Verde que te quiero, Verde

Patricio Vidal Walton (*)

Eran días de vino y rosas. Valparaíso gozaba de su característica de primer puerto después de cruzar el Estrecho de Magallanes y recibía todo tipo de emigrantes, noticias, inventos, negocios y empresarios. Y lo hacía con las manos abiertas. El primer diario en español de Sudamérica, nació en el viejo puerto, la primera iluminación a gas de las calles, la primera compañía de bomberos y tantos otros adelantos para un país que recién despertaba al siglo XX.

De vez en cuando, un temporal furioso despejaba la cara del puerto, lavaba sus escaleras y callejuelas, despertaba a los borrachines y hacía maldecir a los pescadores. Ese día no habría pesca.
No eran esas las preocupaciones de los entusiastas fundadores del Santiago Wanderers; el equipo había ganado fama de duro y aguerrido producto de varias escaramuzas menores que terminaban, casi siempre, en la comisaría local, practicando deporte que todavía no definía bien sus reglas.

En la cancha "Los Lúcumos" del cerro "Las Carretas", que se había ganado ese nombre porque allí se estacionaban las carretas que transportaban mercaderías para las naves, eran bien conocidos y también en la cancha "El Empedrado", cercana al muelle Prat había sabido de hazañas deportivas de los blanquinegros con la SW bordada en el pecho.

Esos eran los colores elegidos por los primeros integrantes del equipo: pantalón negro, camiseta blanca con una SW grande bordada y medias negras. Las esposas y novias de los jugadores eran las encargadas de bordar la SW en el pecho y el número en la espalda; cada una, con mucho amor, pasaban tardes enteras bordando y lo hacían a su gusto; por ello, cada camiseta era distinta, unas con la SW más grande, otras con la SW sobre el corazón y también los números eran de diferentes estilos.

Por esos años, 1906, año del gran terremoto de Valparaíso, llegó un barco inglés de comercio que desembarcó un tripulante enfermo: James Mc Lean. El hombre tuvo que quedarse en Valparaíso en espera de otro buque de la misma compañía para volver a su querida Inglaterra. Mc Lean era aficionado al fútbol y prontamente trabó amistad y simpatía con los "duros" del Santiago Wanderers y participaba de sus tertulias y reuniones. Rápidamente se dio cuenta de que el uniforme del equipo era una muestra de estilos y formas diferentes que hacía perder gallardía y estampa a sus jugadores.

En una reunión de todos los jugadores, Mc Lean, que era ante todo un hombre de negocios, les planteó que en Inglaterra se fabricaban camisetas especiales para este deporte, con números, insignias y ribetes. No le costo mucho convencerlos, los noveles integrantes de Santiago Wanderers estaban felices: Por fin camisetas iguales, uniformadas. Serían la envidia de todo el puerto.

El problema era ¿cómo las conseguirían? . Mc Lean tenía la solución: él personalmente, que ya estaba recuperado de su enfermedad, iría a comprarlas a Inglaterra y se las enviaría en el próximo barco de la compañía que viniera al puerto. ¡Aprobado!

Comenzó una actividad febril, había que conseguir los fondos y dibujar un diseño apropiado y comprensible. Con mucho esfuerzo, a punta de rifas y bailes de beneficencia se obtuvieron los dineros para "el encargo" y un pintor inglés avecindado en Valparaíso, Mister Walton, hizo un diseño especial para la camiseta blanca y la gran SW en el centro del pecho. Todos Felices.

En marzo de 1907 se fue el "gringo" Mc Lean con su encargo, todos quedaron expectantes.

Pasaron los meses y meses y no había noticias de Mc Lean, los porteños ya comenzaron a perder la paciencia e incluso se propusieron comisiones para embarcarse a Inglaterra y "lavar la afrenta de este gringo sin vergüenza". Pero Inglaterra quedaba muy lejos.

Cuando ya se habían perdido las esperanzas, a mediados de 1908, llegó un mensaje del Servicio Nacional de Aduana que había llegado una gran caja para el Presidente del club Deportivo Santiago Wanderers. ¡ Venía de Inglaterra! Y era de Mc Lean.

Hubo una reunión especial en la casa del Presidente del club, todos invitados, para abrir la gran caja-encomienda recibida. Con mucha expectación, se abrió la caja: efectivamente, contenía 20 camisetas verdes y dos blancas para arqueros, también incluían 20 pantalones blancos y dos negros. Todas con sus números. Del diseño enviado, nada.

Después de unos minutos de confusión, se concluyó que eran bonitas las camisetas y como no había alternativa, desde ahora en adelante, los colores del club serían: camiseta verde pantalón blanco.

¿Que había pasado? Mc Lean, que era un nacionalista irlandés fanático, no encontró nada mejor que enviar, sin consultar con nadie, para estos noveles futbolistas de Valparaíso, los colores nacionales de la selección de la República Irlandesa de fútbol.

El 18 de septiembre de 1908, día de las fiestas patrias, Santiago Wanderers estrenaba su nuevo uniforme venciendo a la selección de Santiago y de Talcahuano adjudicándose la copa Centenario. Causando, por lo demás, la envidia de todos los participantes.
Nunca mas se hablo de los antiguos uniformes blanquinegros.

Verde que te quiero, Verde.

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(*) Patricio Vidal Walton es esconomista y escritor. Autor del libro Prepoesía (2004) y de un próximo volumen sobre historias de Valparaíso (Chile), ha sido Presidente del Santiago Wanderes, el club decano del fútbol en Sudamérica.

 

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