El deporte de la lectura
Jesús Castañón Rodríguez (*)

A principios del siglo XXI, la lectura y la escritura en la infancia y la adolescencia parecen presentar un panorama deportivo: púgiles en combate con los estudios, estudiantes que hacen volar libros de gramática con la habilidad de un lanzador de disco, delanteros que patean diccionarios…

Como afirmó en 1992 Fernando Lázaro Carreter, quizá sólo es un proceso de "vino viejo en odres nuevos", el reajuste de los viejos géneros literarios a las nuevas necesidades de la sociedad de masas: la épica encontrando su hueco en los estadios, la lírica, en los conciertos de pop y rock y el drama, en el cine y en los telefilmes.

La Carta Olímpica de 1994 marcó un nuevo tiempo para la alianza entre deporte, cultura y educación. Desde entonces se han generado productos curiosos como "Dictagol" para ayudar a escribir al alumnado de Primaria, "Induráin, l´homme et le cycliste" para practicar el francés en Secundaria, "Aprender español entrenándose" para adquirir el castellano en las universidades de Italia…

La combinación de aprendizaje de idiomas y valores educativos para el desarrollo de la persona se ha convertido en una creciente tendencia que se suele plasmar en campus, en campamentos y juegos tradicionales, en yincanas para mejorar vocabulario… Es una de las actividades que aportan mayor rentabilidad a las fundaciones deportivas, como la del Real Madrid que vincula su marca comercial a programas educativos en los "colleges" ingleses de Ellesmere y Bearwood mediante cursos de inglés y práctica del fútbol con técnicos de la cantera del club blanco.

Las letras ya no entran con sangre sino con una estrategia deportiva: mover las esperanzas, hacer que entre en juego el entusiasmo por llegar a tocar lo inalcanzable y experimentar con poca edad el escalofrío de sentirse tenido en cuenta. Es un modelo seductor en el que la experiencia deportiva se convierte en un relato de aventuras humanas con ingredientes para que los sentimientos hablen en alto: un viaje de intensas emociones, la transformación artística del dolor, la liberación por el esfuerzo, el talento redentor, la conquista del propio sueño en tierras lejanas…

En este curso académico, la unión de lengua y deporte ha dado un nuevo paso con su asentamiento en la enseñanza reglada. En España, ha comenzado la incorporación del lenguaje deportivo a los recursos del profesorado para los libros de texto, según pasa en Tercer Curso de la Eso con SM o en Primero de Bachillerato con Mc Graw Hill. Y a nivel mundial, destaca cómo en enero de 2008, entró en vigor la "Guía de Educación Física para los años intermedios", editada por la Organización del Bachillerato Internacional, que presenta la novedad de destacar el uso preciso y adecuado de la terminología deportiva a la hora de desarrollar formas de comunicación en personas de 3 a 19 años, repartidas por 2.168 centros educativos de 126 países.

Actualmente, una parte del fomento de la lectura pasa por las emociones y por adquirir técnica de lenguaje para poder participar, sin exclusiones y con diferentes niveles y ritmos, en el juego de vivir apasionada o artísticamente la variedad de los deportes. Y así llegar, por ejemplo, hasta metas como conocer el legado de cinco Premios Nobel de Literatura y veinte ganadores del Premio Cervantes sobre 21 disciplinas deportivas diferentes: ajedrez, atletismo, automovilismo, béisbol, boxeo, caza, ciclismo, fútbol, hípica, judo, lucha libre, motociclismo, natación, patinaje, pelota vasca, pesca, piragüismo, senderismo, tenis, tenis de mesa y vela.

Atrapar las emociones y acciones de las bellas artes del movimiento, que son el deporte moderno, obliga a no tener "miedo escénico", sacar el chándal y adaptar a los tiempos el lema "Contamos contigo" hasta convertirlo en un "Aprendemos contigo".

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(*) Artículo publicado en el número 4 de Leer es crear (Valladolid, 2008)


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