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Mujer,
idioma y fútbol en España (1904-2004)
Jesús
Castañón Rodríguez (*)
1
de 2.../...
La relación de la mujer con el deporte ha sido una constante
competición por llegar más lejos, más alto
y más fuerte tanto en las canchas como en todos los ámbitos
que lo conforman. Así, ya en los Juegos Olímpicos
de la Era Antigua sólo se permitía la entrada al estadio
a las mujeres que participaban en ceremonias y ritos, mientras que
las que se saltaban esta prohibición, aunque fueran esposas
o madres de atletas, eran arrojadas al vacío desde la colina
del monte Typaion (1).
Nuevas perspectivas se abrieron desde los siglos XIX y XX con los
Juegos Olímpicos de la Era Moderna y la conversión
de algunas disciplinas deportivas en espectáculo de masas.
En España el espectáculo deportivo por excelencia
ha sido el fútbol, al que tradicionalmente se ha considerado
como un ámbito lejano a la mujer y que todavía a principios
del siglo XXI, presentaba aspectos llamativos en una encuesta realizada
por Sigma Dos: el 88,5% de las entrevistadas consideraba aburrido
el balompié, aunque gusta más a las adultas que a
las jóvenes; un 88,5% pensaba que es un deporte más
apropiado para hombres, un 15,6% se mostraba partidario de cambiar
la psicología de sus familiares o amigos aficionados al fútbol,
un 41,6% retiraría el apoyo social y político que
recibe y un 17,1% creía recomendable que se prohibieran las
transmisiones (2).
Marco
histórico
La incorporación femenina al deporte en general y al fútbol
en particular ha sufrido las mismas dificultades que el reconocimiento
de la mujer en la sociedad y la implantación del deporte
femenino internacional. Y ha debido superar diversos aspectos culturales,
educativos, médicos, periodísticos... que abarcan
dos grandes etapas.
Una primera, en el siglo XIX, ha estado relacionada con la petición
de una educación integral que reclamaba su derecho a la educación
física para un mejor desenvolvimiento, ha incluido referencias
en las leyes desde 1879 y ha contado con su presencia en gimnasios
y asociaciones deportivas (3). En esta
época fueron frecuentes los estudios, congresos y conferencias
que recomendaban actividades de higiene, paseos, juegos y ejercicios
físicos corporales que eran clasificados en función
de la diferencia sexual. Ciclismo, deportes de raqueta (volante,
tenis y frontón), equitación, esgrima, golf, natación,
patinaje, remo y tiro al blanco, junto con ejercicios que favorezcan
la moderación de movimientos, pretendían terminar
con la vida sedentaria (4). Si en Inglaterra
surgió el fútbol femenino hacia 1880, cuando Nettie
Honeyball promovió el primer equipo femenino para actuar
en acontecimientos de caridad, habrá que esperar al siglo
siguiente para su implantación en España.
Una segunda etapa, en el siglo XX, lleva a cabo la construcción
de una mujer moderna que convierte la práctica deportiva
en un símbolo de decisión, seguridad e independencia.
Desde la Primera Guerra Mundial, las jóvenes europeas de
14 y 15 años hicieron del balompié, la natación
y el baile sus actividades de ocio, con numerosas entidades futbolísticas
en Inglaterra, la disputa en 1920 del primer partido internacional
entre clubes de Francia e Inglaterra y la reivindicación
en el país galo del deporte femenino internacional, especialmente
entre 1924 y 1934. La aceptación de la mujer futbolista se
expresó como ilustración en tarjetas, fotografías
o portadas de revistas de modernidad, pero también se levantó
una ola de rechazo, basada en criterios culturales y argumentos
médicos relacionados con la estructura corporal de la mujer,
que la convirtió en protagonista del humorismo gráfico
(5).
En España, desde la década de los veinte se dota al
cuerpo femenino de libertad de movimientos, dinamismo y comodidad
y a la lista de deportes del siglo anterior se unieron ahora automovilismo,
esquí, hockey, motociclismo y pesca. Se crearon entidades
para la divulgación y promoción del deporte entre
la clases media y más populares, destacando la labor del
Club Femení i d'Esports, creado en 1928 en Barcelona (6).
