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Periodismo
deportivo y juventud
Jesús
Castañón Rodríguez
Algún
día, cuando se realice una historia sistematizada del deporte
español desde la Restauración hasta la democracia,
en el paso de la sociedad industrial a la sociedad del ocio -iniciado
en los años ochenta- será imprescindible referirse
a los grandes cambios experimentados en la forma de concebirlo y
a la presencia, en su ámbito, de movimientos sociales organizados
en reacciones comunitarias y tribales que convirtieron la violencia
en valor expresivo de localismos extremistas y en elemento que dio
sentido a la vida de personas que sintieron cortados sus horizontes
sociales. Si desde el siglo XIX, el deporte ha sido empleado como
símbolo de regeneración social, de mejora de la salud
e higiene públicas y de nueva expansión afectiva para
la sociedad de masas; y si desde la instauración del sistema
democrático se ha producido un profundo cambio en la consideración
del papel a desarrollar por el deporte en la sociedad moderna -
gracias a su reconocimiento expreso en la Constitución de
1978, a la creación de premios auspiciados por el Príncipe
de Asturias y a la reivindicación de la dimensión
cultural del deporte - no deja de llamar la atención la especial
preocupación que demostrada por la Ley del Deporte de 1990
sobre la eliminación de la violencia asociada.
Para
ello, y al calor de la celebración de los Juegos Olímpicos
de Verano en Barcelona, se ha configurado un nuevo marco jurídico
que reordena el deporte profesional, atiende a recomendaciones para
medios de comunicación y abre nuevas espectativas para el
mundo educativo, con avances como la obligación de la enseñanza
de la educación física por profesorado especializado,
facilitar la realización de doctorados sobre temática
deportiva en Universidades y la conversión de la educación
física y los deportes en una excelente salida profesional
al quedar legislada como una carrera superior.
Actualmente,
la importancia del periodismo deportivo en España viene expresada
por hechos tan destacados como ser Marca, el segundo diario en difusión
media y número de lectores, tras el diario de información
general El País; como que Televisión Española
sea la cadena de televisión pública europea integrada
en la UER con mayor número de horas de programación
deportiva; o como la fuerte competencia por obtener los derechos
de las retransmisiones deportivas. Pero sin duda, el hecho más
significativo reside en que los diferentes estudios de audiencias
señalan a la juventud comprendida entre quince y veinticinco
años como consumidor mayoritario de esta información
especializada gracias a su fácil seguimiento, su comprensión
y su dinamismo.
El
acontecimiento deportivo contado por el periodismo constituye otro
partido diferente con una estrategia lingüística propia
que va más allá del balón, de los flashes,
de las entrevistas de opinión y de las reacciones de las
gradas; una estrategia de ilusión en la que predominan referencias
culturales juveniles, se hace una codificación lingüística
particular, se crea un mundo irreal dominado por los mitos y se
desarrolla una literatura de ficción en las crónicas,
superando en conjunto la narración exclusiva de contenidos
realistas y la consideración del periodismo deportivo como
subgénero literario aunque se mantengan muletillas, cierta
monotonía, tópicos y exageraciones.
Quizás,
de los diferentes problemas que abarca la Ley del Deporte, sea el
de la violencia asociada el que más afecte a la juventud;
razón por la que los diferentes medios de comunicación
han optado, en los últimos años, por la fórmula
francesa del comentario técnico en detrimento del uso de
términos procedentes del lenguaje belicista.
En
la sociedad del ocio y del renacimiento cultural que nos espera
en la nueva década y una vez que ya se ha producido la feliz
incorporación del periodismo a las aulas, se podría
realizar la lenta tarea de intentar un nuevo lenguaje juvenil del
deporte - adaptado a los nuevos tiempos - que fuese útil
para su renovación y sirviese como aprendizaje y formación
para los alumnos con inquietud, en cuanto obligaría a desarrollar
un cierto grado de imaginación, a sintetizar y a contar con
un relativo dominio técnico del lenguaje.
odo
ello ayudaría al fomento del espíritu de integración
social que, lejos de la violencia, siempre simbolizó el deporte.
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