Mujer, idioma y fútbol en España (1904-2004)

Jesús Castañón Rodríguez (*)

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La relación de la mujer con el deporte ha sido una constante competición por llegar más lejos, más alto y más fuerte tanto en las canchas como en todos los ámbitos que lo conforman. Así, ya en los Juegos Olímpicos de la Era Antigua sólo se permitía la entrada al estadio a las mujeres que participaban en ceremonias y ritos, mientras que las que se saltaban esta prohibición, aunque fueran esposas o madres de atletas, eran arrojadas al vacío desde la colina del monte Typaion (1).

Nuevas perspectivas se abrieron desde los siglos XIX y XX con los Juegos Olímpicos de la Era Moderna y la conversión de algunas disciplinas deportivas en espectáculo de masas. En España el espectáculo deportivo por excelencia ha sido el fútbol, al que tradicionalmente se ha considerado como un ámbito lejano a la mujer y que todavía a principios del siglo XXI, presentaba aspectos llamativos en una encuesta realizada por Sigma Dos: el 88,5% de las entrevistadas consideraba aburrido el balompié, aunque gusta más a las adultas que a las jóvenes; un 88,5% pensaba que es un deporte más apropiado para hombres, un 15,6% se mostraba partidario de cambiar la psicología de sus familiares o amigos aficionados al fútbol, un 41,6% retiraría el apoyo social y político que recibe y un 17,1% creía recomendable que se prohibieran las transmisiones (2).

Marco histórico

La incorporación femenina al deporte en general y al fútbol en particular ha sufrido las mismas dificultades que el reconocimiento de la mujer en la sociedad y la implantación del deporte femenino internacional. Y ha debido superar diversos aspectos culturales, educativos, médicos, periodísticos... que abarcan dos grandes etapas.

Una primera, en el siglo XIX, ha estado relacionada con la petición de una educación integral que reclamaba su derecho a la educación física para un mejor desenvolvimiento, ha incluido referencias en las leyes desde 1879 y ha contado con su presencia en gimnasios y asociaciones deportivas (3). En esta época fueron frecuentes los estudios, congresos y conferencias que recomendaban actividades de higiene, paseos, juegos y ejercicios físicos corporales que eran clasificados en función de la diferencia sexual. Ciclismo, deportes de raqueta (volante, tenis y frontón), equitación, esgrima, golf, natación, patinaje, remo y tiro al blanco, junto con ejercicios que favorezcan la moderación de movimientos, pretendían terminar con la vida sedentaria (4). Si en Inglaterra surgió el fútbol femenino hacia 1880, cuando Nettie Honeyball promovió el primer equipo femenino para actuar en acontecimientos de caridad, habrá que esperar al siglo siguiente para su implantación en España.

Una segunda etapa, en el siglo XX, lleva a cabo la construcción de una mujer moderna que convierte la práctica deportiva en un símbolo de decisión, seguridad e independencia. Desde la Primera Guerra Mundial, las jóvenes europeas de 14 y 15 años hicieron del balompié, la natación y el baile sus actividades de ocio, con numerosas entidades futbolísticas en Inglaterra, la disputa en 1920 del primer partido internacional entre clubes de Francia e Inglaterra y la reivindicación en el país galo del deporte femenino internacional, especialmente entre 1924 y 1934. La aceptación de la mujer futbolista se expresó como ilustración en tarjetas, fotografías o portadas de revistas de modernidad, pero también se levantó una ola de rechazo, basada en criterios culturales y argumentos médicos relacionados con la estructura corporal de la mujer, que la convirtió en protagonista del humorismo gráfico (5).

En España, desde la década de los veinte se dota al cuerpo femenino de libertad de movimientos, dinamismo y comodidad y a la lista de deportes del siglo anterior se unieron ahora automovilismo, esquí, hockey, motociclismo y pesca. Se crearon entidades para la divulgación y promoción del deporte entre la clases media y más populares, destacando la labor del Club Femení i d'Esports, creado en 1928 en Barcelona (6). Ya en la II República, y a partir de la aplicación del artículo 40 de la Constitución de 1931, se eliminó la diferencia sexual en la consideración de las disciplinas deportivas y, en consecuencia, surgieron numerosas asociaciones femeninas de deporte, se dio importancia al comentario técnico sobre el frívolo en la prensa y se impulsó la práctica de atletismo, excursionismo, fútbol, natación y tenis, llegándose a celebrar diversos campeonatos de España de atletismo en 1931 y de cross, esquí, fútbol, hockey y natación desde 1933 (7).