Ya en la II República, y a partir de la aplicación
del artículo 40 de la Constitución de 1931, se eliminó
la diferencia sexual en la consideración de las disciplinas
deportivas y, en consecuencia, surgieron numerosas asociaciones
femeninas de deporte, se dio importancia al comentario técnico
sobre el frívolo en la prensa y se impulsó la práctica
de atletismo, excursionismo, fútbol, natación y tenis,
llegándose a celebrar diversos campeonatos de España
de atletismo en 1931 y de cross, esquí, fútbol, hockey
y natación desde 1933 (7).
Al llegar al inicio de la Segunda Guerra Mundial, el fútbol
femenino vivió un lento declive en Europa. En España
se redujo su práctica en función de criterios fisiológicos,
aunque desde los años sesenta aumentó el número
de mujeres deportistas, y también su participación
en los estamentos futbolísticos por las limitaciones legales
establecidas para realizar actuaciones administrativas.
Al final del conflicto bélico se revitalizó el fútbol
femenino en los años cincuenta, cuando Costa Rica pretendió
participar en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires y en los
centros de enseñanza secundaria de Estados Unidos y República
Federal de Alemania su práctica se convirtió en una
fuerza emergente. En el Congreso de la FIFA de 1952 se propuso organizar
la competición femenina de este deporte, pero este organismo
no dio respuesta y se pusieron en marcha la Asociación Internacional
Femenina de Fútbol en 1957 y la Federación Europea
e Internacional de Fútbol Femenino en 1969.
El último tercio del siglo XX y los primeros años
del siglo XXI son tiempos para la plena incorporación de
la mujer a todos los ámbitos del deporte. Crece el número
de deportistas que participa en todo tipo de disciplinas, aunque
todavía con una fuerte lucha por mejorar posiciones en actividades
en las que priman la fuerza y la velocidad. Y la mujer se convierte
en la principal usuaria de actividades de ocio y salud: aeróbic,
atletismo, baloncesto, carrera continua, ciclismo, esquí,
gimnasia de mantenimiento, natación, patinaje, surf, tenis
y voleibol.
El cambio social convierte al deporte espectáculo en un bien
cultural al que las mujeres se incorporan como profesionales que
buscan contar con una mayor presencia en puestos de responsabilidad
y crear puestos en nuevos sectores laborales, tras los cambios en
el Código Civil que reconocen la igualdad de sexos establecida
en el Artículo 14 de la Constitución de 1978 y la
normativa internacional (8). Es un
proceso al que no es ajeno el Comité Olímpico Internacional,
que desde 1994 lleva a cabo una serie de medidas para superar las
dificultades sociales y tradiciones culturales: crea un Grupo de
trabajo "Mujer y deporte" presidido por la estadounidense
Anita L. Defrantz, celebra en 1996 en Lausana y en París
en 2000 sendas conferencias mundiales para analizar la evolución
del deporte femenino, destaca su valor como elemento de emancipación
social y fuente de bienestar y favorece la presencia de mujeres
en la dirección y administración de entidades con
una cuota del 10% para el año 2000, que debe alcanzar el
20% en el año 2005. Es una tarea en la que participan: Movimiento
Olímpico, Comités Olímpicos Nacionales, federaciones
deportivas, Naciones Unidas, organizaciones intergubernamentales,
organizaciones no gubernamentales, instituciones educativas, instituciones
de promoción de la mujer, centros de investigación,
universidades y medios de comunicación (9).
El fútbol femenino en el mundo y en España tampoco
estuvo ajeno a los cambios. En 1970 y 1971 se disputó un
campeonato mundial de clubes en Italia y en México; en 1971,
la UEFA permitió a las federaciones hacerse cargo de la organización
del balompié femenino; en 1975 y 1984 se celebraron los primeros
campeonatos de Asia y de Europa y el fútbol femenino llega
a su máximo reconocimiento cuando el Congreso de la FIFA
de 1986 aprueba la celebración de la primera Copa del Mundo
en China en 1991 y se incorpora al programa de los Juegos Olímpicos
de verano de 1996. En España, se restauró un primer
campeonato en la temporada 1969-1970, pero habrá que esperar
a que la Federación Catalana de Fútbol promueva la
creación en 1980 del Comité Nacional de Fútbol
Femenino, integrado en la Real Federación Española
de Fútbol. A esto le seguiría en 1996 la puesta en
marcha de un campeonato de Liga en cuatro grupos por proximidad
geográfica y, desde la temporada 2000-2001, la creación
de una Liga Nacional con las mismas características que el
fútbol profesional masculino.
