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Palabras en juego
Desde
el 29 de agosto de 2005 se publica en el diario ovetense
la
sección "Palabras en juego", dedicada al comentario
del lenguaje deportivo.
Índice
cronológico I
Índice
temático I
Presentación
del autor
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Presentación
El
deporte de las palabras
Evelio
G. Palacio (*)
Un presidente del Oviedo, desilusionado por una nefasta racha de
lesiones, lloraba ante los periodistas: "Estamos perdidos,
tenemos la plantilla en taxis".
En
chasis quedó un defensa carrilero gijonés, poco riguroso
en los marcajes y con profundo juego de ataque, que a decir de su
entrenador, y para su desesperación, no paraba de hacer "excursiones
por la banda".
Para
incursiones, las de los inicios de la fiebre de las retransmisiones
televisivas. Un directivo futbolero asturiano andaba por aquellos
tiempos encantado porque, por fin, los partidos iban a llegar "hasta
los pueblos terremotos".
Ni
un solo hincha del Sporting, ni siquiera los de los pueblos más
remotos, quedó aquella tarde sin conocer el contratiempo.
El equipo se jugaba una final y la estrella estaba fuera de concurso.
Un "esfinge" de tobillo, relataba un rojiblanco a otro
conmilitón de camiseta, había sido la causa.
Con
esguince verbal acabó un organizador de pruebas ciclistas
que presumía de preparar las mejores carreras del mundo:
"Yo no contrato a cualquier mismundi", declaraba por la
radio.
Y
no era ningún mindundi aquel locutor de campo que, ante un
llenazo de la grada en un partido de excepción, preocupado
por la larga cola que aún asomaba fuera del estadio, clamaba
por la megafonía: "Rogamos al público que se
comprima", descubriendo, diético hallazgo, el estado
gaseoso del hincha que estira y encoge a conveniencia.
El
deporte es también juego de palabras. Después del
diccionario, la cancha es el mayor contenedor de palabras. Palabras
que se atraviesan, palabras que se atragantan, palabras de moda
y modos obtusos de interpretar las palabras, palabras que se vuelven
palabros y palabros que llegan a alcanzar por repetidos al doctorado
"honoris causa" de palabra.
En
esas andábamos cuando apareció por allí, como
traída del cielo, en una página impar de periódico,
la reseña: "El profesor Castañón presenta
su Diccionario terminológico del deporte". Jesús
Castañón Rodríguez, palentino de cuna, asturiano
de corazón, escritor, investigador, doctor en Filología
Hispánica, había recopilado en 358 páginas
un buen puñado de vocablos sobre la más grande de
las pasiones humanas: la competición. Un hecho insólito,
un hallazgo, un enfoque del deporte que casi nadie había
intentado antes. Era una buena ocasión para redimir a todos
los "mismundis" del mundo, a todas las "plantillas
en taxis", a todos los lesionados graves con "esfinges"
de tobillo.
Así
nació en 2005, en La
Nueva España, "Palabras en juego", una
serie semanal de lunes en lunes -el día más deportivo
de la semana periodística- que analiza el deporte por la
boca: vocablo a vocablo, bocado a bocado. Cada deporte tiene su
jerga, cada jerga se convierte en un manantial inagotable.
Dicen,
y hasta con razón, que el periodismo deportivo está
lleno de tópicos, que es adicto a practicar la violencia
de género -masculino, femenino y neutro- con el lenguaje.
También dicen, y hasta con razón, que no hay herramienta
más poderosa que el periodismo deportivo para difundir el
habla, para fijarla, calarla y darle una mano de tintura, para llevarla
y traerla, colorearla, para mantenerla viva, para ponerle una capa
de pintura.
"Palabras
en juego" existe para responder a todo eso. Para divulgar y
para comprender. Para aprender. Porque en el mundo del deporte las
buenas formas lingüísticas también tienen un
hueco. Fue un experimento, como esos chavales de la cantera que
de repente necesitan aparecer en el equipo. Pero desde el primer
partido ya no hubo lugar para la incógnita: Con el desparpajo
de Kaká y la velocidad de Messi, desde el primer minuto ya
se había hecho con un puesto entre los once titulares.
Las
palabras tienen un orden. No es casualidad que deporte y sus derivados
figuren en el Diccionario entre deportar, que es desterrar, y deportoso,
que es sinónimo de divertido. Esa es la mezcla exacta que
perseguía la serie: espantar malos hábitos lingüísticos,
entretener con el lenguaje deportivo.
Las
palabras tienen poder. Un atleta veloz comprendió la inmensa
fuerza de la palabra cuando, dispuesto a cruzar la calle, una niña
le salvó la vida sin mover un dedo desde la ventana. "Cuidado",
le gritó, clavándole en la acera. Un ciclista cuesta
abajo, plato grande, piñón pequeño, cabeza
entre los cuernos del manillar hundida, le pasó silbando
en las zapatillas.
El
periodismo es, al fin y al cabo, el deporte de contar palabras.
El deporte es, de cabo a fin, el gran inventor de las palabras.
Eran dos mundos destinados a encontrarse. Jesús Castañón
supo verlo como nadie, antes que nadie. "Palabras en juego"
en La Nueva España
es la respuesta.
Las
palabras son un tesoro. Palabra.
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(*)
Evelio
G. Palacio es subdirector de .
Oviedo (Asturias).
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