Al llegar al inicio de la Segunda Guerra Mundial, el fútbol femenino vivió un lento declive en Europa. En España se redujo su práctica en función de criterios fisiológicos, aunque desde los años sesenta aumentó el número de mujeres deportistas, y también su participación en los estamentos futbolísticos por las limitaciones legales establecidas para realizar actuaciones administrativas.

Al final del conflicto bélico se revitalizó el fútbol femenino en los años cincuenta, cuando Costa Rica pretendió participar en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires y en los centros de enseñanza secundaria de Estados Unidos y República Federal de Alemania su práctica se convirtió en una fuerza emergente. En el Congreso de la FIFA de 1952 se propuso organizar la competición femenina de este deporte, pero este organismo no dio respuesta y se pusieron en marcha la Asociación Internacional Femenina de Fútbol en 1957 y la Federación Europea e Internacional de Fútbol Femenino en 1969.

El último tercio del siglo XX y los primeros años del siglo XXI son tiempos para la plena incorporación de la mujer a todos los ámbitos del deporte. Crece el número de deportistas que participa en todo tipo de disciplinas, aunque todavía con una fuerte lucha por mejorar posiciones en actividades en las que priman la fuerza y la velocidad. Y la mujer se convierte en la principal usuaria de actividades de ocio y salud: aeróbic, atletismo, baloncesto, carrera continua, ciclismo, esquí, gimnasia de mantenimiento, natación, patinaje, surf, tenis y voleibol.

El cambio social convierte al deporte espectáculo en un bien cultural al que las mujeres se incorporan como profesionales que buscan contar con una mayor presencia en puestos de responsabilidad y crear puestos en nuevos sectores laborales, tras los cambios en el Código Civil que reconocen la igualdad de sexos establecida en el Artículo 14 de la Constitución de 1978 y la normativa internacional (8). Es un proceso al que no es ajeno el Comité Olímpico Internacional, que desde 1994 lleva a cabo una serie de medidas para superar las dificultades sociales y tradiciones culturales: crea un Grupo de trabajo "Mujer y deporte" presidido por la estadounidense Anita L. Defrantz, celebra en 1996 en Lausana y en París en 2000 sendas conferencias mundiales para analizar la evolución del deporte femenino, destaca su valor como elemento de emancipación social y fuente de bienestar y favorece la presencia de mujeres en la dirección y administración de entidades con una cuota del 10% para el año 2000, que debe alcanzar el 20% en el año 2005. Es una tarea en la que participan: Movimiento Olímpico, Comités Olímpicos Nacionales, federaciones deportivas, Naciones Unidas, organizaciones intergubernamentales, organizaciones no gubernamentales, instituciones educativas, instituciones de promoción de la mujer, centros de investigación, universidades y medios de comunicación (9).

El fútbol femenino en el mundo y en España tampoco estuvo ajeno a los cambios. En 1970 y 1971 se disputó un campeonato mundial de clubes en Italia y en México; en 1971, la UEFA permitió a las federaciones hacerse cargo de la organización del balompié femenino; en 1975 y 1984 se celebraron los primeros campeonatos de Asia y de Europa y el fútbol femenino llega a su máximo reconocimiento cuando el Congreso de la FIFA de 1986 aprueba la celebración de la primera Copa del Mundo en China en 1991 y se incorpora al programa de los Juegos Olímpicos de verano de 1996. En España, se restauró un primer campeonato en la temporada 1969-1970, pero habrá que esperar a que la Federación Catalana de Fútbol promueva la creación en 1980 del Comité Nacional de Fútbol Femenino, integrado en la Real Federación Española de Fútbol. A esto le seguiría en 1996 la puesta en marcha de un campeonato de Liga en cuatro grupos por proximidad geográfica y, desde la temporada 2000-2001, la creación de una Liga Nacional con las mismas características que el fútbol profesional masculino.


