorias, a saber la historia de las estrategias, producciones y productos de los agentes y las instituciones especializadas en la cultura, entretejida con la historia de las disposiciones de los agentes que se han convertido en sus públicos en calidad de "consumidores", de miembros, de fieles, de fans, de seguidores, de votantes, de militantes" (González, 1994:15) y de aficionados al fútbol.

El pasado define conciencia histórica, hábitos y costumbres. Como lo hemos entendido, la primera forma de encauce del habitus es la familia, que nos dictará los caminos posibles de las formas y los modos de vida; por ello es importante referirnos a la historia en los orígenes del habitus, de las ofertas y de las instituciones del campo cultural referido que oferta el fútbol jugado en la región de estudio.

5. Los aficionados
Nombrar, tipologizar o categorizar al público del fútbol, es común entre los analistas de este consumo cultural. Estas observaciones de los públicos en su comportamiento, la forma de vestir, de expresarse las miramos en los estadios de fútbol.

En otro trabajo, Claudia Palma indica que "hay diferentes maneras de involucrarse en el ambiente deportivo en general, esto puede medirse en términos de frecuencia, duración e intensidad" (Palma, 1997:6). Ella nombra a los deportistas (que nosotros llamamos aquí agentes sociales especializados), a los productores (ofertantes) y los consumidores (el público cultural). Palma nombra a sus consumidores de dos maneras, a los fans y a los espectadores pasivos.

Por su parte, Héctor Huerta y Guillermo Dellamary también lo hacen, ellos llaman aficionados a aquellas personas que aquí entenderemos como futboleros. Y nombran como fanáticos a lo que aquí entenderemos como aficionados de hueso colorado. Estos autores tienen otras subdivisiones de aficionados, como son: el fanático de afiliación, el portátil, el gran devorador, el busca pleitos, y el villamelón (Huerta y Dellamary, 1986:44-69).

Nosotros proponemos nombrar tipos de aficionados según la lectura que del fútbol realiza. Estas se construyeron a partir de observaciones, lectura de bibliografía y se reforzaron con la entrevista con los aficionados al fútbol, nuestro público cultural en cuestión.

a) Los aficionados de hueso colorado
Con idea de Alexis Vásquez, este aficionado al fútbol consume toda la información posible. Lee, observa y escucha deportes. Este capital cultural será la base de su conversación. Sigue a su equipo preferido. Tiene la disposición de asistir al estadio siempre que juega su equipo favorito y es capaz de realizar viajes para apoyar a su equipo cuando este funge como visitante. También utiliza la camiseta o viste con alguna prenda con los colores de su equipo predilecto. Puede colocarse una pinta en su rostro con sus colores.
Julio Mafud categoriza a este aficionado como hinchinidad, al que define como "pasión excesiva por el propio club o equipo y negación violenta o discriminada a los otros conjuntos" (Mafud, 1967:65).

b) Los aficionados futboleros
Es aficionado al fútbol como deporte y sin importar los contendientes, puede simpatizarle alguno o más equipos, sigue el desempeño de sus favoritos y está al pendiente de los torneos. Para el aficionado futbolero el espectáculo deportivo le representa una opción en la que finalmente puede perder o ganar tiempo.

c) Los expertos
Esta persona que asiste al estadio a ocupar el lugar del público, tiene una lectura distinta del fútbol que el resto de los aficionados porque es un agente social especializado que acude a los partidos para analizar los planteamientos físicos y tácticos de los equipos contendientes. Pueden o no comprar su boleto en la taquilla, es común que ellos tengan facilidades de acceso al inmueble.

El aficionado experto es una persona que domina los conocimientos físicos, técnicos, tácticos y psicológicos del fútbol como lo son la conducción, el golpeo, la recepción del balón. Domina el lenguaje científico y coloquial de este deporte. Descompone en análisis el tiempo del partido, en minutos y actitudes de los jugadores. El experto no juzga el partido por el resultado final, pues es la consecuencia de un proceso y base para continuarlo.

Entonces ¿podemos hablar de aficionado o público experto?, ¿nos referimos a un agente social especializado? Su asistencia no es en cumplimiento de un trabajo remunerado, de ser así, los consideraríamos como ofertantes de esta oferta cultural del fútbol. En un segundo momento en la interpretación de nuestro marco teórico es cuando consideraremos a estas personas como agentes sociales especializados porque son parte del campo cultural del fútbol.

d) Los ciberaficionados
Esta es una categoría experimental. Los ciberaficionados son aquellas personas que se comunican, expresan y obtienen información de su equipo a través de la computadora conectada a Internet. Una de sus características es que dada la lejanía con su región de origen, la información y comunicación respecto a su equipo de fútbol preferido es a través de la posibilidad de las aplicaciones de Internet (correo electrónico, foros de discusión, páginas web, listas de correo, etcétera).

Queda esta propuesta de tipología de aficionados al fútbol para su consideración en las formas de lectura que los públicos culturales realizan a la oferta cultural del deporte. Según la historia y particularidad de la sociedad a estudiar, los nombres de estas tipologías pueden variar. La anterior surgió del trabajo de campo realizado con los aficionados de Veracruz, México, al fútbol del equipo de Primera División Tiburones Rojos.

Referencias bibliográficas
ALCOBA, A (1993): Cómo hacer periodismo deportivo. Madrid, Editorial Paraninfo S.A.
BENASSINI, C (1997): Deporte y televisión: necesidad de acercarse a un binomio poco explorado. México, Universidad Iberoamericana, (manuscrito).
BOURDIEU, P (1990) Sociología y cultura; CONACULTA/Grijalbo; México, D.F.
BOURDIEU, P; Wacquant, L (1995) Respuestas. Por una antropología reflexiva. México, Editorial Grijalbo.
ELIAS, N; DUNNING, E (1992): Deporte y ocio en el proceso de civilización. Madrid, Fondo de Cultura Económica.
GIMENEZ, G (1994): Apuntes para una teoría de la región y de la identidad regional, en Estudios sobre las cultura contemporáneas Nº 18, pp. 165-173.
GONZALEZ, JA (1994): La transformación de las ofertas culturales, en Estudios sobre culturas contemporáneas Nº 18, Pp9-25.
HUERTA, H; DELLAMARY, G (1986) Tiempo y espacio. Guadalajara.
LARA, LF (Dir.) (1996): Diccionario del español usual en México. México, El Colegio de México.
MAFUD, J (1967): Sociología del fútbol. Buenos Aires, Editorial Americalee.
MANRIQUEZ, M (1994): El consumo cultural, en Revista del Colegio de Sonora Nº 8, Pp101-115.
OCAMPO, LF; (1996): Lo regional: punto de encuentro, en Ciudades Nº 29, Pp41-45.
OROZCO GÓMEZ, G. (1994): La autonomía relativa de la audiencia. Implicaciones metodológicas para el análisis de la recepción, en Investigar la comunicación, propuestas iberoamericanas. Guadalajara, Universidad de Guadalajara.
PALMA, C (1997) El mundo del fútbol. Su impacto social, político y comercial. México, Editorial Purrúa.
VÁSQUEZ, A (1991) Deporte, política y comunicación. México, Editorial Trillas.

Notas

(1) Véase Orozco Gómez sobre mediaciones en el proceso de recepción televisiva (1994).

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