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Mitos
del deporte en la literatura española
Jesús
Castañón Rodríguez
La
literatura española sobre deporte moderno cuenta con una
amplia producción que se puede organizar en varias etapas:
1892-1912, 1912-1937, 1938-1975 y 1976-2000.
1.
Mitología y sistemas de valores
A
lo largo de su historia, la presencia de mitos ha estado vinculada
a diferentes sistemas de valores, en función de la consideración
que en cada una de ellas ha tenido el deporte moderno.
1892-1912
En
una primera, de 1892 a 1912, la creación literaria española
proyecta el pensamiento de las tendencias de educación cívica
integral del siglo XIX y de fomento de los juegos corporales al
aire libre. El deporte moderno es asociado a valores de instrumento
de modernización del país, de elemento higiénico
para la mejora de la salud, de medio de adaptación al dinamismo
de la vida industrial, de símbolo de festejo social y de
elemento educativo. Aunque se realizan composiciones sobre la figura
del deportista, el montañismo y el juego de pelota, no se
hallan obras dedicadas al mito del deportista profesionalizado.
1912-1937
En
la segunda etapa, de 1912 a 1937, el deporte se convierte en seña
de identidad social para la vida moderna, asociado a valores de
modernidad, cosmopolitismo, mejora de la raza y el triunfo de los
valores juveniles, urbanos y de masas que se contraponen a las dinámicas
intelectuales y al tradicionalismo rural.
La
creación literaria de tema deportivo se pone de moda. La
poesía trata el estadio, el carácter moral del deportista,
la relación entre lances del juego y sentimientos. La novela
refleja el costumbrismo social del espectáculo deportivo.
Los relatos se centran en el boxeo. Los ensayos recogen ideas sobre
deportes de mesa, deportes espectáculo, el papel de la mujer
en la actividad deportiva, consideraciones sobre su diferentes perspectivas
y biografías humorísticas. El teatro retrata el costumbrismo
social de deportistas y aficionados mediante sainetes y zarzuelas.
Surge
el género del periodismo de difusión crítica
de ideas sobre el deporte, junto con la publicación de su
literatura especializada, que llevan a cabo las revistas culturales
Cervantes, Grecia, La Esfera, La Gaceta Literaria, La Revista de
Occidente y Nuevo Mundo.
Para
la mitología es época de exaltar a futbolistas y boxeadores.
En 1928 pasan a la mitología literaria del deporte el portero
del Fútbol Club Barcelona, Platko. Se exalta su valor ante
el lance heroico de volver al terreno de juego con un venda en la
cabeza tras haber sufrido una brecha en un encontronazo con el delantero
de la Real Sociedad, Cholín. La magia de esta acción,
cantada por Alberti tendría su réplica en un poema
de Celaya, donde se da una visión mítica de la derrota
que obtuvo el equipo donostiarra en este partido de la final de
Copa del Rey.
Por
su parte, Emilio Fornet exalta las cualidades físicas del
boxeador Paulino Uzcudun en un tono épico lleno de potencia,
dureza, sangre, verbo y furia que llegan a configurar este moderno
Atlante.
1938-1975
En
la tercera etapa, entre 1938 y 1975, el deporte moderno pasa a ser
elemento fundamental de la educación integral de los hombres
en un ideal que mezclaba el ideal helénico de hombre completo,
el concepto caballeresco medieval y el valor del juego limpio de
Inglaterra.
Se
produjo un crecimiento de la producción de tema deportivo
gracias a la creación de secciones especializadas en las
revistas culturales dependientes del Movimiento Nacional y a la
publicación de textos de tema deportivo en las revistas Garcilaso
y La Gaceta Literaria. El deporte fue tema habitual de conversación
en tertulias literarias -como Musa Musae, o Juventud Creadora-,
recibió el impulso de grupos de escritores -caso de La quinta
del SEU- y era frecuente la presencia de los periodistas del diario
Marca Lucio del Álamo y Antonio Valencia en el jurado de
los galardones Café Sésamo y Premio de la Crítica.
Además, la difusión cultural del deporte se vio complementada
por novelas por entregas, ensayos humorísticos y acotaciones
sobre la relación del deporte con la sociedad.
Y
aumentó aún más a partir de la aprobación
de la Ley de Educación Física de 1961, con la colaboración
habitual de escritores en la revista Deporte 2000 y la convocatoria
del Premio Olimpia de novela, ambos dependientes de la Delegación
Nacional de Deportes.
La
poesía canta el lirismo de la práctica deportiva,
los valores épicos, el recibimiento masivo en la victoria,
la recuperación de juegos tradicionales. La novela se fija
en aspectos sociales del éxito del fútbol. El relato
abarca costumbrismo y situaciones fantásticas. El ensayo
analiza las causas del éxito social del fútbol. El
teatro refleja el costumbrismo social del deporte urbano y todas
sus consecuencias en la vida cotidiana.
Para
el ámbito de la mitología literaria son tiempos para
la exaltación de los valores históricos y morales
de los profesionales del atletismo, del ciclismo y del fútbol.