El deporte espectáculo
El desarrollo de este proceso ha obligado a contar con una mayor
presencia femenina en diversos estamentos del fútbol: jugadoras,
entrenadoras, árbitras y áreas de administración
y gestión.
Jugadoras
España aporta 11.000 fichas al conjunto del mundo (10),
con jugadoras que comienzan a jugar a los 14 años y son estudiantes
o trabajadoras, solteras, de 19 a 31 años y que no suelen
superar los 30.000 euros anuales en el caso de las futbolistas de
alta competición. Juegan con un alto sentido del prestigio,
de la responsabilidad y la diversión y valoran más
las acciones técnicas y el trato respetuoso hacia el colegiado
y el rival.
Actualmente, según el Comité Nacional de Fútbol
Femenino, logra convocar 800.000 espectadores en transmisiones televisadas,
ha exportado jugadoras a Italia y Japón y debe abordar varios
retos: el escaso interés de los grandes clubes, la falta
de apoyo comercial, la falta de atención de los medios de
comunicación y la necesidad de superar prejuicios sociales
relacionados con críticas gratuitas, con la justificación
de la afición deportiva de la hija en los bares y en el trabajo,
así como con las madres que no han recibido una educación
deportiva (11).
Además, se han planteado problemas para encontrar niñas
que jueguen desde alevines en competiciones de fútbol siete
y en edad infantil, excepto en Asturias, Cataluña y Madrid.
Hecho que provocó la creación de competiciones de
fútbol mixto en 1999, la divulgación del fútbol
femenino y su estudio desde una perspectiva sociológica,
psicológica, fisiológica y organizativa (12).
Y también que varios clubes del fútbol profesional
se sumasen a su crecimiento después de que en 1995 el Real
Sporting de Gijón fundara la primera Escuela Femenina de
fútbol y complementara su labor con escuelas de iniciación
y un Campus de verano para que las niñas de 6 a 15 años
trabajasen contenidos como el calentamiento, el trabajo técnico
específico y el partido con un enfoque orientado a favorecer
la libertad de movimientos y desarrollar valores de improvisación,
creatividad o sensibilidad para la labor colectiva (13).
Al Real Sporting se sumaron posteriormente otros clubes profesionales
como Athletic Club de Bilbao, Levante, Rayo Vallecano o Espanyol.
De las Sociedades Anónimas Deportivas que militan en la temporada
2004-2005 en Primera, cuentan con equipo femenino un 7,14 % de entidades.
Entrenadoras
Como consecuencia del resurgir del fútbol también
apareció un nuevo perfil: las entrenadoras. Desde 1970, fecha
en la que la sevillana Pilar Vargas fue la primera en obtener el
título nacional, se han hecho cargo de divisiones del fútbol
no profesional y de las categorías inferiores de los clubes
para preparar indistintamente a niños y niñas, y prestar
una especial atención a cuestiones de motivación y
de aprender a ganar tranquilidad. Las nuevas generaciones de entrenadoras
han combinado la formación en Educación Física
con una preparación de carácter pedagógico,
pero sus aspiraciones profesionales se han visto limitadas a recibir
ofertas para preparar equipos de Segunda división B, y no
han encontrado todavía un hueco en los medios de comunicación
para realizar comentarios técnicos.
Árbitras
El estamento arbitral es un ámbito en el que la labor de
la mujer no presenta ninguna diferencia con la de los hombres, aunque
cuando sus decisiones son discutidas por el público, éste
sustituye los tradicionales insultos hacia la dignidad femenina
en la familia del árbitro varón por dudas sobre la
capacidad profesional.
La decisión de que sólo mujeres pitaran los encuentros
de fútbol femenino, tomada en 1994, ha llevado a la creación
de colegiadas internacionales como María José Alcántara
Negrín y Rosa Ruiz Tacoronte, o su presencia tanto en partidos
de Primera y Segunda división como en el Comité Técnico
de los diferentes colegios territoriales. Es el caso de Carolina
Doménech, del Colegio Balear, que actuó como cuarto
árbitro en la temporada 2000-2001 en un partido entre el
Espanyol y el Deportivo, y de Marisa Villa Rodríguez, que
fue jueza de línea en el encuentro Real Valladolid-Tenerife
en la campaña 2004-2005.
