Copa
del Mundo 2002
Pirotecnias
del Mundial
Óscar
Domínguez
(*)

En
este mundial de fútbol que nos va pierna arriba, los aficionados
de media petaca no tenemos pierde: mercenarios del gol, donjuanes
con guayos que no se enamoran de una selección sino que
las aman a todas, podemos cambiar de equipo como quien cambia
de calzoncillos a medida que vayan eliminando al equipo de nuestras
entretelas. Y nadie nos puede graduar de desleales.
Los
jugadores españoles no se dejaron meter gato por liebre:
les ofrecieron bisté de perro o perro a caballo en
un restaurante coreano, pero decidieron comprar el susodicho cuadrúpedo
y lo convirtieron en amuleto del equipo. A Camachín
, nombre del mísero can, le tienen siquiatra propio
que le ayudará a capotear los complejos que supone aprender
a ladrar, hacer pipí, morder y amar en otro idioma.
Rivaldo,
del Brasil, uno de los iluminados que juega con una pierna equivocada,
quedó habilitado para actuar como protagonista en las telebobelas
o culebrones cariocas cuando se le acabe la cuerda como jugador:
hizo el mejor teatro en el partido que le ganaron a Turquía,
jugando con doce, incluído el árbitro. El balón
que le devolvió un rival otomano le pegó en un brazo,
pero el zurdo Rivaldo reaccionó como si le hubieran extirpado
las partes pudendas sin anestesia. Después, el árbitro
regaló un penalti inexistente y Brasil ganó con
gol de Rivaldo a quien finalmente sancionaron porque se
le fue la mano en actuación.
Un
apunte insólito del mundial lo hizo un chino desolado que
no resistió la derrota de los suyos frente a Costa
Rica: increíble que entre mil millones de chinos no haya
once tipos que sepan jugar bien al fútbol.
Como
quien saca un conejo de un sombrero, los japoneses nos deslumbran
con la cancha de Sapporo Dome que se puede poner y quitar a voluntad,
como ciertas prótesis.Felices, los abogados especializados
se preparan para atender la avalancha de divorcios por cuenta
de tanta pareja que alista separancias por incompatibilidad de
sueños e insomnios. Mientras ellas roncan, los fulanos
asumen la dictadura del mando a distancia a medianoche para ver
los partidos.
Los
gerentes se devanan el departamento de sesos para tratar de mejorar
la productividad de sus empresas en esta época en que la
gente camella a media marcha, con los ojos empiyamados. Los jefes
deben entender que seguir un partido cuyo resultado se conoce,
tiene tan poco encanto, como ver películas de las que se
sabe que el asesino es el jardinero ( ¿por qué el
asesino tiene que ser siempre el jardinero y no un corredor
de bolsa o un periodista?).
A
los occidentales, todos los orientales nos parecen clonados. ¿Será
que ellos nos ven con la misma óptica y nos igualan con
el primer feíto que ven por tv?
2
Funcionaron
las intrigas del Papa polaco y Dios fue el jugador número
12 de la selección de Polonia. Pero en el 4-0 frente a
Portugal, Chucho sufrió amnesia parcial de fútbol
y el equipo del pontífice se fue temprano a las duchas
en Varsovia.
Francia
jugó evangélicamente y por eso salió del
mundial por la puerta falsa: el pie derecho de sus jugadores siempre
ignoró lo que hacía el izquierdo. Al contrario de
lo que proclama La Marsellesa, el día de gloria nunca llegó.
Ni con la grandeur de Zinedine.
Los
noctámbulos-sonámbulos por culpa del fútbol
andamos con el reloj biológico más perdido que el
hijo de Lindbergh. Nos dormimos pasando un semáforo, dando
un beso de despedida o consignando un cheque sin fondos.
¿Los
hinchas que se despelucan por sonreír ante las cámaras
de televisión que los sorprenden, agitan manos y gritos
urbi et orbi, o el saludo es sólo para papá y mamá,
los amigos de la cuadra o del bar, la mujer de al lado,
o la noviecita reacia a bajar la virginal guardia?
El
centauro Oscar Julián Ruiz es el árbitro colombiano
que imparte justicia en el mundial. Es la cuota de Macondo en
la competencia junto con Carlos Llamosa, quien juga para la selección
de USA después de que no fue profeta en paños menores
en Colombia.
