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Viva
el Recre manque haya perdido (*)

Ricardo
Bada (*)
Como
sabiamente dicen los gitanos: "Lo que no pué sé,
no pué sé..., y además es imposible".
Ocurre, en este caso, que no estoy triste porque el Recreativo haya
perdido la final de la Copa. Todo lo contrario, estoy contento de
que haya llegado hasta ella, y que su derrota se deba a un hecho
tan simple como incontestable: el contrincante era mejor, y además,
por si fuera poco, también contaba con un camerunense llamado
Eto'o. De ser el presidente del Recre un poco felipesegundo, pues
éso, echaría mano al arsenal de frases históricas
que se atribuyen al Rey Prudente y tendría que decir: "Yo
no mandé mi equipo a luchar contra una superioridad tan elemental".
Elemental, querido presidente.
¿Qué
quieren ustedes? A quienes nos hemos criado viendo jugar al Recre
en el viejo campo del Velódromo y hemos estado durante años,
o si ustedes quieren durante unas temporadas
que se nos antojaban eternas, aspirando a pasar de tercera a segunda
división, ésto de haber llegado nada menos que a la
final de la Copa nos parece una hazaña como de cantar de
gesta. Todavía resuena en mis oídos el sonsonete gozoso
de una coplilla que cantábamos un día:
El
Recreativo de Huelva,
solera de la afición,
pasará este año a segunda,
a la segunda división.
Creo
que ese ascenso a la segunda, de donde luego ya no se descendió...,
es más, hasta por dos voces se consiguió la hombrada
de pasar a la primera..., ese ascenso a segunda, digo, fue uno de
los momentos estelares de nuestra vida de hinchas del decano. Perdón:
Decano. (Caballero, qué coña...zo, ésto del
decanato). Pero vuelvo al ascenso a segunda. Hasta entonces, nuestras
glorias se reducían a un paradón de un guardameta
llamado Vélez, jugando contra el Celta de Vigo en aquél
Velódromo de nuestras culpas y pecados. Cómo sería
aquél paradón, que el entrenador del Celta, quien
era por aquellas calendas nadie menos que El Divino, o sea, don
Ricardo Zamora, saltó espontáneamente al terreno de
juego para felicitar al portero del Recre.
Tales
eran nuestras modestas glorias de los cincuenta. Un paradón
de Vélez, y santas pascuas.
Hoy, 28 de junio del 2003, cuando el calendario católico
festeja a san Plutarco y compañeros mártires, y a
santa Potenciana, virgen y mártir, nuestra gloria ya no es
tan modesta: el Recre es, nada más y nada menos, subcampeón
de Copa. Muchísimo más de lo que nunca nos hubiésemos
atrevido a soñar ni siquiera cuando Crispi, Pilli, Joselín
y compañeros mártires hicieron que Huelva alimentase
la esperanza de asentarnos definitivamente en segunda.
Es
vieja mi convicción de que la gran virtud de Huelva ha sido
y sigue siendo la modestia.
Que hay que "descubrir América", ¡qué
se le va a hacer!, adelante. Que hay que fundar el primer club de
fútbol (y el primero de tennis, y el primero de golf) en
España, ¡qué se le va a hacer!, adelante. Que
hay que ganar el primer Premio Nobel para la poesía española,
¡qué se le va a hacer!, adelante. Pero, por favor,
que no nos pidan luego mucho más.
A
mí, sinceramente, ésto del subcampeonato de la Copa
ya me parece casi una exageración muy poco onubense. Pero
igual brindo por ese título con mucho gusto y fina voluntad,
como decía mi abuela, que era una sabia. De haber logrado
la Copa, ¡quién sabe si no perderíamos de una
manera irremisible nuestra acendrada y hermosa modestia!
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(*)
Crónica
de la final de la Copa del Rey de fútbol en España,
disputada entre el Real Mallorca y el Recreativo de Huelva.
(*)
Periodista y escritor.
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