El deporte espectáculo

El desarrollo de este proceso ha obligado a contar con una mayor presencia femenina en diversos estamentos del fútbol: jugadoras, entrenadoras, árbitras y áreas de administración y gestión.

Jugadoras

España aporta 11.000 fichas al conjunto del mundo (10), con jugadoras que comienzan a jugar a los 14 años y son estudiantes o trabajadoras, solteras, de 19 a 31 años y que no suelen superar los 30.000 euros anuales en el caso de las futbolistas de alta competición. Juegan con un alto sentido del prestigio, de la responsabilidad y la diversión y valoran más las acciones técnicas y el trato respetuoso hacia el colegiado y el rival.

Actualmente, según el Comité Nacional de Fútbol Femenino, logra convocar 800.000 espectadores en transmisiones televisadas, ha exportado jugadoras a Italia y Japón y debe abordar varios retos: el escaso interés de los grandes clubes, la falta de apoyo comercial, la falta de atención de los medios de comunicación y la necesidad de superar prejuicios sociales relacionados con críticas gratuitas, con la justificación de la afición deportiva de la hija en los bares y en el trabajo, así como con las madres que no han recibido una educación deportiva (11).

Además, se han planteado problemas para encontrar niñas que jueguen desde alevines en competiciones de fútbol siete y en edad infantil, excepto en Asturias, Cataluña y Madrid. Hecho que provocó la creación de competiciones de fútbol mixto en 1999, la divulgación del fútbol femenino y su estudio desde una perspectiva sociológica, psicológica, fisiológica y organizativa (12). Y también que varios clubes del fútbol profesional se sumasen a su crecimiento después de que en 1995 el Real Sporting de Gijón fundara la primera Escuela Femenina de fútbol y complementara su labor con escuelas de iniciación y un Campus de verano para que las niñas de 6 a 15 años trabajasen contenidos como el calentamiento, el trabajo técnico específico y el partido con un enfoque orientado a favorecer la libertad de movimientos y desarrollar valores de improvisación, creatividad o sensibilidad para la labor colectiva (13). Al Real Sporting se sumaron posteriormente otros clubes profesionales como Athletic Club de Bilbao, Levante, Rayo Vallecano o Espanyol. De las Sociedades Anónimas Deportivas que militan en la temporada 2004-2005 en Primera, cuentan con equipo femenino un 7,14 % de entidades.

Entrenadoras

Como consecuencia del resurgir del fútbol también apareció un nuevo perfil: las entrenadoras. Desde 1970, fecha en la que la sevillana Pilar Vargas fue la primera en obtener el título nacional, se han hecho cargo de divisiones del fútbol no profesional y de las categorías inferiores de los clubes para preparar indistintamente a niños y niñas, y prestar una especial atención a cuestiones de motivación y de aprender a ganar tranquilidad. Las nuevas generaciones de entrenadoras han combinado la formación en Educación Física con una preparación de carácter pedagógico, pero sus aspiraciones profesionales se han visto limitadas a recibir ofertas para preparar equipos de Segunda división B, y no han encontrado todavía un hueco en los medios de comunicación para realizar comentarios técnicos.

Árbitras

El estamento arbitral es un ámbito en el que la labor de la mujer no presenta ninguna diferencia con la de los hombres, aunque cuando sus decisiones son discutidas por el público, éste sustituye los tradicionales insultos hacia la dignidad femenina en la familia del árbitro varón por dudas sobre la capacidad profesional.

La decisión de que sólo mujeres pitaran los encuentros de fútbol femenino, tomada en 1994, ha llevado a la creación de colegiadas internacionales como María José Alcántara Negrín y Rosa Ruiz Tacoronte, o su presencia tanto en partidos de Primera y Segunda división como en el Comité Técnico de los diferentes colegios territoriales. Es el caso de Carolina Doménech, del Colegio Balear, que actuó como cuarto árbitro en la temporada 2000-2001 en un partido entre el Espanyol y el Deportivo, y de Marisa Villa Rodríguez, que fue jueza de línea en el encuentro Real Valladolid-Tenerife en la campaña 2004-2005.

