Reseña

La última copa

Lucía Colombino (*)

 

Hugo Burel, en "El Cuento Uruguayo - 30 narradores de hoy", tomo II, Ediciones la Gotera, 2003.

Al terminar el partido entre Uruguay y Brasil por la Copa del Mundo de 1950, que se jugó en el estadio Maracaná - estrenado para ese evento - el capitán de la selección uruguaya se negó a concurrir al festejo oficial. Los dirigentes le habían dicho que con sólo perder por no más de 4 goles, su equipo ya habría cumplido con lo se esperaba de él. Obdulio Varela prefirió salir a pasear y tomar unas copas por las calles de Río de Janeiro.

En una época en que las grandes estrellas del fútbol eran gente común, que no perdía su humildad por el hecho de volverse famosa, este cuento de Hugo Burel pinta al gran capitán Obdulio Varela en ese momento de intimidad cuando - solo, en un bar anónimo de la gran ciudad - hace la evaluación absolutamente personal de sus actos en esa jornada que lo llevó a la gloria.

El relato, aunque lleno de referencias obligadas que integran la cultura de los uruguayos hasta el día de hoy, vale por sí mismo independientemente de ellas y también para quienes no tengan esas referencias. Por ejemplo, poco importa saber que "Pepe" es el legendario jugador Schiaffino, o que "el Mono" es Gambetta. Sí sabemos que Brasil era el gran favorito, y el inmenso estadio estaba rebosante de hinchas locales que ya estaban listos para festejar.

Intercalando bloques que refieren lo que pasa por la mente de Obdulio Varela mientras bebe después del partido, con otros que detallan sus cavilaciones en el vestuario en los momentos antes de entrar a la cancha, el cuento evita anécdotas trilladas sobre el desarrollo del partido. Quita el foco de lo que pudo ser la actuación "heroica" del capitán y sus jugadores, y se concentra en el hombre, el deportista y el ser humano. Leemos entonces las recomendaciones que, como capitán, tiene para cada integrante del cuadro. Minuto a minuto vemos su calma antes de comenzar el partido, calma que se reflejó en el dominio psicológico de la acción en la cancha y con eso en el triunfo uruguayo.

Escuchamos el rugir del estadio repleto, palpamos la expectativa del público; luego, imágenes del ambiente fúnebre al terminar el partido: la hinchada brasileña congelada, su festejo frustrado.

En su paseo nocturno, Obdulio es reconocido - casi que con asombro - por muchos cariocas que han perdido su anhelado trofeo, pero que aún así lo saludan, con naturalidad, sin enojo. Y copa a copa, a él le va pesando cada vez más la tristeza que ha traído a este amable pueblo brasileño.

Cuando él ya es la última persona en el bar, el dueño le dice que en realidad no debería servirle esa última copa. ¿Por haber bebido ya mucho? ¿O más bien por ser quien les ha traído este gran disgusto? Para Obdulio, beber la copa es enfrentar la responsabilidad de lo que significó su caminata con el balón bajo el brazo después del gol brasileño, y su diálogo con el árbitro que tuvo por efecto enfriar el partido y cambiar su rumbo. Logra murmurarle al brasilero lo más profundo de sus sentimientos en ese momento, y, de una manera más gestual que verbal, los dos hombres se comprenden.

Hugo Burel es periodista y docente, ha publicado cuentos como "El vendedor de sueños", "El elogio de la nieve", y novelas "Crónica del gato que huye", "El autor de mis días", "El guerrero del crepúsculo" y "Tijeras de plata".

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(*) Abogada y traductora

 

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