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El
periodismo deportivo
Carmen
Menéndez (*)

Texto
de la intervención en la mesa redonda "Desde el aprendizaje
a los medios de comunicación". Encuentro Mujeres en
primera página, Pola de Allande (Asturias), 1 de septiembre
de 2007.
Autoridades,
compañeras de profesión, querido público:
He
escogido intencionadamente para iniciar mi intervención los
nombres de Lourdes García Campos, una extraordinaria periodista,
hija de madre allandesa, que triunfa actualmente en Televisión
Española, y el de Francisco Rodríguez, el presidente
del grupo multinacional lácteo Reny Picot, un cangués
que creó un imperio en el sector de la leche, y por tanto
en esta zona es bien conocido. Me apoyo en ambos para tratar de
explicar cómo un lugar, por pequeño que sea o por
las incomunicaciones que atraviese, no es un impedimento para que
sus habitantes alcancen sus sueños. Francisco Rodríguez
en un discurso homenaje a monseñor Atilano, nacido como él
en el pueblo de Trascastro, cerca de Leitariegos, hablaba de la
nostalgia rural y decía: "Salimos de un lugar demasiado
pequeño como para que no nos parezca todo demasiado grande".
(y
añadía: "Nos corresponde poner en valor lo que
tenemos, que, desde luego, forma parte de lo que somos.
Somos
gentes capaces de bautizar a nuestros bueyes con los curiosos nombres
de Garboso y Vanidoso, lo que prueba que es posible juntar garbo
y vanidad, a la hora de tirar del carro, siempre que se respete
el esfuerzo parejo que impone el yugo. Y somos, por fin, gentes
para quienes lo solidario es lo natural".)
Así
que he de reconocer que, en mi caso, haber nacido en un pueblo,
como es Villavaser, marcó tanto mi carrera profesional como
probablemente ser una mujer especializada en información
deportiva. Volviendo a aquello de que 'todo nos parezca demasiado
grande', precisamente inmenso me pareció el aeropuerto de
Atenas cuando aterricé en él para cubrir los Juegos
Olímpicos de 2004. Mi primera sorpresa fue encontrarme a
Lourdes García Campos, que formaba parte del numerosísimo
equipo de enviados especiales de Televisión Española
para cubrir el evento, en el que yo tuve la suerte de ser una de
las tres redactoras en un grupo de veinte enviados especiales de
la Agencia EFE. Los Juegos Olímpicos se convierten cada cuatro
años en el mayor acontecimiento mundial. En Atenas, 1.500
periodistas acreditados trabajamos durante veinte días en
jornadas de absoluta extenuación. Comparó aquel inolvidable
y maravilloso maratón de esfuerzo físico y mental
con lo que serían, llevados a la recogida de la hierba, veinte
días seguidos con la misma intensidad que exige el día
que se 'paña' el prao más grande de cada casería.
Guardo
el recuerdo de mi trabajo en los Juegos Olímpicos de Atenas
como el mayor tesoro de una vida profesional. Al igual que para
un deportista ser olímpico es un anhelo desde que empieza
a entrenarse, para un periodista también, y para unA periodista
sé con conocimiento de causa que aún más. Mi
experiencia como enviada especial de la Agencia EFE siguiendo la
selección española de piragüismo desde hace seis
años me situó en una situación privilegiada.
No sólo me permitió viajar y cubrir Campeonatos del
Mundo y de Europa en lugares como Estados Unidos, Noruega, Alemania,
Francia, Polonia, Croacia o Australia, sino que me dio la clasificación
olímpica para Atenas en 2004. Allí, encargada de la
información de remo y piragüismo, tuve la suerte de
que un piragüista español, el gallego David Cal -ese
chico tan tímido que anuncia atún Rianxeira en la
tele- logró proclamarse campeón olímpico en
1.000 metros y subcampeón en 500. El era un deportista extremadamente
reservado en un deporte poco conocido que de repente se convirtió
en el mejor deportista español. Fue elegido por el Comité
Olímpico Español abanderado para la ceremonia de clausura
y la prensa española se peleaba por saber algo de él.
Mi fortuna fue estar en el sitio oportuno en el momento adecuado.
Aquel chaval que semanas antes jugaba a las cartas en mi habitación
hasta medianoche era el nuevo ídolo del olimpismo español.
Escribí decenas de informaciones y relaté anécdotas
que repetidamente vi recogidas en muchos medios de comunicación.
Sospecho que mi condición de mujer me facilitó el
entendimiento con un interlocutor tan reservado.
Después
haré mención a destacadas compañeras con las
que coincido en que ser mujer, en mi caso, tampoco me ha supuesto
contratiempos reseñables en el desarrollo de la profesión.
Si acaso, intuyo que ser mujer me ha favorecido más que perjudicado.
Mi
trabajo durante los últimos años ha estado muy vinculado
al piragüismo, un deporte de gran tradición en Asturias,
pero en los veinte años que llevo disfrutando de esta profesión
encadeno cientos de crónicas de fútbol, baloncesto,
balonmano, hockey sobre patines o rugby. Con dirigentes, deportistas
o árbitros, mi relación con todos ellos ha discurrido
siempre por los cauces de la corrección y el respeto.