Administración
y gestión
Mayor tradición tiene la presencia de mujeres en puestos
de responsabilidad de las organizaciones deportivas, que comprende
seis fases y afecta a aspectos de administración y gestión.
A principios del siglo XX, su primera función fue presidir
partidos, que formaban parte del programa de festejos locales, y
realizar la entrega de medallas conmemorativas. Esta labor se documenta
en las ciudades asturianas de Gijón y Avilés ya en
1903 y 1904, con la Condesa de Revillagigedo como pionera (14).
Segundo, llegaron a formar parte de las Directivas de Honor que
componían personajes ilustres de cada localidad como aval
de las entidades deportivas. De los actuales equipos del fútbol
profesional, el Real Sporting de Gijón tuvo como presidentes
de honor a los Condes de Revillagigedo (15).
Un tercer paso consistió en actuar como Madrinas de honor
en diversos actos. Representantes de la nobleza, hijas de dirigentes
de las entidades deportivas o familiares de destacados personajes
de la localidad adornaban altares, bordaban banderas del equipo,
realizaban ofrendas o ejecutaban el saque de honor en partidos.
Con el paso del tiempo, la tarea de realizar bordados de encargo
para grandes acontecimientos sociales ha sido compartida con órdenes
religiosas y el saque de honor, desde los años sesenta y
setenta, se convierte en un reconocimiento social que efectúa
la Reina de las Fiestas en las festividades locales o deportistas
que han triunfado en un campeonato (16).
Cuarto, la mujer se incorporó a las juntas directivas como
vocales femeninas para encauzar los deportes femeninos y coordinar
asuntos sociales. Las entidades deportivas fueron fundadas en su
mayoría como asociaciones de carácter polideportivo
que practicaban diversas disciplinas deportivas, aunque empezaron
a destacar en el fútbol y paulatinamente sólo se concentraron
en él a raíz de la implantación del profesionalismo
en 1928. Hasta 1936 varios clubes nombraron vocales femeninas. La
pionera fue Josefa Gomar en el Real Madrid. Apasionada seguidora
del fútbol, practicó esquí, hockey, natación,
patinaje sobre ruedas y sobre hielo y tenis, desempeñó
esta función desde 1924 para promover en la mujer la educación
física y la práctica de los deportes adecuados, según
las clasificaciones de la época citadas anteriormente (17).
Posteriormente, esta labor la llevó a cabo Anna Maria Martínez
Sagi, atleta y tenista que fundó el Club Femení i
d'Esports de Barcelona, en el F. C. Barcelona en 1934. Y en el Sporting
de Gijón Ino Hulton, Herminia Rodríguez y María
Elvira Sampil organizaron bailes de Carnaval y becerradas para recaudar
fondos económicos en 1934.
Desde la inmediata posguerra, ocupó numerosos cargos de administración
y gestión del club destacando los casos de Josefina Roces,
como secretaria del Real Oviedo con más de cuatro décadas
de servicio, o el trabajo en la gerencia del Deportivo llevado a
cabo por Berta Vales. Se integró en los organigramas de entidades
para desempeñar todo tipo de responsabilidades, que en la
temporada 2003-2004 y 2004-2005 presenta un panorama que afecta
al 42,8 % de los clubes de Primera y Segunda. La mujer está
presente en la Dirección general con Ana Xicoy en el F. C.
Barcelona; en la Dirección Comercial con María Cardero
en Osasuna y en la Dirección financiera con Raquel Ortega
y Purificación Ramón en el Mallorca y el Zaragoza.
Además se encarga de la Dirección de áreas
como administración con Clotilde Jurado, Yolanda Grijalvo
y Tamara Urruz en el Córdoba, el Numancia y Osasuna; centro
de asistencia social con Isabel Aguilera en el Rayo Vallecano; contabilidad
con Lorena Acaz en Osasuna; márketing con Isabel Mendiara
en Osasuna y Marina Solsona en el Villarreal; proyectos estratégicos
con Isabel Legarreta en la Real Sociedad; protocolo con Lorena Acaz
en Osasuna; recursos humanos con Marimar Piérola en el Alavés;
relaciones externas con Laura Alsina y Karmele Zubillarga en el
F. C. Barcelona y la Real Sociedad; y relaciones públicas
con Lorena Acaz y María Urda en el Osasuna y el Málaga.
