Historia
literaria del Real Sporting
Jesús
Castañón Rodríguez
IV.-
Producción literaria
4.2.-
Historiografía
4.2.6.-
EVOCACIONES DE AFICIONADOS
Las
evocaciones nostálgicas han comprendido poemas y
artículos de prensa, coincidendo con momentos de
brillantez del club, entre 1928 y 1994. Carlos Cienfuegos-Jovellanos
en "Alzo mi copa señores" (1928) celebra
la llegada del equipo a la semifinal de Copa del Rey, con
el deseo de que alcance el campeonato.
Mauro
Muñiz, en "Un gol de Cholo a petición
de Santarúa" (1976), expone en forma de carta
los recuerdos de las tardes de fútbol en los domingos
de la postguerra, los goles de Cholo Dindurra que llevaban
a otra dimensión especial. "Gijón se
ponía el gol en la solapa" frente a un ambiente
de hambre y racionamiento, era una ilusión nueva
y distinta a las de este mundo, donde los niños pedían
a las personas mayores que les franqueasen el acceso al
campo, donde a veces se veía el partido de oídas
y era frecuente acercarse al portero del estadio para pedir
ver a Cholo en los diez últimos minutos.
Alfonso
Ussía en "Canto al Sporting" (1981) considera
al club como una entidad de rango, un equipo de caballeros,
de deportistas sin entreveros entre los que destaca a Manuel
Vega-Arango, Florentino García, Rafael Murillo, Vicente
Miera, José Manuel y el episodio de la caída
del peluquín que portaba Valdés durante un
encuentro.
José
Luis Garci en "San Francisco, El Molinón y los
brincos de un portero suplente" (1982) recrear varios
recuerdos sobre la entidad durante el rodaje de Volver a
empezar en California y el montaje de la película
en Madrid. Establece semejanzas entre las ciudades de San
Francisco y Gijón basadas en el color verde de Berkeley
y Somió, en los tranvías de Powell y Mason
y las jardineras del Natahoyo, en la lluvia. Se emociona
con la magia del estadio de El Molinón vacío,
que permite revivir las jugadas cerrando los ojos, desgrana
sus recuerdos del rodaje de las escenas del encuentro Sporting-
Atlético de Madrid y de la Escuela de Fútbol
de Mareo, y narra la anécdota de la protesta de un
portero suplente que argumentaba que correr en los entrenamientos
no era bueno para los guardametas.
En
"El Sporting, las galaxias y el entresuelo" (1982)
Vicente Verdú reflexiona sobre la capacidad de convocatoria
en la temporada 1981-1982 gracias al lenguaje sereno y sutil
del buen juego. Considera que la entidad simboliza el fracaso
enterizo, la modestia local, la amargura controlada, la
donosura ante la adversidad del resultado injusto y la resistencia
a la veleidades del fútbol.
Pedro
Alberto Marcos expone en el poema "Sabe a sal"
(1983) la desazón, amargura y desesperación
ante la segunda derrota consecutiva de la entidad en una
final de la Copa del Rey.
Francisco
Carantoña comenta en "Semblanza de Gijón"
(1990) las distintas destrucciones que a lo largo de la
historia ha sufrido Gijón, quedando como referencia
cultural de la ciudad el Sporting, capaz de dar a Herrera
el Sabio, Sánchez, Tati y Quini.
Jesús Castañón Rodríguez establece
en "Romance del gol de mar" (1990) una comparación
entre el estadio de fútbol los días de partido
y la playa. Inspirado en la tanda de penaltis del último
partido del Trofeo Costa Verde de 1989 en El Molinón,
describe un paisaje de sol con luz artificial, caracolas
de lata, brumas de puro y cantos del gol semejantes al rugir
de las olas que lleva a una dimensión mitológica
de unos sentimientos de paz, libertad y calma que encubren
la nostalgia de los últimos partidos en compañía
del padre muerto repentinamente. Este poema obtuvo el III
Premio de Poesía Deportiva Juan Antonio Samaranch
en 1990.
José Luis Garci trata cómo es el invierno
en Asturias, durante el rodaje de un nuevo trabajo, en "Bendito
fútbol" (1992). En los descansos del mismo se
acerca a los estadios del Oviedo y del Sporting y destaca
cómo la división futbolística del equipo
técnico de rodaje ante el fútbol televisado
constituye un ámbito para la evasión y para
la transformación de las personas hasta permitir
que sus componentes se sigan queriendo y respetando a pesar
de estar cinco meses fuera de casa. Considera que el fútbol
como espectáculo, ceremonia, deporte, metáfora
de la vida, drama condensado en el que están presentes
arquitectura, música, danza y poesía son un
bolero, la única fuente de discusión que evita
el roce de la convivencia. También es un ámbito
de sentimientos donde la melancolía al final de los
partidos hace que la vuelta a la realidad cotidiana sea
amarga si no se ha producido la victoria.
José
Comas en "Ruidos de España" (1994) cuenta
las peripecias para seguir al Real Sporting en Europa y
América a través de Radio Exterior de España,
en las que narra varias anécdotas en Argentina y
en Alemania donde por culpa de las deficiencias técnicas
llega a sufrir dolor de cuello y problemas de sordera con
tanto ruido e interferencias.
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