Mariano
Haro es retratado literariamente por José María Fernández
Nieto mediante una serie de comparaciones con la naturaleza y la
fauna. El atleta es "liebre, galgo, corzo, garza, ciervo o
centauro", tiene "temblor de perdiz o pies de gacela"
y es capaz de "adelantar al viento y al Duero".
Los
ciclistas Federico Bahamontes y Fernando Poblet son retratados por
José María Borrás. El primero es asociado a
valores morales y caballerescos relacionados con la ausencia de
miedo, la sonrisa en el sufrimiento, el disimulo de la tristeza,
así como su comparación con un caballero armado y
con don Quijote. Fernando Poblet aparece como una flecha volante
en un ambiente de entusiasmo, que consigue la hazaña con
garra y con valores propios de la furia española.
Más
amplio es el número de futbolistas que han sido mitificados
por la literatura de creación. Es el caso de Di Stéfano,
Kubala, Pahíño, Quincoces, Zamora y Zarra.
Di
Stéfano es presentado por José María Pemán
en la época de su secuestro durante la Copa del Mundo de
1962 como una víctima de los problemas que la fama y la popularidad
suponen a los deportistas, en un poema lleno de evocaciones históricas,
sociales y teatrales que se preocupan por la resolución favorable
de su rapto.
Ladislao
Kubala es retratado por Francesca Petrella desde su perspectiva
humana, del amor y de sus valores de bondad y bonhomía.
Manuel
Pahíño es resaltado por la potencia de sus remates,
el trallazo que hace saltar chispas de la hierba y el éxito
que estas acciones tienen en los comentarios de los corrillos y
de los cafés.
Jacinto
Quincoces es visto por Federico Muelas como un nuevo Atlante y un
renovado Polifemo, lleno de cualidades físicas; mientras
que en la visión literaria de José García Nieto,
el futbolista aparece convertido en mito publicitario que evoluciona
de ángel del deporte a modelo de buen vestir.
Ricardo
Zamora es mitificado desde el recuerdo emocionado de la infancia,
a cargo de Pedro Montón Puerto. La evocación lírica
se entremezcla con sentimientos de admiración, envidia, orgullo
y cariño.
Pedro
Miranda también retrata literariamente a Telmo Zarraonaindía
"Zarra". El león y sus valores de garra y fuerza
se enfrentan a la pantera chilena en la Copa del Mundo de 1950.
Zarra representa el ímpetu en la internada, la velocidad
en la carrera, los cabezazos y se destaca el festejo social de sus
goles en Bilbao.
1976-2000
En
la cuarta etapa, de 1976 a 2000, se produce un profundo cambio en
la consideración social del deporte moderno, convertido ya
en una industria cultural del ocio y en un factor para el desarrollo
vital y cultural.
Literariamente,
es tiempo para la creación de premios especializados en novela,
poesía y ensayo, así como una fuerte diversificación
de temas y la aparición de nuevas formas literarias.
La
poesía se ocupa de mitificar el atletismo y el fútbol
con sátira y erotismo. La novela opta por retratar la gran
ciudad, el deporte en la sociedad, las recreaciones históricas,
facilita visiones del deporte profesional a cargo de sus protagonistas,
trata nuevos temas como el olimpismo, y se incorpora a formas de
novela negra y novela clave.
El
relato está mayoritariamente dedicado a fútbol y al
nuevo género de las memorias deportivas de los escritores,
como las realizadas por Miguel Delibes. El ensayo se centra en la
interpretación sociológica de los estadios. El teatro
genera dramas, costumbrismo y analiza las relaciones entre cultura
y deporte.
Para
la difusión masiva del mito deportivo en la sociedad de consumo
se mantienen formas como el cine y surgen con fuerza varias nuevas
formas literarias: la adaptación de novelas a series de televisión,
las comedias de situación, la edición de citas de
personajes célebres y la composición de canciones
y pasodobles.
Para
la mitología de deportistas profesionales cabe destacar la
exaltación de futbolistas y ciclistas. Antonio Linage Conde
recrea la figura de Di Stéfano como símbolo del dominio
técnico del juego y el desarrollo de todas sus cualidades.
Emilio Butragueño es la magia capaz de resolver en segundos
lo que parece imposible, como genio imprevisible que en sus jugadas
"lleva ángel de la guarda". Ricardo Zamora es exaltado
por su imagen publicitaria a través de las fotografías
en Blanco y Negro y en los envoltorios de los chocolates Ahora.
Butragueño
también aparece como símbolo de la sociedad madrileña
de los años ochenta que es retratada, por Antonio D. Olano,
con una técnica quevedesca y esperpéntica.
Para
Manuel Alcántara, José Martínez "Pirri"
representa el coraje, el sudor, la brega y el pundonor que comparte
la emoción del público en los diferentes lances del
juego.
Enrique
Castro "Quini" es destacado por Senén Guillermo
Molleda Valdés a causa de su habilidad para colocarse ante
la portería contraria, por su facilidad para conseguir goles
y por conectar con el ánimo del público.