Administración y gestión

Mayor tradición tiene la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad de las organizaciones deportivas, que comprende seis fases y afecta a aspectos de administración y gestión.

A principios del siglo XX, su primera función fue presidir partidos, que formaban parte del programa de festejos locales, y realizar la entrega de medallas conmemorativas. Esta labor se documenta en las ciudades asturianas de Gijón y Avilés ya en 1903 y 1904, con la Condesa de Revillagigedo como pionera (14).

Segundo, llegaron a formar parte de las Directivas de Honor que componían personajes ilustres de cada localidad como aval de las entidades deportivas. De los actuales equipos del fútbol profesional, el Real Sporting de Gijón tuvo como presidentes de honor a los Condes de Revillagigedo (15).

Un tercer paso consistió en actuar como Madrinas de honor en diversos actos. Representantes de la nobleza, hijas de dirigentes de las entidades deportivas o familiares de destacados personajes de la localidad adornaban altares, bordaban banderas del equipo, realizaban ofrendas o ejecutaban el saque de honor en partidos. Con el paso del tiempo, la tarea de realizar bordados de encargo para grandes acontecimientos sociales ha sido compartida con órdenes religiosas y el saque de honor, desde los años sesenta y setenta, se convierte en un reconocimiento social que efectúa la Reina de las Fiestas en las festividades locales o deportistas que han triunfado en un campeonato (16).

Cuarto, la mujer se incorporó a las juntas directivas como vocales femeninas para encauzar los deportes femeninos y coordinar asuntos sociales. Las entidades deportivas fueron fundadas en su mayoría como asociaciones de carácter polideportivo que practicaban diversas disciplinas deportivas, aunque empezaron a destacar en el fútbol y paulatinamente sólo se concentraron en él a raíz de la implantación del profesionalismo en 1928. Hasta 1936 varios clubes nombraron vocales femeninas. La pionera fue Josefa Gomar en el Real Madrid. Apasionada seguidora del fútbol, practicó esquí, hockey, natación, patinaje sobre ruedas y sobre hielo y tenis, desempeñó esta función desde 1924 para promover en la mujer la educación física y la práctica de los deportes adecuados, según las clasificaciones de la época citadas anteriormente (17).

Posteriormente, esta labor la llevó a cabo Anna Maria Martínez Sagi, atleta y tenista que fundó el Club Femení i d'Esports de Barcelona, en el F. C. Barcelona en 1934. Y en el Sporting de Gijón Ino Hulton, Herminia Rodríguez y María Elvira Sampil organizaron bailes de Carnaval y becerradas para recaudar fondos económicos en 1934.

Desde la inmediata posguerra, ocupó numerosos cargos de administración y gestión del club destacando los casos de Josefina Roces, como secretaria del Real Oviedo con más de cuatro décadas de servicio, o el trabajo en la gerencia del Deportivo llevado a cabo por Berta Vales. Se integró en los organigramas de entidades para desempeñar todo tipo de responsabilidades, que en la temporada 2003-2004 y 2004-2005 presenta un panorama que afecta al 42,8 % de los clubes de Primera y Segunda. La mujer está presente en la Dirección general con Ana Xicoy en el F. C. Barcelona; en la Dirección Comercial con María Cardero en Osasuna y en la Dirección financiera con Raquel Ortega y Purificación Ramón en el Mallorca y el Zaragoza. Además se encarga de la Dirección de áreas como administración con Clotilde Jurado, Yolanda Grijalvo y Tamara Urruz en el Córdoba, el Numancia y Osasuna; centro de asistencia social con Isabel Aguilera en el Rayo Vallecano; contabilidad con Lorena Acaz en Osasuna; márketing con Isabel Mendiara en Osasuna y Marina Solsona en el Villarreal; proyectos estratégicos con Isabel Legarreta en la Real Sociedad; protocolo con Lorena Acaz en Osasuna; recursos humanos con Marimar Piérola en el Alavés; relaciones externas con Laura Alsina y Karmele Zubillarga en el F. C. Barcelona y la Real Sociedad; y relaciones públicas con Lorena Acaz y María Urda en el Osasuna y el Málaga. También se encarga de la gerencia con Berta Vales el Deportivo; de labores de secretariado de Junta Directiva con Trinidad Campuzano e Inma Escribano en el Ciudad de Murcia; y de la Jefatura de Prensa con Delia Bullido, Marta Santisteban, Marian Solsona y Celeste Rayo en el Levante, Real Madrid, Villarreal y Zaragoza para Primera división y María Cruz Mañas, Maribel San José, Mónica España y Natividad del Arco en el Córdoba, Éibar, Polideportivo Ejido y Unión Deportiva Salamanca para Segunda división.

