Maracaná o la alegría del pueblo

Jesús Castañón Rodríguez

Entre las míticas canchas de fútbol para la historia del siglo XX, destaca como referencia el estadio olímpico Gama do Filho en la capital mundial del fútbol: Río de Janeiro. Esta universidad del carioca barrio de Maracaná, que se complementa con el complejo deportivo del Maracanazinho, a primera vista, puede dar impresión de aspecto poco moderno. Sensación que se difumina al acceder al campo y visitar en su planta baja el Museo del Deporte Brasileño, que acoge documentos, manuscritos, cartas, banderas, medallas, recuerdos y grandes fotografías de los mejores deportistas del país.

Todo ello pensado para disparar los latidos de los corazones y hacer bailar las mejores emociones de sus visitantes con el recuerdo de Garrincha, Pelé, diversos medallistas olímpicos o el adorable piloto de fórmula 1 Ayrton Senna. También desaparece al recorrer su interior y comprobar que es una caja de sorpresas inteligentes: un anillo interior bajo las tribunas para centenares de periodistas, deportistas y trabajadores que hacen posible el fútbol, unos vestuarios con una espectacular sala para calentar con una portería a tamaño real y un suelo que imita el césped...

Ver con el corazón

En Maracaná, las apariencias siempre engañan. No es un estadio para observar con la fría mirada de los ojos, ni para ser reflejada por el ojo de cristal de las cámaras fotográficas o de televisión.

El editor de Idioma y deporte e Isaías, en las gradas de Maracaná

Cristo Redentor

Maracaná es una lección de vida, una visión práctica que no se puede aprender ni en libros ni en películas. Sobre todo, si se hace una visita guiada por Isaías, el sabio, simpático y socarrón empleado número 009, que lleva allí desde su construcción para la Copa del Mundo de 1950. Un hombre excepcional que habla con la fantasía de una sonrisa de gran experiencia acumulada, que gambetea con una mirada la psicología de sus interlocutores y que marca goles explicando con emoción, humor y pasión la historia de la cancha, sus remodelaciones, sus mayores momentos de gloria... Este nuevo y vital O Rei de la grada genera sentimientos que llenan el pecho de ilusión y arrastran por el aire hasta sobrevolar las palmas del Cristo Redentor. Hasta tal punto que en las visitas de colegios, no recibe a meninos en edad escolar sino a los futuros atletas de Brasil, transforma la pedagogía en una nueva dimensión de sonrisas ilusionadas, bocas abiertas, miradas de agua y latidos que piden movimiento para dejar atrás las penas.

Las alas de la imaginación

Maracaná es la alquimia que supera los contratiempos, la magia que pasa momentáneamente sobre problemas y necesidades, el ámbito de poesía y fantasía que se convierte en una arquitectura apacible. Es un sol artificial que todo lo irradia, una luminaria en la noche que produce sentimientos renovados para seguir viviendo y proporciona auxilio de espíritu en tiempos de necesidad: calma para la ansiedad, valor frente al temor, alivio contra el agobio, firmeza en la duda, consuelo en la tristeza... Sus gradas eliminan el dolor y son un foco de paz donde se ensanchan los corazones, donde el fútbol se baila como una samba en forma de oración que sacude las tristezas con el balanceo suave del cuerpo y da rienda suelta a la imaginación de futbolistas, escritores y periodistas para crear arte.

Una lección de vida

Maracaná es una lección de vida sólo apta para eternos aprendices del fútbol que comprendan que éste es un romántico arte del encuentro entre los desencuentros de la vida, que configura una forma de expresión donde los sentimientos y los sueños creen que lo mejor está siempre por ser conquistado.

La lucha por esa nueva meta, su vivencia apasionada y su posterior relato emocionado harán latir al unísono los miles de corazones de hinchas, periodistas y escritores con el corazón tropical del Cristo Redentor, que abrirá una vez más sus brazos para acoger una nueva alegría del pueblo y esparcirla, a la salida de los partidos, por la bahía, Copacabana, Tijuca, Botafogo, Ipanema, Leblon, San Conrado...

 

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