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Las
piruetas gráficas de Claude Serré: fantasía
y humor negro para el cuerpo agredido
Jesús
Castañón Rodríguez
El
humorismo ha sido considerado, tradicionalmente, una modalidad de
comunicación de aristas amables, un medio para hacer reír
y sentir alegremente o una vacuna racional contra las pasiones.
Pero también, un juego intelectual para superar la hostilidad,
el escepticismo y la desesperanza o una sonrisa de la desilusión.
El
caso del parisino Claude Serré supera todos los límites
convencionales hasta convertir el humor gráfico en un deporte
de la inteligencia, basado en asociaciones de ideas, que compite
por llegar más lejos, más alto y más fuerte
en la búsqueda de lo insólito.
Visión
en rayos x y dinamismo explosivo de los cuerpos
Este
humorista gráfico francés ha contado con una variada
producción en distintas publicaciones, entre las que destacan
las revistas Planète, Plexus, Bizarre, Pardon, Hara-kiri
y Pariscope.
Su
obra de tema deportivo está formada por tramas finamente
elaboradas en las que ha dado continuidad a su caricatura de la
muerte, ya practicada en otros títulos como Humor negro &
hombres de blanco y El automóvil. Pero lleva hasta altas
cotas de calidad sus piruetas conceptuales de visión en rayos
x y de dinamismo explosivo de los cuerpos: reventones de músculos,
vísceras desparramadas, esqueletos en acción, masas
deformes, desarrollos imposibles de los huesos...
Sus
técnicas favoritas pasan por entremezclar combinaciones de
dibujo fantástico de cuerpos agredidos, exageraciones del
dolor, caricaturas de la muerte y la descontextualización
de lenguajes gráficos (señales, iconos, rótulos...)
hasta alcanzar resultados novedosos.
Su
producción gráfica abarca 2 aspectos generales y 19
disciplinas deportivas específicas, con un especial interés
por atletismo, halterofilia, fútbol y boxeo.
Podios
de fantasía y esqueletos en acción
Entre
los primeros cabe destacar la creación de podios fantásticos:
atletas de sillónball (espectadores en zapatillas sentados
en el sillón ante el televisor), fajos de billetes que imitan
los tres escalones del podio y deportistas exhaustos que se mantienen
en pie si han recibido una medalla, pero que se desploman en cuanto
tienen que afrontar el peso de una copa.
Para
la visión de rayos x destaca el dibujo de situaciones insólitas:
el esqueleto que desarrolla un bíceps óseo en el húmero
y el esqueleto que toma posición, acoplado a unos tacos de
salida, para una carrera de relevos.
Deportes
específicos
Las
exageraciones, la combinación de relaciones lógicas
y absurdas y la descontextualización de lenguajes gráficos
son los principales mecanismos empleados para retratar el atletismo
en diversas variantes: carreras, lanzamientos de jabalina, pértiga,
disco y peso y saltos de altura y pértiga.
Así,
los corredores son presentados como un icono dentro de una señal
de peligro para el tráfico junto a un estadio de atletismo;
los velocistas hacen estallar sus cuerpos en el muro situado al
final de la pista; y los corredores aristócratas compiten
en las carreras transportados en una silla de manos por sus mayordomos.
Los lanzadores de jabalina se presentan como autosuficientes para
solventar dolores de muelas al atar la pieza dental a un extremo
de la jabalina; los lanzadores de peso afrontan la ejecución
de lanzamientos de guisantes de lata y de cargados pesos o disputan
un singular encuentro de tenis con el que pasar al otro lado de
la red todos los pesos posibles; los lanzadores de disco mandan
lejísimos los excrementos de animales. Los saltadores de
pértiga encuentran en su carrera de impulso el letrero "atención
vigile su marcha" o chocan contra el techo de su casa dejando
un reguero de sangre hasta desplomarse sobre la colchoneta. Y los
saltadores de altura superan el listón con la ayuda de una
explosión producida junto a la zona de batida.
