Copa
del Mundo 2006
De
Gattusos y jugones
José
Luis Rojas
(*)
Los
ecos del último Mundial de fútbol aún no
han remitido transcurridos casi dos meses desde su conclusión.
Diecinueve seleccionadores han sido destituidos o relevados como
consecuencia de los resultados obtenidos, el escándalo
por amañamiento de partidos en la Serie A italiana, conocido
como 'Moggi-gate' o 'calciopolis', resultó determinante
para que el mercado internacional de fichajes empezara a moverse
con vistas a la nueva temporada, e incluso el célebre cabezazo
('coup de boule') de Zidane a Materazzi ha dado nombre y letra
a la canción del verano en Francia.
Del
Mundial o Copa del Mundo se seguirá hablando y escribiendo
porque es el acontecimiento deportivo de masas por excelencia
y constituye el momento más esperado de cada cuatrienio
para muchos millones de personas que, durante un mes, viven paralizados
delante de la televisión y supeditan su estado de ánimo
a la actuación de un grupo de jugadores que les representan
bajo un himno y una bandera.
Mientras
los gobiernos aprovechan la ocasión para pulsar el grado
de sentimiento patriótico-nacional de sus conciudadanos,
los medios de comunicación no dudan en enfundarse la camiseta
del jugador número doce y apelan a la épica, al
triunfalismo y las viejas rencillas históricas en la previa
del choque frente al 'enemigo a batir'. Un titular ingenioso,
llamativo y de tamaño espectacular, un 'grito de guerra',
se encarga de avivar la euforia de todo un país.
Por
eso, no hay mejor forma de radiografiar lo ocurrido en un gran
campeonato como el celebrado este año en Alemania que hacer
un breve repaso a las informaciones vertidas desde los medios
de comunicación durante los intensos días de competición.
El
prometedor debut de España ante Ucrania por 4-0 ("cuatro
goles como cuatro caracoles", profirió Julio Salinas
en La Sexta) hizo que subieran enteros las opciones de 'la Roja'
y que la prensa extranjera se fijase de pronto en los de Luis
Aragonés, aunque sólo fuera para seguir tirando
de viejos tópicos y manidas etiquetas: "Toreros"
(Bild), "Joder, arrancó furiosa España"
(Olé) o "Cuatro bombas de los toreros destruyen el
misil nuclear ucraniano" (Beijing Times).
Mientras
el 'jogo bonito' de Brasil seguía sin aparecer y se trocaba
en "jogo feíto" (As) o incluso en "jogo
gordito" (Cadena Ser), España hacía valer su
"jogo cojonudo" en las crónicas nacionales (Sport).
El decepcionante juego de la 'canarinha' prosiguió en el
segundo partido ante los 'canguros' australianos y, pese a vencer
de nuevo, siguió granjeándose sarcasmos, especialmente
los procedentes del país vecino y eterno rival suramericano:
"Es Penta, espanta" (Olé).
El
segundo encuentro de la selección española trajo
consigo el protagonismo de los 'jugones', nuevo concepto futbolístico
consagrado por la prensa especializada española en esta
fase final y que define a los futbolistas técnicamente
más brillantes y creativos de un equipo, los que representan
el llamado 'juego de toque' (o "tiqui-taca", que diría
Andrés Montes en La Sexta). "Tócala otra vez
España" (As) y "Cinco cachas contra tres jugones.
Túnez saca ante España a todos sus armarios"
(Marca) fueron los titulares más destacados de la previa.
Fernando
Torres, al conseguir tres goles en dos partidos, se convirtió
en el nuevo icono nacional ("El Niño ya ha crecido",
Mundo Deportivo), mientras que Raúl, quien abrió
la brecha dialéctica entre los 'raulistas' y los 'antirraulistas'
de este país, se erigió en su contrapunto y en coprotagonista
("El Niño y el Viejo", Olé).
Entretanto,
"la vieja guardia" francesa, apodada con mofa por los
medios españoles como "los Rolling" por tratarse
del equipo con mayor media de edad del torneo, se clasificaba
'sin grandeur' ("Nada del fútbol champán con
el que encandiló en los 80 y los 90", El Mundo), argentinos
y holandeses defraudaron en el encuentro más esperado del
denominado 'grupo de la muerte' ("El clásico... tostón",
Marca) y el 'Fenómeno' Ronaldo "se quitaba un peso
de encima" (As) al marcar dos goles a Japón y acallar
de una vez a sus detractores (los supuestos kilillos de más
del delantero habían suscitado hasta entonces una gran
polémica mediática que le enfrentó incluso
al presidente, Lula da Silva).
Los
octavos de final se abrieron con el encuentro Argentina-México,
definido por La Sexta como "el clásico suramericano".
No se trata de un error aislado porque ese mismo día El
Correo de Andalucía se refería a los mexicanos como
"centroamericanos" en lugar de norteamericanos. Está
claro que la participación de numerosos países en
este tipo de competiciones pone a prueba los conocimientos de
los cronistas, quienes, por ejemplo, no dejan de llamar cariocas
(de la ciudad de Río de Janeiro) a los brasileños
por mucho que desde diccionarios y libros de estilo se insista
en la diferencia.