También se encarga de la gerencia con Berta Vales el Deportivo;
de labores de secretariado de Junta Directiva con Trinidad Campuzano
e Inma Escribano en el Ciudad de Murcia; y de la Jefatura de Prensa
con Delia Bullido, Marta Santisteban, Marian Solsona y Celeste Rayo
en el Levante, Real Madrid, Villarreal y Zaragoza para Primera división
y María Cruz Mañas, Maribel San José, Mónica
España y Natividad del Arco en el Córdoba, Éibar,
Polideportivo Ejido y Unión Deportiva Salamanca para Segunda
división.
Y ya en los años ochenta pasó a integrarse en los
equipos de gestión de las juntas directivas, desempeñando
labores técnicas gracias a su sentido práctico y profesionalidad
sin altos grados de vanidad. Arranca con la presencia de Margarita
Díaz Braña y Petra Mateos en el Real Sporting de Gijón
y en el Real Madrid para llevar asuntos relacionados con la tesorería
y la economía.
Desde 1992, con la conversión de las entidades en Sociedades
Anónimas Deportivas formaron parte de los Consejos de Administración:
Jasone Irarragorri, Ana Reka, Ana Urkijo en el Athltetic Club de
Bilbao; Miriam Gil Marín en el Atlético de Madrid;
Maria Teresa Andreu, Elisabet Cardoner Casaus, Carme Dropez, Isabel
Galobardes, Maria Antonia Milà, Imma Ribas, Rosa María
Valls Taberner y Claudia Vives-Fierro en el Fútbol Club Barcelona;
María del Carmen Pérez en el Elche; Anna Maria Fusté,
Julia García Valdecasas y María Teresa Ros en el Espanyol;
Guadalupe Murillo Solís en el Pontevedra; María del
Carmen Saavedra en el Tenerife; Marta Silva de Lapuerta en el Real
Madrid; Francisca March en el Real Mallorca; Silbia Sarasola en
la Real Sociedad; María Teresa Álvarez en el Real
Sporting de Gijón; Lyanne Fermoselle en el Real Valladolid;
así como Beatriz Delgado y María Hoyos en el Valencia.
En la temporada 2004-2005 el 26,1 % de las Sociedades Anónimas
Deportivas de Primera y Segunda División registran la presencia
de mujeres en sus Consejos de Administración.
Entre todos ellos, llama la atención el caso de Carme Dropez,
Directora de la Enseñanza a distancia en Cataluña,
que fue fichada para llevar el área social, que en el siglo
XXI alcanza una nueva dimensión: formar deportistas para
su integración en la vida normal al finalizar la vida deportiva.
También participaron en la gestión del día
a día médicas, abogadas, psicólogas... Son
los casos, entre otros, de María Gracia López como
jefa de los servicios médicos del Villarreal en 1991; Carmen
María Domínguez Graña como abogada especializada
en temas jurídicos y de contratos en el Real Oviedo; Roxana
Llames en el Real Sporting; y Marisa Sanjuán, Edurne González
y María Ruiz de Oña en el Athletic como psicólogas
que han desempeñado su trabajo en las escuelas de fútbol
de Mareo y de Lezama desde los años noventa.
Quinto, la mujer ejerce el puesto de máxima dirección
desde la presidencia de una entidad. En 1980, María Ignacia
Hoppichler accedió al cargo en el Lorca (Murcia) y le seguiría
en el Rayo Vallecano (Madrid) María Teresa Rivero en 1994,
que aportó su nombre al estadio. En ambos casos, su llegada
fue motivada desde el ámbito familiar como esposas que desean
ayudar a su marido, el entrenador Jesús Moreno Manzaneque
y el empresario y máximo accionista de la Sociedad Anónima
Deportiva, José María Ruiz Mateos, respectivamente.
Dentro del conjunto del fútbol profesional en la temporada
2003-2004, la presencia de mujeres en la presidencia de clubes fue
del 2,3 %. Fuera del fútbol profesional se registró
una directiva formada sólo por mujeres en el Antequera, con
Silvia Gutiez como presidenta; y en la temporada 2004-2005, dos
presidentas rigen los destinos del Rayo Vallecano y el Linares en
Segunda División B: María Teresa Rivero y María
Carmen Fernández Alonso.