Como
la cuota africana es amplia y del continente moreno fueron traído
al país millares de esclavos en época de la colonia,
muchos están reclamando esos ancestros para no sentirse
tan lejanos al mundial.
Hay técnicos que ante los desaciertos de sus pupilos reaccionan
como si el mismo día hubieran perdido la mamá, la
esposa y la billetera. Un ejemplo, Antonio Oliveira, de Portugal,
quien se fue del mundial con muletas físicas y espirituales.
Si
algunas de las japonesitas que vieron clasificar a su equipo a
los octavos de final, trabajan en alguna Casa de las Bellas Durmientes
que novela el Nobel Kawabata, favor dejar teléfono
y dirección para cuando llegue la hora de pagar por verlas
dormir escasas de ropa.
Los kamikazes futbolistas nipones le caen al balón como
quien ve llover aviones sobre Pearl Harbor.
Gracias
a la casi olvidada perestroika, a la selección rusa no
le figuró sabático en Siberia por su desteñida
actuación.
No
me quitaron el insomnio los reveses del dueto Argentina-Uruguay.
No perdono, pero tampoco olvido, que se hubieran amangualado para
no darle chance de clasificar al equipo del dentista Maturana,
quien sentó la doctrina de que perder es ganar. Además,
personalmente estaba en deuda con Suecia por cuanto en su capital,
Estocolmo, conocí el metro y la nieve.
Para
decirlo poco originalmente, muchos han llorado como bebés
lo que no fueron capaces de lograr como futbolistas.
Con
el 3-1 de España a Paraguay quedó vengado el escupitajo
a mansalva que le acomodó el arquero Chilavert al garoto
Roberto Carlos, la vez que éste le tendió la diestra
mano para sellar la paz después de haber discrepado sobre
el césped. Con la salvedad de Chilavert, celebro la clasificación
de los paraguayos a los octavos de final.
¿Cuantos
mariditos prófugos habrán sido pescados por sus
esposas, anónimos en las tribunas?
Güeveros
nos decían a los muchachos a que nos pasábamos
la mayor parte del partido respirándole en la nuca al arquero
rival. Los güeveros de hoy se apellidan Batistuta, Zidane,
Beckham, Ronaldo, y cobran fortunas. De nada por haberles abierto
el camino.
Che,
Marcelo Bielsa: excluir de la selección argentina a Verón,
Batistuta, Crespo, es tan insólito como una antología
de cuentistas gauchos sin Borges, Cortázar o Casares.
Cuando
escucho los himnos de los países que se la jugan en el
mundial, pienso que tal vez en chino, japonés o coreano
se entiendan las estrofas de nuestro himno. Quizás los
orientales nosotros no hemos sido capaces- puedan desentrañar
aquello de: la Virgen sus cabellos, arranca en agonía,
y de su amor viuda, los cuelga de un ciprés.
Me reconforta saber que parte de la plata que me he gastado en
cuchillas Gillette, hamburguesas Mc Donalds, Coca-Cola (la que
hace daño, no la otra), JVC, fue invertida por estas multinacionales
en las vallas que vemos por estos días en televisión.
Tengo, pues, mis acciones en este mundial.
¿Qué
piensan de la vida esos balones decisivos que golpean en
el travesaño convertido en el sexto sentido de los arqueros,
a espaldas de estos se pasean por la portería como Pedro
por su casa, se burlan de todo un país y regresan al campo
de juego, muertos de la risa, sin haberse convertido en el redondo
orgasmo del fútbol, como dirían pornógrafos
de pacotilla?
El
presidente electo, Alvaro Uribe Vélez, debería madrugar
una o dos veces para escoger carrizo entre los millares que se
ven en el banco de suplentes o en la tribuna, para canjearlo por
su sentado señoritero, de hombre que todavía no
ha perdido la virginidad.
3
Sigo
cambiando tanto de equipo en un mismo partido que a veces me da
pena salir a la calle. No podría mirar a los ojos a la
señora que me vende el pan y la leche. O los aguacates
para el almuerzo. Me sucedió en el juego España
Irlanda donde más que dos equipos, se enfrentaban
mis amados Cervantes y Frank McCourt, el de Las Cenizas
de Angela. Lo mismo me ocurrió en el partido Inglaterra-Argentina,
Chaplin enfrentado a Borges, un eterno ateo del fútbol.
