Historia
literaria del Real Sporting
Jesús
Castañón Rodríguez
IV.-
Producción literaria
4.2.-
Historiografía
4.2.2.-
BIOGRAFÍAS
Notas
biográficas
Jugadores
Mucho
más numeroso y variado es el capítulo dedicado
a las notas de conjunto y a las semblanzas individuales
de jugadores, entrenadores, presidentes y peñas sportinguistas.
Y
también, de Juan Martín Merino "Juanele"
en Hablan los 30 que fueron grandes del fútbol asturiano
(1990), que lleva a cabo un libro de reseñas históricas
de figuras futbolísticas con su testimonio directo
y entrevistas que rezuman nostalgia. De todas ellas se desprenden
aspectos comunes como comparaciones entre el fútbol
de ayer y de hoy en diversos aspectos, curiosidades de la
vida de régimen interior de las entidades, comentarios
sobre resultados, técnicas y tácticas, juicios
sobre la cantera asturiana
En esta obra se recogen
los testimonios directos de Abelardo, Barrio, Biempica,
Cabal, Castro, Cundi, Herrerita, José Manuel, Medina,
Molinucu, Morán, Ortiz, Pío, Prendes, Quini,
Redondo, Sánchez, Tamayo, Uría y Valdés.
Pero
mayor variedad se halla en las semblanzas individuales.
El desglose por jugadores presenta un rico perfil.
Adolfo
el neñu
Ricardo
Vázquez Prada destaca en "Adolfo, "el neñu""
(1982) cómo su internacionalidad en el encuentro
España-Italia de 1928 fue una concesión a
la afición local y comenta su actuación en
aquella ocasión.
Bango
Daniel
Arbesú en "Bango, una figura señera del
fútbol" (1972) presenta los recuerdos de este
jugador internacional en competencia con el Hispania y el
Unión Deportivo-Rácing, el pase al Sporting
gracias a las gestiones de Mario Orbón y la concesión
de la Medalla de oro al mérito deportivo.
Luciano
Castañón
Fernando
Quiñones en "Una pérdida asturiana"
(1987) evoca a Luciano Castañón Chano
como jugador de Sporting y Cádiz y único caso
en el fútbol de jugador convertido en autor de literatura
de creación con la novela de tema futbolístico
Los días como pájaros.
José
Manuel en "Los días como pájaros"
(1987) evoca los buenos tiempos de 1944 para destacar sus
principales características de delantero centro a
la antigua usanza, el respeto que ganó del mundo
del fútbol y su especial relación entre futbolistas
con aficiones literarias y periodísticas.
Cundi
Ricardo
Vázquez Prada ve en "Secundino Vázquez
Suárez "Cundi"" (1982) a un internacional
que evolucionó de interior izquierdo a defensa y
que destaca por su fuerza muscular, su golpeo violento del
balón, su capacidad de marcador y sus incorporaciones
al ataque con potencia y velocidad.
Manolo
García
Juan
M. Mata Suárez destaca en "Manolo García"
(1992) la vertiente vital de humor e ironía de este
popular defensa del Sporting que llegó a fichar por
el Real Madrid.
Herrera
Ricardo
Vázquez Prada expone en "Ramón Herrera
Bueno, Herrera I "El sabio"" (1982) que su
sobrenombre se lo puso el periodista madrileño Rienzi.
Lo considera jugador de cosas inverosímiles, con
una particular forma de correr, con un fuerte carácter
y con genio. Destaca que juega sus últimos partidos
en Rusia en un equipo compuesto por voluntarios de la División
Azul.
Herrerita
Melchor
Fernández Díaz en "Herrerita y Emilín"
(1977) retrata el paso de Eduardo Herrera por el Sporting,
aunque se centra en su etapa triunfal en el Real Oviedo.
Ricardo
Vázquez Prada analiza en "Eduardo Herrera, "Herrerita""
(1982) la trayectoria de "El Regueiro asturiano"
desde sus éxitos en el Oviedo, aunque se cita su
procedencia de Gijón.
Joaquín
Ricardo
Vázquez Prada ve en "Joaquín Alonso...
Joaquín" (1982) a un jugador todo terreno, de
buenas cualidades físicas, que tras pasar por distintos
equipos regionales recala en el Sporting y llega a internacional,
después de unos comienzos discutidos por el público
de El Molinón. Formó el "triángulo
de la muerte" de los años setenta junto a Quini
y Morán.
Juan
M. Mata Suárez hace en "Joaquín"
(1992) un retrato periodístico de gustos y anécdotas
de la vida deportiva en los viajes y en las concentraciones,
con motivo de la marca de 469 partidos de Liga que lo convirtieron
en el futbolista español que había disputado
más encuentros de esta competición.
Luis
Meana en "El mejor artesano" (1993) destaca en
Joaquín los valores de sobriedad, limpieza, finura,
precisión y responsabilidad en el juego.
Francisco
Álvarez-Cascos en "La regularidad" (1993)
recalca la dimensión de jugador de club de Joaquín
con un estilo que mezcla clase y entrega, disciplina y decisión.