Y sexto, también asumen su papel como máximas accionistas
de entidades deportivas en los primeros años del siglo XXI
con las hermanas Arancha y Milagros Saralegui como propietarias
de un 57 % del capital del Real Valladolid, SAD en representación
de la empresa Palcos Blancos.
La grada
La presencia femenina en la grada se puede clasificar en tres grandes
etapas: desde el siglo XIX hasta 1939, de 1939 a 1982, desde 1982
hasta la actualidad.
En la primera ola, la mujer empieza a acudir al estadio para ver
un espectáculo, sola o acompañada, y también
para compartir un rato de ocio con su pareja.
La prensa de la época destacaba en ellas su juvenil entusiasmo
febril, su adhesión cordial y optimista, su risa contagiosa
como música que anima a los espectadores, sus aplausos frenéticos,
su forma de comentar las jugadas y su manera de llevar la contrariedad
y el disgusto por una derrota con tristeza y en silencio.
Son presentadas como mujeres modernas que aman el tango, usan rímel,
leen novelas amorosas, juegan al tenis y asisten risueñas
al espectáculo del fútbol porque destaca la belleza
de la salud y permite conservar el perfume. Desde los años
veinte aparecen en reportajes fotográficos, siendo la actriz
tiple cómica Luisa Puchol una de las pioneras que se declara
aficionada al fútbol y realiza un posado como guardameta
en las páginas del periodismo deportivo (18).
Junto a esta imagen, se produce, en un primer momento, el registro
del alta como socias a equipos de fútbol con un perfil que
va de los 10 a 29 años, con mayoría de las adolescentes
de 10 a 19; personas pertenecientes a la aristocracia o vinculadas
a ámbitos diplomáticos, industriales, comerciantes
y familiares de técnicos extranjeros de paso por España.
Proceso al que enseguida se suman todas las clases sociales con
la necesaria constitución de masas sociales capaces de arropar
al incipiente fútbol profesionalizado.
En el caso del Real Madrid serán socias, desde 1924, las
Marquesas de Rubalcava, de Cañada Honda y de Mont Roig, las
hermanas Escrivá de Romaní Luxán, Julia Ximénez
de Sandoval y Tapia, las hermanas Losada Draje, Luisa Drake Santiago,
la política Clara Campoamor, la farmacéutica Carmen
Manso Robledo y varias profesoras inglesas de idiomas. En 1926,
con la fundación del Real Oviedo se inscribe La Pixarra y,
en 1927, Francisca Ortiz de Guzmán lo hará en el Alavés
(19).
En una segunda ola, de 1939 a 1982, el fútbol se convierte
en un espectáculo familiar al que se incorporan novias, esposas
e hijas de forma abrumadora, hasta que la maternidad, las obligaciones
familiares o las épocas de recesión económica
favorecían su baja como socias.
El nuevo perfil abarca mujeres de 10 a 54 años, con un ligero
predominio del grupo de 10 a 29 sobre el de 40 a 54 y en el que
son mayoría las estudiantes, amas de casa y empleadas que
trabajan en oficinas, en especial en el sector privado, banca, seguros
y funcionarias. Su incorporación masiva hace que se registre
el alta de muchas de ellas en los archivos de las entidades y organismos.
Por ejemplo, en el listado de 100 socios más veteranos del
Athletic de Bilbao, con motivo de su centenario, figuran dos mujeres
(María Luisa Uribe y Concepción Balsebre) y en el
Real Sporting de Gijón se encuentran registradas como socias
de honor, con cincuenta años consecutivos desde 1939, Lucinda
Plaza, María Isabel Vega y las hermanas Aurora y Elena Calvo.
Josefina Carabias relató su comportamiento como una crónica
social en la que desfilaban mujeres guapas y distinguidas; señoras
que visten sombreros pequeños que tapan la coronilla, abrigos
de entretiempo y trajes de chaqueta; hinchas de cara furiosa y despectiva
que pierden las formas hasta "convertirse en un verdadero legionario";
féminas que se esponjan como pavos ante los goles de su equipo;
niñas "machotas" que siguen con furor y pasión
las evoluciones de su club y hacen de los resultados deportivos
una excusa para sobrellevar las semana en los internados. Presenta
un cuadro en el que la mujer canta en las gradas, se desahoga insultando
al árbitro para olvidar las penas y baila a ritmo de conga,
samba, bolero y raspa tras cada victoria (20).