Me
siento, por tanto, una periodista en cuya hoja de servicios no cabe
una reivindicación por cuestión de discriminación;
si acaso, las limitaciones me las autoimpongo por mi condición
de madre.
"El
periodismo deportivo" ha tenido y aún tiene nombre masculino.
Con independencia de países, de culturas y de deportes, este
ámbito de la información prevalece vinculado a los
hombres pero hay un nuevo mundo con sello de mujer. Al principio
se abrió lo que era un incipiente camino, en el que las mujeres
periodistas deportivas suponían un número anecdótico,
en la década de los ochenta ya gozaban de una representatividad
considerable, y actualmente trabajan y desbordan en lo que ya es
una inmensa autopista a su servicio. Sin embargo, coincido con la
opinión dada por algunos analistas que advierten, al referirse
a la labor de la mujer como periodista deportiva, de que "falta
mucho para que ser palabra autorizada". Sólo, la especialización
concede algunos beneficios extra a quienes han podido acceder a
ella.
En
España, conocimos a mujeres realizando información
deportiva con la llegada de Mari Carmen Izquierdo a Televisión
Española. Antes había trabajado en el diario "As"
en la sección "Ellas los ven así" donde
se recogían declaraciones de las mujeres de los deportistas.
Mari Carmen Izquierdo es la actual presidenta de la Asociación
Española de Periodistas Deportivos -colectivo que cuenta
con abrumadora mayoría de asociados hombres-. Ella, después
de tantos años al frente de la información deportiva
en Televisión Española, medio en el que sustituyó
a José María García, confesó que no
ha querido ser un hombrecito, que no ha renunciado en este mundo
a ser mujer y que ha tenido ventajas por serlo.
Aquellos
primeros años en los que las mujeres irrumpían como
informadoras deportivas nos dejaron a Mercedes Milá, conocida
y prestigiosa comunicadora, ocupando el cargo de directora de la
clásica revista española de fútbol Don Balón.
Milá está en la retina de los aficionados sportinguistas
entrevistando a pie de campo en El Molinón a jugadores rojiblancos
con motivo del ascenso en los años sesenta.
Como
Mercerdes Milá, otras periodistas que ahora están
consolidadas en información general se iniciaron en el deporte.
La televisiva Olga Viza antes de su estrellato en Antena 3 fue una
destacada profesional como periodista deportiva, cuyo trabajo alcanzó
grandes cotas durante los Juegos Olímpicos de Barcelona'92.
Hoy, la propia Lourdes García Campos, María Escario
y decenas de mujeres tienen ante sí el reto diario de transmitir,
de divulgar y de hacer más creíble la información
deportiva.
En
países como Inglaterra, el periodismo deportivo ofrece numerosas
columnas de opinión firmadas por mujeres. La página
de rugby -acaso el más machista de los deportes- del Times
de Londres está dirigida por una mujer, una de sus columnista
más festejadas.
En
España, al papel de la mujer como comunicadora se ha incorporado
en los últimos años el de la mujer como destinataria,
como consumidora de esas noticias. A este nuevo público ya
no le gusta sólo lo técnico sino que también
recibe con satisfacción otras variantes de la información,
por ejemplo, cómo es la salida de un futbolista del hotel,
cómo se comporta. Es un estilo de vida asociado a una sociedad
moderna. Así los equipos de fútbol descubrieron que
obtenían más beneficios por las ventas de ingresos
atípicos que por las entradas en taquilla.
La
mujer gana terreno fuera del campo de fútbol. Los clubes
cuidan a las seguidoras, tienen en cuenta a las peñas femeninas,
y jugadores tan carismáticos como el brasileño Roberto
Carlos han reconocido cómo les ha llegado al alma mensajes
de viejecitas madridistas que le decían que siguiera ahí,
que ella siempre le veía en la tele.
Internet recogía recientemente un artículo firmado
por Raúl Fain en el que apuntaba que "cuando se haga
evidente que las españolas consumen más información
deportiva, las empresas no podrán negar espacio a las comentaristas:
es lo que ha ocurrido en todas las otras secciones periodísticas
desde la caída de Franco", dice. Y añade que
"eso abre paso a una cuestión de fondo: la competencia
de las mujeres", y a continuación se pregunta: "¿Entienden
o no entienden de deporte las mujeres?".
El
propio Fain concluye: "Si nadie se hace ya una pregunta similar
en relación con la política, la medicina o las ciencias
ocultas, ¿por qué en ciertos círculos se sigue
cuestionando la capacidad de las mujeres para practicar o comentar
el deporte? Pues porque se reconoce que el punto de vista femenino
transformará la práctica y la percepción del
fenómeno deportivo".
Quiero
concluir esta intervención expresando mi confianza absoluta
en la capacidad infinita que tenemos a nuestro alcance las mujeres
como periodistas deportivas. La información es algo complejo,
y a la vez, sencillo; es grande, y sin embargo, a veces es cuestión
de un detalle; es universal, y puede, quizás, ser tan cercano
las
noticias ganan con la mirada de una mujer, ojalá les transmitamos
también el sentimiento del corazón de una madre.
__________
(*)
Periodista.
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