El
golazo de Maxi Rodríguez en la prórroga ante 'el
Tricolor' mexicano llegó casi veinte años después
de la 'mano de Dios' de Diego Armando Maradona ante Inglaterra,
precisamente en México ("Manito de Dios", Olé),
y se llevó todos los honores ("Un poema nos mató",
Excelsior), mientras que en el lado perdedor quedó el consuelo
de haber hecho las cosas bien ("México murió
con las botas puestas", ESPN).
El
triunfo de "una Italia a la italiana" (La Vanguardia)
ante Australia, de penalti muy discutible en el tiempo de prolongación,
encontró una airada reacción en la prensa española,
que tiró de manual para criticar ese otro modelo de fútbol
que se fundamenta en el 'catenaccio', la potencia física
y el oportunismo: "Made in Italia" (Marca), "Italia
vuelve a las cavernas" (El País) o "Italia se
mantiene fiel a la historia" (ABC).
La
eliminación de la España de los jugones ante Francia
destapó el tarro de la frustración nacional acumulada
durante tantos Mundiales improductivos ("La España
de toda la vida", El País; "Como siempre, pero
un poco antes", Mundo Deportivo; "España no pasa
la selectividad", ABC, "Y al final, Zidane jubiló
a España", El Mundo). El fracaso de "los jóvenes
ibéricos" (la prensa francesa devolvía la burla
a los españoles) reforzó los postulados del 'gattusismo',
término acuñado por Santiago Segurola en el diario
El País para definir el juego poco vistoso que ha caracterizado
históricamente a Italia. El centrocampista recuperador
del Milan Gattuso ha puesto de moda un nuevo vocablo que sirve
para definir el tipo de futbolista que, a diferencia del jugón,
no basa su juego en el regate lustroso sino en la carrera incesante,
la disciplina y el rigor táctico.
Los
ingleses seguían defraudando y acumulando metáforas
negativas en las portadas pese a seguir en liza (contra Ecuador
"Inglaterra fue un páramo", El País).
Ante Holanda "Maniche fue mata-mata" (As). Esta expresión
belicista, utilizada por el técnico de Portugal, Luis Felipe
Scolari, para calificar una eliminatoria 'a todo o nada', se convirtió
en algo recurrente en las crónicas del equipo luso, tanto
como las referencias a la épica para salvar 'nuevas batallas',
como sucedería precisamente ante los ingleses en la tanda
de penaltis de los cuartos de final ("Ricardo Corazón
de León", La Gazzetta dello Sport).
La
figura de Zidane fue la sinécdoque más utilizada
durante el Mundial para simbolizar la imagen de todo un equipo
e incluso del campeonato. Concitó las miradas para lo bueno,
como en la eliminación de Brasil ("No te jubiles nunca",
Marca; "Viejo es el viento... y todavía sigue soplando",
Olé; "Mágico", L´Equipe) y en el
triunfo ante Portugal en la semifinal ("Y querían
jubilarlos", Sport; "El gol de su vida", L´Equipe),
como para lo malo, en la final. Con el titular "Demasiado
genio" el diario Marca jugó con el doble sentido para
referirse tanto a la genialidad del marsellés en el gol
de penalti como a la incontrolada reacción que le llevó
a ser expulsado y dejar a su equipo con diez justo en el momento
más decisivo.
También
de penalti se resolvió el partido entre Alemania y Argentina
("un equipo con aires de Dream Team", Europa Press),
donde sobresalió el meta local Lehmann, aclamado como "nuevo
muro de Berlín" ("Nuestras manos de Dios",
Bild Zeitung). Suramérica se quedaba sin representantes
en semifinales porque Brasil cayó ante Francia ("Merde
Amarelha", Olé), una derrota que levantó las
iras de la 'torcida' ("Vergüenza", Jornal do Brasil),
que llegó a quemar una estatua de Ronaldinho ("Fogo
Bonito" apuntó con ironía el diario argentino
Olé).
Las
semifinales trajeron consigo la reescritura de viejas citas futbolísticas.
Francia reafirmó su condición de "coco histórico
de Portugal" (Marca), mientras que Italia de nuevo se impuso
a Alemania en un Mundial dejando sin vigencia la frase lapidaria
que en su día pronunció el delantero inglés
Gary Lineker ("El fútbol es un deporte que juegan
once contra once y siempre gana Alemania, salvo cuando se enfrenta
a Italia", El País).
Además,
Italia rompió moldes, "sacó a sus jugones"
(As) y venció con un juego rutilante que hacía mucho
no se le recordaba ("Bellísima Italia", Marca;
"Fuera tópicos, frases hechas y lugares comunes. Italia
jugó ayer bien al fútbol, de maravilla", El
Mundo; "Italia ya tiene otro partido del siglo", ABC).
Los 'azzurri' cosecharon alabanzas ("El catenaccio ha muerto",
Marca) en la misma proporción y con idéntica celeridad
con que se ganaron antipatías y envidias al lograr un nuevo
título utilizando sus armas de toda la vida ("El triunfo
de la nada", El País). Catenaccio redivivo de un campeón
del mundo que, al final, acabó luciendo más gattusos
que jugones.
____________
(*)
Periodista