El
baloncesto sirve de cancha para las exageraciones y el dibujo fantástico,
con partidos en los que el árbitro obliga a los equipos a
jugar con gamuzas en los pies para no rayar el suelo de parquet,
con jugadores miopes que lanzan tiros libres a una canasta dotada
de un gran embudo para no fallar y con jugadores eficaces que introducen
medio cuerpo en el aro para no errar en los mates.
El
boxeo es uno de los ámbitos favoritos para la visión
descarnada y explosiva de los cuerpos agredidos, con boxeadores
que intercambian golpes entre reventones de cabezas y torsos y cuadriláteros
convertidos en una casquería de vísceras y sangre
que penden de las cuerdas que lo delimitan. Pero también
tiene su lado insólito con el púgil que llega al vestuario
tras un combate y ve en la puerta el letrero "entre sin golpear"
o con aquel segundo que cuida a su pupilo medio grogui en el rincón
y le abofetea para que reaccione.
Las
situaciones inesperadas impregnan el ciclismo, gracias al engarce
imposible, al estilo de dos anillos, de las ruedas traseras de las
bicicletas de dos ciclistas.
La
visión desgarrada también aparece en el culturismo
con el retrato de deportistas a los que se les arruga y deforma
la cara, al hacer figuras con sus enormes masas de músculos,
y a los que se les revienta la masa muscular al marcar el bíceps.
Además pueden ser ámbito amable con la situación
fantástica por la que al marcar el bíceps, les sale
un cerebro en el lugar correspondiente al músculo.
Tiene
su continuidad la visión de cuerpos agredidos en la esgrima
gracias al retrato de un espadista que corta en dos en su cabeza
con el filo de la espada al presentar el arma.
Un
tono más optimista aparece en el esquí de fondo, donde
su practicante es retratado con sus esquís y bastones en
combinación con una asociación inesperada: una escafandra
y un buzo como resto de la vestimenta.
El
esquí acuático da lugar a situaciones de fantasía
en el choque de un practicante de este deporte contra un árbol,
surgido en mitad del lago.
Para
el fútbol, Claude Serre recurre a la combinación de
relaciones lógicas y absurdas, a exageraciones y a situaciones
de fantasía. Recrea
a los hombres prehistóricos jugando al fútbol con
una piedra y en la que un dolmen hace de meta y destaca al espectador
de fútbol televisado repantigado en el sillón orejero,
con un vaso de bebida en la mano y los pies estirados sobre una
almohadilla en la que reposan sus zapatillas de andar por casa con
tacos de aluminio (al estilo de las botas de los futbolistas). Y
sobre todo, retrata los miedos del guardameta: el pánico
a la entrada de un balón gigante que le aplaste contra la
red de la portería; el terror que le hace atrincherarse a
ras de suelo y levantar una bandera blanca de rendición;
la desolación al saltar al campo con un equipo de jugadores
amanerados; la agresión a su cara con un lanzamiento de balón
que le revienta en la cabeza.
La
gimnasia combina relaciones absurdas y lógicas gracias a
dibujos de fantasía: las increíbles evoluciones de
un gimnasta en barras paralelas que tras hacer numerosas figuras,
las barras forman una equis y sus brazos un torbellino de giros;
y el potro con arcos que toma vida y convierte al gimnasta en un
improvisado vaquero que imita los gestos de un rodeo.
Las
situaciones de fantasía son los mecanismos habituales para
provocar la sonrisa en halterofilia: el hombre pequeño que
no llega con los pies al suelo una vez que coge las pesas para proceder
a levantarlas; el atleta que se hunde con las pesas antes de hacer
la arrancada; el levantador que hace equilibrios con las pesas en
la cuerda floja de un circo; el atleta que se eleva hacia el cielo
con las pesas como un globo, como si no existiera la fuerza de la
gravedad; el hombre que se ahoga y levanta los brazos en la dársena
de un puerto de mar, al que lanzan dos pesas; el ganador de una
competición que es manteado por sus colegas, con pesas y
todo, con gran euforia; y el deportista que en plena forma acude
a comprar material a una tienda y hace bajar al dependiente, un
hombre mayor y débil, gran parte de las existencias.
