Historia literaria del Real Sporting

Jesús Castañón Rodríguez

IV.- Producción literaria

4.3.- La dimensión pictórica

La variada producción artística sobre la entidad en pintura, cartelismo y humor gráfico ha generado numerosos escritos y trabajos para su comentario.

Pintura

En el ámbito de la pintura destacan los dos libros artísticos que editó la entidad en los años noventa. El primer libro, Sporting-I. Paisaje y figuras, fue un proyecto de museo artístico de tema deportivo, propuesto por el club en 1986 a Orlando Pelayo. Se llevó a cabo con la ayuda de Jesús Villapastur y la colaboración de Ayuntamiento de Gijón, Banco de Asturias, Banco Herrero, Banco Hispano Americano, Caja de Ahorros de Asturias y Sala de Arte Tioda. Es un libro que recoge 28 textos y cuadros de 44 pintores.

En la parte de textos escritos, Francisco Carantoña en "Sporting for ever! por decirlo en inglés..." (1990) considera el estadio como producto de entusiasmo y lealtad y al Sporting como un hogar afectivo. Establece diferencias irreconciliables entre el fútbol y la danza y considera que al museo del Sporting le falta el sonido de las gradas en los días de gloria y de tragedia. De él destaca las pinturas de tema futbolístico de Piñole y de Marola como símbolo, respectivamente del comienzo y de la madurez.

Patricio Adúriz realiza en "Sporting de Gijón" (1990) una rememoración histórica de la entidad, antes de la guerra civil, con especial atención al periodismo. Gracias a la propaganda de los periodistas Manuel Pinilla, Trensor, Refala, Manolo Monasterio, Luis Alvarez García "Bay-Bay", José Manuel Aguado "Ball" y Arcadio Suárez "Pilu" los futbolistas se convirtieron en modernos defensores de la ciudad con unos valores no tradicionales.

Vicente Álvarez Areces evoca en "Saludo del Alcalde de Gijón" (1990) la primera cita con El Molinón, la magia del fútbol en la patria de la infancia. Rectifica el error de hacer incompatibles el fútbol con la militancia política y de separar cultura y deporte, al haber comprendido que el balompié interviene en el desarrollo integral del hombre. Expone que el museo sportinguista es una aportación al patrimonio cultural de la ciudad.

José Comas exalta su cariño hacia el Sporting por ser el primer equipo que iniciaba la colección de cromos de equipos asturianos, su primera referencia de estética kitsch, en "Del colosalismo al happening con unos toques de kitsch y el Sporting de fondo" (1990). El amor platónico hacia la entidad le lleva en 1954 a presenciar un encuentro en El Molinón, al que describe como un happening o acontecimiento de libertad creadora y de participación de los espectadores en el ambiente asfixiante de la posguerra. El gol de Quini frente al Rayo Vallecano en Madrid durante la temporada 1979-1980 es una obra de arte.

Corín Tellado estima en "Reflexión" (1990) que los futbolistas son una fuente de admiración y complacencia, de placidez y plenitud, que luchan por su perfeccionismo y constancia. Presenta a la ciudad de Gijón como una prolífica cantera de pintores y futbolistas destinados a demostrar la riqueza intelectual de Asturias

Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos afirma en "Saludo del Presidente del Principado de Asturias" (1990) que el museo del Sporting conforma una iniciativa afortunada en la difusión del arte y un hecho insólito en el panorama deportivo. Considera que el carácter de ciudad abierta al progreso y al mundo exterior permite conciliar la dimensión pictórica con la plástica, la entrega disciplinada y la belleza por el esfuerzo colectivo presentes en el fútbol.

Juan A. Díaz Alvarez compara en "Para el libro del Sporting de Gijón" (1990) el arte y el fútbol, en el que son elementos comunes el orden, el concierto, la táctica, el esfuerzo, el ímpetu, el ritmo para buscar la apoteosis y la perpetuación del nombre de la tierra como gozo máximo.

Arturo Fernández narra en "Vocación cumplida" (1990) su frustrada vocación de futbolista del Sporting. Recuerda con añoranza su rentabilidad en las verbenas del Parque Japonés y las habilidades futbolísticas de su padre como defensa del Atlético de El Llano, que no heredó.

Sabino Fernández Campo evoca en "Recuerdos desde Madrid" (1990) los tiempos infantiles de encuentros de rivalidad en El Molinón, con desplazamientos en bicicleta y con gaseosas de boliche, para resaltar que por' encima de las entidades se halla Asturias. Es una superación del localismo que permite a la gente de Oviedo presumir de los triunfos del Real Sporting.

Manuel Fernández de la Cera argumenta en "Ante el museo del Sporting" (1990) que Gijón es tierra de pintores mientras que Oviedo es de novelistas y que con el museo se colabora a educar la juventud en la doble vertiente deportiva y cultural.