Luis
Martínez Noval en "La vertebración de
Asturias" (1993) indica que Joaquín representa
la vertebración de Asturias al ser un ovetense que
triunfa en Gijón y su capacidad para construir y
destruir juego.
José
Comas en "¡Venga, Juaco!" (1993)
explica las cualidades técnicas y tácticas
de Joaquín como jugador de club y la sencillez con
que desempeñaba esta tarea.
Melchor
Fernández Díaz en "Un faro en El Molinón"
(1993) analiza la profesionalidad de Joaquín con
un análisis técnico de todas sus cualidades
futbolísticas destacando la mezcla de calidad y entrega
que define como llevar el mono debajo del frac. Repasa toda
su historia deportiva.
Francisco
Carantoña en "Joaquín, elegante, tesonero
y fiel" (1993) hace una crónica del último
partido disputado por Joaquín en El Molinón,
en las semifinales de Copa del Rey ante el Real Madrid.
Santiago
García Barrero en "Una honra para el fútbol"
(1993) destaca de Joaquín su serenidad, dominio y
respeto entre los deportistas.
José
Luis Garci en "El faro de Alejandría" (1993)
comenta que Joaquín ha sido el vigía del equipo
que veía el peligro del equipo contrario y encontraba
la manera de construir el juego del Sporting.
Maceda
En
"Y sin que nadie me interceda, faigo homenaje a Maceda"
(1983), Kike Amado resalta las cualidades futbolísticas
del líbero internacional Antonio Maceda, junto con
su evolución desde su llegada al Real Sporting, procedente
del Sagunto.
Meana
Melchor
Fernández Díaz resalta en "Meana"
(1977) la dimensión épica del futbolista,
batallador, fiero y técnico. Destaca su intervención
como jugador en los triunfos del Sporting en los años
veinte y su llegada a internacional, la hazaña de
dirigir cinco años consecutivos al Oviedo, el error
de aceptar el cargo de seleccionador nacional y el acierto
como director de la Ciudad Deportiva del Real Madrid.
Ricardo
Vázquez Prada exalta en "Meana" (1982)
su actuación internacional ante Bélgica en
San Mamés y la fuerza de su juego antes de la guerra
civil.
Edmundo
Morán
Víctor
Labrada en "Edmundo Morán, el Porru"
(1975) retrata a uno de los pioneros del fútbol en
Gijón. Caracteriza su pundonor y su habilidad como
especialista en el lanzamiento de penaltis junto con la
evocación de momentos futbolísticos en compañía
de Adaro, Castrillón, Moriyón y Fernando Villaverde.
Morán
Ricardo
Vázquez Prada destaca en "Enrique Morán"
(1982) al extremo de velocidad, fuerza, agilidad y visión
de gol. Comenta en esta semblanza su paso por Sporting,
Betis y Barcelona, donde se convierte en gran figura.
Perico
Pena
Ricardo
Vázquez Prada comenta en "Perico Pena Ponga"
(1982), uno de los componentes de los jugadores-taxi, su
caro traspaso al Real Oviedo ya que costó más
dinero que Herrerita.
Quini
Ángel
Viejo en "Quini" (1977) describe el carácter
de alegría, espontaneidad, trabajo incansable, sacrificio
y entusiasmo que es capaz de mezclar la humildad en la victoria
con la picardía a la hora de solicitar doble prima
en los triunfos.
El
Seleccionador nacional Ladislao Kubala resalta en "Un
jugador ejemplar" (1977) sus principales cualidades
balompédicas: hambre de balón, desprendido
en el juego, facilidad para marcar goles y para abir huecos,
capacidad de sufrimiento, valentía y espíritu
de superación para mejorar su lentitud inicial. Comenta
su debut en la Selección el 28 de octubre de 1970
y razona que es un hombre constante en las convocatorias
por su carácter afable.
Robustiano
Viña Mori, Rovi, en "El cuarto pilar" (1977)
define la personalidad deportiva y humana de Quini, que
es considerado como el cuarto pilar de la historia tras
Fernando Villaverde, Meana y Ramón Herrera.
Kike
Amado exalta en el poema "Pa' Quin¡, esi xugador
y brillante goleador" (1977) la dimensión humana
de corrección, compañerismo y bondad del jugador
internacional Enrique Castro.
Senén
Guillermo Molleda Valdés, en "Guerrero rojilbanco
en verde arena" (1977) rinde homenaje al goleador Enrique
Castro por su habilidad para buscar la ocasión propicia
y contar con el favor del público.
Melchor
Fernández Díaz destaca en "Quini"
(1977) sus cualidades futbolísticas, hace referencia
a su conversión en símbolo del Sporting y
resalta el hecho de ser el asturiano más internacional
en la selección.
Pedro
Pablo Parrado resalta en "Quini: un brujo que marca
goles" (1979) su capacidad para transmitir a los compañeros
de equipo serenidad, confianza e influencia en los momentos
decisivos del campeonato de Liga de 1978-1979, en los que
pretendía ganar el campeonato por encima de conseguir
el Pichichi.