Desde el punto de vista jurídico se da la circunstancia de
que, en aplicación del código civil existente durante
el Nuevo Estado y hasta su derogación tras la aprobación
de la Constitución de 1978, la mujer se equiparaba a la categoría
de infantil, sin voz ni voto en las juntas ordinarias o extraordinarias
de socios.
Una tercera ola de aficionadas surge tras la Copa del Mundo de 1982,
celebrada en España. Con el cambio social, se asientan las
bases para que estalle un fenómeno social en la siguiente
década. Entre 1982 y 1996 surge un consumo afectivo que integra
a mujeres para las que el balompié configura un mundo del
que se desprende un torbellino de sensaciones, emociones al límite,
intimismo y ternura tras haber comenzado a patear balones en las
calles, a coleccionar cromos y a asistir a algunos entrenamientos.
Es una etapa sentimental en la que se muestra sensibilidad tanto
hacia el éxito como hacia su fragilidad y la mujer enfoca
su visión del fútbol a sentirlo y disfrutarlo igual
que los hombres. Para ellas, mayoritariamente mujeres de 14 a 37
años en 1995, el fútbol pasa a ser visto como un acto
social relajante, como un espacio para ser conquistado en los estadios
con peñas exclusivamente femeninas, para expresarse libremente
y con un espíritu lúdico en el estadio y en los bares
en los que siguen las transmisiones en animadas tertulias. Este
proceso se inicia con la constitución en 1984 de la peña
valencianista La Luna de Valencia y, en el mundo de las hinchasdas
radicales, con la incorporación en 1990 de Ultra Girls para
realizar tareas de animación al equipo y de apoyo al grupo
de seguidores del Real Sporting de Gijón Ultra Boys.
Desde 1996 hasta la actualidad y con la explotación comercial
de los ingresos atípicos, las mujeres se convierten en una
fuerza social para el consumo de la seducción mediática.
El fútbol se presenta como una ocasión para liberar
pasiones, forjar identidades, aprender a vivir, expulsar frustraciones,
desengaños o resentimientos... y lleva a la mujer hacia dos
direcciones opuestas: la integración y el rechazo.
Continúa la integración con una triple vertiente.
Primero, la formación de nuevas peñas femeninas en
las que destacan denominaciones que indican inequívocamente
su carácter. Es el caso, entre otras muchas, de Avioncito
Rambert (Real Zaragoza), El Harén (Extremadura), Izar (Real
Sociedad), Juan Carlos Unzué (Sevilla), Juan Ureña
(Betis), La Regenta (Real Oviedo), Liga Celeste (Celta de Vigo),
Luis Figo (Fútbol Club Barcelona), Luna (Almería),
New Burguer (Deportivo de La Coruña), Peña Femenina
Alonso (Real Sporting de Gijón) o Sostenes Rojiblancos (Atlético
de Madrid). Organizan numerosas actividades equipadas con elementos
distintivos de su equipo: bufanda, camiseta, gorra, pancarta...,
que combinan el modelo masculino de seguidores de una entidad con
el modelo asiático de la mujer en el fútbol, que sigue
más a las estrellas individuales que sólo al conjunto.
Reivindican espacios tradicionalmente reservados a los hombres,
tanto en el estadio como en los medios de comunicación. Crean
tertulias radiofónicas, en las que las participantes son
sólo mujeres, en Almendralejo, Madrid, Oviedo y Valencia
con los comentarios de las peñistas de El Harén, Tentación
Blanca, La Regenta y La Luna sobre los partidos y las noticias de
sus respectivos equipos.
Segundo, con la participación desde 1999 en la Asociación
de Federación de Peñas de Fútbol, para reivindicar
una organización profesionalizada que atienda los intereses
de los espectadores y fomente pautas correctas de conducta para
un espectáculo familiar. En esta entidad llegó a la
presidencia Begoña Rivadulla, presidenta de la Federación
de Peñas del Celta (21). Se
ha producido la circunstancia de que en la temporada 2002-2003,
el R. C. D. Espanyol llegó a contar con ocho presidentas
de peñas. Y tercero, han sido objeto de la seducción
de la publicidad y los medios para crear una nueva consumidora con
un estilo de vivencia apasionada que comprende aspectos del fenómeno
fan de la música popular moderna: vigilia en el hotel para
ver al ídolo, imágenes de futbolistas en carpetas
de estudiantes, reacciones insólitas para llamar su atención
(salto de vallas protectoras, carreras de velocidad por aparcamientos,
caída libre sobre automóviles...), apoyo con gritos
de ánimo y de protección, declaraciones de cariño,
reacción juvenil en cadena para asistir a entrenamientos
y a programas radiofónicos como El larguero que presentó
este proceso como la renovación de la alegría de las
hinchadas en una fiesta social (22).
