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Otium
sine litteris...
José
Palacios Royán (*)
Hombre,
Paco, no es que devore los periódicos, pero sí cogí
la costumbre de leerlos "me puero"; o sea, cuando aún
era un chiquillo. Entre las horas negras del colegio, arrebañaba
tiempo al tiempo para ojear las aventuras del Capitán Trueno,
Roberto Alcázar y Pedrín, El Cachorro,
Y el
periódico. Y escuchar la radio.
A
mediodía, mientras mi padre llegaba de la fábrica
y le daba los últimos toques al puchero mi madre, me iba
a la barbería de mi primo Pedro y repasaba allí el
"Ideal" de Granada. A Campillos, abandonado de Málaga,
no llegaba aún la prensa de aquí.
Me
sumergía en las páginas de Deportes. Empecé
así a coleccionar en mi mente de infante toda una galería
de héroes con pantalones cortos. Juanito Alonso, Carmelo,
Orue, Garay, Gainza, Carranza, Segarra, Gensana, Czibor, César,
Puskas, Sastre, Chuzo, Pazos, Mendoza, Yashin, Eusebio, Vavá,
Kubala, Di Stéfano
iban llenando el arca sin fondo
de mis fantasías. Del Málaga, Bernardi, Américo,
Pepillo
Una breve crónica diaria de M. Merchant en
el "Ideal" me tenía al tanto del los vaivenes de
los malacitanos. No sabía yo que el tiempo me haría
amigo de mi amigo M. Merchant.
A
alguno de esos héroes míos pude verlos aún
sobre un césped. Y a D. Pedro Gardeazabal, el árbitro
sabio de la leve figura. En un Granada-Barcelona.
El
fútbol es un veneno, Paco. En el despacho de D. Juan Cantano,
en el Cuartel de Falange, había unas vidas de futbolistas
que me fascinaban. No tenía yo carné para entrar en
el Cuartel -mi padre nunca quiso que tuviera más carné
que el inevitable carné de identidad-, pero me colaba "tempore
vespertino" con los amigos con carné que iban a jugar
al ping-pong. Empujaba la puerta, cogía de entre los libros
de mi querido maestro aquellos cuadernillos, me embebía con
sus fotografías, y leía. Leía una y otra vez,
y otra vez: EL TACONAZO de Di Stéfano en el Parque de los
Príncipes, Kubala y Hungría, Vavá llegando
a Madrid en tren, Peiró, el galgo, "Pepillo, el gafe
de Melilla"
A
Pepillo lo vi en un partido de promoción entre el Granada
y el Málaga. Andaba yo a la sombra de la Alhambra, estudiando,
en casa de Doña Rita, en la Calle Elvira, "donde habitan
las Manolas". Con Antonio, mi hermano de Cabo de Gata, que
se me murió hace un año. Con él me fui aquella
tarde, como otras tardes de domingo, corre que corre por la Gran
Vía, hasta las gradas de Los Cármenes. Exhaustos,
de pie, al sol. El fútbol es un veneno, Paco.
El
número tres del Granada era Manolo González, hijo
del viejo González, y tío de Lucas Alcaraz. El duelo
de aquella tarde entre Pepillo, el nueve del Málaga, el de
la invisible cintura, y González, fue memorable, una de los
duelos más hermosos que he visto en mi vida sobre un terreno
de juego. Dos futbolistas de oro. Dos caballeros de verdad. Bajó
el Málaga. Veo aún sobre el césped granadino
a Juanito, el portero del Málaga aquel día; Otero,
el del Granada, Garay, Ben Barek, Otiñano, Rives, Almagro,
Miguel, Vicente
Más
tarde, comencé a comprar el "Marca". Llegaba en
el correo de las cuatro, con un día de retraso. Los periódicos
de Madrid llegaban con un día de retraso a mi pueblo. Un
día, el "Marca" decía que Luisito Suárez
se había ido al Inter de Milán. ¡Dios santo!
Otro, que Bahamontes había ganado el Tour. D. Federico, el
menudo "Águila de Toledo". ¡Santo Dios!
Luego, no sé cómo, me aficioné al España
de Tánger de los lunes, que llegaba el martes. Tenía
una sección que se titulaba: "Se dice, se oye, se comenta".
Mera delicia.
Y
la radio, Paco, la radio, la compañera de nuestros días;
la Inter de mis padres, en una repisa en la pared, con el pesado
voltímetro al lado, las lámparas calentándose
y la voz de Juan Tribuna, Matías Prats, Pedro Escartín,
Miguel Martín Alonso,
"Desde San Sebastián,
informó Erostarbe". A mediodía, Radio Sevilla.
Cuando el sol caía, Radiogaceta de los Deportes, "un
programa de actualidad deportiva que Radio Nacional de España
ofrece a sus oyentes a las nueve de la noche". Radio Intercontinental,
antes de irme con Morfeo. Los domingos, en las tardes, "la
Sociedad Española de Radiodifusión, a través
de su gran Cadena de emisoras propias y asociadas, presenta: Carrusel
Deportivo". Con Juan de Toro.
Y
así siempre, el fútbol, el periódico, la radio.
Hasta hoy, en que, "iam paene senescente", "tempore
matutino", te escribo estas líneas, que me salen amarillas
ya de viejas.
Un
abrazo de tu amigo: José Palacios. Y recuerda lo que dice
Séneca: Otium sine litteris mors est et hominis vivi sepultura.
Ep. a Lucilio, 82, 3.
Artículo
publicado en

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(*)
José Palacios Royán es profesor de Latín de
la Universidad de Málaga, en la que ha sido vicerrector y
responsable de deportes.
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