Historia
literaria del Real Sporting
Jesús
Castañón Rodríguez
Introducción
Notas
históricas
Gijón es una ciudad del norte de España, con
más de dos mil años de existencia. Situada
a orillas del mar Cantábrico sus estudiosos definen
su carácter como ciudad para amar intensamente y
no para entender, como un sentimiento inexplicable, dinámico,
creador, innovador y con preocupación social por
cuestiones humanitarias. Es una ciudad sumergida, compleja
y entrañable, que aparece y desaparece, que asoma
y se oculta, que se alegra y que tiembla (1).
En su historia, durante el siglo XX, uno de sus nuevos valores
para la expansión afectiva e intelectual lo ha constituido
el deporte moderno, actividad a la ha aportado numerosos
deportistas olímpicos.
Entre
todas las entidades deportivas, sin duda, la que más
repercusión social ha alcanzado en todo el siglo
ha sido un equipo de fútbol: el Real Sporting. Hasta
tal punto ha llegado la identificación del club con
la ciudad que ha sido incluido como elemento destacado del
segundo milenio de Gijón (2)
y como aspecto de interés para guías turísticas.
Se ha convertido en una seña de identidad del mismo
rango que el puerto de El Musel, el barrio de Cimadevilla,
el diario El Comercio, la Playa de San Lorenzo, el paseo
de Begoña o la Calle Corrida.
Ha
creado una dimensión cultural y artística
poco conocida cuyo análisis se realiza en las siguientes
páginas, desde la mirada cómplice hacia un
equipo con una historia plagada de singularidades lingüísticas
en su denominación oficial, en los boletos de las
quinielas y en chistes (3),
en libros de estilo de redacción periodística
(4), en su gentilicio (5),
en la evolución de los gritos de ánimo desde
la grada (6) y en las desconsideraciones
de los aficionados hacia los árbitros (7).

________
(1)
Cf. CARANTOÑA, Francisco, 1990, Semblanza de Gijón,
Oviedo, Caja de Ahorros de Asturias, págs. 17-19.
(2)
Cf. El Comercio, Gijón, 15 de agosto de 1971. Con
motivo de este aniversario, el diario El Comercio realizó
una encuesta entre representantes de la política,
la economía, la cultura y el mundo intelectual sobre
qué echaría de menos si viviera en la romana
Gigia. Uno de ellos respondió que añoraría
las minifaldas, las comodidades de los electrodomésticos
y el fútbol por lo que tendría que dar patadas
a las coles. Se trataba de Enrique Castro, Quini.
(3)
Cf. CASTAÑÓN RODRÍGUEZ, Jesús,
"Batallas lingüísticas del Sporting",
El Correo de Asturias, Oviedo, 17 de febrero de 1989. El
humorista de Marca, Orbegorzo, bromeaba con la grafía
del Sporting cuando se denominaba Real Gijón: no
tiene los 27 puntos de la clasificación sino dos
puntos y un acento en la o.
(4)
Las obras Libro de Estilo de El Mundo (1996) y Libro de
Estilo de El País (1996) establecen que la forma
Sporting, sin acentuar, se utilice sólo como única
referencia al Sporting de Gijón, mientras que el
resto de equipos con el nombre de Sporting deben identificarse
con la denominación completa en la redacción
periodística.
(5)
Cf. LÁZARO CARRETER, Fernando, 1994, "El español
en el lenguaje deportivo", en El idioma español
en el deporte, Madrid, Fundación Efe, pág.
33. Al comentar la especialización del sufijo ista
para indicar la pertenencia a un equipo y no a una ciudad
entera comenta los casos de sevillistas y zaragocistas,
considerando como formaciones aberrantes el cadista y el
"espantoso" sportinguista por su alianza con un
extranjerismo. El término sportinguista se registra
por primera vez en el gijonés diario El Comercio
el 9 de septiembre de 1926.
(6)
Es el caso de Portin, entre los años veinte y cuarenta,
¡Hala Portin! en los años cincuenta, el todavía
vigente Es-por-tin acompañado de tres palmadas, ¡Aúpa
Sporting! y ¡Puxa Sporting! desde los años
setenta, Forza Sporting! desde la Copa del Mundo de 1982,
Up Sporting!, a mediados de los años ochenta y el
clásico Sporting for ever!
(7)
Durante los años cuarenta y cincuenta la disconformidad
con los arbitrajes se realizaba con el grito de Ma-za-ga-tos.
Este estilo de protesta actualmente sólo se conserva
en La Romareda, del Real Zaragoza, con el grito de Bor-de.
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