La
magia de los nombres

Ricardo
Bada (*)
Por
razones que nunca he logrado explicarme, y que ahora ya nadie
me las podrá explicar, en casa de mis padres, en la entonces
(y aún ahora casi) absolutamente periférica y
desconocida ciudad de Huelva, sólo entraban unas revistas
argentinas, El Gráfico, que era deportiva, y Para Ti,
que era "para mujeres", y dos semanarios españoles,
Dígame y El Ruedo, la revista taurina.
Creo
que fue en Dígame, y no en El Ruedo, donde lei alguna
vez las memorias de Carlos Arruza, el torero mexicano, a quien
años antes, siendo yo todavía un niño de
pantalón corto, había visto descender de su automóvil
delante de la puerta del Hotel Victoria, y aquella misma tarde
estoquear dos morlacos en nuestra plaza de toros. Y como muchos
años después supe que Arruza era sobrino de León
Felipe, desde ese momento tengo la absoluta seguridad de que
el viejo león posó su garra en aquellas memorias.
Pero
volvamos al tema, y éste tiene que ver más que
nada con aquellas dos revistas argentinas. Téngase en
cuenta que estoy hablando de una infancia como la mía,
nacido en el 1939, o sea, una infancia vivida en el más
puro y duro franquismo de la primera hora. Por ello, ese criterio
de selectividad paterno, a la hora de escoger lecturas regulares
en casa, se me quedó grabado.
Como
también sé que viene de allí y entonces
mi afición por el fútbol argentino, y que ello
se encuentra en relación directa con la magia de los
nombres de sus clubs. Sí, los nombres de los equipos
de fútbol de mi país eran abominablemente aburridos:
Barcelona, Madrid, Sevilla, Español, Valencia, Gijón,
Oviedo... y las únicas notas de color eran los dos Atléticos,
el de Bilbao y el de Madrid (que antes se llamó Atlético
Aviación), y una Real Sociedad, un Celta de Vigo y un
Deportivo de La Coruña. ¿Qué fantasía
infantil podía vibrar con tales nombres?
En
cambio, repasar la tabla de clasificación del campeonato
argentino era como sumergirse en los mundos paralelos que nos
ofrecían Julio Verne y Emilio Salgari: River Plate, Boca
Juniors,Newell's Old Boys, Vélez Sarsfield, Rosario Central,
Ferrocarril Oeste, Chacarita Juniors, Independiente, San Lorenzo
de Almagro... y uno que significaba la intromisión del
surrealismo en el mundo del balompié: Gimnasia y Esgrima.
¡Oh
Gimnasia y Esgrima, cuántas, cuantísimas fantasías
infantiles se encuentran asociadas a tu nombre! Sus jugadores
serían elegantes atletas y d'artagnanes que en sus horas
de asueto condescenderían a practicar un deporte de las
clases inferiores, para congraciarse con ellas, o bien para
que las susodichas congraciaránse con ellos. ¡Oh
Gimnasia y Esgrima, clavileño del nomenclator balompedístico!
¡loor y gloria! De siempre me ha fascinado la magia de
los nombres.
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(*)
Periodista