Zubizarreta
es presentado por Rosa Regàs como símbolo de la contratáctica
para su entrenador habitual, en comparación con los partidos
disputados con la Selección Española.
Dentro
del panorama del ciclismo, es destacada la figura de Miguel Induráin
por Javier García Sánchez. En un serial publicado
en el diario El Mundo dentro, se narra la trama de una conspiración
para asesinar al líder español en el Tour de Francia
durante la ascensión al monte Marie Blanque o en diferentes
acciones donde se entremezclan los intereses de patriotas franceses,
de psicópatas que atacan a su ídolo y de personas
pertenecientes a la organización de la carrera.
Sin
duda, como gran novedad está la mitificación del periodismo
gracias a las transimisiones televisada, a la voz recordada de Matías
Prats, a la lectura de los pronósticos de Acisclo Karag y
a los valores de ilusión y sueño atribuidos a Marca
y a los recuerdos de amor adolescente en las páginas de As.
Se
adapta la novela ¿Dónde está el delantero centro?,
de Gary Lineker, como serial de televisión con el título
de Delantero. Y en la segunda mitad de los años noventa,
el costumbrismo social del fútbol se convierte en elemento
afectivo para diversos capítulos de las comedias de situación
Farmacia de guardia, Manos a la obra y Fernández y familia.
El
golfista Severiano Ballesteros y su habilidad para hacer hoyos;
la imbatibilidad del ciclista Miguel Induráin; la velocidad
del atleta Fermín Cacho; la fuerza de voluntad y el carácter
de la atleta Marta Domínguez y la fuerza de la tenista Arantxa
Sánchez Vicario en la devolución de los golpes con
la raqueta son los elementos para la lírica de las canciones
y composiciones musicales que festejan el deporte como éxito
social.
2.
Mitología y géneros literarios
En
la evolución del tratamiento de los mitos del deporte profesional
en los géneros literarios cabe destacar varios aspectos.
En primer lugar, la preferencia generalizada por la poesía
como fórmula idónea para la exaltación del
ídolo, al destacarse una visión subjetiva y llena
de sentimientos. En segundo lugar, la difusión masiva con
otras formas de comunicación y una especial predilección
por el cine, desde 1926.
Una
clasificación por etapas estaría formada por:
1º)
El tratamiento del deporte en ensayo periodístico, novela
y teatro, entre 1892 y 1912, pero sin referencias a mitos individuales.
2º)
El predominio de la poesía -entendida como estilo deportivo
o juego literario de expresiones ligeras y rápidas apto para
captar las emociones- sobre otros géneros como novela, relato,
ensayo, periodismo literario y creaciones cinematográficas,
entre 1912 y 1937. La primera película con intervención
de mitos fue Por fin se casa Zamora.
3º)
La continuidad, entre 1938 y 1975, del predominio de la poesía
como forma ideal de difusión del mito -sobre novela, relato,
ensayo y teatro- y la puesta en marcha de una doble tendencia cinematográfica:
las creaciones relacionadas con los mitos de Zamora, Gorostiza,
Quincoces, Polo y Abrego en ¡Campeones!, Di Stéfano
y Kubala y la nueva forma literaria de las adaptaciones cinematográficas
de las novelas El sistema Pelegrín y El otro árbol
de Guernica.
4º
Finalmente, entre 1976 y 2000, la mitología literaria del
deporte se decanta por la poesía, la novela y la acotación
literaria de actualidad deportiva a cargo de escritores, como géneros
favoritos. Además se diversifica la difusión para
la sociedad de consumo: adaptación de novelas a series de
televisión, comedias de situación, edición
de recopilaciones de frases deportivas a cargo de personajes notables
y composición de canciones y pasodobles. Y el tema deportivo
aparece en poemas y relatos de literatura infantil y juvenil.
3.
Conclusiones
A
lo largo del siglo XX, la difusión del deporte moderno ha
dado origen a tres niveles de estudio del idioma: el técnico
-con su jerga particular-, el de difusión periodística
y el literario.
En
la difusión del mito, la poesía se convierte en el
género favorito por su capacidad para expresar sentimientos
y emociones ante las hazañas de los deportistas, para recoger
los recuerdos y las ilusiones positivas.
A
partir de la segunda mitad del siglo XX, se produce una diversificación
de géneros que se adapta a las necesidades de los nuevos
tiempos: la lírica se concentra en las canciones de pop y
rock, la épica en la narración y descripción
de hazañas en los estadios y el drama en el cine y los seriales
de televisión.
Este
esquema general ha hecho vivir al mito deportivo en sociedad con
diferentes sistemas de valores, asociados en función de la
vida cotidiana en su correspondencia con una sociedad semiindustrial,
industrial y del ocio. Y ha provocado el fenómeno de no mitificar
tan sólo a los protagonistas de los acontecimientos deportivos
sino también a los encargados de su difusión a través
de los medios de comunicación.
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