Manuel Fernández y González exalta en "Nunca he visto perder al Sporting" (1990) su condición de talismán para el equipo rojiblanco. Comenta cómo dejó de presenciar encuentros en directo tras unas molestias hipocondríacas en un partido en el que Quini falló un penalti. Afirma que la incomunicación entre pintura y fútbol se empieza a superar con la iniciativa del museo rojiblanco.

José Luis Garci expone en "Esplendor en el barro" (1990) que El Molinón es una muestra del arte de la vida: esplendor de hierba, goles, gritos... Este estadio es más que un campo, es un estado de ánimo, es la pinacoteca del arte más moderno, punto de pluralismo, es fútbol en estado puro.

Graciano García resalta en "El arte de ser sportinguista clandestino" (1990) los tiempos estudiantiles de la casa de huéspedes de inquebrantable lealtad al Real Oviedo. Reseña la evolución desde estas ocultas preferencias rojiblancas al apoyo al conjunto azul, hasta que, recuperada la rivalidad en Primera División, desea el triunfo del equipo que juegue en casa.

José María García destaca en "La pelota de trapo" (1990) el afán del hombre por crear, la consideración de la pintura y del deporte como manifestaciones de la necesidad humana de trascender pensamientos, sensaciones y emociones. Alaba que la fusión pintura-fútbol se produzca en Asturias.

Fernando Lozano Cuervo ve en el fútbol una muestra cultural con aproximaciones artísticas, en "Fútbol, aproximación al arte" (1990). Ve que el teatro clásico y el balompié son formas artísticas de reinterpretación con una permanente renovación.

Herminio Menéndez declara que el fútbol fue su primer amor deportivo, en "Sportinguista en la distancia" (1990). Comenta que el deporte está en fase de ser integrado en el mundo del arte y en la formación integral de los individuos y de los pueblos, por lo que elogia a la entidad por atraer a la gente del arte hacia el mundo del deporte.

Senén Guillermo Molleda Valdés, en "... Es un ballet sin música..." (1990), estima que el fútbol es un danza sin música que tiene formas con ritmo y movimientos acompasados y armónicos donde la música la ponen la sensibilidad del espectador y los elementos del estadio.

Mauro Muñiz considera El Molinón como un ámbito artístico en "La Capilla Sixtina" (1990). Lo sublime se halla en el abrazo del domingo, la emoción del balón, la dinámica redondez eternal e imparable y el arte de sintetizar y aglutinar todos los matices de la ciudad de Gijón.

El presidente Ramón Muñoz Fernández afirma en "Palabras desde la presidencia" (1990) que el festival musical en beneficio de la entidad y el aunamiento del arte y el deporte son los momentos más felices de su presidencia y destaca la importancia de esta tarea en una ciudad como Gijón donde la singularidad es norma y sólo el Sporting se presenta como único aglutinador de todo tipo de divergencias.

Carmen Ojea comenta en "Dies ludorum" (1990) que el fútbol constituye una función de sentimientos encontrados, un ritual familiar de la conciencia mágica y religiosa que sirve para romper la languidez de las tardes gracias a su aire festivo.

Gil Parrondo y Rico se declara hincha del Real Madrid y seguidor de Real Oviedo y Real Sporting en "El fútbol y el arte" (1990). Reflexiona sobre el arte y el color en los equipos de fútbol y caracteriza al Sporting como equipo de colores limpios, contrastados y armónicos en contraste con el verde del campo, en contraposición a los colores azules del Oviedo como las montañas lejanas en el horizonte.

Juan José Plans traza en "Antes de que el fútbol se llamara así" (1990) una breve historia de la disciplina deportiva desde sus antecedentes hasta la actualidad exaltando el fútbol como medio de vida, ámbito para el desahogo y motivo de creación para literatos y artistas.

El presidente Plácido Rodríguez Guerrero establece en "Pincelada sobre el fútbol, el arte y Asturias" (1990) varios paralelismos entre la economía, el fútbol y el arte pictórico a partir del cromatismo, la explicación y el mapa de isocuantas y de senda de expansión.

Cosme Sordo Obeso relata en "Manzana de Oro" (1990) los avatares sufridos por el Sporting durante la concesión de la distinción del Centro Asturiano de Madrid, "Manzana de Oro", en 1980. Las reñidas votaciones que terminaron en un empate a 11 votos entre los seguidores del Real Oviedo y del Real Sporting en una primera vuelta, se convierten en la segunda en una distinción por unanimidad, para premiar la ejecutoria de los setenta y cinco años de la entidad rojiblanca.