Ricardo
Vázquez Prada lleva a cabo una semblanza en "Enrique
Castro González "Quini"" (1982) con
su paso por distintos equipos asturianos, su afición
a jugar de portero, los antecedentes futbolísticos
familiares y la descripción de sus cualidades de
para ser líder, tener inteligencia y colocación
y saber buscar espacio para hacer las jugadas o rematar.
Analiza su primera etapa del jugador en el Real Sporting,
glosa sus actuaciones internacionales y comenta el abandono
de la afición rojiblanca en la final de Copa de 1981.
José
Ignacio Gracia Noriega ve en "Quini" (1985) la
capacidad goleadora y de resolución de partidos,
el buen juego y los valores de honestidad incomprendida,
profesionalidad íntegra, espíritu deportista,
caballerosidad e independencia de criterio.
La
Peña Sportinguista El Carmín, de Salinas en
"Acrósticos", (1987) destaca la personalidad
cabal, bondadosa, caballerosa y noble del jugador junto
con los sentimientos de cariño y de sencillez que
despierta su figura en toda Asturias.
De
su etapa en el Fútbol Club Barcelona destacan tres
trabajos. Manuel Vázquez Montalbán comenta
en "El delantero centro fue secuestrado al anochecer"
(1981) la figura de Quini en el Barcelona, como un fichaje
caro y largamente deseado por la entidad catalana. Considera
que aportó un liderazgo que dio seguridad psicológica
a un equipo de moral quebradiza que se encaminaba a ganar
el campeonato de liga de la temporada 1980-1981. Cuando
se produjo el secuestro surgió una solidaridad afectiva,
total y estatal con el jugador, en todos los aspectos, porque
todos los aficionados se identifican con el delantero centro
que consigue goles, tras esperar toda la semana para presenciar
la ilusión de la victoria.
Pedro
Ruiz interpreta en "Un canto a la libertad" (1981)
el secuestro del delantero como la privación de la
libertad doméstica frente a la libertad filosófica.
Quini se convierte en símbolo de la primera, de lo
entrañable, de lo limpio, de lo usual, de la pequeña
libertad de cada día.
Mercé
Battle en "1981-Pichichi Quini" (1985) expresa
en lengua catalana su ilusión por contar con un nuevo
máximo goleador azulgrana, desde su fichaje en la
temporada 1980-1981. En "Pichichi Quini 1981-1982"
(1985) exalta al nuevo máximo goleador, por el esfuerzo
de la alegría del sueño hecho realidad, por
la hazaña titánica repetida una vez más.
En "A Quini en el seu comiat" (1985) lamenta que
no consiga anotar en el partido homenaje organizado por
el Barcelona, pero más allá de la retirada
ha dejado afecto, amor, unas becas para niños con
deseos de ser futbolistas y la ilusión de lograr
un sueño, un nuevo camino.
Tronchu
Ricardo
Vázquez Prada caracteriza en "Tronchu"
(1982) las cualidades de este futbolista y pescador que
llegó a ser convocado por José María
Mateos como suplente en la Selección Nacional.
Uría
Ricardo
Vázquez Prada relata en "Francisco Javier Alvarez
Uría" (1982) sus fases como jugador oviedista,
su paso por el Real Madrid con un rendimiento menor al tener
que llevar a balones a Pirri y Del Bosque, su recuperación
para el fútbol asturiano por parte del Sporting con
el paso a la defensa y el consiguiente desperdicio de un
delantero con las maneras de Herrerita.
También
aparecen semblanzas de entrenadores. Mauro Muñiz
recrea en "Sábado, domingo (fiesta) y lunes
(fiestín)" (1976) la personalidad de dos personajes
célebres en Gijón -el saxofonista Barko y
Rumbold- para detenerse en un retrato del pintor alemán,
coronel y entrenador del Sporting. Lo caracteriza como falto
de autoridad ante el excesivo carácter de sus jugadores,
lo que llevaba al club a realizar partidos desastrosos.
Para el autor simbolizaban las expansiones afectivas de
los fines de semana en la ciudad: baile y fútbol.
Presidentes
Eustaquio
Campomanes
Existen
semblanzas de Presidentes. Janel Cuesta en "Tato
Campomanes: el Sporting fue su vida" (1989) repasa
la vida de este presidente de la entidad. Odontólogo
de profesión es un personaje clave que tuvo responsabilidades
durante más de veinte años, gran capacidad
para solucionar problemas y buscar presidentes. Su vinculación
con la entidad se remonta a los tiempos en que su padre
regentaba la imprenta "La Fe", en cuyo local de
la calle Marqués de Casa Valdés el Sporting
pretendió instalar un gimnasio. En este reportaje
se declara orgulloso de llevar a cabo la partida del nacimiento
del club con testigos y documentos notariales y destaca
la labor directiva de Paulino Antón, Evaristo Lázaro
y Laureano Díaz.
Peñas
sportinguistas
Y
se dedican composiciones a las Peñas. Kike Amado
exalta en "Ensalzo con gran apegu a la Peña
del Entregu" (1984) la constancia de esta peña
fundada en 1928 por su labor pionera y su trayectoria de
apoyo a la entidad con nobleza y voluntad sincera.
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