Y ya en los años ochenta pasó a integrarse en los equipos de gestión de las juntas directivas, desempeñando labores técnicas gracias a su sentido práctico y profesionalidad sin altos grados de vanidad. Arranca con la presencia de Margarita Díaz Braña y Petra Mateos en el Real Sporting de Gijón y en el Real Madrid para llevar asuntos relacionados con la tesorería y la economía.

Desde 1992, con la conversión de las entidades en Sociedades Anónimas Deportivas formaron parte de los Consejos de Administración: Jasone Irarragorri, Ana Reka, Ana Urkijo en el Athltetic Club de Bilbao; Miriam Gil Marín en el Atlético de Madrid; Maria Teresa Andreu, Elisabet Cardoner Casaus, Carme Dropez, Isabel Galobardes, Maria Antonia Milà, Imma Ribas, Rosa María Valls Taberner y Claudia Vives-Fierro en el Fútbol Club Barcelona; María del Carmen Pérez en el Elche; Anna Maria Fusté, Julia García Valdecasas y María Teresa Ros en el Espanyol; Guadalupe Murillo Solís en el Pontevedra; María del Carmen Saavedra en el Tenerife; Marta Silva de Lapuerta en el Real Madrid; Francisca March en el Real Mallorca; Silbia Sarasola en la Real Sociedad; María Teresa Álvarez en el Real Sporting de Gijón; Lyanne Fermoselle en el Real Valladolid; así como Beatriz Delgado y María Hoyos en el Valencia. En la temporada 2004-2005 el 26,1 % de las Sociedades Anónimas Deportivas de Primera y Segunda División registran la presencia de mujeres en sus Consejos de Administración.

Entre todos ellos, llama la atención el caso de Carme Dropez, Directora de la Enseñanza a distancia en Cataluña, que fue fichada para llevar el área social, que en el siglo XXI alcanza una nueva dimensión: formar deportistas para su integración en la vida normal al finalizar la vida deportiva.

También participaron en la gestión del día a día médicas, abogadas, psicólogas... Son los casos, entre otros, de María Gracia López como jefa de los servicios médicos del Villarreal en 1991; Carmen María Domínguez Graña como abogada especializada en temas jurídicos y de contratos en el Real Oviedo; Roxana Llames en el Real Sporting; y Marisa Sanjuán, Edurne González y María Ruiz de Oña en el Athletic como psicólogas que han desempeñado su trabajo en las escuelas de fútbol de Mareo y de Lezama desde los años noventa.

Quinto, la mujer ejerce el puesto de máxima dirección desde la presidencia de una entidad. En 1980, María Ignacia Hoppichler accedió al cargo en el Lorca (Murcia) y le seguiría en el Rayo Vallecano (Madrid) María Teresa Rivero en 1994, que aportó su nombre al estadio. En ambos casos, su llegada fue motivada desde el ámbito familiar como esposas que desean ayudar a su marido, el entrenador Jesús Moreno Manzaneque y el empresario y máximo accionista de la Sociedad Anónima Deportiva, José María Ruiz Mateos, respectivamente. Dentro del conjunto del fútbol profesional en la temporada 2003-2004, la presencia de mujeres en la presidencia de clubes fue del 2,3 %. Fuera del fútbol profesional se registró una directiva formada sólo por mujeres en el Antequera, con Silvia Gutiez como presidenta; y en la temporada 2004-2005, dos presidentas rigen los destinos del Rayo Vallecano y el Linares en Segunda División B: María Teresa Rivero y María Carmen Fernández Alonso.

