Messi, ideólogo de la izquierda

Óscar Domínguez (*)

Lionel Andrés Messi, el “Messías”, Leo, Lío, la Pulga, el crack del Barcelona a quien ya rotulan como el mejor del mundo en su oficio, tiene la discreción y el bajo perfil de San José. Nada de vedetismos. No está hecho para el protagonismo farandulero. Casi pide perdón por su excelencia balompédica. Es feliz haciendo lo que hace desde los cinco años de los 20 que tiene: jugar fútbol con el virtuosismo con que sus paisanos Les Luthiers tocan su música.

Este ideólogo de la (pierna) izquierda disfruta del fútbol por el fútbol. Como cuando jugaba en los potreros de su Rosario natal, la tierra del Negro Fontanarrosa. Entonces Messi, a quien se le detectó un madrugador accidente hormonal que le impedía crecer, jugaba para la tribuna vacía. O para Jorge, su padre y primer entrenador. En los primeros teteros de pecho, mamá le inoculó el AZ del fútbol.

Fue rechazado por el River Plate después de hacer el kinder en las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys. A los 13 años recaló en el Barcelona que finalmente pagó la cuenta del tratamiento por su enfermedad hormonal.

Activista del signo cáncer, nunca ha tenido el fútbol por cárcel, es decir, como pretexto prosaico para rebuscar el sustento. Lo testifican la entrega, alegría y altruismo con que lo practica. Habría podido jugar gratis. Para qué plata si se puede convertir el fútbol en una de las bellas artes… pedestres. Pero en tiempos del capitalismo toca cobrar. Además, la vida del crack es fugaz como un estornudo.

Ilustración: Cristina Figueroa

Tiene rostro de niño bueno, de aquellos que se toman la sopita, al contrario de su paisana Mafalda. Si otro argentino, Borges, lo hubiera visto jugando, habría abjurado de su furioso “ateísmo” balompédico. (Si fuera posible traducirlo a literatura, su fútbol está más cercano de la lúdica de Cortázar que de la hermosa prosa de Borges).

Su entrenador en la selección argentina, Basile, le ha dado carta blanca: “Hacé lo que querás”. Podría llevar crispetas o crucigramas a la gramilla para llenar en sus ocios.

No hay escándalos en la hoja debida de Messi. En esa discreción se parece a su anónima pierna derecha que apenas le sirve para subir y bajar del bus. Messi podría jugar sin esa pierna. Su izquierda juega por las dos. Si hubiera nacido derecho, sería médico, siquiatra, periodista, ascensorista.

Los zurdos como él también son gente. La lista de “siniestros” es larga: Da Vinci, Miguel Ángel, Pícasso, Marceau, Chaplin, Marilyn Monroe, Clinton, Castro, el propio Maradona, de quien es admirador y antípoda en la vida personal.

Su humildad es lo que lleva a este curioso argentino sin ego, a reconocer que su ídolo y compañero de nómina, Ronaldinho, es el mejor. Así sus musas futbolísticas estén de vacaciones. Hace rato hay silencio de goles en los guayos del brasileño. “Calidad” Messi, goza haciendo goles con su club para dedicárselos a su colega, como sucedió en el partido que ganaron el martes al Stugart.

No le quiere ocultar el sol al 10 de su equipo. De paso se evita el estrés de que lo consideren el mejor, el hombre diez. Buen truco para evitar que los defensores persigan su izquierda hecha para el asombro.

Aunque nada de 10, número que llevaron Pelé y Maradona, a cuyo virtuosismo empieza a acercarse. Lio le dio estatus al 19, un número que a nadie le dice nada. Es como llamarse Benedicto, antes de que nombraran al Papa actual.

Sus marcadores tienen pesadillas la víspera del partido contra el gaucho. Agradecerían un pequeño infarto, una migraña, que los dejara en casita, viéndolo jugar por televisión. Otros quisieran pedirle un autógrafo pero no lo hacen porque sospechan que la tribuna podría silbarlos. Ya lo harán en el supermercado, o en la claustrofobia de algún ascensor.

Después de verlo actuar – es un artista- queda claro que ahora el fútbol es de apellido Messi, el hombre más parecido a un domingo feliz.

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(*) Periodista

 

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