La
lucha libre da lugar a exageraciones: un árbitro que presenta
a los dos combatientes de una pugna de lucha libre en la que el
ganador no se proclama con gesto recio sino con gesto amanerado;
el luchador mal aseado que derrota al contrario por desmayo ante
su falta de higiene y que hace sufrir al árbitro cuando le
tiene que levantar el brazo para proclamarle campeón del
combate; y los luchadores que, en la ejecución de sus llaves,
acaban hechos un amasijo deforme de músculos ante la mirada
atónita del árbitro.
La
exageración del dolor y la desesperación también
están presentes en el montañismo, con una situación
imposible donde un alpinista que, tras escalar con esfuerzo la cumbre
y ver en la cima la bandera de otro país que ha llegado antes,
aprovecha el cordino de escalar para ahorcarse colgado del cielo.
La
natación combina asociaciones inesperadas entre el deporte
y la religión: Jesucristo corre por una calle de la piscina
en una competición de natación (a partir de una modificación
de discurso repetido sobre su capacidad para andar sobre las aguas)
o realiza una pirueta en el salto de trampolín en la que
introduce sus manos en los huecos dejados por los clavos en sus
pies crucificados.
La
combinación de relaciones lógicas y absurdas genera
una gran trama de patinaje sobre hielo: el aparatoso resbalón
de un patinador que acaba de pasar con la afilada cuchilla del patín
sobre una cáscara de plátano.
Las
situaciones de fantasía invaden el rugby con una melée
tumultuosa donde, ante el asombro del árbitro, en vez de
salir el balón, surgen varias prendas de ropa íntima
femenina.
El
tenis acoge mezclas de relaciones lógicas y absurdas gracias
a un mayordomo que hace un servicio: saca el tenis con postura engolada,
porta una bandeja para servir la pelota y se ayuda con una servilleta
en el antebrazo para hacerlo con elegancia.
Este
tipo de mecanismo es todavía más exagerado en el tenis
de mesa, en una excepcional trama donde dos deportistas, con sendos
matamoscas a modo de raquetas, intentan deshacerse de una mosca
en una mesa de pimpón imitando los gestos técnicos
de este deporte.
Finalmente,
el tiro con arco se convierte en un ámbito para la agresión
de los cuerpos, con una mujer que, tras tensar el arco, lanza su
seno reventado en vez de una flecha y con un hombre que al acceder
a la pista de competición le cae encima la flecha que marca
la zona de acceso a la misma.
Epílogo
En
resumen, Claude Serré ha aunado los lenguajes universales
del deporte y del dibujo con un carácter polideportivo que
centra su interés en los deportes olímpicos. Su gran
aportación no está en atender al lado amable o insólito
de los lances técnicos de cada disciplina. Reside en llevar
al mundo de la sonrisa podios insólitos, aplicables a la
competición de la vida, y una nueva visión de fantasía
negra que recrea cuerpos agredidos -sobre todo, en boxeo, culturismo
y esgrima- o es capaz de retratar disparatadamente los miedos.
Referencias
bibliográficas
CASTAÑÓN
RODRÍGUEZ, Jesús (2000) "El deporte del idioma
y el idioma del deporte en el humor gráfico de Quino",
Lecturas: Educación Física y deportes, número
18, Buenos Aires (Argentina), 18 de febrero.
- (2000) "Antonio Mingote: el deporte de la educación",
La Página del Idioma Español, Río de Janeiro
(Brasil), 7 de junio.
SERRE, Claude (1978) Humor negro & hombres de blanco, Madrid,
Mundis.
- (1979) El deporte, Madrid, Mundis.
- (1980) El automóvil, Madrid, Mundis.
- (1987) Los angelitos, Madrid, Javier Vergara editor.
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