El
idioma del deporte: más lejos, más alto, más
fuerte
Jesús
Castañón Rodríguez
La
historia del siglo XX será recordada por grandes acontecimientos
históricos y avances científicos. Pero también
por nuevas formas de ocio, entre las que el éxito social
del deporte moderno se ha convertido en una pasión multitudinaria
capaz de concentrar la atención mundial y generar un creativo
ámbito informativo que es alternativa a la violencia y
tragedia habituales en las noticias de información general.
Es la historia sobre el impacto de imágenes como la asistencia
que los jueces de pista y el periodista Conan Doyle prestaron
al atleta italiano Dorando Pietri, quien tras desmayarse a 15
metros de la línea de llegada en la prueba de maratón
de los Juegos Olímpicos de 1908 en Londres, fue levantado,
reanimado y empujado hasta meta para finalizar el recorrido entre
el castillo de Windsor y el estadio de White City. O el relato
de los sentimientos ante las imágenes del incendio del
coche de Carlos Sainz en el Rally de Inglaterra de 1998, a 400
metros de la línea de llegada, sin que en esta ocasión
salieran los jueces a empujar el auto para que el piloto español
se proclamara campeón del mundo .
El
nuevo ritmo del siglo XX
También
esta historia comprende la transformación, dinámica
y a todo ritmo, de una información especializada en una
esencia formativa y formadora de expresiones lingüísticas
para la alegría de las tribunas y los campos de juego,
con un carácter integrador que ha recogido las aportaciones
de la pasión de los deportistas, la alegría de los
hinchas o la reflexión de los escritores talentosos hasta
dar origen a fenómenos de interés técnico,
de difusión y literario.
El
idioma del deporte ha conformado una estrategia de ilusión
en la que cada disciplina deportiva ha aportado al idioma nuevas
palabras para designar sus acciones y emociones.
Las
peculiares características de su uso en los medios de comunicación
han sido motivo de atención de la Real Academia Española,
a la vez que de afición para varios de sus directores en
cuanto observatorio de las nuevas tendencias del español
más actual y tema literario de creación.
Y
también ha obligado a los periodistas deportivos a reflexionar
sobre su trabajo en repertorios léxicos, libros de estilo
y cursos de verano.
El
lenguaje literario de tema deportivo ha convocado a galardonados
con el Premio Nobel de Literatura para reflejar el carácter
peculiar del deportista en las obras teatrales de Benavente, para
el patinaje, en la poesía de Aleixandre, y para el fútbol,
en los relatos de Cela. Y además ha creado más de
cuatrocientas composiciones sobre 26 disciplinas deportivas en
8 géneros literarios gracias a la imaginación de
autores tan diversos como Pío Baroja, Miguel Delibes, Jorge
Guillén, Miguel Hernández, Enrique Jardiel Poncela,
Antonio Machado, Salvador de Madariaga, Ortega y Gasset o Miguel
de Unamuno.
Deporte-espectáculo
y lengua-espectáculo
Sin
duda, el principal papel ha recaído en el nivel de difusión
con la labor de los periodistas en los diferentes medios, que
con talento e imaginación han convertido el lenguaje periodístico
en un juego, en un deporte con varios tipos de pruebas en lo que
el idioma se ha visto sometido a fuertes sesiones de gimnasia.
Desde
los años veinte, practica salto de altura con la entonación
para conseguir nuevas marcas de audiencia. Cambia el ritmo para
explotar en una carrera de velocidad, con esprínes en los
momentos de mayor emoción. Corona la cima del puerto de
los extranjerismos tras una dura escalada sin ayuda institucional.
Corre la banda y hace aguanís, biciletas, coca-cola, recortes,
caracoleos, ronaldos, colas de vaca y otro regates a los tecnicismos
para favorecer su comprensión con expresiones muy gráficas.
Crea nuevas expresiones al primer toque tomando como modelos los
gustos sociales. Busca los huecos para desarrollar sinónimos
que combatan la monotonía. Lleva a cabo marcajes estrechos
al vocabulario de moda. Levanta la cabeza para encontrar pases
medidos a la transformación y reelaboración continuas
de vocabulario. Centra al área de la expresividad retórica.
Tira a canasta anotándose el tanto de forjar una lengua
especial capaz de conectar con una gran masa de apasionados seguidores,
ávidos de emociones, que pretenden divertirse más
que reflexionar con las informaciones sobre los principales acontecimientos.
A
raíz de la creación de Sociedades Anónimas
Deportivas en 1992, ha sufrido una renovación en el deporte
espectáculo, al añadir a los recursos literarios
las formas publicitarias de redacción con un neoconceptismo
visual que superpone colores, tipografías especiales, variaciones
de tamaños de letras, marcas gráficas, juegos gráficos,
animación e interactividad hasta generar nuevos ritmos
de lectura. Una forma de redactar que nos ha dejado algunas curiosidades
como títulos que se integran en la imagen, gracias a los
programas artísticos de los ordenadores, para estremecernos
al leer las letras tambaleantes de un titular de una información
sobre un equipo de fútbol que sobrevive a un terremoto
en un aeropuerto; el engatillado escudo de los Chicago Bulls en
un titular sonriente para marcar la alegría por la victoria
en la fase final de la NBA; la veloz contrarreloj de Miguel Induráin
reseñada con el eslogan publicitario Mi primo el de Zumosol
o el espléndido BoKao técnico con el que se describió
en una portada el mordisco del boxeador Mike Tyson en su combate
contra Holyfield.
Este
nuevo lenguaje mixto, que combina lo deportivo, lo publicitario
y lo literario, está presente en España en los incipientes
suplementos semanales de deporte base en los diarios de información
general, en las secciones deportivas de 130 diarios -11 de ellos
especializados-, en 11 cadenas de radio, en 12 canales de televisión,
en 741 televisiones locales y en dos plataformas digitales que
cuentan con 4 canales temáticos de deporte. Panorama al
que hay que añadir la difusión global en Internet,
que del idioma hacen 331 ediciones electrónicas de diarios,
así como varios centenares de páginas personales
y publicaciones electrónicas no diarias.
La
Real Academia Española canta el alirón
Esta
ingeniosa capacidad para ensanchar la expresividad del idioma
con estilo Fosbury -de espaldas al listón de las normas
tradicionales de corrección- hasta pulverizar todas las
plusmarcas de índices de lectura y de audiencia, ha dado
lugar a un amplio reconocimiento institucional, en los ámbitos
cultural, social, histórico, político, tecnológico
o mediático. Y también en el lingüístico
gracias, en primer lugar, al aumento de términos deportivos
registrados en el Diccionario de la Lengua Española, 292
en 1992, que se han visto incrementados hasta 1998 con 60 nuevas
voces de atletismo, ciclismo, cricket, esquí, fútbol,
hípica, pelota vasca, piragüismo, tenis y otros deportes
así como expresiones generales como cantar el alirón,
que proviene de los tiempos del cuplé. Y en segundo lugar,
al reconocimiento del Comité Olímpico Internacional
en su labor para mejorar la comercialización y difusión
a la sociedad con la edición de un glosario que unifique
terminología en cuatro idiomas.
Sin
duda, el deporte a finales del siglo XX, en su carrera por relatar
los acontecimientos y captar el estado de ánimo del público,
ha llegado más lejos, más alto, más fuerte.