Y sexto, también asumen su papel como máximas accionistas de entidades deportivas en los primeros años del siglo XXI con las hermanas Arancha y Milagros Saralegui como propietarias de un 57 % del capital del Real Valladolid, SAD en representación de la empresa Palcos Blancos.


La grada

La presencia femenina en la grada se puede clasificar en tres grandes etapas: desde el siglo XIX hasta 1939, de 1939 a 1982, desde 1982 hasta la actualidad.

En la primera ola, la mujer empieza a acudir al estadio para ver un espectáculo, sola o acompañada, y también para compartir un rato de ocio con su pareja.

La prensa de la época destacaba en ellas su juvenil entusiasmo febril, su adhesión cordial y optimista, su risa contagiosa como música que anima a los espectadores, sus aplausos frenéticos, su forma de comentar las jugadas y su manera de llevar la contrariedad y el disgusto por una derrota con tristeza y en silencio.

Son presentadas como mujeres modernas que aman el tango, usan rímel, leen novelas amorosas, juegan al tenis y asisten risueñas al espectáculo del fútbol porque destaca la belleza de la salud y permite conservar el perfume. Desde los años veinte aparecen en reportajes fotográficos, siendo la actriz tiple cómica Luisa Puchol una de las pioneras que se declara aficionada al fútbol y realiza un posado como guardameta en las páginas del periodismo deportivo (18).

Junto a esta imagen, se produce, en un primer momento, el registro del alta como socias a equipos de fútbol con un perfil que va de los 10 a 29 años, con mayoría de las adolescentes de 10 a 19; personas pertenecientes a la aristocracia o vinculadas a ámbitos diplomáticos, industriales, comerciantes y familiares de técnicos extranjeros de paso por España. Proceso al que enseguida se suman todas las clases sociales con la necesaria constitución de masas sociales capaces de arropar al incipiente fútbol profesionalizado.

En el caso del Real Madrid serán socias, desde 1924, las Marquesas de Rubalcava, de Cañada Honda y de Mont Roig, las hermanas Escrivá de Romaní Luxán, Julia Ximénez de Sandoval y Tapia, las hermanas Losada Draje, Luisa Drake Santiago, la política Clara Campoamor, la farmacéutica Carmen Manso Robledo y varias profesoras inglesas de idiomas. En 1926, con la fundación del Real Oviedo se inscribe La Pixarra y, en 1927, Francisca Ortiz de Guzmán lo hará en el Alavés (19).

En una segunda ola, de 1939 a 1982, el fútbol se convierte en un espectáculo familiar al que se incorporan novias, esposas e hijas de forma abrumadora, hasta que la maternidad, las obligaciones familiares o las épocas de recesión económica favorecían su baja como socias.

El nuevo perfil abarca mujeres de 10 a 54 años, con un ligero predominio del grupo de 10 a 29 sobre el de 40 a 54 y en el que son mayoría las estudiantes, amas de casa y empleadas que trabajan en oficinas, en especial en el sector privado, banca, seguros y funcionarias. Su incorporación masiva hace que se registre el alta de muchas de ellas en los archivos de las entidades y organismos. Por ejemplo, en el listado de 100 socios más veteranos del Athletic de Bilbao, con motivo de su centenario, figuran dos mujeres (María Luisa Uribe y Concepción Balsebre) y en el Real Sporting de Gijón se encuentran registradas como socias de honor, con cincuenta años consecutivos desde 1939, Lucinda Plaza, María Isabel Vega y las hermanas Aurora y Elena Calvo.

Josefina Carabias relató su comportamiento como una crónica social en la que desfilaban mujeres guapas y distinguidas; señoras que visten sombreros pequeños que tapan la coronilla, abrigos de entretiempo y trajes de chaqueta; hinchas de cara furiosa y despectiva que pierden las formas hasta "convertirse en un verdadero legionario"; féminas que se esponjan como pavos ante los goles de su equipo; niñas "machotas" que siguen con furor y pasión las evoluciones de su club y hacen de los resultados deportivos una excusa para sobrellevar las semana en los internados. Presenta un cuadro en el que la mujer canta en las gradas, se desahoga insultando al árbitro para olvidar las penas y baila a ritmo de conga, samba, bolero y raspa tras cada victoria (20).

