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Palabras en juego
Patinaje
Jesús
Castañón Rodríguez
En
la localidad holandesa de Heerenveen se ha disputado este fin de
semana la Copa del Mundo de patinaje de velocidad, modalidad que
en su forma sobre hielo surgió en este país con organización
de campeonatos desde 1879.
Los
patinadores buscan a toda prisa la gloria sobre una pista con dos
calles de un mínimo de cuatro metros de ancho y dos curvas
de 180 grados con un radio inferior de 25 metros, que convierten
estas carreras en espectáculo visual de gran belleza.
Recientemente,
en los Juegos Olímpicos de invierno se han podido disfrutar
las carreras individuales y de relevos, con trazados entre 500 y
10.000 metros, y también la "short trade" en la
que se acelera al máximo en distancias cortas.
El
deslizarse sobre diversas superficies duras, llanas y lisas es una
vieja costumbre, aunque su forma deportiva con una pista acondicionada
y patines especiales se remonta a 1886 en Estados Unidos. Desde
entonces, la imaginación de los deportistas ha conquistado
superficies naturales, artificiales y urbanas.
Ha
creado modalidades de "baile" (en la que los patinadores
realizan pasos, giros, rotaciones y figuras sin elevarse por encima
de la cintura al compás de una música), "monopatín"
(para realizar acrobacias sobre una tabla con cuatro ruedas) y "patinaje
artístico" (en la que se realizan ejercicios obligatorios
y libres en un pista provista de un equipo de sonoridad y audición).
A
lo largo de la historia, el patín ha llevado cuchillas y
ruedas dispuestas en línea o en la parte delantera y trasera
para crear todo tipo de figuras, para hacer soñar al público
con movimientos elegantes en el aire y con saltos que reciben nombres
tan curiosos como "bucle", "flip", "lutz",
"salchow" y "triple axel".
La
lírica de esta actividad ha despertado la admiración
de todo el mundo. Para los jóvenes urbanos rodar por calles,
aceras y todo tipo de espacios es una aventura a la conquista de
la ciudad. Para los espectáculos musicales, como el programa
de televisión que presenta Anne Igartiburu, es una ocasión
de demostrar las habilidades de patinadores profesionales y personajes
de la vida social a ritmo de foxtrot, kilian, tango o vals. Y para
los autores literarios de las vanguardias y la Generación
del 27, como Guillermo de la Torre, Concha Méndez Cuesta,
Gerardo Diego o el Premio Nobel Vicente Aleixandre, es una cita
con el arte.
Publicado
en ,
Oviedo, 6 de marzo de 2006.
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