Como la carne es débil y el espíritu futbolero arribista,
al final estuve con el ganador. Ay de los vencidos!
Como
esas mujeres fatales que ya no ejercen y esconden su biografía
detrás de unas gafas con vidrios polarizados, Brasil
sigue viviendo del pasado de Pelé, Garrincha, Zico, Rivelino
y ... del presente de árbitros magnánimos, reacios
a enfrentarse a tanto pedigrí. Pese a estar en cuartos
de final, Brasil ha ganado con su historia, con la hoja de vida
de sus vedetes. Las musas del fútbol carioca siguen bronceándose
en las playas de Río. Por hacer lo mismo (vivir del currículo
de sus divas balompédicas) están jugando muellemente
el mundial debajo de las cobijas, champaña en mano, los
jugadores de Francia, Italia, Portugal.
En el encuentro (mejor, desencuentro) entre Alemania y Paraguay
hubo tal orfandad de fútbol que los responsables de la
transmisión han debido colocar esta aclaración en
pantalla: Les informamos que están viendo un partido de
fútbol. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.
Ojalá
España no me haga quedar como un guayo. Me la jugué
por ese país para campeón mundial. No tanto
porque nos hayan traído su Dios y su idioma a bordo de
las chalupas de Colón, y se llevaran, en reciprocidad,
parte de nuestro oro y tubérculos como la papa, sino porque
en el disco duro de mi memoria solo conservo una alineación,
la del Real Madrid, cuando jugó hace varias décadas
en Colombia: Domínguez, Marquitos, Santamaría y
Casado; Santiestefan y Zárraga; Herrera, Rial, Di Stéfano,
Puskas y Gento, quienes jugaban el famoso, 1,3,2,5.
Los
que pagamos por ver todos los partidos, exigimos que nos expliquen
cuándo los jugadores de China, Japón o Corea, mientan
la madre. ¿O es que la cultura oriental no lo hace? En
los equipos de este lado de la vida (occidente) uno puede leer
en los labios que los jugadores les dicen a sus rivales
o al árbitro- hijo de..., son of.., figlio...... etc..
El mundial ha mostrado la debilidad de occidente por el hedonismo,
y de oriente por el dolor. Cuando le cometen falta a un jugador
occidental, éste se quiere morir y, mientras se recupera,
casi convierte el gramado en un hotel-hospital de cinco estrellas.
Por poco exige que le lleven tinto y el periódico.
Los orientales, en cambio, se levantan pronto en medio del dolor,
su rostro hecho una mueca, se las arreglan para poner en su sitio
el esternecleidomastoideo, averiado por un golpe del rival, y
regresan al campo.
Hay
mucho de beso de Judas en ese apretón de manos que se dan
los jugadores antes del comienzo del partido. Me recuerda
la precaria paz que nos damos en misa para luego seguir agarrados.
Como
todo lo del pobre es robado, no faltó quién dijera
que el gol de México frente a Italia, sin duda una
pequeña obra de arte, fue fruto del azar, no virtud del
malabarista manito. Pobre México, tan lejos de Dios y tan
cerca de los goles de Estados Unidos que lo sacaron de taquito,
pese al gran fútbol que trajeron a la pasarela mundialista.
De
joven, habría salido corriendo si uno de mis amores platónicos,
Brigitte Bardot, por ejemplo, hubiera accedido a convertir en
realidad mis fantasías eróticas. Lo mismo sucede
con equipos pequeños que se asustan ante rivales con currículo
a los que empezaban derrotando y con los cuales terminaban
perdiendo. Son de los que matan el tigre y se asustan con el cuero.
Claro
que otras selecciones no se arrugan como la armada turca y el
fútbol de pelo quieto de Senegal. Miren hasta donde llegó
Japón, y donde andan Corea y USA. Ninguno de los tres inventó
el fútbol, pero terminarán quedándose con
él. Como con tantos otros inventos.
Es tan sofisticado el balón que idearon para este mundial
que tengo la sensación de que por dentro de él tiene
jacuzzi, prostíbulo, internet, gimnasio y condón
de diversos sabores.
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(*)
Periodista