Desde el punto de vista jurídico se da la circunstancia de que, en aplicación del código civil existente durante el Nuevo Estado y hasta su derogación tras la aprobación de la Constitución de 1978, la mujer se equiparaba a la categoría de infantil, sin voz ni voto en las juntas ordinarias o extraordinarias de socios.

Una tercera ola de aficionadas surge tras la Copa del Mundo de 1982, celebrada en España. Con el cambio social, se asientan las bases para que estalle un fenómeno social en la siguiente década. Entre 1982 y 1996 surge un consumo afectivo que integra a mujeres para las que el balompié configura un mundo del que se desprende un torbellino de sensaciones, emociones al límite, intimismo y ternura tras haber comenzado a patear balones en las calles, a coleccionar cromos y a asistir a algunos entrenamientos. Es una etapa sentimental en la que se muestra sensibilidad tanto hacia el éxito como hacia su fragilidad y la mujer enfoca su visión del fútbol a sentirlo y disfrutarlo igual que los hombres. Para ellas, mayoritariamente mujeres de 14 a 37 años en 1995, el fútbol pasa a ser visto como un acto social relajante, como un espacio para ser conquistado en los estadios con peñas exclusivamente femeninas, para expresarse libremente y con un espíritu lúdico en el estadio y en los bares en los que siguen las transmisiones en animadas tertulias. Este proceso se inicia con la constitución en 1984 de la peña valencianista La Luna de Valencia y, en el mundo de las hinchasdas radicales, con la incorporación en 1990 de Ultra Girls para realizar tareas de animación al equipo y de apoyo al grupo de seguidores del Real Sporting de Gijón Ultra Boys.

Desde 1996 hasta la actualidad y con la explotación comercial de los ingresos atípicos, las mujeres se convierten en una fuerza social para el consumo de la seducción mediática. El fútbol se presenta como una ocasión para liberar pasiones, forjar identidades, aprender a vivir, expulsar frustraciones, desengaños o resentimientos... y lleva a la mujer hacia dos direcciones opuestas: la integración y el rechazo.

Continúa la integración con una triple vertiente. Primero, la formación de nuevas peñas femeninas en las que destacan denominaciones que indican inequívocamente su carácter. Es el caso, entre otras muchas, de Avioncito Rambert (Real Zaragoza), El Harén (Extremadura), Izar (Real Sociedad), Juan Carlos Unzué (Sevilla), Juan Ureña (Betis), La Regenta (Real Oviedo), Liga Celeste (Celta de Vigo), Luis Figo (Fútbol Club Barcelona), Luna (Almería), New Burguer (Deportivo de La Coruña), Peña Femenina Alonso (Real Sporting de Gijón) o Sostenes Rojiblancos (Atlético de Madrid). Organizan numerosas actividades equipadas con elementos distintivos de su equipo: bufanda, camiseta, gorra, pancarta..., que combinan el modelo masculino de seguidores de una entidad con el modelo asiático de la mujer en el fútbol, que sigue más a las estrellas individuales que sólo al conjunto. Reivindican espacios tradicionalmente reservados a los hombres, tanto en el estadio como en los medios de comunicación. Crean tertulias radiofónicas, en las que las participantes son sólo mujeres, en Almendralejo, Madrid, Oviedo y Valencia con los comentarios de las peñistas de El Harén, Tentación Blanca, La Regenta y La Luna sobre los partidos y las noticias de sus respectivos equipos.

Segundo, con la participación desde 1999 en la Asociación de Federación de Peñas de Fútbol, para reivindicar una organización profesionalizada que atienda los intereses de los espectadores y fomente pautas correctas de conducta para un espectáculo familiar. En esta entidad llegó a la presidencia Begoña Rivadulla, presidenta de la Federación de Peñas del Celta (21). Se ha producido la circunstancia de que en la temporada 2002-2003, el R. C. D. Espanyol llegó a contar con ocho presidentas de peñas. Y tercero, han sido objeto de la seducción de la publicidad y los medios para crear una nueva consumidora con un estilo de vivencia apasionada que comprende aspectos del fenómeno fan de la música popular moderna: vigilia en el hotel para ver al ídolo, imágenes de futbolistas en carpetas de estudiantes, reacciones insólitas para llamar su atención (salto de vallas protectoras, carreras de velocidad por aparcamientos, caída libre sobre automóviles...), apoyo con gritos de ánimo y de protección, declaraciones de cariño, reacción juvenil en cadena para asistir a entrenamientos y a programas radiofónicos como El larguero que presentó este proceso como la renovación de la alegría de las hinchadas en una fiesta social (22).

