Recordando la Eurocopa

Óscar Domínguez (*)


El entrenador de Croacia celebraba las audacias de su equipo como si acabara de conocer el hielo, el amor y el fuego al mismo tiempo.

Bufón, el arquero de Italia en la Eurocopa, paró un penal en dos tiempos: primero, con la mano y luego con el pie. El fútbol total no es exclusivo de Holanda.

Se pasó de listo el polaco Lukas que juega en Alemania. Dijo que el fútbol es como el ajedrez, pero sin dados…

Al principio de la Eurocopa yo era hincha de Suecia: al fin y al cabo allí conocí la nieve y el metro. Después me tocó hacer fuerza por Turquía: acababa de leer la novela Nieve, de Orham Pamuk. Finalmente tuve que pasar de un equipo a otro hasta "ganar" con España. No es fácil la vida del hincha.

El gol del Niño Torres, con el que España se alzó con la copa, me provocó una sensación de lo ya visto: esos goles los hacía yo cuando jugaba en mis mocedades. El de Torres fue una mezcla de velocidad, talento, prestidigitación, malicia indígena... y bobada de los rivales.

Solo cuando está viendo fútbol el hombre no es infiel.

Domenech, el técnico de Francia, sigue poniendo cara de tahúr de póker para evitar que el rival descifre lo que está pensando. Y lo que hará. No en vano, el francés define cómo jugar mirando el horóscopo… del que le vende los croissants.

Los franceses siguen jugando con la nostalgia (Zidane). Pero como la nostalgia es analfabeta, futbolísticamente hablando, salieron fácil de la reciente Eurocopa.

La vieja Europa tiene una extraña forma de ahorrar burocracia en fútbol: en la Eurocopa no "alineó" a ningún recogebolas. Está bien que no les hagan la tarea a los futbolistas.

La estadística se metió de lleno al terreno de juego: supimos que el alemán Ballack recorrió 12 kilómetros 100 metros en la final contra España. Es tan importante ese dato como saber cuánto dura el orgasmo de una ballena.

Los entrenadores a veces deben olvidarse de la estrategia y dejar jugar. (Víctor Aristizábal).

Los técnicos suelen atiborrar a los jugadores de toda clase de instrucciones cuando los van a enviar al terreno de juego. Por supuesto, con tal de que les permitan jugar, los futbolistas a todo le dicen que sí. Si dijeran que no, los dejan en el banco. Y los destituyen. Los técnicos juegan un partido. Los jugadores el suyo. Qué tal que no fuera así.

Algunos futbolistas entran tan tarde al campo que no alcanzan a santiguarse cuando el árbitro ya está pitando el fin del partido. "¡Qué falta de respeto qué atropello a la razón" balompédica! Con razón Etó, del Barcelona, se negó una vez a esa farsa.

Lo mismo sucede en Colombia con los jugadores que apenas se inician en la profesional: los sacan cuando no han tenido tiempo de darle un codazo o mentarle la madre a su marcador.

Los jugadores no celebran los goles que hacen contra sus antiguos equipos. Mejor sería que se quedaran en casa haciendo el crucigrama o sacando el perro al parque a hacer pipi. Muchas veces es mejor la celebración que el gol en sí. No es sino ver la imaginación que despliegan los jugadores de La Equidad cuando marcan gol.

Al contrario de lo que sucede en Colombia, en los tiros de esquina, los jugadores europeos pueden tomar el té con la certeza de que no los van a masacrar a pedradas desde la tribuna.

Muchos aficionados van a fútbol a ver si por una vez en la vida aparecen en las tomas de televisión. Coronado ese sueño, ya se pueden morir.

En Europa los hinchas se ven tan cerca de los jugadores en el Estadio, que con ellos podrían mandarles saludos a su mamá, o enviarle flores o condones a la novia.

¿Por qué nunca se les cae la libreta de apuntes a los árbitros? ¿Cuando apuntan algo aprovechan para repasar la lista de regalos para la casa, y la marca de la ropa interior para la amante?

El off side es un premio al no juego, a la avivatada. Es la muerte súbita del fútbol. Exijo que acaben con la pantomima de los fuera de lugar.

En la última Eurocopa vimos que los policías suizos estaban siempre de espaldas al campo de juego, mirando a la tribuna. A estos agentes del "orden" los escogen entre jugadores de poker, de golf o pesistas. Antes de firmar el contrato deben jurar por todos los dioses que el fútbol les importa un comino y que el gol se lo pueden dar en plata.

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(*) Periodista

 

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