Román Torán evoca en "Arte más arte" (1990) su condición de hincha del Sporting desde la distancia, numerosos recuerdos y añoranzas y se congratula por la iniciativa del museo.

Luis Angel Varela Villalobos escribe en "El auténtico presidente" (1990) un relato mágico sobre la vida que tomaría el atleta del cuadro, situado en el despacho de la presidencia del Real Grupo de Cultura Covadonga, si saliera a dar una vuelta por los alrededores de las instalaciones, se acercara al Piles, sintiera las vibraciones de El Molinón para acabar volviendo al cuadro.

Manuel Vega-Arango Alvaré analiza en "Las connotaciones artísticas del fútbol" (1990) las diferencias entre el arte, que se apoya en lo sutil, invisible o fantástico, y el fútbol, que se asienta en la representación inmediata de las fuerzas cotidianas. En el primero priman las sugerencias y emociones espirituales frente a pasiones locas y arrebatadas del segundo. Sin embargo, considera que existen connotaciones artísticas del fútbol más propias de la arquitectura, del cine y de la literatura que de las limitaciones dinámicas impuestas a la pintura, a la escultura y a la infinita volatilidad de la danza.

Jesús Villa Pastur recrea en "La pintura asturiana y el fútbol" (1990) la afición al fútbol de Nicanor Piñole, Evaristo Valle y Marola. Del primero destaca que inmortalizó a Eduardo Prendes en 1907 vestido de futbolista, puso jugadores en la playa como fondo en numerosos cuadros, asistió con frecuencia a El Molinón y formó parte del equipo de la tertulia "El Palomar". De Evaristo Valle resalta la forma irónica del retrato de un señor con rasgos de poca inteligencia y vestido de paisano al que llama "El futbolista". Y de Marola, su colaboración la entidad al realizar el cartel oficial del 75 Anniversario del Real Spórting de Gijón.

Y el segundo libro, escriben El Sporting y el fútbol (1990), de Vicente Verdú y Miguel Ángel Lombardía, fue una edición numerada con 200 ejemplares al precio de 250.000 pesetas por unidad. Consta de dos partes. En la primera parte se reeditan los textos de varios capítulos del libro Mitos, ritos y símbolos, que reflejan la dialéctica entre el deporte y la sociedad civil en una interpretación que mezcla sociología, psicología, economía y política: "El fútbol como ceremonia-acontecimiento", "Los penitentes", "El presidente como gran foto", "Biología del balón", "Demiurgia del árbitro" y "La madre es el portero". En la segunda parte se recogen 10 serigrafías de Miguel Ángel Lombardía con diferentes temas futbolísticos.

Patricio Adúriz en "Pórtico sportinguista" (1990) habla de la unión de deporte y cultura con referencias a la dimensión cultural de la entidad, con recuerdos y evocaciones.

Plácido Rodríguez en "El Sporting con el fútbol" (1990) hace una presentación del libro El Sporting y el fútbol, obra de singular tamaño y características culturales.

Cartelismo

Francisco José Montes en Cartelismo asturiano (1925-1985) (1991) analiza los principales estilos de carteles en el Principado a lo largo de la historia. De temática deportiva resalta los trabajos de Germán Horacio, hijo del autor teatral Pachín de Melás, que elabora carteles de estilo realista y realiza obras de carácter institucional, comercial y político sobre la vida cotidiana con presencia protagonista de la figura humana. Colaboró con el Sporting a finales de los años 20.

Humor gráfico

José Manuel Vilabella en Humor gráfico asturiano (1987) plantea una historia del humor gráfico asturiano con referencias a las caricaturas de Albuerne en la Revista Real Sporting de Gijón, a los dibujos de Alfonso en los espacios deportivos de Televisión Española, a las viñetas de Naves en Marca, a las tiras de Marcos en Revista del Sporting de Gijón, a los chistes de Néstor en las publicaciones deportivas Don Balón, Futbolín y Marca, al colaborador del Real Sporting de Gijón y del Boletín informativo Niembro con sus pobres sin conciencia política, indisciplinados y escépticos, y a las caricaturas de Arturo Truán. Destaca de forma especial la figura de Rovés, inventor del personaje de El Gaviotu, gijonés que se mueve por la Playa de San Lorenzo, conoce los resortes de Begoña y de la Calle Corrida, levanta acta de todo lo importante que ocurre en la ciudad y pasa por el tamiz local todo lo que pasa en el mundo con un toque de nostalgia.

Jesús Castañón Rodríguez en "Humorismo", incluido en la segunda edición de Historia literaria del Real Sporting (2000) repasa varios ejemplos de la curiosa producción que ha originado el club: presencia en recopilaciones de chistes orales, caricaturas y viñetas para el humor gráfico y formas de humor audiovisual.

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