En cualquiera de estas facetas, las mujeres siguen las noticias del balompié como una pasarela en la que el futbolista y el club han pasado a ser modelos sociales cercanos con los que establece una evolución entre fan, hincha y aficionada, que se corresponde con el paso del tiempo desde la adolescencia a la madurez, siguiendo a jugadores guapos, identificándose con un equipo y desarrollando un completo conocimiento del juego.

Este consumo se ha canalizado a través de la prensa del corazón y ha convertido al futbolista en un personaje para la industria del entretenimiento por sus amores y andanzas con mujeres del mundo artístico y social. Es un proceso que llega a su cima con el fichaje de David Beckham por el Real Madrid y la importación de un modelo de ídolo moderno que ha sido estudiado en la Staffordshire University (Reino Unido). Presenta una estrella con atractivo global que lucha entre el deporte profesional (con sus presiones, sus miedos al fallo ante el reproche de los medios de comunicación o las emociones fuertes y odios irracionales de la gente) y la anteposición de la vida familiar mediante constantes muestras de romanticismo con la esposa y de ternura con los niños. Es la historia de un futbolista que aprecia la personalidad de la gente en su lucha contra las adversidades, que supera el sufrimiento por los contratiempos del divorcio de los padres y el intento de secuestro de su mujer e hijo y que crea un estilo de vida moderno y diferente: estilismo, diseño de ropa deportiva y de moda infantil, uso de cosméticos para un modelo de hombre metrosexual y constantes apariciones en espacios televisivos de información general (23).

En el caso de las generaciones más jóvenes, ese consumo se canaliza a través de las nuevas tecnologías, tanto a través de las diferentes modalidades de Internet como en videojuegos en los que ellas compiten en destreza y habilidad manejando simuladores que reproducen fielmente la realidad del estadio.

Ante tanta exageración social del fútbol, también surgió una corriente de rechazo por las interferencias y estragos que el balompié produce en la vida familiar y de pareja al despreocuparse el varón de sus obligaciones familiares mientras dura un partido o sigue la información de los magazines nocturnos de la radio.

Ya desde la segunda ola, el balompié se había convertido en un rival para miles de mujeres en su relación de pareja: el fantasma de los celos en los estadios, la incapacidad para asumir responsabilidades durante el encuentro, el aplazamiento de las obligaciones conyugales, las peleas por el mando a distancia para cambiar de programación televisiva... Las nuevas formas de comercialización del fútbol en los años noventa, con la Liga de las Estrellas que en la temporada 1996-1997 emitía transmisiones televisadas de encuentros todos los días de la semana menos el viernes, provocaron una alianza entre las mujeres y los sectores de hostelería y espectáculos públicos para luchar contra lo que consideraban un exceso que repercutía negativamente en sus vidas y negocios. En 1996, Margarita Peces creó en Manzanares el Real (Madrid) la Asociación de Mujeres abandonadas por el fútbol, y la Asociación de Empresarios de Restaurantes y cafeterías, así como los empresarios de teatros, cines, productores, publicistas y profesionales de la cultura y el ocio se unieron para protestar contra el horario del fútbol televisado.

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(*) Publicado en Lecturas: Educación Física y Deportes número 107. Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de: Mar Aguilar (Vidis Comunicación), Natalia Arriaga (Agencia Efe), María del Rosario Castañón (Universidad de Valladolid), José Vicente Hernáez (Vicepresidente de la Asociación Española de la Prensa Deportiva), Marieta Iglesias (Real Sporting de Gijón, SAD), María Elena Martín Pérez, Carmen Menéndez (Agencia Efe) y José Luis Rubiera (Real Sporting de Gijón, SAD).

 

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