En cualquiera de estas facetas, las mujeres siguen las noticias
del balompié como una pasarela en la que el futbolista y
el club han pasado a ser modelos sociales cercanos con los que establece
una evolución entre fan, hincha y aficionada, que se corresponde
con el paso del tiempo desde la adolescencia a la madurez, siguiendo
a jugadores guapos, identificándose con un equipo y desarrollando
un completo conocimiento del juego.
Este consumo se ha canalizado a través de la prensa del corazón
y ha convertido al futbolista en un personaje para la industria
del entretenimiento por sus amores y andanzas con mujeres del mundo
artístico y social. Es un proceso que llega a su cima con
el fichaje de David Beckham por el Real Madrid y la importación
de un modelo de ídolo moderno que ha sido estudiado en la
Staffordshire University (Reino Unido). Presenta una estrella con
atractivo global que lucha entre el deporte profesional (con sus
presiones, sus miedos al fallo ante el reproche de los medios de
comunicación o las emociones fuertes y odios irracionales
de la gente) y la anteposición de la vida familiar mediante
constantes muestras de romanticismo con la esposa y de ternura con
los niños. Es la historia de un futbolista que aprecia la
personalidad de la gente en su lucha contra las adversidades, que
supera el sufrimiento por los contratiempos del divorcio de los
padres y el intento de secuestro de su mujer e hijo y que crea un
estilo de vida moderno y diferente: estilismo, diseño de
ropa deportiva y de moda infantil, uso de cosméticos para
un modelo de hombre metrosexual y constantes apariciones en espacios
televisivos de información general (23).
En el caso de las generaciones más jóvenes, ese consumo
se canaliza a través de las nuevas tecnologías, tanto
a través de las diferentes modalidades de Internet como en
videojuegos en los que ellas compiten en destreza y habilidad manejando
simuladores que reproducen fielmente la realidad del estadio.
Ante tanta exageración social del fútbol, también
surgió una corriente de rechazo por las interferencias y
estragos que el balompié produce en la vida familiar y de
pareja al despreocuparse el varón de sus obligaciones familiares
mientras dura un partido o sigue la información de los magazines
nocturnos de la radio.
Ya desde la segunda ola, el balompié se había convertido
en un rival para miles de mujeres en su relación de pareja:
el fantasma de los celos en los estadios, la incapacidad para asumir
responsabilidades durante el encuentro, el aplazamiento de las obligaciones
conyugales, las peleas por el mando a distancia para cambiar de
programación televisiva... Las nuevas formas de comercialización
del fútbol en los años noventa, con la Liga de las
Estrellas que en la temporada 1996-1997 emitía transmisiones
televisadas de encuentros todos los días de la semana menos
el viernes, provocaron una alianza entre las mujeres y los sectores
de hostelería y espectáculos públicos para
luchar contra lo que consideraban un exceso que repercutía
negativamente en sus vidas y negocios. En 1996, Margarita Peces
creó en Manzanares el Real (Madrid) la Asociación
de Mujeres abandonadas por el fútbol, y la Asociación
de Empresarios de Restaurantes y cafeterías, así como
los empresarios de teatros, cines, productores, publicistas y profesionales
de la cultura y el ocio se unieron para protestar contra el horario
del fútbol televisado.
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(*)
Publicado
en
Lecturas:
Educación Física y Deportes número
107. Este
artículo ha sido posible gracias a la colaboración
de: Mar Aguilar (Vidis Comunicación), Natalia Arriaga (Agencia
Efe), María del Rosario Castañón (Universidad
de Valladolid), José Vicente Hernáez (Vicepresidente
de la Asociación Española de la Prensa Deportiva),
Marieta Iglesias (Real Sporting de Gijón, SAD), María
Elena Martín Pérez, Carmen Menéndez (Agencia
Efe) y José Luis Rubiera (Real Sporting de Gijón,
SAD).
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