La manifestación literaria de los Juegos Olímpicos

Jesús Castañón Rodríguez

El Comité Olímpico Internacional y la literatura

Este Desde sus inicios, el olimpismo moderno has estado vinculado al contacto con las Artes y las Letras. El primer presidente del Comité Olímpico Internacional, Pierre de Coubertin, pensaba en la restauración de los Juegos Olímpicos como una fiesta juvenil donde atletas, escritores, poetas, historiadores y filósofos producen arte ya que consideraba al deporte y al arte como dos libres manifestaciones de la inteligencia que se basaban en el esfuerzo y en la orientación de la exhuberancia para progresar.

Posteriormente, esta unión tomó forma el 23 de mayo de 1906 en la Conferencia Consultiva de las Artes, las Letras y el Deporte en la Comédie Française, cuyo resultado final fue la convocatoria de concursos de arquitectura, escultura, pintura, música y literatura. El primer programa, elaborado en 1908 por los organizadores de los Juegos de Londres con la colaboración de la Royal Academy of Arts, establecía en sus bases el desfile de atletas antiguos, los partidos de fútbol, el grupo de lanzadores de disco, la natación con piscina, los clubes deportivos y las dependencias de instalaciones como temas para pintura, escultura y arquitectura; mientras que para literatura, se pedía la exaltación de la emoción deportiva en todas sus manifestaciones.

Aunque al final se suspendió para los Juegos de 1908 por falta de tiempo, desde los Juegos de 1912 en Estocolmo, esta curiosa amistad entre letras y Juegos Olímpicos ha dado lugar a llamativas anécdotas y curiosidades.

Salto de vallas con libro

Una curiosa relación entre los libros y el deporte tuvo como protagonista al ganador de la carrera de 110 metros vallas, el joven estadounidense Forest Smithson en los Juegos de Londres en 1908. Venció, batió la plusmarca mundial y celebró el hecho repitiendo la carrera de diez vallas con un libro abierto que iba leyendo a la vez que salvaba los obstáculos. Posteriormente declaró con humor a la prensa: "Yo leo algunas veces, cuando estoy en la pista".

Elemental, querido Pietri

Otro momento para la historia literaria de los Juegos Olímpicos se produjo en la maratón de 1908, cuando el atleta italiano Dorando Pietri se desmayaba unos pocos metros antes de llegar a meta,con evidentes signos de cansancio. Este pastelero italiano fue auxiliado por un juez y por Sir Conan Doyle, padre de los relatos de Sherlock Holmes, que lo levantaron y lo acompañaron hasta la línea de meta para que ganase la carrera. En aquel momento Sir Conan Doyle era periodista del rotativo Daily Mail y realizó una campaña a favor del italiano mediante una suscripción popular con la que obtuvo 300 libras y una caja de oro para puros y logró que se vendieran prendas y bombones con su nombre.

La medalla literaria de Coubertin

En el ámbito iberoamericano quedó subsanada esta confusión en los JueLos concursos artísticos se celebraron entre 1912 y 1948, en los Juegos Olímpicos de Estocolmo y Londres, destacando en el apartado literario el triunfo de la Ode au Sport, firmada por G. Hodrod y M. Eschbach en 1912. El original, escrito en francés y alemán destaca el deporte como gnerador de belleza, armonía y equilibrio; de justicia con equidad perfecta; de una audacia prudente y meditada; de honor; de alegría con la que gozar de la plenitud de la vida; de fecundidad en cuanto perfecciona la raza por caminos rectos y nobles; de progreso porque observa una higiene superior; y de paz al ser el deporte una fuerza controlada, organizada y maestra de sí misma. Detrás del seudónimo G. Hodrod y M. Eschbach se ocultaba el propio Coubertin y sacó este nombre de dos localidades cercanas a Lutterbach, en la Alsacia de los bosques de los Vogos: Hodrodberg y Eschbach-au-Val.

La Paz, una carrera de medio fondo

En los Juegos de Amberes en 1920 saltó a la pista un veloz atleta británico, Philip J. Noel-Baker, que consiguió la medalla de plata en la carrera de 1.500 metros. Fue batido por Albert Hill en apenas seis décimas de segundo. Sin embargo la carrera de medio fondo que es la vida le recompensó en 1959 con el Premio Nobel de la Paz, tras una intensa labor como ensayista.

El salto de pantalla

Los atletas que han participado en los juegos también han estado presentes en la difícil competición de convertir en éxitos cinematográficos obras literarias. Esta forma de alianza entre cultura y deporte recurrió a deportistas para los personajes enigmáticos, flexibles e inexplicables de Tarzán y La Muerte.

Johnny Weismuller, medalla de oro de natación en 1924 en 100 y 400 metros, y en 1928 en 100 metros, dio vida a Tarzán en una docena de largometrajes, personaje basado en los relatos del escritor Carroll Chansler Young así como en las aventuras ideadas por Edgar Rice Burroughs. Ademar Ferreira da Silva, medallista de oro en triple salto en Helsinki y Melbourne se convirtió en el personaje de La Muerte para la película Orfeo Negro, Palma de Palta en el Festival de Cannes de 1959. Esta producción franco-brasileña dirigida por Marcel Camus, adapta la obra literaria Orfeu da conceiçâo de Vinicius de Moraes y fue interpretada también por Breno Mello, Marpessa Dawn, Lourdes de Oliveira, Lea García, Alexandro Constantino, Jorge dos Santos y Aurino Cassanio.

La novela del primer atleta latino

Dentro del programa de actos de la Olimpiada Cultural de los Juegos de Barcelona se falló el Premio de Novela Deportiva Don Balón, semanario barcelonés que entre 1984 y 1998 ha convocado premios especializados de poesía y novela de tema deportivo. En esa edición de 1992 destacó la novela Cinco días en Olimpia, del periodista Carlos Pardo, que recreaba la vida de Licius Minicius Natalis, ciudadano romano nacido en Barcelona que ganó la competición de cuadrigas en la CCXVII Olimpiada, en el año 129. Era una novela histórica basada en hechos reales conservados en el Museo Arqueológico de Barcelona, como el testamento en piedra del propio atleta donde se comenta que nació en Barcino bajo el mandato del emperador Trajano.

El estadio como escena

Una de las principales aportaciones de los Juegos de Barcelona fue la incorporación de montajes teatrales a las ceremonias de apertura y clausura. Mar Mediterráneo, del grupo La Fura del Baus, Mar Mediterráneo, La vida y el origen del mundo, del grupo Els Comediants, y El otro maratón, de El Tricicle, lograron convertir la cancha del estadio olímpico de Montjuïch en una gran escena con la participación entregada del público.

La libre manifestación de la inteligencia

En resumen, la literatura en los Juegos Olímpicos de la Era Moderna no se ha limitado a destacar las pasiones del esfuerzo y la creación de un ambiente cargado de emociones. Como libre manifestación de la inteligencia ha logrado que los atletas emprendieran la carrera de la creación artística basada en la literatura y el cine y que las sedes y sus instalaciones se hayan convertido en ámbito para la literatura.

Referencias bibliográficas

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